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Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:

El doctor Jock Blaxton era un estupendo obstetra y adoraba a cada niño que ayudaba a traer al mundo. Sin embargo, su pasado le impedía tener uno propio. Su relación con las mujeres era muy problemática. No solía salir más de dos veces con ninguna, pero la doctora Tina Rafter, que llegó para cuidar a los hijos de su hermana y comenzó a trabajar en el hospital de Gundowring, lo deslumbró.
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
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– ¡Gracias, Dios mío! ¿Ya está bien?

– Eso creo -contestó Tina, con una sonrisa nerviosa. Hizo un gesto hacia Jock, que todavía estaba con la niña. Le dejarían el tubo colocado varias horas, hasta que la hinchazón se bajara por completo. Tendrían que ponerle un sedante para ello.

– ¿Cómo está su madre? ¿Se ha tranquilizado?

– Tuve que hacer que se desmayara. Lo siento. No hay más doctores hoy en el hospital y tan pronto como os encerrasteis aquí se puso como loca. Dio un patada a Eric y si no la hubiéramos detenido habría echado la puerta abajo.

Tina hizo una mueca. Menos mal que Eric, el guardia de seguridad, era fuerte.

– ¿Qué le diste?

– Un valium. Eric la sujetó y yo le puse una inyección. Además llegó en ese momento el marido y le ayudó-. Bárbara se tocó el brazo magullado-. Nos habría ganado a todos.

– Puedes denunciarla. ¿Estás bien?

– Sí, claro. Sobreviviré. Y no la denunciaré, estaba aterrorizada. Su marido está aquí todavía -añadió, mirando de nuevo a Marika-. ¿Podéis hablar con él? Está muy nervioso, aunque no es tan peligroso como su mujer.

Tina miró de reojo a Jock. Este seguía trabajando en la niña. Tina miró sus manos y pensó que eran maravillosas. Y su rostro…

Jock amaba a los niños, pensó Tina. El pensamiento fue como si le dieran un golpe en el estómago. Verdaderamente los amaba y querría tener hijos propios.

También querría una esposa, aunque no en ese momento. ¿Qué más daba? El hijo de Jock vendría al mundo y él no querría saber nada de él.

– Volveré en unos minutos, Jock -declaró Tina-. ¿Te puedes quedar con ella un momento?

– No te preocupes.

No tenía que haber preguntado, lo sabía. Nada apartaría a Jock de una niña cuya vida estaba en peligro. ¿Cómo reaccionaría ante un hijo suyo?

Pasó media hora antes de que Tina pudiera ver a Jock de nuevo. Lo primero que hizo fue tranquilizar a Barry Hughes, asegurarle que todo se iba a arreglar, y luego ir a ver a su mujer. La habían puesto en una habitación individual y Tina escribió una nota para que se pudiera quedar allí toda la noche. Para Barry ya era suficiente trabajo volver a casa a cuidar de los demás hijos.

Luego tendría que escribir una nota aparte para que Bárbara no tuviera problemas por haber administrado valium sin órdenes de un doctor.

Claire estaba casi dormida, profundamente sedada. La tenían atada en una cama y una enfermera la acompañaría toda la noche. Consiguió abrir los ojos cuando Tina entró.

– Yo… ¡Oh, Marika…!

– Marika está a salvo -dijo Tina con firmeza, acercándose para tomar la mano de la mujer-. Está bien. Se ha quedado dormida enseguida. El doctor Blaxton cuida de ella. La verá por la mañana, pero está fuera de peligro.

– ¡Mi niña! Lo siento mucho…

Por la mejilla de la mujer resbaló una lágrima. Inmediatamente después quedó dormida.

Jock estaba en la sala de urgencias infantil con Marika, cuando Tina entró finalmente. No había nadie más. Barry se había ido ya a su casa con los otros dos hijos y Tina pensó en él sin poder evitar cierta lástima por aquel hombre que tenía tres hijos pequeños y una mujer que reaccionaba histéricamente ante una urgencia.

Tina se quedó en la puerta y observó a Jock unos minutos antes de entrar. Jock, sin darse cuenta de su presencia, estaba sentado totalmente tranquilo, observando emocionado la respiración de la pequeña.

Era como si no estuviera cansado, pensó Tina. Era como si no hubiera nada mejor en el mundo que mirar la respiración de la niña. Jock era capaz de dar tanto amor…

Sin darse cuenta, la mano de Tina había bajado a su abdomen y permaneció allí. Estaba ya de seis semanas y en cinco semanas más Jock se marcharía al otro lado del mundo. ¿Miraría alguna vez a su hijo con la ternura con que estaba mirando a aquella niña?

