Renuncia por amor
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
Nada más llegar al remolque, Blaire le cambió el pañal a Nicky y se puso a fregar la nevera. Había decidido tirar toda la comida. Iría al supermercado al llegar a Laramie, y entonces lo llenaría.
Alik encontró una nota del profesor Fawson pegada a la puerta. Le pedía que se reuniera con él por última vez, a la hora de la comida, en su remolque. Alik se duchó y le dijo a Blaire que se marchaba, que no sabía cuándo volvería. La hostilidad de Alik hacia ella parecía más aguda desde que habían vuelto de la ciudad, así que Blaire, temerosa de estropearlo todo aún más, sacudió la cabeza y continuó con la tarea.
Después de media hora de ausencia, Blaire comenzó a pensar que quizá la reunión de Alik se prolongara durante buena parte del día. En tal caso lo mejor era comenzar a empaquetar las cosas de Nicky que no fueran a necesitar hasta llegar a su destino.
Cuando la maleta estuvo llena, Blaire la llevó al maletero y la dejó junto al cochecito y el columpio musical. De vuelta en el remolque, Blaire miró a su alrededor y se preguntó qué más podía embalar. De pronto, unos inesperados golpes en la puerta la sobresaltaron.
Como era el último día de estancia de Alik en la excavación, Blaire supuso que se trataría de algún estudiante que quería despedirse y, dejando a un lado su costumbre de preguntar antes, abrió la puerta sin más.
Hubiera debido de imaginarse que se trataba de Sandy. Sin embargo, cuando vio quién la acompañaba, estuvo a punto de desmayarse. Era la persona a la que menos esperaba volver a ver en su vida.
La madre de Alik estaba de pie, vestida con un increíble vestido de seda azul que resultaba tanto más espectacular debido a su estatura. Llevaba el vistoso cabello negro suelto, adornado con artísticos mechones plateados. Su maquillaje perfecto, sin mácula, resaltaba los ojos verdes que brillaban mirando a Blaire con una expresión que podría calificarse de pura malicia.
– Señora Hammond -la llamó Sandy con una sonrisa de genuina satisfacción-. La madre del profesor Jarman lo está buscando. Yo le he dicho que seguramente su secretaria sabría dónde está, ya que cuida de su hijo día y noche. Todo el mundo sabe que el profesor Jarman no va a ningún sitio estos días si no es con Nicky en brazos.
Blaire no se había dado cuenta de hasta qué punto Sandy estaba celosa. Los celos debían estar carcomiéndola por dentro como si se tratara de un veneno. Y, en cuanto a la madre de Alik…
Blaire se sentía como si estuvieran representando una obra de teatro en la que por fin la audiencia cayera en la cuenta de que ellas tres personificaban los papeles de la buena, la mala y la fea. Aquel era el momento más esperado por el público. Todas las mentiras, artimañas y secretos estaban a punto de desvelarse para dar paso a la verdad.
Desde el día anterior, cuando la madre de Alik llamó por teléfono, Blaire había presentido que el enfrentamiento sería inevitable, pero no había imaginado que fuera a producirse tan rápidamente.
– Gracias por tu ayuda, Sandy. Entre, señora Jarman. Alik ha salido a comer con el profesor Fawson, pero espero que vuelva pronto.
La madre de Alik pasó por delante de Sandy sin darle las gracias y entró en el remolque. Blaire, haciendo caso omiso de la expresión satisfecha de Sandy, siguió a la señora Jarman y cerró la puerta.
– Por favor, siéntese -dijo señalando el sofá.
La madre de Alik se quedó de pie observándolo todo a su alrededor. Jamás había sido tan evidente su actitud condescendiente. Alik había embalado casi todas sus cosas, solo quedaban los juguetes y el corralito de Nicky. Una colcha aquí, un biberón allá, un chupete sobre la encimera de la cocina, un álbum de fotos del niño sobre la mesa.
– ¿Dónde está? -exigió saber la madre.
– ¿Te refieres a Alik o a Nicky?
– A tu bastardo.
Blaire ya había sido objeto de la crueldad verbal de la madre de Alik, aquello no era ninguna novedad. Al contrario, le habría sorprendido que la señora Jarman mostrara alguna señal de haberse dejado ablandar con el tiempo.
