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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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Al ver la erección que él mostraba, Brianne contuvo el aliento.

– Por favor, dime que se debe a que te gusta lo que ves -susurró Jake, que no ansiaba nada más que poder hundirse profundamente en ella.

– ¿Por qué no lo descubres tú mismo? -replicó ella, extendiendo los brazos.

Jake no necesitó más invitación. La agarró por la cintura y la colocó sobre el suelo en cuestión de segundos. Su cuerpo era hermoso y cálido y lo atraía de un modo que Jake sólo había vivido en sueños. Tanto había soñado en ser parte de ella, que tenía unos preservativos en el bolsillo del vaquero. Rápidamente, se tumbó de lado para ocuparse de la anticoncepción y luego volvió a tumbarse encima de Brianne.

– ¿Qué te parece? -ronroneó ella-. ¿Crees que me gusta o no?

Aquellas palabras terminaron con la compostura de Jake. Deslizó la mano entre las piernas de Brianne y la encontró tan lista para recibirlo como él siempre había soñado.

– Creo que sí.

– Tienes razón -susurró Brianne, separando las piernas para que él tuviera pleno acceso a su cuerpo.

Jake tragó saliva y se preguntó qué sería lo que había hecho para merecer aquel regalo tan increíble. Entonces, apartó de su mente el hecho de que nada de aquello fuera a ser duradero. En aquellos momentos, no podía pensar más allá. Sentía el cuerpo tenso, casi a punto de estallar cuando se acopló encima de ella.

– Dobla un poco las rodillas, cielo.

Brianne hizo lo que él le había pedido. Jake le tocó el centro de su feminidad con la punta del pene y escuchó cómo ella gemía de placer, lo que mostraba exactamente cómo él la afectaba. No era de extrañar que él comprendiera cómo, dado que ella le hacía lo mismo a él.

– Jake, por favor…

– ¿Por favor qué?

Necesitaba que Brianne le dijera lo que deseaba, necesitaba saber que le estaba dando todo lo que ella esperaba… Tenía los ojos brillantes y las mejillas sonrosadas por el rubor.

– Por favor, entra en mí…

Mientras hablaba, movió repentinamente la pelvis e hizo que él la penetrara un poco, mostrándole así el paraíso que lo esperaba en el interior del cuerpo de Brianne. Sin poder esperar, Jake se deslizó dentro de ella, empujando con fuerza, moviéndose hacia su interior mientras observaba las emociones que se reflejaban en su hermoso rostro…

– ¿Querías que entrara así? -le preguntó Jake.

Por la lesión en el hombro, no podía tumbarse plenamente sobre ella, no podía sentir cómo el cuerpo de Brianne se abría bajo él mientras la penetraba.

– No, así…-musitó ella.

Entonces, le envolvió sus largas piernas alrededor del cuerpo y levantó más las caderas, hundiendo más profundamente a Jake dentro de ella, tan profundamente que él prácticamente estaba arrodillado entre sus piernas. Aquel contacto tan profundo hizo que Brianne gimiera levemente.

– ¿Te encuentras bien?

– Estupendamente… Ha pasado tanto tiempo y nunca fue así…

Aquél sólo fue el principio de su viaje. Brianne hizo girar las caderas debajo de él. Cuando la cima de su feminidad entró en contacto con el abdomen de Jake, dejó escapar un grito, en parte gemido y en parte suspiro. Al oír cómo expresaba su satisfacción de un modo tan desinhibido, Jake perdió el poco control que le quedaba.

– Tenemos que cambiar de posición antes de que te destroces el hombro.

– Creo que no habrá ningún problema -respondió él, emocionado de que ella estuviera pensando en su comodidad. Siempre, desde el primer momento en que la vio, había estado seguro de que Brianne era una mujer especial, pero ella acababa de confirmarlo.

Sin separarse, trataron de cambiar de postura, lo que no les resultó fácil. Por fin, consiguieron que ella se colocara encima.

– Brianne…-susurró él.

