La magia del deseo
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «La magia del deseo». Краткое содержание книги:
Ahora él había regresado al rancho de los Beaumont, y Savannah quería mantenerlo a distancia, pero el engaño tenía muchas caras. Travis le pedía que confiara en él para ayudarla a descubrir los secretos que escondía su propia familia. ¿Podría olvidar las traiciones del pasado… y el deseo que seguían sintiendo el uno por el otro?
– Ni hablar. Tú te quedas a esperar a Lester y al resto de los trabajadores. Alguien tiene que llevar el rancho y encargarse de Charmaine. Si no perdemos más tiempo, quizá para el mediodía hayamos alcanzado al chico.
Travis ya se dirigía hacia las escaleras, seguido de Wade. De repente se giró hacia él, fulminándolo con la mirada.
– Será mejor que le cuentes a tu suegro lo que ha sucedido.
Wade asintió con la cabeza y se encaminó a la habitación de Reginald. De repente, Savannah apareció en el rellano.
– Te acompaño -volvió a insistir-. Josh es mi sobrino.
Travis soltó un exasperado suspiro y bajó a toda prisa las escaleras. Ella se apresuró a seguirlo.
– Usa la cabeza. Eres necesaria aquí.
– Pero yo conozco a Josh. Sé adonde puede haber ido.
– Lo encontraremos. Tú quédate con tu hermana. Tanto si es consciente de ello como si no, te necesita.
– ¡No puedo quedarme aquí! ¡No mientras Josh puede estar ahora mismo… en cualquier parte!
Travis se volvió para mirarla. Ella tenía los ojos llenos de lágrimas.
– Escucha, Savannah, tú eres la única de todo este maldito rancho en quien se puede confiar. Quédate aquí. Ayuda a tu madre y a la policía.
– Pero…
– ¡Y deja de culparte a ti misma! Si Joshua se marchó fue por culpa de su padre, no tuya.
– Pero yo le contagié mi amor por los caballos… -susurró con voz ronca de emoción.
– Porque eres su amiga -la expresión de Travis se suavizó-. Y, en este momento, Josh necesita de todos los amigos que pueda reunir. Así que quédate aquí, ¿de acuerdo? Y ayúdame.
El rumor de la camioneta de Lester lo hizo ponerse en marcha. Soltó a Savannah y salió de la casa. Minutos después, Wade y Reginald se reunieron con Travis y Lester. Sin perder el tiempo, formaron un equipo de rastreo a caballo y en coches.
Había empezado a nevar de nuevo, con fuerza. El valle estaba cubierto de un espeso manto blanco. Reginald y Wade se adelantarían en el jeep. Travis insistió en rastrear las huellas a caballo por si Josh se internaba en el bosque o en algún lugar inaccesible para el todo terreno. Lester y Johnny peinarían el recinto del rancho en camioneta, por si se hubiera escondido en alguna parte.
Savannah seguía en la puerta de la casa, estremecida de frío, impotente. Mientras el rumor de los vehículos se apagaba a lo lejos, musitó una plegaria.
– Vuelve a casa, Josh -rezó, desesperada-. ¡Por favor, vuelve a casa!
Siete
Savannah se apoyó en el escritorio de su padre y cerró los ojos mientras intentaba escuchar la voz que le hablaba al otro lado de la línea.
Había muchas interferencias y el ruido de fondo de la comisaría era casi tan alto como la voz del ayudante del sheriff. Smith parecía cansado, como si se hubiera quedado trabajando durante toda la noche, y las palabras que le dirigía no podían ser más descorazonadoras.
– No es que no reconozca la gravedad de su problema, señorita Beaumont -le dijo, sincero-. Haremos todo cuanto esté en nuestra mano, pero tiene que entender que esta tormenta de nieve está causando muchos problemas en todas partes. Varios pueblos están sin electricidad, para no hablar del estado de las carreteras. Tenemos dos camiones cruzados en la autopista y caravanas de más de diez kilómetros. De todas formas, enviaremos a alguien al rancho cuanto antes.
– Gracias -dijo Savannah antes de colgar. Estaba exhausta. Travis y los demás estaban solos en la búsqueda. Debería haberlo acompañado. Al menos, de esa manera se habría sentido útil.
Se llevó a los labios la taza de café, que se le había enfriado. Bebió un sorbo, frunció el ceño y volvió a dejarla sobre el escritorio. A continuación telefoneó a los ranchos cercanos. Otra pérdida de tiempo. Nadie había visto a Josh ni a Mystic. Se esforzó por contener las lágrimas.
