Fantasmas del pasado
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
Las consecuencias del accidente convulsionaron el valle. Los médicos de la zona tuvieron mucho trabajo toda la semana siguiente. En una comunidad tan pequeña, todo el mundo se veía afectado cuando ocurría una tragedia.
La culpa y la pena alcanzaban a todo el mundo y sus efectos iban desde la angina de un anciano al eczema del adolescente. La tensión tenía múltiples maneras de manifestarse.
La semana acabó con el intento de suicidio del muchacho que conducía el coche y para ese momento los médicos del valle estaban al borde de la desesperación. Tina estaba tan ocupada que apenas tenía tiempo para pensar en Jock.
Apenas.
No pensaba conscientemente en él, pero estaba todo el tiempo en el fondo de sus pensamientos. La vida de Tina había cambiado por completo, tanto si a Jock le preocupaba como si no. Tina estaba completamente enamorada y no importaba cómo encajase Jock ese amor.
Y Jock lo había encajado desapareciendo. Tina no lo había visto en toda la semana. Y seguro que no quería volver a verla.
Ellen se quedó observándola. Era la madrugada del domingo y todos estaban agotados. Ellen había estado fijándose en Tina toda la noche y había esperado el momento adecuado para hablarle.
– Doctora Rafter, ¿vas a decirle a tía Ellen qué te sucede?
– ¿A qué te refieres?
– Me refiero a qué ha ocurrido entre el doctor Blaxton y tú.
– No quiero hablar de eso -a pesar del cansancio y de la hora tardía, Tina no era ninguna idiota. Estaba ajustando el gota a gota a un bebé, que había ingresado esa noche con síntomas de deshidratación y se concentró en ello más de lo normal, sólo para evitar la mirada de Ellen-. Ellen, necesito que traigan los resultados de las pruebas.
– Ya los he pedido -Ellen se interpuso en el camino de Tina, cuando ésta intentó atravesar la puerta. Se podía ver un brillo de resolución detrás de sus gafas-. Y ahora, Tina, vas a decirme por qué pareces tan desgraciada desde la noche del accidente. Sé que fue horrible y luego lo del intento de suicidio del joven Andrew. Así que pensé que era por eso, pero ahora…
– Es que es por eso.
– No -replicó Ellen-. Te he visto trabajar esta semana. Te he visto consolar a los familiares y a los chicos que sobrevivieron. Y a medida que la tragedia se ha ido desvaneciendo, tus-ojos se han ido oscureciendo más y más.
– No sé a qué te refieres.
– ¿No será todo por el anuncio del doctor Blaxton de que se marcha?
– ¿Que se marcha? ¡Oh, Ellen!
– No sabía si lo habías oído -Ellen se fijó en el gesto de dolor de Tina-. Así que llevaba razón. Me di cuenta al ver que él te ha estado evitando toda la semana y…
– ¿Evitándome?
– Os estuve observando la pasada noche. El doctor Blaxton atendió el nacimiento de un bebé y tenía que venir a esta sala para comprobar el estado del recién nacido, pero tú estabas aquí y le vi darse la vuelta y marcharse a tomar una taza de café. Regresó una hora después, cuando tú ya te habías ido.
– Ellen…
– Si crees que es normal que él espere una hora a que tú te marches para regresar aquí, yo no. Nosotras acabamos nuestro turno dentro de una hora. Justo cuando el doctor Blaxton comienza el suyo. Pero te apuesto a que llega cinco minutos tarde para no cruzarse contigo.
– Ellen…
– No son imaginaciones mías, ¿verdad? Algo pasa entre vosotros. Y finalmente, está el hecho de que el doctor Blaxton me haya contado que va a irse a trabajar a Londres tan pronto como Gina y Struan regresen. Y él parece estar tan triste como tú estos días. Así que…
– Así que nada -se encogió de hombros Tina-. Así que nada, Ellen. Te estás imaginando cosas. No hay nada entre nosotros.
– ¿Excepto?
– Excepto nada.