Ya había pasado el momento de los juegos. Jake estaba preso bajo su cuerpo, pero, a pesar de todo, empezó a moverse, hundiendo en ella su potente erección en sincronía con los movimientos de ella. La fricción que crearon fue exquisita. El cuerpo de Brianne era más tenso de lo que habría imaginado nunca, pero ella lo albergaba en su interior por medio de una cálida succión.

Con cada sucesiva rotación de caderas, ella fue acogiéndolo más y más, envolviéndolo en su aterciopelado calor. La excitación fue creciendo por momentos. Brianne se ondulaba con él, empujando también, animándolo con sus movimientos. Jake fue creciendo dentro de ella hasta que estuvo muy cerca del clímax.

Entonces, sintió que ella se tensaba y la oyó gritar su nombre. La respiración se fue agitando cada vez más y Brianne empezó a alcanzar el orgasmo. En ese momento, Jake se dejó llevar por sus sensaciones y se dispuso a alcanzar el placer. Se hundió en ella una vez más, tan dura, tan profunda y tan rápidamente como pudo. El mundo explotó a su alrededor en el clímax más potente que había experimentado nunca y que lo agitó por dentro de un modo que pareció interminable.

La realidad fue volviendo lentamente y, con ella, Jake se dio cuenta de lo diferente que había sido aquella experiencia. De lo diferente que era Brianne.

Ella se derrumbó sobre él en silencio, con la respiración tan laboriosa como la de Jake. Las sensaciones habían sido únicas, tanto que Jake se preguntó si no habría menospreciado aquella relación. No quería que ella olvidara el momento que acababan de compartir, igual que él, nunca, nunca la olvidaría.

– Es mejor que nos movamos -sugirió, mientras giraba un poco las caderas y dejaba que ella se levantara y se tumbara a su lado-. Me ha gustado mucho contigo encima -añadió, cuando ella se acurrucó sobre el suelo, a su lado-. Y yo que pensaba que pondrías muchas objeciones…

– ¿A sentirte dentro de mí? Claro que no -respondió Brianne, con una franqueza que la sorprendió a sí misma.

– No, me refería a la falta de mobiliario, a la falta de… todo -susurró él, asombrado de lo mucho que lo preocupaba lo que ella sentía.

– Aquí no falta de nada. Cuando tú estás, no falta nada. En una noche me has dado tanto…

– ¿Qué te he dado?

– Bueno, está lo evidente -suspiró ella-, pero hay algo más. ¿Te había dicho antes que nunca había tenido una cita de verdad?

– No. Pensé que habías tenido otras relaciones.

– Es cierto. Un par de ellas para aliviar la soledad cuando era demasiado insoportable. Sin embargo, siempre era algo que yo encajaba en mi horario, algo que era precipitado y que nunca conseguía que me sintiera mejor que antes, pero esta noche tú me has dado una cita de verdad, planeada.

– A tomar un helado. No es gran cosa.

Sin embargo, Jake sabía que se estaba mintiendo a si mismo. Había pensado mucho en el lugar al que quena llevar a Brianne, preocupándose por que fuera algo que ella no olvidara fácilmente.

– Eso no es cierto. Y creo que tú lo sabes.

Así era. Jake no estaba pensando sólo en su cita. Había estado casado y enamorado antes, y había tenido varias relaciones esporádicas desde entonces, pero todo eso palidecía en comparación con lo que acababa de experimentar con Brianne. Jake era policía y no formaba parte de su naturaleza mentirse a sí mismo, ni profesional ni personalmente. Sabía que lo que habían compartido aquella noche no había sido sexo. Había hecho el amor con Brianne.

Jake la abrazó por la cintura, tratando de no escuchar cómo el corazón le latía rápida y furiosamente mientras trataba de comprender las implicaciones de lo mucho que sentía por una mujer que no era la adecuada para él por tantas y tantas razones.

En primer lugar, Brianne tenía la intención de mudarse al final del verano. No podía culparla por querer estar cerca de su hermano. Además, no tenía deseos de interponerse admitiendo los sentimientos crecientes que estaba experimentando o preguntándole por lo que ella sentía.

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