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Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:

Alik Jarman acababa de conocer a su hijo, de seis semanas, y no pensaba dejarlo escapar. Decidió pedirle a la madre del bebé, quien le había roto el corazón hacía apenas un año, que se instalara durante un mes en su casa con el niño.
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
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En una familia sin problemas jamás habría surgido una pregunta como la que le había hecho su madre, pero, por desgracia para Alik, su familia era cualquier cosa menos normal. Christine, su consentida hermana mayor, era una copia exacta de su madre pero, con un ejemplo semejante, era inevitable. Alik se frotó la nuca y contestó ausente:

– Siempre lo haces.

La señora Jarman, sin embargo, hizo caso omiso del comentario.

– Tu tío Colin está en Nueva York, en viaje de negocios. Él y tu padre están ahora mismo en clase de golf. Y, hablando de tu padre, por si no te acuerdas, la semana que viene es su cumpleaños.

– Me acuerdo -soltó Alik-. ¿Algo más?

– No hace falta que me contestes así, Alik. Por supuesto que tengo algo más que decirte. Estoy pensando en dar una gran fiesta para la ocasión, y espero que asistas.

– Me temo que no voy a poder.

– ¡Pero tienes que venir! ¿Qué va a pensar la gente?

– No tengo que hacer nada, mamá. Creía que ya te habías dado cuenta de que no respondo a las amenazas.

– Tu padre te echa de menos.

– Lo dudo. De todos modos, es un poco tarde.

– Si lo quisieras, aunque solo fuera un poco, te dejarías de tonterías y volverías a casa, a donde perteneces.

Los intentos de manipulación de su madre eran inútiles. El único capaz de enderezar aquella situación era el padre de Alik, pero hacía ya mucho tiempo que había dejado de mostrar sensibilidad o, en todo caso, parecía incapaz de darle a su hijo lo único que necesitaba. Alik se dio la vuelta y miró la puerta del dormitorio. Su hijo jamás carecería de su amor, aunque fuera lo único que recibiera de él.

– Si es eso todo, tengo que colgar.

– ¡No, no es todo! -exclamó su madre con voz estridente-. Quiero saber quien es la mujer que me ha contestado al teléfono.

– Forma parte del personal. ¿Por qué lo preguntas?

– Te he educado para ser más circunspecto que eso, Alik. Eres un hombre soltero, y tienes que mirar por tu apellido. Eres un Jarman. ¿Cómo permites que esa criatura y su bebé trabajen en tu remolque? Si sigues así, la gente va a pensar lo peor.

Alik dejó escapar un suspiro resignado. Su madre jamás cambiaría.

– Esa criatura… -contestó con sarcasmo-… es la única persona que puede hacer el trabajo que necesito.

Como madre, tenía que admitir que Blaire era inigualable. Quizá tuviera muchos defectos, pero jamás había visto a una mujer más enamorada de su hijo. Teniendo en cuenta la incapacidad de Blaire para mantenerse fiel a ningún hombre, su devoción por el bebé era toda una revelación.

Christine hubiera debido aprender de ella. Su hermana jamás habría podido vivir sin una niñera. Lo cierto era que Alik y sus hermanos se habían criado con una larga lista de niñeras, así que, ¿qué se podía esperar?

– Eso es ridículo, tú jamás has necesitado una secretaria. Y si es tan necesaria, entonces que se instale en otro remolque que no sea el tuyo. ¡Yo no lo aguantaría, Alik!

– Ni tienes necesidad de aguantarlo -contestó Alik con calma-. La semana que viene me voy a Laramie, y ya no vivirá aquí. Fin del problema. ¿Algo más, antes de que cuelgue?

– ¿Te vas a llevar a esa mujer contigo? -volvió a insistir su madre.

– Adiós, mamá -contestó Alik endureciendo su actitud-. Me alegro de haber hablado contigo.

Alik colgó el teléfono y se dirigió directamente al dormitorio. Su entrada, sin anunciar, sobresaltó a Blaire, que caminaba de un lado a otro con Nicky en brazos. Al oír que la puerta se abría, ladeó la cabeza hacia él.

Gracias a Dios el bebé estaba dormido sobre el hombro de Blaire. Podría hablar con ella sin la distracción del niño.

– ¿Qué te ha dicho mi madre por teléfono?

– Na… nada -contestó Blaire asustada, dando un paso atrás.

