Una terapia muy especial
- Автор: Филлипс Карли
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
– Fuimos a ese restaurante, The Eclectic Eatery -susurró ella, entre sollozos, mientras se secaba los ojos con su propio antebrazo.
– Toma -le dijo Jake, ofreciéndole un pañuelo de papel de una caja que había en la mesilla.
– Gracias…
– De nada. ¿Qué fue lo que pedisteis?
– Yo pedí una ensalada griega y Neil, mi novio… Neil pidió algo que se llamaba falafel, de lo que yo nunca había oído hablar. Neil me dijo que se trataba de una especialidad israelí, porque ese restaurante tiene especialidades de muchos países…
– ¿Había pedido Neil drogas alguna vez?
– Yo ni siquiera sabía que se las iban a dar. Cuando llegamos al apartamento, las sacó de la bolsa como si se tratara de una gran sorpresa.
– ¿Le preguntaste cómo las consiguió?
– Sí. Me explicó que todo estaba incluido en el pedido.
– ¿Que si pides una ensalada griega y falafel te dan drogas?
– No, lo que ocurre es que cada plato tiene su propio nombre. La ensalada griega se llama Paraíso Helénico. Helénico, ya sabes, como los antiguos griegos.
– ¿Y cómo se llamaba lo que pidió Neil?
– Él me dijo que quería probar La Tierra Prometida.
– Pues vaya si lo hizo -musitó Jake.
Tenía que reconocer que la estrategia del restaurante era muy buena. Si la sustancia que había en las pastillas o en el cuerpo del fallecido era éxtasis, la droga favorita de Ramírez, la policía lo arrestaría en un abrir y cerrar de ojos. Jake sólo esperaba que los informes de Toxicología llegaran pronto.
De repente, el busca de Jake empezó a sonar. Rápidamente, él miró el número y se levantó de la silla.
– Gracias por tu sinceridad, Marina. Si tengo más preguntas que hacerte, volveré a verte.
También se aseguraría de que la joven tuviera un buen abogado para que la defendiera del delito de posesión de drogas y también un trabajador social que impidiera que se volviera a meter en líos.
Tras despedirse de ella, Jake salió al pasillo.
– ¿Le has sacado algo?
– Sí. Te lo contaré todo mientras nos marchamos de aquí, aunque primero iré a comprarme un bocadillo a la cafetería.
Jake miró a su alrededor. Estaba seguro de que había logrado escaparse de allí sin que lo viera Brianne. Entonces se metió en el ascensor y se congratuló por su buena suerte.
Brianne había visto cómo le temblaban las manos con cada uno de sus pacientes. Incluso en aquellos momentos, cuando se estaba preparando para tomarse un descanso, no dejaba de temblar por dentro.
Siempre había sospechado que hacer el amor con Jake la cambiaría de algún modo, pero nunca se había imaginado lo diferente que se sentiría después. Sólo quería estar entre sus brazos, olvidarse del resto del mundo, de su trabajo y del de él. Durante toda la mañana, se había estado preguntando si habría algún modo de que pudieran hacer que su relación funcionara.
– Hola -le dijo su amiga Sharon, otra fisioterapeuta-, ¿vamos a comer algo?
– Sí, me estoy muriendo de hambre.
– Entonces, vamos.
Juntas, atravesaron un laberinto de pasillos que Brianne podría recorrer en sueños.
– ¿Te has enterado de lo que ocurrió anteanoche? -le preguntó Sharon.
– No sabía que ayer hubieras trabajado hasta tarde. Pensé que te habías marchado a las cinco.
– ¿Cuándo hemos salido alguna de nosotras a nuestra hora? -replicó la joven-. Ayer, la esposa de uno de mis pacientes de más edad me pidió que le dedicara un poco más de tiempo. Son tan majos, que no me pude negar. Así que estaba aquí cuando llegó una emergencia por sobredosis de drogas.
– Siempre hay casos de ese tipo por la noche. ¿Qué hace que éste sea tan especial?
