Fantasmas del pasado
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
Para algunas heridas el único consuelo puede ser el cuerpo del ser amado. Y ella amaba a Jock. Y aunque no distinguía si quería consolarlo a él o buscar ella consuelo en él, le daba igual.
– Debí hacer algo -dijo con la voz rota-. Tina, vimos que estaban bebiendo…
– Lo sé. Yo también he estado pensando en ello una y otra vez… Pero no podíamos imaginar que iban a conducir después. Lo de que bebieran es sólo responsabilidad de sus padres.
– No se les debería haber permitido tener hijos si no iban a saber…
– Lo sé, pero eso no significa que todo funcione indebidamente… Jock, no dejes que esto te destroce. Déjame ayudarte. Por favor…
Ella metió las manos bajo la camisa de él y comenzó a acariciar su fuerte espalda. Sintió que él se estremecía, pero eso no la hizo vacilar.
– Jock, relájate -susurró-. Admite sencillamente que me necesitas. Yo te necesito tanto como tú a mí. Te amo, Jock. Y no puedo… Jock, no podría aguantar pasar esta noche sin ti.
Tina se puso de puntillas sobre la arena y lo besó.
Capítulo 8
TINA llegó a pensar que Jock no iba a responder. Llegó a pensar que él se iba a quedar realmente solo. Que rechazaría el cuerpo de ella igual que rechazaba sus propias emociones. Pero la noche había sido larga. Demasiado larga y demasiado horrible y Tina lo estaba abrazando, lo estaba besando y deseaba que él respondiera… Se moría porque él respondiera. Él podía sentir el dolor en los labios de ella y la frialdad que agarrotaba sus huesos comenzó a desaparecer gracias al calor de ella. El hielo se fue derritiendo, lo quisiera él o no.
Él se había enfrentado a la muerte aquella noche, se había enfrentado al horror, y Tina le estaba ofreciendo la vida. Le estaba ofreciendo una forma de salir adelante y él habría tenido que ser sobrehumano para resistir el cariño y el consuelo que ella le ofrecía.
Así que con un gemido que delató lo desesperado que estaba, Jock apretó el cuerpo de ella contra el suyo y la besó.
No fue un beso suave. En absoluto. Jock la besó apasionadamente, con un fuego y un deseo que agitó los cuerpos de ambos con su intensidad. Y en el momento en que él dejó a su boca responder a la de ella, ambos supieron a dónde les llevaría eso. Ya sólo había una forma de terminar la noche y ellos lo sabían.
De algún modo consiguieron volver a la casa, aunque Tina nunca llegó a saber cómo. Él la debió llevar, pero si fue así, los labios de Jock nunca abandonaron los suyos. De algún modo atravesaron la playa, entraron por la puerta trasera y llegaron al dormitorio de Jock, donde una cama enorme los estaba esperando.
Ambos estaban sin aliento, dejándose llevar por el éxtasis de la pasión y el deseo. Tina se agarró a él como si se estuviera ahogando y él se fundió con ella. Sintiendo su fuego. Ya no había ninguna duda para entonces. Ellos eran una sola cosa ya, un solo cuerpo. La boca de Jock devoró la de ella, sus manos acariciaron sus suaves curvas, parándose en sus pechos y luego agarrándola de los muslos para atraerla hacia él.
Más y más cerca…
Sus ropas eran la última barrera entre ellos. Y la última cosa que los dos amantes necesitaban era un barrera. Comenzaron a desvestirse el uno al otro frenéticamente.
Ambos debían de haber perdido la razón, pensó ella más tarde. Debían de haberla perdido por completo. Pero en ese momento… Esa noche no había tiempo para pensar salvo en su deseo mutuo, salvo en el fuego que los devoraba a ambos. No hablaron ni se rieron, sólo les movía una necesidad, que debía tener un solo final.
Los pechos de Tina eran dos pequeños montes del deseo. Todo su cuerpo se contorsionaba y su boca seguía aferrada a la de Jock. Sus lenguas se movían hacia delante y hacia atrás, buscándose la una a la otra y devorándose y ese deseo que nacía en sus bocas se repartía y amplificaba por todo el cuerpo.
– ¡Oh, Dios, Tina, cómo te deseo!
