Fantasmas del pasado
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
Él se iba a marchar a Londres, pensó con rabia. Se marcharía. El trabajo había sido confirmado y él no quería enamorarse de nadie. No quería sentir lo que estaba sintiendo y no quería ser el padre de ese hijo. No quería…
Tina alzó la vista y sonrió. Los pensamientos de Jock cesaron de repente. No sabía qué demonios quería o qué no quería. En los últimos cinco minutos su mundo había dado un giro de ciento ochenta grados, o mejor dicho, su mundo había cambiado cuando Tina entró en su vida.
– Está bien, Jock -dijo Tina tranquilamente, la sonrisa todavía en los labios y el dolor en su rostro casi borrado por la rutina-. No pasa nada. No hace falta que pongas esa cara. No te estoy pidiendo que te cases conmigo o que tengas que hacerte cargo de ambos. No te estoy atando a mí. Yo… sólo pensaba que… tenías derecho a saberlo antes de que te fueras.
– Tina, ¿qué…? -el hombre cruzó de un salto la habitación y puso ambas manos sobre la mesa-. ¿Qué demonios está pasando aquí? No entiendo. Me dijiste que tomabas precauciones, que no había peligro y no eres estúpida.
– Pues así fue. Soy una estúpida.
– No, no lo eres, Tina. Si te has quedado embarazada es que querías quedarte.
Ella no parpadeó.
– No, Jock. No quería quedarme embarazada -aseguró-. No me importa lo que parezca, pero no quise atraparte. No tienes por qué creerme. Yo pensé, de verdad lo pensé, que era un día fuera de peligro, pero tuve que asegurarme. Sé que no hay ningún día completamente libre de peligro, pero lo que pasó fue que… no tomé la píldora del día después. Quizá fue inconscientemente… Quizá…
Ella extendió las manos, intentando que él comprendiera, intentando comprenderse a sí misma.
– ¿Sabes? Para mí éste niño no es una catástrofe, Jock.
– ¿No es una catástrofe? -preguntó, incrédulo-. Por supuesto que es una catástrofe. Es una catástrofe monstruosa, horrible. De todas las estupideces que…
Pero Tina estaba harta. Esas palabras no significaban nada para ella y no quería escucharlas. Estaban hablando de un hijo, no de una estupidez. Era un hijo cuyos padres eran Tina y Jock. Un hijo. La mujer se levantó y se apoyó contra la pared para ponerse lo más lejos posible de él. Estaba muy pálida.
– Jock, tengo que decirte que…
Cerró los ojos y cuando los abrió sabía exactamente lo que quería decirle. Necesitaba decirle lo que sentía dentro. Tenía que decirle la verdad, fuera o no una estupidez, y dejarle que hiciera lo que él quisiera.
– Jock, mi estupidez no tiene nada que ver con el embarazo. Y ahora hay que ir hacia delante, no retroceder.
– Pero…
– No. Escucha, Jock. Tengo veintinueve años y me he enamorado. Estupidez o no, me he enamorado completamente, ciegamente, absolutamente de ti. Estoy más enamorada de lo que nunca estuve en mi vida. Nunca he sentido esto y he vivido veintinueve años. Pero… tú te vas a marchar y lo sé… Sé mejor que nadie que lo nuestro es imposible y por eso la idea de tener un hijo tuyo me llena de alegría.
– ¿Admites entonces que quisiste quedarte embarazada? -preguntó él, sin poder creer lo que oía.
– No -respondió, con una voz tan seca como la de él, igual de dura, negando su acusación-. No fue así. Pero ahora que lo estoy… me es imposible abortar. A diferencia de ti, no creo que haya demasiados niños en el mundo. Yo puedo cuidar de este niño. Le daré todo mi amor.
– No tienes dinero. ¿Cómo demonios vas a cuidarlo?
Tina levantó la barbilla.
– Christie y yo hemos hablado de ello. Si Struan me hace un contrajo fijo, que es bastante probable, me quedaré. Christie venderá la granja y nos iremos a vivir a la ciudad todos juntos. Nos arreglaremos, no necesitamos mucho. Christie se quedará en casa mientras yo estoy en el hospital y mi sueldo servirá para todos.
– Lo has planeado todo -dijo con rabia, sintiéndose marginado.
