Una terapia muy especial
- Автор: Филлипс Карли
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
Jake acababa de llenar su cuerpo y, sin duda, Brianne sabía que había llenado su mundo.
Jake se incorporó en la cama, físicamente saciado pero mentalmente muy alerta. La ducha estaba abierta en el cuarto de baño, pero por mucho que le apeteciera unirse a Brianne bajo el agua, sabía que no podía hacerlo. Se había procurado algo de tiempo convenciéndola para que no fuera a trabajar hasta más tarde, lo suficiente como para que él pudiera ponerse en contacto con el investigador privado David Mills, un ex policía, que era la única persona en la que Jake podía confiar para que cuidara de Brianne cuando él mismo no podía hacerlo.
Había tratado de ponerse en contacto con Mills una vez durante la noche, pero la esposa y compañera de trabajo de David le había dicho que estaba descansando tras una prolongada investigación. Sin embargo, ella misma había accedido a ocuparse del caso que su marido tenía entre manos para que él pudiera vigilar a Brianne. A Jake no le importaba deber a los Mills un favor. Los riesgos eran muy grandes y la razón merecía la pena. Mientras él trataba de atar cabos, necesitaba que alguien protegiera a Brianne. Por eso, había tenido que mantenerla ocupada hasta que pudo organizar su seguridad, algo que no le costó nada de trabajo.
Si había tenido alguna duda al respecto de sus sentimientos crecientes hacia ella, ésta se había disipado en el momento en el que ella le había puesto el preservativo. Había sentido que el corazón se le llenaba de un modo que no había experimentado nunca. Cuando había hecho que él la penetrara, Jake había perdido una parte de sí mismo, probablemente para siempre.
Sacudió la cabeza y maldijo en voz alta.
– Tienes que centrarte -musitó, frustrado consigo mismo.
El tatuaje y el tan esperado informe del forense podrían darle una sólida prueba contra Ramírez. Lo único que tenía que hacer era jugar bien sus cartas y meterlo entre rejas. Se alegraba de que David fuera a vigilar a Brianne durante el día. Jake se ocuparía de las noches…
Sin embargo, ¿quién se ocuparía de él cuando Brianne se marchara para siempre?
Capítulo 8
Jake había conseguido que Brianne se marchara, pero no sin estar a punto de sucumbir a la necesidad de volver a hacerle el amor. Lo habría hecho si ella no hubiera insistido en que se tenía que marchar a trabajar. Jake tuvo que acceder, sabiendo que había dejado que su corazón rigiera su cabeza y que aquello no podía continuar. Tenía que concentrarse en su trabajo.
Quería que aquel asunto terminara pronto para poder ocuparse de su futuro, pero, por el momento, no se lo estaban poniendo fácil. Debía reunirse con Vickers en el hospital donde estaba ingresada la víctima por sobredosis, que resultaba ser el mismo donde trabajaba Brianne.
Mientras subía las escaleras, Jake miró a su alrededor, pero no vio a Ramírez por ninguna parte, aunque eso no le sorprendió. Era precisamente el que Ramírez se pasara el tiempo acechando lo que más afectaba a Jake, ya que no dejaba de preocuparse por lo que aquel canalla le tenía reservado a él… y a Brianne.
Miró el reloj, pero su estómago vacío protestó y le indicó que era casi la hora de comer.
– Come algo en la cafetería. Te aseguro que no tengo ninguna gana de escuchar cómo te cruje el estómago toda la mañana -musitó Vickers.
Jake se echó a reír, pero luego recuperó la seriedad cuando recordó que la razón por la que no había desayunado habían sido sus escarceos eróticos con Brianne.
– Thompson pedirá mi cabeza si descubre que te he traído al hospital para interrogar a una testigo -añadió el policía.
Jake se encogió de hombros. El teniente era la menor de sus preocupaciones. Si se encontraba con Brianne, le costaría mucho explicarle por qué un policía de baja estaba allí con un compañero.
– Lo que no sepa no puede hacer daño al teniente -dijo Jake.
– Al menos, si me echa la bronca, tendré la satisfacción de saber que no será al único.
