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Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:

El doctor Jock Blaxton era un estupendo obstetra y adoraba a cada niño que ayudaba a traer al mundo. Sin embargo, su pasado le impedía tener uno propio. Su relación con las mujeres era muy problemática. No solía salir más de dos veces con ninguna, pero la doctora Tina Rafter, que llegó para cuidar a los hijos de su hermana y comenzó a trabajar en el hospital de Gundowring, lo deslumbró.
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
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Puede que sí. Pero quizá eso era lo que Jock temía.

Jock no se divirtió, pero no fue culpa de la boda. La tensión entre Tina y él era tan fuerte que casi podía tocarse. La boda fue estupenda, un acontecimiento al que todo el barrio estaba invitado. Harry era un campesino y Mary la maestra. Harry jugaba al fútbol y al críquet, y Mary al tenis y al hockey… Ambas familias eran numerosas y no faltó nadie.

La iglesia estaba en un promontorio y la pequeña capilla abarrotada. La fiesta fue en un local cercano y la orquesta que actuó fue una de las mejores que Jock había escuchado nunca. Pero, como Tina había prometido, él fue su compañero de cena. Se sentaron juntos para ello, pero después las mesas fueron retiradas y Tina, como madrina, estuvo bailando con todos los hombres como si lo hubiera estado esquivando.

Y así era.

Tina iba vestida mucho más discretamente que en el baile del hospital. Llevaba un vestido blanco que le caía suavemente hasta los tobillos. Era discreto; pero también precioso. Ella, sin embargo, estaba muy nerviosa.

Había sido un error, pensó Tina con tristeza, mientras le pedía un baile. Él la miró con ojos aterrorizados. Puede que hubiera aceptado acompañarla, pero no había aceptado ninguna otra cosa más.

¡Maldita sea! Se dijo Tina, pensando en que tenía que demostrarle que no iba a atacarle, que no iba apegarse a él como una lapa ni amenazar su soledad. El, por su parte, no hizo ningún gesto de acercamiento a ella a lo largo de toda la noche y ella se sintió como una estúpida.

Tuvo que bailar con ella una vez. Después del vals de los novios hubo una canción donde cada persona tenía que bailar con el compañero con el que había ido, de manera que no tuvo escapatoria.

Tina tenía su orgullo. Después de dos círculos en la pista, comenzó a enfadarse. Eso la ayudó. Luego encontró algo que la distrajo y eso la ayudó aún más. Había un grupo de adolescentes que bebía fuera del local y Tina comenzó a preocuparse por ellos.

– Sólo tienen dieciocho años -comentó a Jock-. Me gustaría que sus padres intervinieran. Están bebiendo demasiado.

Esa era una nueva sensación para Jock. Desde luego que él no había querido bailar con ella, pero comenzó a molestarle el hecho de tener una mujer en sus brazos que no estuviera totalmente concentrada en él… Eso le hacía sentirse solo y aislado, y tuvo deseos de abrazarla más para poder así llamar su atención.

Pero Tina seguía mirando a los adolescentes. Él siguió la mirada de ella y la tensión que sentía se transformó en rabia. Los adolescentes estaban bebiendo como locos, mezclando diferentes bebidas y hablando cada vez más agresivamente.

– Sus padres están aquí -dijo Tina-. ¿Por qué no intervienen? No sé si yo debería hacer algo.

– ¿Qué puedes hacer?

– No lo sé. Di algo…

– No es asunto nuestro -dijo Jock con brusquedad, pensando que Tina era encantadora-. Y no serán tan tontos como para conducir -añadió, mirando a los adolescentes-. Son unos estúpidos. Si fueran mis hijos…

– Pero no lo serán, ¿verdad, Jock? -preguntó Tina. Y su voz sonó terriblemente triste-. Nunca. La responsabilidad no está en tu futuro -Tina se mordió los labios y se apartó-. No. Lo siento, Jock… Puede que… creo que esta noche ha sido un error.

Si él seguía abrazándola un momento más, rompería en sollozos.

– Necesito… necesito bailar con otra persona.

¡Se terminó el baile! Se acabó el tiempo asignado a Tina. Pero Jock no pudo evitar buscarla continuamente con los ojos, mientras bailaba con otras mujeres. ¡Se iba a volver loco! Pero ya no la vería nunca más fuera del trabajo. Ella no le volvería a pedir que salieran otra vez, si él se mostraba suficientemente distante, y él tampoco se lo iba a pedir a ella. No lo haría porque era demasiado peligroso.

