Una terapia muy especial
- Автор: Филлипс Карли
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
La razón era que sus sentimientos eran mucho más fuertes que el trato que habían hecho. Su corazón estaba corriendo un fuerte riesgo. Sin embargo, nada parecía importar cuando los labios de él cubrían su boca.
Jake la devoró con la misma necesidad que ella estaba sintiendo. Enredó su lengua con la de ella como antes, pero Brianne quería más.
Le enredó las manos en el cabello y gozó al sentir cómo sus suaves mechones se le deslizaban entre los dedos. La tensión sexual que él parecía crear con tanta facilidad volvió a la vida. Brianne sintió una calidez en el vientre que le presionaba y le palpitaba entre las piernas.
Como ya había hecho el amor con Jake, el deseo era mucho más profundo y tenía más significado que antes. El corazón le latía con rapidez, pero aquella vez también estaba pleno de sentimientos, unos sentimientos a los que, de momento, prefería no enfrentarse.
En aquellos momentos, sólo deseaba a Jake. No importaba la realidad que podía separarlos. Aquél era el verano de sus sueños y pensaba disfrutarlo mientras pudiera. Tal vez era saber que nunca podrían llegar a nada o tal vez el peligro al que él se enfrentaba en su profesión, pero el deseo era mayor de lo que Brianne había experimentado nunca. Necesitaba tenerlo dentro de su cuerpo.
Las palabras no fueron necesarias, no cuando los ojos de Jake hablaban de la necesidad que él también sentía. Parecía tan dispuesto como ella a desnudarse. Con manos temblorosas y con la ayuda de Jake, Brianne empezó a tirarle de la camisa, con mucho cuidado de no hacerle daño en el hombro. Cuando se la hubo sacado, la tiró al suelo y le acarició suavemente el vello que le cubría el pecho, sintiendo bajo los dedos la potencia de sus músculos.
Cuando le rozó los pezones, Jake gimió de placer, lo que hizo que el deseo se apoderara de ella. Como si lo presintiera, él empezó a desnudarla y, muy pronto, el uniforme del hospital estaba también en el suelo.
Después de contemplar la casi desnudez de Brianne, Jake se llevó las manos a los bolsillos y se sacó un preservativo.
– Te soy sincero si te digo que no había llevado estas cosas encima desde que era un adolescente, pero, en lo que se refiere a ti, no quiero pecar de no ir preparado.
– Me gusta…
Le gustó más aún ver que las manos de Jake temblaban. En cuestión de segundos, se encontró delante del cuerpo desnudo de Jake. Su erección era firme y magnífica. Brianne le pertenecía… al menos durante el verano.
– Ojalá pudiera levantarte y sentirte dentro de mí -susurró él, lleno de necesidad.
– Yo también lo deseo…
Entonces, notó que el brazo de Jake le rodeaba la cintura y tiraba de ella para que lo siguiera. Muy pronto, vio que Jake se sentaba en la repisa que había bajo uno de los enormes ventanales que daban al East Side. Brianne estaba de pie, entre sus piernas.
El sol había empezado a ponerse. Como el edificio era el más alto de la zona, no había nada que pudiera hacer que se sintiera incómoda o avergonzada. Nadie podía verlos.
Jake apoyó la cabeza contra el cristal y la miró a los ojos.
– Quiero hacerte el amor con la ciudad a mi espalda -susurró.
Aquellas palabras atraían no sólo la parte más física de Brianne, sino también sus emociones. Confiaba en él más que en ningún otro hombre. Lo necesitaba más de lo que nunca había necesitado a otro hombre…
– Quiero que estemos donde nadie pueda tocarnos…
Sin que él se lo pidiera, Brianne se sentó a horcajadas encima de él, dejando que su feminidad se apoyara contra la firme erección de Jake.
– Me siento como si me pudiera caer al vacío -musitó ella.
– Entonces, permíteme que te sujete.
