Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La magia del deseo». Краткое содержание книги:

En otro tiempo, Savannah Beaumont había amado a Travis McCord con todo su corazón. Y una noche de verano, durante su adolescencia, había llegado a creer que él también la amaba. Pero al amanecer se había impuesto la verdad: Travis se había marchado y ella se había sentido como una tonta. Nueve años después, ella seguía diciéndose a sí misma que odiaba a Travis.
Ahora él había regresado al rancho de los Beaumont, y Savannah quería mantenerlo a distancia, pero el engaño tenía muchas caras. Travis le pedía que confiara en él para ayudarla a descubrir los secretos que escondía su propia familia. ¿Podría olvidar las traiciones del pasado… y el deseo que seguían sintiendo el uno por el otro?
1 ... 28 29 30 31 32 33 34 35 36 ... 45
Перейти на страницу:

– Estupendo -musitó de nuevo, apagando la linterna.

Volvió a bajar la escala y montó de nuevo. Durante un rato estuvo explorando todos los escondites favoritos de Josh en los campos que rodeaban la cuadra de los sementales. Cuando terminó, decidió seguir las casi inexistentes huellas de Mystic rumbo a las colinas.

Pudo hacerlo mientras las del todo terreno de Reginald seguían apenas visibles. Inclinada la cabeza contra el viento, se prometió a sí misma que, si volvía a encontrar a Josh y a Travis, jamás volvería a perderlos de vista. Jamás.

Travis maldijo entre dientes. ¿Dónde diablos se habría metido el chico? Josh no podía haberse desvanecido en el aire. Por supuesto, existía la remota posibilidad de que hubiera vuelto a la casa, pero lo dudaba. Reginald le había dicho que lanzaría bengalas y haría tres disparos de rifle en cuanto lo descubrieran.

Encorvado contra el viento, pensó en detenerse para encender un fuego. Estaba helado hasta los huesos, con el rostro desollado por el viento y la nieve, y Jones, su potro, necesitaba un descanso.

Finalmente desmontó y dejó a Jones que bebiera de un riachuelo casi congelado. Escrutó los alrededores, acercándose hasta el borde de un claro. Estiró las piernas y los tensos músculos de la espalda: tenía la sensación de que llevaba días cabalgando.

Cuando llegara la mañana, no tendría más opción que regresar a la casa. Tanto su caballo como él mismo necesitaban descansar. Quizá las pistas resultaran más transitables y encontraran por fin al chico. Continuó escrutando los oscuros pinos con ojos entrecerrados. Un ligero movimiento llamó su atención y se esforzó por distinguir algo a través de la cortina de nieve.

Todo estaba quieto. Se preguntó si no estaría empezando a imaginarse cosas, en su desesperación por encontrar al chiquillo. ¿Dónde demonios se habría metido? Había revisado cada centímetro cuadrado de la propiedad Beaumont y no había encontrado el menor rastro de Mystic. En cualquier caso, había que continuar la búsqueda.

Regresó con su caballo y volvió a montar.

– Vamos -murmuró, furioso, mientras cruzaba las rocas heladas del riachuelo. Una vez más gritó el nombre de Josh en la oscuridad.

Nuevamente creyó detectar un movimiento entre los árboles. En esa ocasión no lo dudó: picó espuelas y se dirigió hacia lo que fuera que andaba escondido entre las sombras.

Pese a los guantes, Savannah tenía los dedos entumecidos por el frío, casi insensibles. «Quizá Johnny tuviera razón», pensó. «Quizá lo de salir a buscar a Josh no tenga ningún sentido. ¡Si no estoy de vuelta en casa por la mañana, mis padres se llevaran un susto de muerte!». Aun así, se resistía a volver.

Se mordió el labio y escrutó los alrededores. Durante cerca de una hora, desde el lugar en que las huellas del todo terreno se habían desviado hacia la casa, no había visto señal alguna ni de Josh ni de Travis. Si habían dejado algún rastro, la nieve se había encargado de borrarlo.

Travis. Le parecía mentira que apenas la noche anterior hubiera dormido en sus brazos. Tenía la sensación de que había transcurrido una eternidad desde entonces. «Dios mío, ¿dónde estará? ¿Se encontrará bien?». Estaba ronca de tanto gritar su nombre para hacerse oír por encima del rugido del viento.

Se estremeció nada más entrar en el claro donde Travis, Josh y ella habían cortado el árbol de Navidad apenas dos días antes. La tormenta seguía en todo su apogeo. Nevaba tanto que resultaba imposible distinguir nada.

