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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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¿Era aquello lo que seguía queriendo? Si deseaba hacerlo cambiar, no tenían ninguna posibilidad y una parte de Brianne se negaba a aceptarlo. Se sentía tan confusa…

Jake extendió las manos y le agarró las muñecas. Ella no se había dado cuenta de que no le había retirado las manos del rostro, tal era la intimidad que había entre ellos. ¿No era aquella intimidad más indicativa de todo lo que los unía en vez de lo que los separaba? Sintió que en su mente se iba produciendo lentamente un cambio y que necesitaría tiempo para absorber las implicaciones.

– Para responder a tu pregunta, supongo que amaba a la persona con la que me casé, pero no a la persona en la que ella se convirtió. Ahora, me doy cuenta de que nunca amé a mi ex mujer lo suficiente como para cambiar por ella.

– En ese caso, es imposible que la hicieras feliz, Jake. Y viceversa. El dinero no tuvo nada que ver con vuestra separación.

– Supongo que tienes razón.

– Estoy segura de ello. Mira mi vida. El dinero podría haberme dado más tiempo libre, pero yo habría seguido siendo una mujer demasiado joven que tenía a su cargo a un adolescente. Todo el dinero del mundo no habría podido cambiar ese hecho. Y podría no haberme hecho feliz. Llevaba una carga muy pesada sobre los hombros, sí, pero era feliz. Cualquier hombre que entre en mi vida se asentará sobre esos cimientos -añadió. Del modo en que Jake lo había hecho…-. Yo creo que eso era algo que tu mujer no tenía.

Los ojos de Jake se llenaron de una profunda admiración, en parte deseo, pero también algo más. Brianne lo comprendió perfectamente porque ella sentía exactamente lo mismo.

– ¿Te ha dicho alguien alguna vez que eres sorprendente, Brianne?

– No… ¿Quieres tú ser el primero? -replicó ella, con una sonrisa.

– Por supuesto -contestó él, antes de besarla suavemente en los labios, con profundidad y dulzura-, pero eso no significa que voy a permitir que te olvides de nuestro trato. Me debes un remojón en el jacuzzi.

– Adelante…

Brianne se despojó de la toalla, dejando que ésta cayera a sus pies. Cuando la miró, Jake sintió que la boca se le secaba. Entonces, vio cómo ella extendía la mano y lo invitaba a acompañarla. Jake la siguió hasta el jacuzzi y lo puso en funcionamiento. Entonces, dejó que ella entrara primero.

Brianne se sentó, aunque las burbujas de agua le subían por encima de su tentador pecho. Cuando ella supiera la verdad, Jake sabía cuál sería su castigo: recordar aquel momento, recordarla a ella y todo lo que habían compartido y lo que podrían haber vivido si él no la hubiera implicado en un asunto que garantizaba peligro y ansiedad en su vida, las dos cosas a las que nunca debería tener que volver a enfrentarse.

Brianne era todo lo que su ex esposa no había sido. Sincera, abierta y auténtica, sobre sí misma y sobre sus sentimientos. Al ser de aquella manera, lo había ayudado a comprender el pasado más claramente. Precisamente por eso, tenía la intención de saborear aquella noche. Las revelaciones quedarían para el día siguiente.

Brianne extendió las piernas y apoyó la cabeza sobre el borde de la bañera para poder mirar al cielo.

– Dios Santo, esto es completamente decadente.

Jake se sentó a su lado y dejó que uno de los chorros de agua le trabajara sobre la espalda.

– Todavía no has empezado a verlo, pero te prometo que lo verás.

– Promesas, promesas…

– ¿Acaso dudas de mí?

– Si digo que sí, ¿conseguiré que te muevas más rápido?

El cuerpo de Jake se calentó de un modo que no tuvo nada que ver con el agua caliente, sino con Brianne. La urgencia del limitado tiempo que iban a pasar juntos acicateaba su deseo y creaba una necesidad tan grande que amenazaba con consumirlo.

– ¿Te he dicho qué es lo mejor de este jacuzzi? -le preguntó. Brianne negó con la cabeza-. Pues que tiene un banco que se reclina -añadió, para luego ayudarla a que se colocara sobre el pequeño asiento.

– El agua me da por todas partes.