Fue lo único que Jock dijo. Su voz fue un susurro ronco por la pasión, que ella apenas pudo oír. Y eso fue lo único que él tenía que decir y aún así fue un comentario superfluo. Ellos estaban ya completamente desnudos, la piel de uno fundida con la del otro, sintiendo el fuego que encendía ambos cuerpos. Jock estaba sobre ella y el cuerpo de Tina se contorsionaba por el deseo.
Si él no hubiera respondido, ella seguramente habría muerto de deseo.
Pero él finalmente la penetró. Y fue algo mágico, maravilloso. La penetró y fue como un flecha que entrara en el fuego que era la húmeda cavidad entre los muslos de ella. El gozo fue indescriptible. El cuerpo de Jock estaba llenando el horroroso vacío de la noche. Sus cuerpos se estaban uniendo más firmemente que lo que los uniría cualquier voto de matrimonio.
En el momento en que Tina lo sintió dentro de ella, cualquier huella de razón, toda cordura, se disipó en el aire de la noche. La cordura la había abandonado por primera vez en su vida. Y. ella se dio cuenta de que así era cómo había querido sentirse desde siempre. Nunca había conocido a ningún hombre que le hubiera hecho sentir lo que Jock.
Las manos de Tina agarraron con urgencia los fuertes hombros de Jock y le dio la vuelta, poniéndose encima de él. Ése era su hombre, su corazón. El cuerpo de ella se arqueaba, enviando mensajes de placer y deseo de vuelta al de él.
Un ritmo glorioso comenzó. Ella sentía como el deseo de él se ahogaba en el amor de ella una y otra vez. Cada vez entrando más hondo en su cuerpo. Y en su alma…
Jock lo era todo. No había nada más en el mundo que pudiera importarle salvo ese hombre y su cuerpo. El horror de la noche se disipaba ya por completo, vencido por el amor. Con ese amor, con Jock dentro de ella, podía enfrentarse a todos los horrores del mundo.
– Jock… Jock…
No sabía si había pronunciado el nombre de él en voz alta y tampoco le importaba. Hubiera sido su boca o su corazón quien pronunciara su nombre, lo cierto era que había sido un voto de amor que la unía a él con mucha más fuerza que un voto de matrimonio. Jock…
Luego la noche explotó en una bruma de amor, iluminada por estrellas y ya no hubo nada más. Nada, salvo Jock. Nada salvo la unión de ese hombre y esa mujer.
Y nada volvería a ser igual.
– ¿Café?
Tina abrió un ojo y se sintió deslumbrada por el resplandor de la mañana.
El sol flotaba frente a la playa. A través de las ventanas del dormitorio se podían ver las olas metiéndose prácticamente en la casa.
Tina se encogió ante el brillo de la luz y el agua. Se dio la vuelta hacia el otro lado y se encontró a Jock en el umbral de la puerta.
Estaba completamente vestido. Llevaba unos vaqueros, una camisa medio abierta y los pies, descalzos. Y el canalla sonreía como un gato que se acabara de comer el canario más gordo.
Tina se tapo con las sábanas hasta el cuello.
– ¿Qué te hace parecer siempre tan decente, Jock Blaxton?
– Me gusta sentirme superior -respondió, acercándose hasta ella y besándola en la nariz-. Sé que no lo necesito, pero tendrás que ser indulgente con mis caprichos. Y uno de mis pasatiempos favoritos es levantarme, vestirme y servir el desayuno a una mujer desnuda dentro de mi cama.
Una mujer desnuda, pensó Tina. ¿Cuántas mujeres desnudas habrían pasado por esa cama?
“Tienes que mantenerte alerta”, se dijo a sí misma con desesperación. La pasada noche había desnudado su alma para ese hombre. Le había dicho lo que sentía. Le había confesado que lo amaba.
Si él también la quería, le tocaba actuar. Ella no podía volvérselo a decir. Era el turno de Jock.
– ¿Te sientes mejor? -le preguntó, consiguiendo sonreír, mientras sacaba una mano para agarrar el café.
– ¿Era eso lo que buscabas anoche? -preguntó él, tumbándose al lado de ella y pasándole la mano por el pelo-. ¿Buscabas que me sintiera bien?