Savannah estaba ya a punto de renunciar cuando un ligero movimiento entre los árboles llamó su atención. Mattie piafó y relinchó nerviosa. Ante ella apareció el gran caballo negro.

– ¡Mystic! -exclamó con el pulso acelerado-. ¿Josh?

Se quedó paralizada al ver que la silla de Mystic faltaba y que llevaba las riendas sueltas, arrastrándolas por el suelo.

– Oh, Dios mío -gimió mientras desmontaba y ataba a Mattie a la rama de un roble-. ¡Josh! Josh, ¿puedes oírme? -«por favor, Dios mío, que esté sano y salvo», rezó, desesperada.

Mystic estaba muy asustado. Por su comportamiento, resultaba obvio que algo le dolía, y mucho. Se acercó confiada hacia el potro, con la intención de tranquilizarlo.

– ¡Ten cuidado! -gritó una voz, y Savannah se giró en redondo y descubrió a Travis, saliendo de la espesura con Jones de la brida. Un inmenso alivio inundó su alma. Tanto él como su montura parecían exhaustos.

– ¡Gracias a Dios que estás bien! -exclamó, corriendo hacia él. Se abrazó a su cuello, llorando-. ¿Dónde está Josh?

– No lo sé. No lo he visto.

– Pero Mystic…

– Lo sé -admitió mientras la apartaba suavemente-. Yo creí lo mismo: que los encontraría a los dos juntos. Pero no. Ahora tengo que tranquilizar a Mystic -clavó la mirada en el potro mientras ataba a Jones al lado de Mattie-. Hay que tener mucho cuidado -susurró a Savannah-. Está herido y aterrorizado. Llevo unos cien metros siguiéndolo. Tiene un problema en una de las patas delanteras.

– No…

– Chist -Travis empezó a avanzar hacia el caballo-. No pasa nada, chico, tranquilo -y extendió lentamente una mano hacia su cabeza.

Por toda respuesta, el animal abandonó el claro.

– Maldito seas -masculló Travis-. Esto mismo me sucedió hace un par de horas cuando me topé con él, pero en su estado ya no puede ir mucho más lejos… -encendió la linterna para enfocar sus huellas y el rastro de sangre.

– Oh, Dios mío, ¿qué crees que ha podido pasar? ¿Dónde puede estar Josh?

– Ojalá lo supiera -repuso, echando nuevamente a andar-. Vamos.

Lentamente, con la callada determinación de un depredador rastreando a su presa, Travis siguió al potro. No tardó en localizarlo detrás de un arce, con su piel de ébano brillante de sudor a pesar del frío. Con los ojos desorbitados, el animal observó a Savannah y a Travis mientras se acercaban.

– Tranquilo, no pasa nada… -susurraba ella.

El caballo soltó un gemido, intentó retroceder y finalmente se quedó inmóvil mientras Travis lograba recoger su brida del suelo. Lo primero que hizo fue palparle las patas a la busca de su herida.

Cuando tocó el punto sensible de la pata delantera, Mystic dio un violento respingo.

– Quieto -le ordenó-. Maldita sea…

– ¿Qué pasa?

– Creo que la tiene rota.

Travis ató a Mystic a un árbol cercano y se concentró en examinar la herida con la linterna. A Savannah se le revolvió el estómago con la visión de la sangre.

– Quizá sólo sea un esguince -murmuró, esperanzada.

– Quizá -pero no parecía muy convencido.

– ¿Qué hacemos ahora?

– Lo primero, pensar en cómo vamos a devolverlo a las cuadras. Y luego encontrar a Josh, por supuesto. Mientras tanto, tal vez podrías explicarme rápidamente por qué diablos estás aquí.

– No tenemos tiempo.

Travis suspiró, sabía que tenía razón. Tenían cosas mucho más importantes de las que ocuparse.

– De acuerdo, tú ganas. Por ahora. Pero cuando todo esto haya terminado, quiero una explicación. Y espero que sea buena.

– La tendrás -replicó Savannah antes de concentrarse nuevamente en el caballo-. Creo que no debería caminar más de lo estrictamente imprescindible.

– Soy de la misma opinión -se frotó la barbilla-. Montando a Mattie, tardarás sólo una hora, quizá menos, en atravesar los campos para regresar a casa. Yo me quedaré aquí con Mystic, esperando a que Lester o Reginald suban con la camioneta por la carretera federal… Creo que esa carretera atraviesa el terreno del otro lado de la valla, hacia el norte. Es el camino más corto.

– Sí, es verdad.

– Y vuelve con alicates. Tendremos que cortar la valla de alambre para sacar a Mystic.

1 ... 28 29 30 31 32 33 34 35 36 ... 45
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)