La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
Entonces recordó la risa de Rahl el Oscuro. Se llevó una mano al cuello y notó la piel hinchada y agrietada. Había sido real. Rahl el Oscuro se había reído de su estupidez.
Se incorporó. ¿Qué estaba haciendo? Tenía que ayudar a detener al Custodio. Shota, Rahl el Oscuro y Denna habían dicho que el velo se había roto. Ella misma había visto a un aullador, un ser que pertenecía al inframundo. Había hablado con Denna, y Denna había acudido a la llamada del Custodio en el lugar de Richard para que éste viviera y pudiera reparar el velo.
Se suponía que ella debía acudir a Zedd. No debería estar jugando a ser soldado.
Pero si nadie paraba los pies a la Orden Imperial…
Pero si nadie reparaba el velo…
Tenía que ir a Aydindril y reunirse con Zedd. Esos galeanos podían librar una guerra sin ella. ¿Eran o no eran soldados? Ella era la Madre Confesora y no debía ir por ahí poniendo tontamente su vida en peligro cuando la Tierra Central, y todo el mundo de los vivos, estaba bajo amenaza.
De eso de reía Rahl el Oscuro, de su estupidez. Kahlan cogió la taza de té que Prindin le había preparado y la sostuvo con ambas manos para calentarse los dedos. Ella era la líder de la Tierra Central y tenía que actuar como una líder, lo que implicaba atender los asuntos más importantes por encima de todo lo demás, ocuparse de las cosas que solamente ella podía resolver. Kahlan apuró el té e hizo una mueca por el gusto amargo.
Entonces volvió a tumbarse sosteniendo la taza encima del estómago. Los semblantes de las jóvenes muertas volvieron a flotar ante sus ojos. El arma que conquista más rápidamente la razón es el terror y la violencia; eso le había hecho el enemigo. El horror de sus atrocidades había conquistado su razón.
Ese mismo día ella y sus hombres habrían estado perdidos si ningún explorador hubiera sobrevivido. Sin guías jamás habrían hallado el camino y habrían caído en manos del enemigo.
Eso es lo que ella era, una guía. Era la guía de la Tierra Central. Su lugar estaba en Aydindril, presidiendo el Consejo, creando un frente común contra la amenaza. Sin su guía, los miembros del Consejo no sabrían qué ocurría y se perderían en la niebla de los acontecimientos.
También era la guía de Richard, pues necesitaba ayuda. Ella era quien debía procurársela de manos de Zedd. Sin esa guía, Richard y todos los seres vivos perecerían.
Se incorporó y clavó la mirada en la llama de la vela.
No era de extrañar que Rahl el Oscuro se hubiera reído de ella. Había dejado que el enemigo conquistara su razón. Había estado a punto de olvidarse de cuál era su deber y había dado tiempo al Custodio para que siguiera adelante con sus planes.
Ahora sabía qué debía hacer. Había dado el primer impulso a los jóvenes soldados galeanos, les había mostrado cuál era su responsabilidad y cómo cumplirla. Ahora ya sabían qué debían hacer para vencer al enemigo. Había hecho bien, pero ahora debía ocuparse de asuntos más importantes.
Tenía que ir a Aydindril. Una vez tomada la decisión sintió como si le hubieran quitado un gran peso de encima, y al mismo tiempo se sentía llena de nueva determinación. Aunque no estaba junto a ella, Richard la había ayudado a hallar la verdad en medio de tanta confusión, la había ayudado a ver cuál era su verdadero deber.
Miró dentro de la taza pero ya se había acabado el té. Seguía teniendo la mente confusa. No lograba mantener los ojos abiertos. Estaba tan cansada, que ni siquiera podía seguir incorporada.
Mientras se dejaba caer sobre la estera se preguntó qué debía de estar haciendo Richard y dónde estaría. Seguramente estaba con las Hermanas, aprendiendo a controlar el don. Suplicaba a los buenos espíritus que lo ayudaran a darse cuenta de cuánto lo amaba.
De pronto el brazo le pesó demasiado para mantenerlo levantado, le cayó a un lado y la taza rodó al suelo.
Kahlan se sumió en un sueño tranquilo, como la muerte.