Los dos saludaron con una inclinación de la cabeza al policía que vigilaba la puerta de la joven. Cuando éste les dio permiso, entraron en el cuarto. Allí, una joven, de aspecto cansado, estaba tumbada en la cama, con una vía en un brazo y una expresión ausente en el rostro. La negrura de su cabello enfatizaba aún más la palidez de su rostro. Cuando los dos hombres entraron, se volvió a mirarlos, pero no dijo nada.
– Señorita -dijo Vickers-, sabemos que esto es muy difícil para usted, pero ¿le importaría contarnos lo que ocurrió hace dos noches?
Una única lágrima recorrió la mejilla de la joven. Parecía tener poco más de veinte años, pero no era tan joven como para no saber los riesgos de las drogas de diseño. Era muy bonita y con demasiados años por delante como para estar al borde de la muerte.
– Si no quiere hablar aquí, puede hacerlo en la comisaría, cuando le den el alta -añadió Vickers.
Al ver que la joven permanecía en silencio, Jake decidió intervenir, tras recriminar a Vickers su falta de delicadeza en voz muy baja.
– Contarnos lo que sabe no le va a devolver a su novio, pero podría salvar a otras personas -dijo.
La joven volvió la cabeza. Evidentemente, no quería hablar.
– Vick, ve a traerme una taza de café, ¿quieres?
Los dos amigos habían hablado antes y Vickers había accedido a que, si la joven se negaba a hablar con la policía, dejaría que Jake, que no llevaba uniforme, lo intentara a solas.
Cuando su amigo se hubo marchado, Jake acercó una silla a la cama y se sentó.
– Los oficiales de policía pueden intimidar bastante cuando entran donde está uno y muestran la placa.
Al oír aquello, la muchacha se volvió para mirarlo. Aquello era un comienzo.
– Yo soy detective, pero estoy de baja. Me llamo Jake Lowell, pero puedes llamarme Jake.
Con aquello, se imaginó que el teniente se iba a enterar de su visita con toda seguridad, pero si sacaba algo de información merecería la pena.
– Los hospitales son un asco, ¿verdad? Yo mismo tuve que estar en uno durante algún tiempo no hace mucho. Me dispararon.
– ¿Y cómo fue? -preguntó la joven, de repente.
– Nos tendieron una trampa. Probablemente fue el mismo tipo que os vendió esas pastillas. Las mismas pastillas que mataron a tu novio.
La joven hizo un gesto de dolor y Jake sintió un gran remordimiento por lo que estaba haciendo. Sabía que la estaba forzando, que era cruel recordarle lo que había perdido, pero tenía que ser así si quería capturar a Ramírez.
– No soy adicta -susurró-. Y tampoco lo es… bueno… lo era Neil. Sólo queríamos ver si era tan estupendo como la gente decía. Yo nunca esperé que…
Los ojos de la muchacha se llenaron de lágrimas. Jake le golpeó suavemente la mano para consolarla.
– Lo comprendo. Créeme, he visto lo mismo más veces de las que quiero contar, por eso necesito que me eches una mano, Marina. Ayúdame a arrestar a ese tipo. Lo único que necesito saber es lo que ocurrió la otra noche. Cómo conseguisteis las pastillas.
Ella suspiró profundamente y asintió. Entonces, muy lentamente al principio, empezó a hablar. Jake escuchó muy atentamente. Se conocía de memoria el modo en que operaba Ramírez: distribuía éxtasis a los universitarios con la tapadera de la comida.
Aquel canalla había contactado con el hombre que vendía bocadillos en las facultades y luego había empezado a operar en el restaurante y en el bar más populares de la ciudad, que solían frecuentar los universitarios. Cuando pedían la bebida estrella de la noche, el que había realizado el pedido recibía no sólo su bebida sino también drogas envueltas en una servilleta de papel.
La versión de la muchacha era una variación del clásico modo de actuar de Ramírez. En ese caso, en vez de un universitario, se trataba de estudiantes de posgrado en la Universidad de verano, que habían decidido soltarse el pelo y dejar de estudiar y que salieron a comprar comida en el restaurante más de moda de toda la ciudad. En la opinión de Jake, las similitudes eran tantas que todo parecía apuntar directamente a Ramírez.