Por alguna razón que no podía explicar, Blaire sintió que la invadía la calma. Quizá fuera porque era madre, porque tenía un hijo por el que hubiera estado dispuesta a entrar en un edificio en llamas. Respiró hondo y contestó:
– ¿Sabes que bastardo significa hijo de dudosos o inferiores orígenes? Te guste o no, y yo sé muy bien que no, él es un Jarman. Es hijo de tu hijo predilecto. Si Alik te oyera llamarlo bastardo, no volverías a saber nada de él en esta vida, eso te lo aseguro. Y probablemente, tampoco en la otra.
Los ojos de la señora Jarman se entrecerraron. La miraba como si estuviera a punto de tirarse sobre ella a matar… Sin previo aviso, la señora Jarman se dio la vuelta y se dirigió directa al fondo del remolque. Blaire no trató de detenerla.
Llevada por la necesidad de ver las cosas con sus propios ojos, la madre de Alik había recorrido un largo camino desde sus propiedades palaciegas en Long Island hasta aquel lugar para inspeccionar, de primera mano, al niño al que había oído llorar por teléfono. No tardó en salir del dormitorio, pero su caminar no era ya tan estable, y su rostro estaba algo más pálido bajo el maquillaje. La señora Jarman se quedó mirando a Blaire durante tanto rato que esta se preguntó si habría sufrido un shock.
– Creo que te he subestimado. ¿Cuánto dinero quieres?
Había bastado con un simple vistazo.
– ¿Dinero?, ¿por qué?
– Por dejar al niño aquí y desaparecer para siempre.
– ¿Cuánto has traído? -preguntó Blaire en voz baja.
– Lo suficiente como para que no tengas que volver a prostituirte como lo has hecho con mi hijo, al que has atrapado con tus largas garras.
– Puede que mis orígenes sean humildes, puede que no sea la mujer adecuada para ser vista en público con tu hijo, pero, a pesar de ser plebeya y de clase baja, tengo necesidades que ni tú con todo tu dinero podrías satisfacer.
– Aún no te he dicho la cifra.
– No me hace falta oírla, señora Jarman. Ninguna cantidad podría separarme jamás de mi hijo.
Los atractivos rasgos griegos de la señora Jarman se endurecieron en una fea mueca.
– Alik no sabía con quién estaba tratando cuando te trajo a casa. Te crees muy inteligente presentándote así ante él, con su hijo, pero no importa. No vas a conseguir ni un solo céntimo de él, y tú sabes muy bien porqué…
Sí, sabía el porqué. Esa era la razón por la que Blaire había roto su compromiso y había huido de Alik a donde él no pudiera encontrarla.
– Te cuesta creerlo, pero ni quiero, ni necesito su dinero. Dentro de menos de dos meses voy a casarme con otro hombre.
Blaire extendió la mano para que la madre de Alik pudiera ver el modesto anillo de su dedo. Aquel anillo no podía compararse con el que Alik le había regalado una vez, con el anillo que había dejado sobre la cómoda cuando escapó de la casa de sus padres.
– Rick Hammond, mi novio, cuidará de mí y de mi hijo Nicky -continuó Blaire-. No nos faltará de nada. He venido a Warwick con un solo propósito, averiguar si Alik quiere compartir la custodia de Nicky conmigo. Padre e hijo tienen derecho a conocerse y a amarse. Si los vieras juntos comprenderías que Alik adora a Nicky, y Nicky venera a su padre.
– En tu caso, la custodia conjunta no significa más que extorsión -alegó la madre de Alik de malos humos.
– Quizá a ti te lo parezca -murmuró Blaire-. Sea lo que sea lo que Alik decida hacer con su hijo, si decide o no gastarse el dinero con él, eso no tiene nada que ver conmigo.
Aquellas palabras de Blaire parecieron captar la atención de la señora Jarman, que preguntó:
– ¿Estarías dispuesta a prometer eso por escrito, ante un abogado como testigo?
– Sí.
Era evidente que aquella declaración había sorprendido a la señora Jarman, que no esperaba que Blaire llegara tan lejos.