Renuncia por amor
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
– Ya le he dicho que tengo novio -contestó Blaire antes de volver al remolque-, y no sé cómo hacérselo entender.
– Ya has oído a la señora Hammond, Atwood -intervino una voz masculina y amenazadora, que les resultó familiar.
Lane se puso pálido, toda su valentía desapareció en presencia de Alik. Blaire sintió que se le desgarraba el corazón. Jamás se había alegrado tanto de ver a nadie, pero tenía que controlar sus emociones para no delatarse. Alargó una mano y, sin mirar a Alik, tomó a Nicky en brazos.
– Si descubro que estás molestando otra vez a la señora Hammond, quedarás excluido del proyecto, aunque seas el alumno más brillante del profesor Fawson. ¿Entendido? -continuó Alik.
Blaire lamentó aquel incidente por Lane, por mucho que se hubiera comportado como un tonto. No deseaba escuchar su respuesta ni sentirse más violenta, de modo que echó a andar hacia los remolques a través de los árboles. Pronto oscurecería.
– Papá ha debido darte ya el biberón. ¿Te lo has pasado bien con él en la ciudad?
Blaire apretó el paso para llegar antes que Alik. Necesitaba tiempo para serenarse antes de enfrentarse a él. Sabía que la sometería a un tortuoso interrogatorio.
Nada más abrir la puerta del remolque, un delicioso aroma a comida griega la invadió. Alik había comprado la cena preparada. Las bolsas estaban sobre la encimera de la cocina. No era de extrañar que hubiera salido a buscarla.
Tras poner a Nicky en el corralito, Blaire se apresuró a la cocina a poner la mesa y sacar bebidas. Alik había comprado todas las cosas que le gustaban: souvlaki, gyros, ensalada verde y arroz con limón.
– Esto tiene un aspecto estupendo -comentó al verlo entrar en el remolque-. Vamos a cenar antes de que se quede frío.
– ¿Ha venido él al remolque a buscarte? -exigió saber Alik sin más preámbulos, sin sentarse a la mesa.
– No -contestó ella tomando asiento-, me vio al pasar por su remolque.
– Quieres decir que te estaba esperando -insistió él.
– Seamos justos, se ha comportado como un chico cualquiera de su edad, dispuesto a divertirse si se le presenta la oportunidad. No le ha hecho daño a nadie.
– Quizá creas que no hubiera debido de interferir.
Blaire detestaba aquel tono sedoso de voz, un tono que Alik utilizaba para recalcar ciertos matices sutiles de una insinuación.
– Pues la verdad es que me alegro de que lo hicieras, me estaba poniendo violenta con tanta pregunta. Para ser sinceros, me sentía como una estúpida.
El rostro de Alik, bello y bien bronceado, parecía a punto de explotar.
– Continúa -dijo tenso.
– Sandy le ha contado a todo el mundo que soy tu niñera y tu secretaria -dijo ella respirando hondo-. Supongo que la cosa suena bastante sospechosa, teniendo en cuenta que no tengo ni idea de qué estás haciendo aquí. Y, como la gente siga haciéndome preguntas a las que no sé qué responder, tampoco voy a convencer a los demás.
Blaire mordió un gyros y Alik se apoyó sobre el respaldo de la silla mirándola con el ceño fruncido. Hasta el momento ni siquiera había tocado la comida. La tensión era palpable, Blaire apenas podía tragar.
– ¿Qué es lo que quieres saber?
Blaire bebió unos cuantos sorbos de soda y contestó:
– Quizá me ayudara saber qué es lo que te ha traído a Warwick precisamente, y… y qué es eso tan importante del foso que has descubierto.
Hubo un minuto de silencio tenso, en el que solo se escucharon los ruidos que hacía Nicky.
– Te lo enseñaré después de la cena -dijo él dando un mordisco de su souvlaki.