– Jock…
– ¿Por qué diablos? -el hombre se dio la vuelta y se quedó de cara a la ventana, mirando a la oscuridad-. Diablos, Tina, ¿y yo he de irme? ¿He de dejar a mi hijo?
– ¿Qué quieres hacer, Jock? ¿Qué quieres hacer con ese hijo?
Hubo un silencio. Luego Jock tomó una decisión. Le pareció duro y horrible, y no tenía nada que ver con lo que él había aprendido. Se sintió atrapado, pero Tina era así. ¡Tina! Él había ido derecho a la trampa y quizá era hora de permitir que se cerrara la puerta y aceptar su destino.
– Tendremos que casarnos. No veo otra salida.
– ¿Te lo pidió?
– Sí.
– Oh, Tina…
– Y ahora, antes de que comiences a planear bodas, vamos a dejar una cosa clara -dijo Tina a su hermana-. No voy a casarme con Jock. Embarazo o no embarazo, el matrimonio no entra en mis planes. No voy a intentar atrapar a Jock casándome.
– Pero…
– Christie, me dijo: “Tendremos que casarnos, no veo otra salida”. Y me lo dijo como si estuviera a punto de vomitar.
– Entiendo.
– Sabía que lo entenderías, pero él no lo entiende. No entiende por qué yo…
– ¿Quieres decir que insiste en…?
– Quiere portarse noblemente -estalló Tina-. Quiere una esposa y un hijo como querría morirse, pero va a hacer lo correcto por nosotros.
– Ya veo. ¿Se lo has dicho?
– Sí. Me ha dicho que hablaremos mañana, cuando estemos un poco más tranquilos.
– Nos casaremos el día siete de noviembre.
– ¿Perdón?
Eran las diez de la noche del siguiente día. Tina había llegado al hospital hacía unos minutos y ni siquiera había tenido tiempo de cambiarse y ponerse el estetoscopio en el cuello, cuando vio aparecer a Jock.
– Es la primera fecha que me pueden dar -explicó Jock-. Hay que esperar un mes desde que pides la licencia hasta que te casas.
– Lo siento. Tendrás que explicármelo mejor. Creo que he perdido parte de la conversación.
– ¿Qué quieres decir?
– Que ya he leído muchas novelas rosa, doctor Blaxton.
– No seas estúpida.
– ¿Lo ves? Soy estúpida, lo dices tú mismo. Soy una estúpida por quedarme embarazada. Estúpida por meterme en todo esto, en primer lugar. Estúpida incluso por amarte. Así que tú no puedes querer una novia estúpida, doctor Blaxton. Es más, tú no quieres ninguna novia.
– Tina…
– Tú no quieres casarte, Jock -dijo Tina-. Y embarazada o no, no voy a casarme con un hombre que no me ama.
Jock suspiró.
– Tina, eso es chantaje.
– De acuerdo, es un extraño modo de chantaje. Normalmente se piensa que el amor viene antes del matrimonio. Puede que yo te ame, Jock Blaxton, pero no me casaré contigo jamás si tú no me correspondes.
– Tina…
– Tengo un paciente -dijo Tina con frialdad, al ver que se acercaba un coche a la entrada-. ¿No tienes ningún parto?
– Por el momento no.
– Entonces déjame y ve a molestar a otra. O ve a ver a Sarah Page, la nueva enfermera de la planta segunda. Lleva trabajando dos noches y quizá no ha recibido todavía tus atenciones. Es una enfermera nueva, doctor Blaxton. Puedes quedar dos noches con ella e intentar que se enamore de ti antes de que vuelvas a Londres. Y ahora vete, estoy trabajando y no me interesan tus grandes planes.
Pero Jock no se marchó. Decidió hablar unos segundos con la enfermera de la planta y darse tiempo para pensar. No sabía si quedarse o irse, no sabía qué demonios hacer. La cabeza le daba vueltas. ¡Tina tenía que casarse con él!
Entonces vio a Bárbara ayudando a un hombre de edad mediana a salir de un coche para entrar en urgencias. El hombre iba desnudo desde la cintura para arriba. Caminaba inclinado, como si le costara ponerse derecho. Tina se acercó rápidamente para ver qué pasaba y Jock decidió que quizá lo iban a necesitar.