Jake esbozó una pícara sonrisa y Brianne supo enseguida a qué se refería. Con el corazón latiéndole fuertemente por el deseo, se levantó y, con un poco de ayuda de Jake, se deslizó sobre él, dejando que su miembro viril la penetrara y la llenara por dentro…
Gozo… Aquélla era la única palabra que podía describir lo que sentía. Aunque esperaba poder ocultar sus frenéticas emociones, una mirada a los ojos de Jake le decía que él sentía lo mismo, pero Brianne no quería tener que ocuparse de los sentimientos de él. Ya tenía bastante con los suyos propios.
Empezó a moverse, levantando las caderas, girándolas y frotando su feminidad contra él. Había llegado el momento de sentir, no de pensar. Y eso fue lo que hizo. Con Jake en su interior, se dispuso a volar a un lugar que antes sólo había imaginado.
Abrió los ojos. Un error. Se dio cuenta de ello cuando vio la mirada profunda y oscurecida con la que él la contemplaba. El contacto visual mientras hacían el amor debería haber sido una distracción, pero todo lo que veía en sus ojos era tan sincero y real que no fue así. Muy al contrario, se sintió más profundamente atraída por el revuelo de emociones y deseos que estaba experimentando.
Aturdida por la intensidad de lo que sentía, miró más allá del hombro de Jake justo cuando él bajó la cabeza y se introdujo en la boca uno de los pezones de Brianne. Tiró de él, lamiéndolo y mordiéndolo alternativamente hasta que la envió más allá de todo pensamiento racional.
Brianne sintió que su cuerpo ya no le pertenecía. Jake lo controlaba y lo hacía muy bien, empujando con las caderas, recogiendo todos los movimientos giratorios de ella y superándolos hasta que estuvieron a las puertas del clímax más increíble.
Entonces, él dedicó su plena atención al otro seno, pero en vez de la frenética necesidad con la que había comenzado, utilizó un ritmo diferente. Utilizando un movimiento circular, le lamió el pecho entero. El aire fresco que los rodeaba contrastaba con el calor que irradiaba su piel, por lo que, con cada caricia, el pezón se erguía más y más, suplicando atención, con una necesidad que encontraba su origen entre las piernas de Brianne, donde sus cuerpos se unían en el acto más íntimo imaginable. Sin embargo, él no dejaba de estimularla con movimientos lentos, metódicos que hacían que el cuerpo de Brianne suplicara que lo llevara al clímax.
– Abre los ojos…
Ella no se había dado cuenta de que los había cerrado otra vez. Hizo lo que él le había pedido y se encontró con su penetrante mirada. Cuando lo hizo, Jake ralentizó aún más sus movimientos, tanto que ella quiso gritar ante la injusticia de tanta tortura.
– Quiero que me estés mirando cuando alcances el orgasmo -susurró él.
Le tomó el seno con la mano y lo acarició suavemente durante un momento. Entonces, como si ella le hubiera dicho exactamente lo que necesitaba, agarró el pezón entre el pulgar y el índice y empezó a apretarlo lo suficiente como para despertar de nuevo sus sensaciones. Movía las caderas con un ritmo circular y ascendente, sin soltarse de ella ni interrumpir el perfecto ritmo que había creado.
El deseo empezó a apoderarse de ella poco a poco. Justo cuando llegó a la cima del placer, Brianne lo miró a los ojos y sintió cómo él alcanzaba el orgasmo a la vez que ella. A medida que el placer fue remitiendo, contempló la línea del cielo que había a espaldas de Jake y se sintió como si estuviera lanzándose en caída libre sobre la ciudad. Y, como en aquella sensación, sintió que se desplomaba en cuerpo, alma y corazón sin red de protección.
La respiración de Brianne era rápida. Su cuerpo todavía era preso de las sacudidas… Jake no podía respirar mejor que ella y las sensaciones que estaba experimentando su cuerpo eran las mismas que las de ella…
Había necesitado decirle que estaba en peligro, pero, cuando ella regresó a casa, se sentía tan preocupado y nervioso que no podía pensar de un modo coherente. Con sólo mirarla, sus sentimientos se apoderaron de él. El alivio que sintió al verla sana y salva fue tal que había sentido cómo se liberaba del miedo al comprobar que ella estaba viva.