Imaginaba que no, “había demasiados…”. Pero tenía que decírselo y no era fácil.

– ¿Jock?

Jock alzó la vista y esbozó una sonrisa ausente. Sólo le importaba esa niña y no podía concentrarse en Tina. No en ese momento.

– Está bien -dijo suavemente-. La enfermera vendrá enseguida y cuidará de ella, pero me he quedado para asegurarme de que su estado es estable. No hace falta que te quedes.

La echaba. No había duda en la intención de su tono. Sin embargo Tina tenía algo que decir. Tenía que ser dicho y no habría un momento mejor que aquel, en esa sala casi a oscuras, en la intimidad de un suceso compartido, en el momento antes de que el mundo irrumpiera de nuevo.

Lo único que necesitaba era coraje para ignorar la frialdad y mantenerse firme hasta terminar. Le diría lo que él menos quería escuchar, lo que llevaba toda una vida evitando. Tomó aire, se secó las manos, repentinamente húmedas, y cruzó la sala para sentarse al otro lado de la cama de la niña.

– Jock, tengo que hablar contigo. Tengo…

– ¿Tienes problemas de salud?

– En cierto modo sí. Estoy embarazada -añadió, levantando la barbilla.

Entonces no se oyó nada. Pasó un minuto, dos, tres. Finalmente Tina no pudo soportarlo por más tiempo. La cara de Jock era totalmente inexpresiva, sus ojos completamente fríos. “Di algo”, gritó el corazón de Tina. “Di algo”. Pero él no dijo nada. Permaneció mudo y ella creyó que no iba a poder soportarlo. Y entendió en ese momento que su vida sería solitaria.

– Tengo… tengo que irme a urgencias.

Se levantó, miró una vez más aquel rostro impasible y, con un estremecimiento, se dio la vuelta. Sentía un dolor infinito. Un dolor que la recorría por dentro y que era más insoportable que cualquier dolor físico.

¡Cómo amaba a ese hombre! Pero ese hombre no quería ninguna relación con ella. Ni con ella ni con su hijo.

– Lo siento, Jock, pero creí que tenías que saberlo -entonces caminó hacia la puerta.

Una de las enfermeras de noche, Penny, entraba en ese momento. Dirigió una sonrisa a Tina y luego se volvió sorprendida cuando ésta pasó a su lado sin decir nada.

Tina era conocida por sus risas y su amabilidad, pero aquella noche no había risas ni amabilidad. Algo terrible acababa de pasar. La enfermera, temerosa, entró esperando lo peor. La enfermera Silverton le había contado que la pequeña Marika se estaba recuperando, pero por la expresión de la doctora Rafter, pensó que la niña había muerto.

Pero no. La niña dormía apaciblemente y respiraba con total normalidad, bajo la atenta mirada del doctor Blaxton… Penny lo miró asombrada, ya que el doctor tenía la misma expresión que Tina. Una expresión que la enfermera no había visto jamás.

– Gracias, Penny -dijo Jock, levantándose-. No la dejes sola ni un minuto -ordenó-. Revisa la presión sanguínea cada diez minutos y mira también el tubo. Si hay algún cambio llámame enseguida. La hinchazón ha desaparecido, así que no creo que haya ningún problema.

Dicho lo cual salió de la habitación con la misma lentitud y expresión extraña que Tina momentos antes.

Capítulo 10

TINA estaba escribiendo notas cuando Jock llegó. Le caía el cabello sobre el rostro, su cabeza estaba inclinada y parecía concentrada en lo que hacía.

La enfermera Roberts estaba ordenando una de las habitaciones de urgencias, pero tenía la puerta cerrada, de manera que Tina parecía completamente aislada. Jock sintió que el corazón le daba un vuelco al verla tan sola y tan encantadora. Y llevaba un hijo suyo en el vientre.

¿Cómo tendría que sentirse? Se preguntó Jock. Se quedó de pie en la entrada y miró a aquella enigmática mujer de comportamiento alegre y casi aniñado. Esa criatura, su risa, le había hechizado desde el primer momento y no podía evitar sentir un miedo irracional que lo paralizaba.

¡Y estaba embarazada!

Él no lo había buscado. ¡De ninguna manera! ¿Cómo podía estar embarazada? ¿Qué tenía que hacer él? Pero Tina estaba inclinada sobre su trabajo y su pelo le caía hacia delante y… ¡Dios, cómo la amaba! Pero estaba embarazada. ¡Diablos!

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