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Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:

El doctor Jock Blaxton era un estupendo obstetra y adoraba a cada niño que ayudaba a traer al mundo. Sin embargo, su pasado le impedía tener uno propio. Su relación con las mujeres era muy problemática. No solía salir más de dos veces con ninguna, pero la doctora Tina Rafter, que llegó para cuidar a los hijos de su hermana y comenzó a trabajar en el hospital de Gundowring, lo deslumbró.
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
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– Por supuesto -dijo ella, con los ojos sonrientes, y posando su mano sobre la entrepierna de él-. ¿Y tuve éxito?

– ¿Que si tuviste éxito? -Jock apartó las sábanas, casi derramando el café. Ella dejó su taza en la mesilla, mientras la boca de él se posaba en el valle entre los senos de ella y la besaba. ¿Cómo iba a beberse el café en esas condiciones?-. No puedes ni imaginarte el éxito que tuviste -añadió él-. No sabes lo mal que me sentía antes de que tú llegases -Jock comenzó a acariciar el vientre plano de ella, provocando que Tina se estremeciera de placer.

La voz de él era seria y la rodeó con sus brazos como si todavía buscara su consuelo.

– No sé cómo puedes trabajar a tiempo completo en el servicio de urgencias. Por eso elegí yo ser obstetra. Para no tener que vérmelas con desastres como el de ayer cada día.

– Pero también ocurren tragedias siendo obstetra -comentó Tina, acariciándole la cabeza, pero al mismo tiempo tratando de mantenerlo a distancia. Recordaba lo que él había dicho. Que le gustaba servir el desayuno a la mujer desnuda que había en su cama. ¿Cuántas mujeres habrían estado en su situación?

Pero Tina no podía resistirse a ese hombre. Comenzó a pasarle los dedos entre los rizos negros de su pelo y le apretó la cabeza contra su corazón y se daba cuenta de que cada vez se enamoraba más de él.

– Y… y yo tampoco puedo enfrentarme sola a las catástrofes -susurró ella.

– ¿Y por eso viniste anoche? ¿Porque no querías estar sola?

¿Se habría olvidado de que ella le había confesado que lo amaba?, pensó Tina sombríamente. ¿Pensaría él que lo había dicho por decir o que sería algo que le decía a todos sus amantes?

Así que a pesar de lo que sentía, no le volvería a decir que lo amaba. Eso había estado bien la noche anterior. Cuando necesitaba acostarse con él, pero en ese momento, ya de mañana, sería como un chantaje emocional. Y no quería depender de él.

– Eso es -dijo ella, con voz algo rígida, que él pareció no notar-. Por eso vine. No podía ir a mi casa y enfrentarme a Christie.

– Hablando de Christie, ¿no estará preocupada? -Jock miró el reloj y luego volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo. Trazar círculos con sus dedos sobre la piel desnuda de ella, por encima de su ombligo y luego por debajo. Cosa que estaba volviendo loca a Tina-. Son las nueve y es domingo por la mañana. ¿No crees que se pueda preocupar cuando se despierte y vea que no estás en casa?

– Tengo veintiocho años y anoche me vio salir con un hombre soltero muy atractivo.

"¡Cielo Santo, cómo no deje de acariciarme, me voy a morir!". O quizá se muriera si dejaba de acariciarla.

– Seguro que se imagina dónde estoy. Christie no es tonta -añadió Tina.

– Ya me imagino.

Tina se dio cuenta de en qué estaba pensando él. Debía de estar pensando en que eso era algo habitual. En que todas sus citas acababan igual. ¡Por el amor de Dios! Ella no era ninguna virgen, pero…

– Supongo… Supongo que debería irme a casa a ver si puedo dormir otro poco. Tengo guardia esta noche.

– ¿Te tienes que ir?

– Debería… -pero Jock seguía acariciándola y la determinación de Tina se derritió como la mantequilla.

– Tina…

– ¿Sí?

La boca de Jock comenzó a hacer lo mismo que sus dedos, besándola bajo los pechos.

– Creo que ha sido un error lo de vestirme -admitió él, con la voz ronca por el deseo-. ¡Diablos, Tina! Anoche fue nuestra última cita. ¿Por qué terminarla tan pronto?

Y por supuesto, no se acabó tan pronto.

Pero mientras Tina seguía en los brazos de su amante una hora después y esperaba a que comenzara el día y el mundo los envolviera de nuevo, surtió el corazón frío y enfermo.

Porque la voz de Jock había sonado firme y segura.

