Fantasmas del pasado
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
– Malditos chavales -refunfuñó el policía-. Todavía es pronto para asegurarlo, pero por lo que parece, los chicos trataron de adelantar al coche de los Croxton en la cima de la colina. Los Croxton volvían de la fiesta que siguió al bautizo de su bebé, e iban también a bastante velocidad. Los chicos aceleraron para adelantar y al ver el camión que se echaba encima de ellos, intentaron retroceder, quedándose paralelos al coche de los Croxton. Ambos coches chocaron y el de los Croxton se quedó atravesado en la carretera, siendo arrollado por el camión. Fin de la historia.
– Malditos chicos. Maldito alcohol. Recibimos la llamada del doctor Blaxton avisándonos de que los chicos estaban conduciendo borrachos, pero no pudimos dar con ellos a tiempo.
Tina se mordió el labio, cerrando los ojos al acordarse de la horrible escena… Luego volvió al trabajo. No podía hacer otra cosa. Lloyd y Mark se acercaron para ocuparse del conductor del camión. Tina y Sally se ocuparon de los chicos.
Prepararon a Sylvia para que fuera trasladada en helicóptero a Sydney. Se había roto varias costillas y la lesión le había afectado a un pulmón. Quizá si ella no hubiera bebido tanto podrían haberla operado en Gundowring, pero como no era así y tenían que esperar a que bajara la tasa de alcohol, iban a aprovechar para que la tratase el mejor cirujano posible.
– Y esa no soy yo -le dijo Sally a Tina-. No esta noche. No estoy en condiciones de operar. Liz Croxton es… Liz Croxton era amiga mía.
Sally se echó a llorar y Tina pensó en lo horrible que era dedicarse a la medicina en una ciudad pequeña, donde era imposible no verse involucrado. Luego pensó en Jock. El, como obstetra, no podía ayudarlos. Lloyd, Mark, Sally y Tina debían ocuparse de los heridos, mientras él se había presentado voluntario para el trabajo más desagradable.
Jock se había quedado para supervisar el rescate de los cadáveres. Entre ellos, estaba Cameron Croxton, el bebé a cuyo parto había asistido dos semanas antes.
Tina, a pesar de trabajar duramente, no podía dejar de pensar en Jock, imaginándoselo sacando al pequeño de entre los restos del coche…
Le aplicó un gota a gota a la chica que no había parado de vomitar en la última hora. ¡Maldita bebida!
Tina recordó a quién le esperaba el peor trabajo aquella noche.
Los padres de los chicos fueron llegando. Su reacción pasó del miedo al enfado y Tina tuvo que calmarlos. Sabía que todo el pueblo iba a culpar a los chicos de las tres muertes y, sin el apoyo de los padres, los muchachos se hundirían.
Así que Tina y Sally no pararon de hablar tratando de aplacar su ira. Les condujeron hasta donde estaban sus hijos. Allí hubo recriminaciones. ¿Cómo unos chicos de dieciocho años bebían tanto? Pero los reproches eran inútiles. Enfadarse era inútil. La única certeza era la muerte de esas tres personas.
Hacia las cinco de la mañana se había acabado todo. Tina pidió prestado un coche del hospital y condujo agotada hasta su casa. Pero no podía ir a casa. Despertaría a Christie y su hermana se levantaría a preguntarle qué tal le había ido la noche. Y ella no podría contarle la verdad a Christie. No, porque su hermana podría caer otra vez en su estado de depresión.
Y luego estaba Jock…
Tina no lo había visto desde que ella se marchó en la ambulancia con el conductor del camión, dejando a Jock en la escena del desastre. Jock, el fuerte. Pero ¿cómo de fuerte sería? Inconscientemente, Tina comenzó a dirigirse hacia la playa donde estaba la pequeña casa de Jock. Se encontraba en un verdadero dilema. ¿O quizá no hubiera ningún dilema?
O angustiar a Christie o consolar a Jock… ¿O sería más bien consolar a Christie o encontrar consuelo en Jock? La elección estaba clara.
Jock estaba en casa, ya que el coche estaba aparcado enfrente. Tina dudó por un momento, pero sólo por un momento. Se veían luces encendidas dentro de la casa, así que él debía de estar despierto. Tina se quedó sentada fuera largo tiempo y se puso a pensar en lo que Jock había tenido que afrontar esa noche.