– No me mientas, Blaire.

– ¡No estoy mintiendo!

Cada vez que Blaire levantaba aquel redondeado mentón desafiante significaba que le ocultaba algo.

– Antes, cuando me dijiste que estaba al teléfono, parecías tan enferma como ayer, cuando te la mencioné en relación con las fotografías. Quiero una explicación, si es que vamos a seguir adelante con nuestro compromiso.

Alik la observó morderse el labio inferior. Por un instante habría sido capaz de vender su alma al diablo por ese privilegio… Es decir, si de verdad la hubiera amado.

– Es… está bien -tartamudeó Blaire-. Tu madre estaba un poco enfadada conmigo, se ha molestado porque quería hablar contigo inmediatamente.

– ¿Cómo de enfadada? -insistió él.

– Alik… es natural que la haya sorprendido, tú jamás has tenido secretaria. Tu madre es una mujer muy correcta, probablemente estará pensando lo mismo que piensa el resto de la gente de aquí. Se… se ha sorprendido.

– Tengo treinta y seis años, llevo años viviendo solo. No debería sorprenderla.

– Pero tú no eres una persona cualquiera -añadió Blaire azorada, apartando los ojos-, eres su hijo. Igual que Nicky es hijo mío. Ella cree que eres perfecto, y yo sé que eres su hijo favorito.

Alik se puso colorado.

– ¿Te lo dijo cuando te llevé a Nueva York el invierno pasado? -Alik tuvo que esperar la respuesta a esa pregunta durante un buen rato. Por fin Blaire asintió de un modo casi imperceptible-. ¡Maldita sea!

– ¡No hables así de tu madre, Alik! -exclamó Blaire sonrojándose-. ¡Ella te adora!

– ¿Qué clase de padre le dice a su hijo una cosa como esa delante de sus otros hijos?

Los ojos de Blaire se llenaron de lágrimas al instante.

– ¿Tu madre ha hecho eso?

Alik luchó por contener sus emociones.

– Estelle Jarman jamás se ha distinguido por su discreción. Hasta un elefante tiene más instinto. Ni que decir tiene que desde entonces mi hermano no ha vuelto a ser el mismo.

– Así que es por eso por lo que no quiso salir con nosotros cuando estuvimos allí… -murmuró Blaire.

La tristeza de la expresión de Blaire acabó con todas sus defensas. Cuando Blaire lo miraba de ese modo, Alik se sentía traicionado de nuevo. En aquel entonces su comportamiento le había parecido impropio de ella, de su carácter. Y seguía pareciéndoselo.

– ¿Qué más te ha dicho para asustarte de ese modo?

– No sé a qué te refieres.

– ¡Al diablo que no!

Aquella airada respuesta acabó por despertar al niño, que abrió los ojos y miró a su alrededor para volver a dormirse. Blaire miró a Alik con ojos suplicantes.

– ¿Podemos hablar de esto en otro momento?

– Dejaré el tema cuando contestes a mi pregunta -musitó Alik en voz baja, refrenando su enfado.

Blaire no dejaba de acariciar la espalda de Nicky. Aquel gesto que delataba su nerviosismo, suscitaba la curiosidad de Alik más que nunca.

– Me imagino cómo debió sentirse cuando rompí contigo. Una madre siempre tiende a creer que su hijo es un campeón, sobre todo una madre como ella, que te quiere tanto. El hecho de que una mujer conteste al teléfono ha debido de ser ya bastante duro para ella, no… no creo que hubiera podido soportar su mal humor de haber averiguado tu madre quién es la señora Hammond. No se lo has dicho, ¿verdad?

– No -respondió Alik conteniendo el aliento.

– Gracias a Dios, habría sido un desastre. Si llega a enterarse de que era nuestro hijo el que lloraba a pleno pulmón se habría sentido terriblemente herida. Escucha, Alik, ya sé que tus padres acabarán por enterarse de la existencia de Nicky antes o después, pero no creo que hoy fuera el momento más indicado. Comprendes lo que te digo, ¿verdad?

Sí, lo comprendía, pero también veía algo más en la reacción de Blaire de la noche anterior, algo que no tenía nada que ver con la inesperada llamada telefónica de aquel día. Alik sabía por instinto que había algo más que Blaire no le había contado, pero prefirió dejarlo. Por el momento.

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