Aliviada, Blaire continuó comiendo antes de levantarse para preparar el café. A Alik siempre le había gustado tomar una taza de postre. Aquella noche él podría terminar el pastel de manzana que ella había preparado el día anterior. Blaire no tenía nada que hacer mientras Nicky dormía, aparte de cocinar o leer. Alik no tenía televisión, aunque en realidad no le importaba. Al comenzar a salir juntos Blaire y Alik habían acordado no comprar televisión cuando se casaran. Siempre habría periódicos o emisoras de radio de las que echar mano. Blaire cerró los ojos y recordó a Alik susurrando, labios contra labios:
«Probablemente ni siquiera los necesitaremos, porque pienso estar muy ocupado todas las noches con mi preciosa mujercita».
– Por favor, limpia la mesa en cuanto consigas olvidar a tu novio. Quiero extender el mapa.
Blaire abrió los ojos de golpe. No era fácil encajar momentos como ese. Luego limpió la mesa esperando que Alik no notara que estaba ruborizada. Le hubiera preparado el biberón a Nicky, pero aún era pronto.
Blaire miró por el rabillo del ojo y vio a Alik desenrollando algo largo y grande, sujeto con una goma. Cuando lo abrió Blaire, sorprendida, lo reconoció. Alik, siempre alerta, escrutó su rostro.
– ¿Ocurre algo?
– No, nada, es solo que recuerdo haber visto ese mapa el día en que entré en el remolque a esperarte. Me… me preguntaba dónde estaba.
Alik lo extendió sobre la mesa. Tras hablar con sus amigos, los nombres de Tooele y Laramie tenían ya sentido para Blaire. Una vez más y, siguiendo un acuerdo tácito, ambos se sentaron a la mesa.
– Antes de que desaparecieras de mi vida, recibí una invitación para asistir a un seminario en Londres relacionado con la construcción de un túnel bajo el Canal de Inglaterra. En aquella época yo creía que íbamos a casarnos y que para entonces estaríamos en nuestra luna de miel, así que decliné la invitación. Pero, tal y como descubrí en Kentucky, la vida es lo que te ocurre inesperadamente cuando tienes otros planes.
La amargura que delataba la voz profunda de Alik le hizo a Blaire sentir aún más profundamente, si cabía, su culpabilidad. Alik respiró hondo y prosiguió:
– Al no encontrarte a mi vuelta, decidí marchar a Inglaterra. Allí fue donde conocí a Dominic Giraud y a Zane Broderick, que también asistían al seminario. Dom es quien tiene la visión y los contactos.
– ¿La visión de qué? -preguntó Blaire que, tras preguntarse continuamente por Alik durante todos aquellos meses, recibía aquella información como agua de mayo.
– Supongo que, teniendo en cuenta que quizá compartamos la custodia de Nicky, tienes derecho a saber que esos chicos y yo estamos construyendo un tren de alta velocidad que unirá Warwick con San Francisco.
– Un tren de alta velocidad… que levitará por la fuerza del magnetismo -murmuró Blaire-. Recuerdo haber oído hablar de ello en las clases de física. ¡Es fantástico!
– Lo será, cuando esté terminado.
– ¡Nuestro país necesita ese transporte! ¡Con urgencia! -gritó ella con entusiasmo-. Así la gente podrá ver el paisaje mientras viaja, pero no tendrá que preocuparse de conducir ni de accidentes -Blaire tuvo la sensación de que Alik estaba a punto de decir algo, pero luego debió pensarlo mejor-. ¿Y qué velocidad alcanzará?
– El prototipo en el que está trabajando Zane va a alcanzar los seiscientos cincuenta kilómetros por hora.
– ¡Es increíble! -sacudió la cabeza Blaire-. Es el proyecto más importante en el que has trabajado jamás.
– Exacto.
Aquella escueta respuesta no logró engañar a Blaire ni por un momento. Para él un proyecto como aquel lo era todo. Dios le había respondido, al menos, en una de sus plegarias. Blaire había rezado muchas veces pidiéndole a Dios que Alik pudiera continuar con su vida. Y, en cuanto a Nicky, Blaire sabía a ciencia cierta que le había causado a su padre la mayor alegría de su vida.
Blaire trató de controlar sus emociones y se levantó para echarle un vistazo al niño. Era un ángel, estaba tumbado escuchando. Se le había caído el chupete, pero no parecía importarle. Blaire se arrodilló a su lado y se lo metió en la boca.
– ¿Y… y cómo va el tema de los derechos sobre las tierras? -preguntó tartamudeando.