46
Se sumergió en el vacío, en un yermo de total oscuridad en el que ni el tiempo ni el espacio existían. Era como si estuviera en otro mundo. El oscuro vacío estaba más allá de la comprensión o el consuelo.
Mientras vagaba por las profundidades de ese vacío, sintió algo. Era un sentimiento que encendía en ella una chispa de esperanza, esperanza de escapar de esa desolada vacuidad. Aferrándose a esa leve sensación, trató desesperadamente de agarrarse a algo sustancial, como quien se aferra a una roca en un ancho y oscuro río. Resistiéndose a esa sofocante oscuridad, recuperó la sensación de su cuerpo.
Fue flotando de regreso. Sentía que la cabeza le iba a estallar con un dolor sordo y, como atontada, trataba de comprender qué le estaba ocurriendo. Alguien la llamaba. Madre Confesora. No, ése no era su nombre.
Pero entonces oyó: Kahlan. Sí, así se llamaba ella. Unas manos la zarandearon. Alguien la llamaba y la zarandeaba.
Kahlan regresó de un lugar muy lejano. Abrió los ojos, y el mundo giró a su alrededor. El capitán Ryan la agarraba por los hombros y la zarandeaba mientras pronunciaba su nombre.
Inspiró profundamente y se llenó los pulmones de aire frío. Entonces agitó ambos brazos para desasirse, pero enseguida tuvo que colocar las manos en el suelo para apoyarse. Las facciones del capitán reflejaron una gran inquietud.
— ¿Madre Confesora, estáis bien?
— Yo… yo… —Kahlan paseó la mirada en torno. También estaba Tossidin. Acabó de incorporarse y se llevó los dedos, helados, a la frente—. Mi cabeza… ¿Qué hora es?
— Pronto amanecerá. —El capitán lanzó por encima del hombro una mirada de inquietud a Tossidin—. Hemos venido a despertaros tal como ordenasteis. Los soldados están listos para la marcha.
Kahlan se quitó de encima el manto.
— Estaré lista en un momento y luego…
Pero entonces recordó su decisión de ir a Aydindril. Tenía que reunirse con Zedd para que ayudara a Richard. Si realmente el velo estaba rasgado…
— Madre Confesora, no tenéis buen aspecto. Habéis pasado por muchas cosas y apenas habéis dormido durante días. Creo que necesitáis descansar.
Era cierto. Aunque notaba que había recuperado el poder, definitivamente no se sentía repuesta.
— Capitán —le dijo, poniéndole una mano sobre un brazo—, tengo que ir a Aydindril. Tengo que…
— Descansad. Aún estáis demasiado agotada para viajar. Cuando regrese ya estaréis más descansada y podréis partir.
Kahlan asintió, agarrada aún a su manga en busca de apoyo.
— Sí. Debo partir. Ayer lo estuve pensando. Tengo que ir a Aydindril. Descansaré hasta que regreses, pero después tendré que marcharme. —Miró a su alrededor y solamente vio a Tossidin con el capitán—. ¿Dónde están Chandalen y Prindin?
— Mi hermano ha ido a comprobar que no haya centinelas enemigos. Así podremos atacar por sorpresa.
— Y Chandalen está atacando con los piqueros —añadió el capitán Ryan—. Tengo que reunirme con él cuando lidere el ataque de los espadachines.
Kahlan se palpó el labio, que le dolía.
— Tossidin, di a Chandalen que cuando acabe vuestro ataque tenemos que partir hacia Aydindril. Id con mucho cuidado los tres. Tenéis que acompañarme hasta Aydindril. —Mantener los ojos abiertos y hablar le suponía un enorme esfuerzo. Era consciente de que no estaba en condiciones de viajar—. Yo descansaré hasta que regreséis.
El capitán Ryan suspiró de alivio al saber que no se uniría al ataque, sino que se quedaría en el campamento, a salvo.
— Dejaré algunos hombres de guardia mientras dormís.
— No. El campamento está muy bien escondido. Estaré perfectamente a salvo.
Pero el capitán insistió.
— Diez o doce hombres no se notarán en el ataque, y estaré más tranquilo si sé que no estáis aquí arriba totalmente sola.