– ¿Te gusta? -quiso saber Jake. Ella se echó a reír y él, como respuesta, sacudió la cabeza.

– ¿Qué es lo que pasa?

– Que quiero que gimas, no que rías. ¿Te das cuenta de que voy a tener que hacer algo al respecto?

Brianne se inclinó sobre el respaldo y se apoyó sobre el reposacabezas. El cabello le flotaba sobre el agua y los ojos verdes, tan profundos como el tono del agua, lo miraron fijamente, llenos de hambre y deseo.

– Ya contaba con ello.

Jake se inclinó sobre ella y la besó, de un modo prolongado y suave. El paraíso no podía haber sido mejor en opinión de él. Para saborearla mejor, le introdujo la lengua entre los labios, provocando que ella gimiera de gusto. A continuación le rodeó el cuello con los brazos y se lo colocó encima para que el abrazo fuera más íntimo.

– Uno de estos días vamos a tener que hacer esto de la manera correcta.

– ¿Y cuál es?

– Conmigo encima -musitó Jake. La falta de fuerza que tenía en el hombro no le había afectado para la mayoría de las cosas, aunque le había negado el lujo de hacerle el amor a Brianne en aquella postura.

– Si me dejas que te ayude, te aseguro que podrás hacerlo enseguida. ¿Sabes una cosa? Creo que el agua te va a ayudar a calentar los músculos del hombro. Podemos hacer la primera sesión cuando bajemos.

Si podía pensar en los ejercicios, aquello significaba que él no estaba haciendo lo suficiente como para distraerla. Por eso, extendió la mano para ayudarla a que volviera a sentarse. Cuando terminaran allí, si Brianne estaba de humor como para otra cosa que no fuera meterse en la cama a dormir, entre sus brazos, por supuesto, Jake se comería su placa. Además, ella necesitaba dormir bien aquella noche para poder enfrentarse al que la esperaba a la mañana siguiente cuando…

Decidió olvidarse del futuro y se la colocó entre las piernas para luego ayudarla a que se sentara encima de él, de espaldas.

– ¿Jake?

– Relájate, cielo -contestó él, apretándola suave pero insistentemente contra su firme erección. Necesitó todo su autocontrol para no penetrarla en aquel mismo momento.

– ¿Esperas que me relaje teniéndote tan cerca de mí?

– Sí, relájate y disfruta.

Jake separó las piernas y ella pasó de estar sentada encima de él a hacerlo entre el hueco de sus piernas.

– Como si pudiera hacerlo…

Él se echó a reír y se puso a tocar los mandos que había en el exterior de la bañera. A los pocos segundos, los chorros empezaron a hacer burbujas, forzando el aire desde los asientos hacia arriba.

Por la exclamación de sorpresa de Brianne, Jake estuvo completamente seguro del lugar en el que el agua y el aire habían ido a acertar.

– Relájate…

– De acuerdo -dijo ella, aunque no tenía ni idea de cómo iba a sobrevivir a aquello.

El chorro de agua estaba estrellándose contra su parte más íntima y más sensible. Como si aquello no fuera suficiente como para hacerla enloquecer, sentía la erección de Jake en la espalda, torturándola con lo que él le estaba negando…

De repente, Jake se movió. Le colocó una mano en el estómago y poco a poco la fue bajando hasta que se la colocó sobre su parte más femenina.

Brianne contuvo el aliento cuando él le introdujo la yema del dedo en su excitada carne y encontró el punto de presión más delicioso de todo su cuerpo. Empezó a acariciarla suavemente, excitándola cada vez más, hasta que ella empezó a agitarse, luchando por alcanzar el clímax. Aquel movimiento, combinado con los chorros de agua, hacía que la experiencia resultara tan increíble y tan intensa que le hizo pensar que se moriría allí mismo si el placer se interrumpía.

Sin previo aviso, él la levantó un poco. Brianne adivinó sus intenciones y lo ayudó a conducir el pene hacia la exquisita abertura de su cuerpo. Mientras Jake la deslizaba hacia abajo, sobre él, Brianne lo acogió en su interior, sintiendo que el terciopelo de su feminidad se estiraba para acomodarse a él en aquel nuevo e increíble ángulo. Aunque prefería estar frente a frente, mirándolo a los ojos cuando hacían el amor, aquella posición también resultaba muy íntima…

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