Encendió el televisor. Según las noticias, la tormenta de nieve seguía en su apogeo y no parecía que fuera a amainar pronto. Sirvió dos tazas de café en una bandeja y la subió al dormitorio de su madre.
Entró después de llamar suavemente a la puerta. Virginia estaba sentada en su lecho, con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada clavada en las colinas que se divisaban por la ventana.
– ¿Alguna novedad?
– Todavía no -respondió Savannah.
– ¿Y la policía?
– Acabo de llamar a la comisaría. Están muy ocupados con la tormenta.
– Ya me lo imagino… Dios mío, ¿quién habría pensado que caería tanta nieve? Pero el sheriff… ¿cómo es que no viene el sheriff?
– Su ayudante me aseguró que enviarían un agente lo antes posible.
– ¿Un agente? Menuda ayuda.
– Mamá… -le reprochó cariñosamente Savannah.
– Lo sé, lo sé. No es que haya perdido la esperanza, por supuesto. Es que no puedo evitar pensar en Josh en esas montañas… -se le quebró la voz-. Pobrecito…
– Mira, te he traído café. ¿Te apetece comer algo?
– No tengo hambre.
– ¿Estás segura?
– Sí.
– Como quieras -le dejó una taza y el azucarero sobre la mesilla-. Voy a ver cómo se encuentra Charmaine y luego bajaré a echar un vistazo a los caballos. Si necesitas algo, estaré de vuelta dentro de una hora.
– No necesitaré nada -susurró Virginia-. Pero en cuanto a Charmaine… -una sombra de dolor cruzó su rostro-, quizá sea mejor que la dejes sola.
– Ya. Me sigue echando la culpa, ¿verdad?
– Es incapaz de pensar con claridad. Josh es la única alegría de su vida. Incluso Wade… -se encogió de hombros-. Bueno, es distinto cuando tienes un hijo.
– Creo que prefiero verla.
– Pero recuerda que se encuentra bajo una tensión terrible.
Savannah salió al pasillo. Al pasar por delante de la habitación de Josh, se detuvo en seco al ver a su hermana, todavía en bata, sentada en la alfombra y llorando en silencio.
– ¿Te apetece una taza de café? -se atrevió a preguntarle-. ¿O quizá un poco de compañía?
Dejando la bandeja con la taza sobre la cómoda, se apoyó en el marco de la puerta, expectante.
– No, gracias.
– Charmaine, sé lo que estás pasando y…
– Con que sabes lo que estoy pasando, ¿eh? -la interrumpió su hermana, soltando un suspiro-. ¡No lo sabes! ¡No puedes! -la miró airada, con los ojos llorosos-. ¿Cómo puedes entenderlo tú… que ni siquiera tienes un hijo?
– Pero yo quiero a Josh. Mucho.
– Demasiado. ¡Lo tratas como si fuera tu hijo, no el mío!
– Sólo quiero ser su amiga.
– ¡No! Tú has querido hacer de madre, Savannah. Tú lo animaste a que se apasionara por los caballos.
– Sí. Lo mismo que hicieron nuestros padres con nosotras cuando éramos niñas.
Charmaine sacudió la cabeza, con el rostro bañado en lágrimas.
– No lo entiendes porque tú no tienes un hijo. Esos caballos son peligrosos, y Mystic… Hasta Lester tiene problemas para montarlo. Y tú has dejado que un niño, mi niño, lo frecuentase. Mira ahora lo que ha sucedido. Ahora mismo está ahí fuera, con ese diablo de caballo, probablemente herido y quizá… quizá muerto. Y todo porque tú querías ser su amiga -empezó a sollozar, pasándose las manos por el pelo, frustrada.
– ¿Se te ha ocurrido pensar que si Josh ha huido… es por la discusión que tuvo con Wade?
– ¿Que ha huido, dices? ¡No, Josh no ha huido! Es evidente que estaba disgustado con su padre, pero simplemente salió a montar a caballo, nada más. ¡No tenía ninguna intención de huir! -le temblaban los dedos mientras se ataba el cinturón de la bata.
– Espero que tengas razón -susurró Savannah. No tenía sentido replicar nada. Su hermana sólo quería desahogarse y ella era la víctima más fácil.
– Por supuesto que tengo razón. Soy su madre. Lo conozco bien. Y ahora déjame en paz -se levantó del suelo, temblorosa-. No puedo seguir en esta casa ni un minuto más. Si Travis o Wade vuelven, o tú te enteras de algo… estaré en el estudio.