“Nuestra última cita”, había dicho él y su voz parecía completamente segura.

Tina se marchó hacia las once y Jock se fue a nadar. Estuvo nadando casi dos horas. Nadó como si la vida le fuera en ello, tratando de quemar la energía sobrante. Tratando de quemar esa maldita inquietud.

¡Qué encantadora era!, pensó. Pero ¿le gustaría tenerla en su cama durante el resto de su vida?

– ¿Qué te propones, amigo? -habló para sí-. ¿Casarte? ¿Tener hijos? Eso es el desastre absoluto y tú lo sabes. ¿Es que te has vuelto loco? ¡Diablos, Jock, si ni siquiera has tomado precauciones!

Él le había preguntado por ello mientras se duchaba antes de marcharse.

– Tina, anoche… No sé en qué estaba pensando. Sé que debía haber usado preservativo, pero las cosas se nos fueron de las manos. ¿Crees tú que…?

– No te preocupes -le había contestado Tina desde la ducha con voz cansada y tensa-. Creo que no hay peligro, pero aún así puedo tomar la píldora del día después. Ya soy mayor, Jock Blaxton, y puedo cuidar de mí misma. Así que relájate… a menos que tengas alguna enfermedad que deberías haberme confesado.

Lo dijo con tono de broma y Jock lo agradeció porque estaba tenso. Él no quería tener hijos bajo ningún concepto. Pero había algo en esa mujer que era distinto.

Se acordó de cuando por la mañana le había llevado el café, mientras ella dormía allí con su maravilloso cuerpo desnudo y su cabello desparramado sobre la almohada como una mancha roja. ¡Cómo había despertado su deseo!

Y cuándo se iba a marchar, el deseo se volvió a despertar y él tuvo que hacer un gran esfuerzo para no retenerla y hacerle el amor de nuevo.

Debía haberse vuelto loco. Ese era el camino de la miseria. Su padre se lo había dicho muchas veces. Así que la había dejado marchar. No quería involucrarse más de lo que ya estaba.

De lo que seguía estando…

Además, él no le había hecho a Tina falsas promesas. Ella había sabido desde el principio que no quería ninguna relación estable. Y su relación seguía siendo meramente profesional, se dijo, mientras seguía nadando.

– Y Jock, si yo fuese tú, llamaría a Londres mañana mismo y aceptaría ese trabajo. Porque tan pronto como te alejes de aquí, el peligro pasará y podrás volver a pensar con claridad.

– ¿Has pasado la noche con Jock Blaxton?

Christie se quedó mirando asombrada la indumentaria de su hermana. Con el vestido ensangrentado y una camisa de hombre por encima parecía salida de una película de terror.

– ¡Santo Dios, Tina! Tienes el vestido destrozado. ¿Quién te lo ha hecho? ¿No te habrá violado?

– ¿Violado? ¿Qué diablos…? Por supuesto que no.

– Pero hay sangre en tu vestido y está hecho jirones.

– ¡Ah, claro! -Tina miró el estado de su vestido y sacudió la cabeza, sonriendo-. No, Christie, no me violó. Es que esta noche ha sido un infierno. Te lo contaré todo ahora, pero…

Tina se quedó pensativa unos segundos.

– Me acosté con Jock, pero por mi propia voluntad -dijo, finalmente.

– Bueno, bueno… -Christie sacudió la cabeza, con incredulidad, acercando al bebé a su pecho. Era la hora de la comida de Rose y eso era lo único que le interesaba a la niña. La vida amorosa de su tía Tina le traía sin cuidado-. Bueno, bueno, ¿significará eso, pequeña Rose, que la tía Tina ha encontrado por fin un hombre decente?

– ¿Qué quieres decir con eso?

– Peter es un enclenque. Era un cheque con piernas. Y de tu doctor Blaxton no se puede decir lo mismo. Él es todo un hombre. No sé si tendrá dinero, pero eso no importa lo más mínimo.

– Tienes razón. No creo que puedas decir que sea un cheque con piernas nada más, y tengo que admitir que es todo un hombre. Lo único es que él no es mi doctor Blaxton, Christie.

– ¿Qué quieres decir? -Christie arrugó los ojos y le lanzó una mirada escrutadora a su hermana, fijándose en que estaba preocupada a pesar de su sonrisa-. Te acostaste con él, Tina. Y las aventuras de una noche no son tu estilo.

– Ya lo sé. Pero en este caso eso es lo que Jock desea. Y si es así, esta noche he obtenido todo lo que Jock está dispuesto a darme.

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