Jock quizá fuera fuerte, pero por dentro necesitaba ayuda. Mostraba el aspecto de un hombre seguro de sí mismo, que no necesitaba ayuda de nadie. Pero Tina sabía que no era así. No sabía cómo, pero lo sabía. No había duda de que él estaba solo, así que Tina aparcó el coche y se dirigió hacia la casa.
No hubo respuesta después de que ella llamara a la puerta principal. Tina la empujó y la puerta cedió.
– ¿Jock?
No hubo respuesta.
No podía haber llegado a casa mucho antes, pensó, así que debería estar despierto. Y más después de lo que había sucedido. Tina recorrió la casa despacio, llamando a la puerta de todas las habitaciones cerradas. Pero no hubo respuesta.
“No debería estar aquí”, pensó. Se estaba entrometiendo en la vida privada de él, pero no se decidía a irse.
– ¿Jock? -abrió la puerta trasera y salió.
Allí estaba. La puerta de atrás de la pequeña casa daba a la playa. Las primeras luces del amanecer comenzaban a iluminar el horizonte y Tina pudo ver el largo cuerpo de Jock tumbado sobre la arena. Solo.
“Siempre debe estar solo”, pensó Tina. Se había pasado diez años con una madre moribunda y un padre que le maldecía continuamente. Así que Jock había aprendido a estar solo. Pero si ella podía evitarlo, eso iba a cambiar.
Tina se quitó las sandalias y corrió por la playa para reunirse con él. El corazón le latía locamente. Tenía que permitirle acercarse a él. Tina lo necesitaba.
– ¿Jock?
– ¿Tina? -Jock se volvió para mirarla-. Tina.
No era una bienvenida. Su voz no delató ninguna emoción. Tenía un tono frío.
– ¡Oh, Jock! -Tina le tomó las manos entre las suyas-. Jock, tenía que venir.
– ¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó él, en el mismo tono frío.
– Te necesito -dijo ella con voz suave. Luego cerró los ojos y se puso a rezar en silencio-. Jock, ya hemos acabado en el hospital. El conductor del camión está bien. Su mujer se quedará allí con él. Y excepto Sylvia, los chicos también están perfectamente. Están con sus padres. Sally ha ido a casa con Lloyd. Mark se marchó a reunirse con Margaret. Y yo… Y yo no podía ir a casa y despertar a Christie y necesitaba estar con alguien. Te necesitaba a ti.
Hubo un largo silencio.
Sólo se podía oír el murmullo de las olas rompiendo suavemente sobre la arena. Tina seguía agarrando las manos de Jock. Estaba allí luchando por algo que apenas entendía. Luchaba por conseguir que él la necesitara del mismo modo que ella lo necesitaba a él.
– Jock… -ella apoyó la cabeza sobre el pecho de él.
El traje de Jock estaba en un estado lamentable y la camisa estaba rota a la altura del pecho.
– Siento que hayas sido tú quien se haya tenido que encargar de la pequeña -susurró ella-. Ha debido ser horrible.
– Estoy bien. ¡Diablos, Tina! No necesito…
– No necesitas a nadie -murmuró ella, notando las manos de él rígidas entre las de ella-. Jock, no te hagas esto a ti mismo. Ayudaste a que esa niña viniese al mundo y la querías. A mí no puedes engañarme. Sé que quieres a todos esos bebés a los que ayudas a nacer y que mediante ellos tratas de compensar el cariño que te niegas a ti mismo.
– Yo no…
– Es cierto. Lo sé porque te quiero, Jock. Sólo Dios sabe por qué, pero lo cierto es que puedo leer en ti como en un libro abierto. Y sé que esta noche lo has pasado muy mal al tener que sacar a Cameron Croxton de ese coche. Eso te ha partido el corazón, pero luego te has venido aquí solo y tratas de olvidarlo todo. Y eso es imposible, Jock. El dolor hay que compartirlo para que desaparezca. Y tú también necesitas hacerlo.
Ella le pasó los brazos alrededor con gran cuidado, apretándose contra él. Quisiera él o no, ella estaba tratando de consolarlo del único modo que sabía. Y Tina sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Le estaba ofreciendo su cuerpo como sólo una mujer podía hacer. Algunas heridas no se pueden curar con palabras.