Pensaría de nuevo en aquel trabajo en Londres. Movería las cosas para poder marcharse de allí tan pronto como Gina y Struan volvieran. Londres era un lugar suficientemente lejano… Y de repente Pride y Erin cambiaron de pareja y Tina estaba otra vez a su lado, riendo en sus brazos. Era encantadora, deliciosa, suave.

– ¿Te lo estás pasando bien? -preguntó, con una mirada provocativa, como si no hubiera nada entre ellos.

– Más o menos -mintió-. ¿Y tú?

– Me encantan las bodas -era cierto, así que ella no mintió.

– ¿Entonces no te vas a casar con Peter?

– No -la mujer dio una vuelta y volvió a abrazarlo. Su cuerpo era perfecto y parecía tener el hueco adecuado para acomodarse al suyo.

– ¿De verdad no quieres casarte? -quiso, saber él.

– No. O por lo menos eso es lo que he dicho y mantendré mi palabra.

– ¿Por qué?

– Porque cada vez que te miro fijamente, tú te mueres de miedo… como si te persiguiera un tiburón para comerte dijo, con una sonrisa débil-. Así que no nos pongamos paranoicos, doctor Blaxton. Relájate y disfruta.

Tina dio dos pasos hacia su nueva pareja y Jock se quedó solo.

Tina evitó a Jock durante el resto de la noche. O él la evitó a ella. O ambos. Pero tuvieron que irse a casa juntos. Tina había ido en el coche de la novia, así que no tenía otro modo de volver. Decidieron marcharse hacia las dos de la mañana y ambos estaban muy nerviosos.

Mary y Harry se habían marchado con la furgoneta llena de latas y herraduras. Los más mayores hacía tiempo que se habían ido y sólo quedaban algunas parejas que bailaban lentamente en la pista.

Tina fue hacia él y se agarró a su brazo. ¿Iba en busca de su hombre?

– De acuerdo, Príncipe Encantado, Cenicienta tiene que volver a casa. Trae tu carroza de cristal.

– ¿No es eso una zapatilla de cristal?

– No lo sé, pero me las voy a quitar -dijo.

La muchacha se quitó los zapatos de madrina y caminó descalza hacia el coche.

No eran los únicos que se marchaban. En la distancia se veía a los adolescentes pelearse por las llaves de sus coches. Eran los mismos que habían estado bebiendo al comienzo de la noche.

– Oye, Andrew, no estás bien para conducir. Deja tu coche aquí, yo te llevaré.

– Estoy bien. Sólo he tomado un par de cervezas.

– ¡Un par de cervezas! Un par de docenas, querrás decir. A parte del whisky.

– Mira, hay bastantes taxis. Calla y sube.

Tina y Jock oyeron sus voces, y se miraron alarmados.

– ¡Eh! -gritó Jock, apresurándose.

Pero era demasiado tarde. Los adolescentes se habían metido en el coche y el vehículo se dirigía hacia la verja de salida.

– ¡Maldita sea! -exclamó Jock, sacando el móvil de su coche.

– ¿Qué vas a hacer?

– Llamar a la policía -dijo, observando al vehículo derrapar y quedarse sobre dos ruedas-. Si nadie los detiene, se van a matar. ¿Dónde demonios están sus padres?

Los muchachos conducían a una velocidad que Tina y Jock no podían alcanzarlos. Tina iba en silencio. También Jock.

Nada había pasado entre ellos. Pensó Tina con amargura. ¡Nada! Quizá podría haberse puesto cariñosa con él, pero entonces él se habría agobiado mucho más. De manera que no había ocurrido nada. Jock iba pensando lo mismo. Diciéndose que había sido un idiota por dejar que las cosas llegaran tan lejos. Por dejar que Tina se hiciera una idea falsa…

Pero nada había ocurrido. Eso era lo que Jock quería, se dijo con rabia. Así que había que dejarlo tal cual. Llevar a esa mujer a casa y seguir con su vida. Eso era lo que quería, ¿no? Fijó los ojos en la carretera y de repente la noche se hizo una bola de fuego ante ellos y todo lo que pensaba sobre su vida dejó de tener importancia.

Capítulo 7

JOCK pisó el freno a fondo al oír una explosión y ver cómo el cielo se teñía de rojo. Sólo se podían ver llamas. El fuego se extendía tanto que casi llegaba hasta donde estaban ellos.

Sin decir nada, Jock aceleró de nuevo con lo que el coche comenzó a avanzar. Temerosos de descubrir qué había provocado el incendio, avanzaron trescientas metros. Después de una curva se podía ver una colina a cuyo otro lado se levantaban llamas de varios cientos de pies de altura. No había forma de atravesar aquella colina con el coche, así que, sin hablar, salieron del coche y echaron a andar para descubrir la causa de ese indescriptible horror.

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