– Que esa chica tiene su propio guardaespaldas. Hay un policía uniformado al lado de su puerta. ¿Y sabes qué? He ido a verlo esta mañana y es guapísimo.
– ¿Y qué ha pasado con Tony? -le preguntó Brianne, que ya tenía más que suficiente con su propio policía en casa como para ver más en el trabajo. Tony era el novio de Sharon.
– Nos estamos dando un respiro… Bueno, tienes que ir a ver a ese tipo…
Muy decidida, Sharon la agarró de la manga y tiró de Brianne a través de uno de los pasillos.
– Pero si la cafetería está al otro lado -gruñó ella.
Sin embargo, sabía que cuanto antes fuera a ver al policía que tanto había impresionado a Sharon, antes se quedaría satisfecha y por fin podrían ir a comer.
De repente, Sharon se detuvo, bastante indiscretamente, al otro lado del pasillo en el que estaba el policía. Brianne se detuvo también.
– ¿No te gustan los hombres de uniforme?
Brianne musitó algo entre dientes para que su amiga la dejara en paz. Con una mirada, se había dado cuenta de que el hombre que tanto le gustaba a Sharon no le llegaba a Jake ni a la suela de los zapatos.
Cuando se volvió a preguntar a su compañera si ya se podían marchar a la cafetería, vio a dos hombres al lado del ascensor. Había muchos hombres de cabello oscuro en el mundo, pero ninguno con una postura tan rebelde ni con una sudadera recortada. Sólo uno era el que hacía que el corazón le latiera más deprisa. Y él era un detective tan atraído por el peligro que no podía mantenerse apartado de él, ni siquiera cuando estaba de baja. La desilusión que se apoderó de ella le hizo aceptar la verdad: Jake era un hombre que se pondría en peligro casi a diario, fuera cual fuera su situación laboral.
De repente, el pulso empezó a latirle a toda velocidad. Sintió una sensación de mareo, que era una combinación de los nervios y del shock. Volvía a tener un ataque de ansiedad, tan fuerte como no lo había tenido en mucho tiempo, pero que había vuelto a sufrir por Jake…
Jake. Su unión había sido muy intensa desde el principio. Lo que sentía por él era muy fuerte. Tenía miedo de ponerle nombre, pero decidió que lo mejor que podía hacer era ser sincera consigo misma.
Se temía que se estaba enamorando de Jake. Sin embargo, su trabajo era una parte esencial de sí mismo, un trabajo por el que ella sentía un profundo rechazo. Si verdaderamente lo amaba, tendría que amarlo todo sobre él. Y no le gustaba su trabajo. Lo admiraba, pero no podía aceptar las circunstancias que lo acompañaban.
Se había pasado muchos años creando una red de protección para Marc y ella. Jake, un policía del departamento de narcóticos, estaba muy lejos de ser lo que ella había buscado con tanto ahínco. Cualquier pensamiento que ella hubiera podido tener sobre una relación estable con Jake desapareció con él en aquel ascensor.
Jake y Vickers salieron del centro hospitalario y se enfrentaron al cálido y húmedo aire de Nueva York.
– Odio los hospitales -comentó Vickers.
– Entonces, te has equivocado de departamento, amigo mío. Los de narcóticos pasan mucho tiempo en los hospitales.
– Bueno, al menos ya he salido. Tengo un montón de papeleo que me espera en la comisaría. Te llamaré cuando lleguen los informes de Toxicología.
Jake asintió y se tomó el último sándwich que se había comprado en la cafetería del hospital. Entonces, se puso a buscar a David. Lo encontró en una de las entradas del hospital. Como sabían que no podían cubrir todos los accesos, habían decidido hacerlo con la que estaba más cerca de Rehabilitación. Jake tuvo que conformarse con tener a Brianne vigilada desde el exterior, ya que en el interior del hospital hubiera sido imposible que ella no se diera cuenta.
Antes de acercarse a su amigo, fue a un puesto ambulante a comprar un par de refrescos. Entonces, se dirigió al lugar donde estaba David. Al llegar a su lado, le entregó una de las latas.