No podía haber nada. Y más si Jock se iba a Londres. No podía haber nada. Excepto…
Capítulo 9
EXCEPTO que estaba embarazada.
Tina no terminaba de creérselo. El resultado de la prueba tenía que estar equivocado.
Pero no era así. El test era positivo y ella estaba embarazada.,
Tina se sentó en la cama y se quedó mirando fijamente su regazo. Ya lo había sospechado. Aunque había tratado de convencerse de que eso era una locura. Estaba cansada y le habían crecido los senos, pero también era cierto que había trabajado muy duro y que había tenido problemas para dormir de día, debido a Ally y Tina. Y también era cierto que estaba a punto de llegarle el periodo. Y pensaba que era por eso que le habían crecido los pechos.
Pero el periodo se había comenzado a retrasar y los senos seguían creciendo. Así que, aunque sabía que era una estupidez y que no había nada por lo que preocuparse, había conseguido un test de embarazo y se lo había llevado a casa.
Y el resultado había sido positivo. ¿Qué iba a hacer? Jock no querría saber nada acerca de ello. Hacía cuatro semanas que se había acostado con él y en ese tiempo Jock apenas había hablado con ella. Y siempre en el marco profesional. Y había oído que había salido con la enfermera Jackson. Dos veces.
¿Habría pasado a ser la enfermera Jackson una de esas mujeres desnudas a las que Jock había llevado el desayuno a la cama?, pensó Tina sombríamente.
Se quedó mirando el resultado del test. La línea azul significaba que estaba embarazada con un cien por cien de seguridad.
¿Cómo podía haber sido tan estúpida? No había tomado precauciones ya que poco antes de acostarse con Jock a ella le había venido el periodo. Así que en teoría no había peligro. Ella no debía ovular hasta una semana después del periodo. En teoría no había peligro. Pero sí que lo había.
– Nunca se debe descartar el riesgo de embarazo -escuchó el eco de la voz de un profesor de medicina-. El esperma puede atravesar paredes de tres pies de grosor. Y no hay votos de castidad, ni píldoras, ni condones, ni vasectomías que valgan. No hay ningún método anticonceptivo que asegure una efectividad del cien por cien. La única seguridad para una mujer en edad fértil es la abstinencia. Y aún en ese caso, puede haber serias dudas.
“Santo Dios”.
Debería de haber tomado la píldora del día después. Pero no lo hizo. En los días que siguieron al accidente tuvo mucho trabajo y… Bueno, y además tendría que haber ido a conseguirla a la farmacia. Tendría que habérsela pedido a Kevin, el horrible farmacéutico de manos sudorosas y boca enorme, dándole una receta firmada por ella misma. Kevin habría mostrado una sonrisa estúpida y…
– Esto es absurdo -se dijo a sí misma-. Lo que te impidió conseguir la píldora fue tu estúpido orgullo. Fue una estupidez no hacerlo y ahora…
“¿Y ahora qué? ¿Abortar?”.
Tina se llevó de un modo inconsciente la mano al vientre. Estaba plano y firme, pero el test le decía que allí dentro estaba comenzando a formarse una pequeña vida. Una vida que provenía del amor entre Jock y Tina. Una vida que provenía de su mutua necesidad.
El problema residía en que él ya no la necesitaba y se marcharía.
– Es sólo un feto -dijo en voz alta, como si al llamarlo así lo hiciera menos real-. Es un feto, no un niño. No es más grande que un renacuajo y va a destrozar tu vida. Estás embarazada de sólo cinco semanas, puedes abortar…
No.
La palabra atravesó su corazón y quedó allí. Sin darse cuenta, sus manos se colocaron sobre el estómago, con el gesto antiguo de la mujer que protege lo más precioso para ella.
La semana pasada había cumplido veintinueve años.
– Tengo veintinueve años y voy a tener un bebé -susurró, y de repente no pareció tan malo.
De repente notó que la alegría se abría paso entre el terror y la presión de la mano sobre el estómago se hizo más fuerte. Un bebé…
¿Cómo iba ella a deshacerse de un bebé que era parte de ella y parte del hombre que amaba? Se preguntó.