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Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:

Alik Jarman acababa de conocer a su hijo, de seis semanas, y no pensaba dejarlo escapar. Decidió pedirle a la madre del bebé, quien le había roto el corazón hacía apenas un año, que se instalara durante un mes en su casa con el niño.
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
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– Dom está trabajando en los territorios de Utah y Nevada.

– ¿Y qué significan los colores del mapa, junto a la línea?

– Representan los distintos tipos de tierra sobre los que tendremos que construir las vías.

– Comprendo -contestó Blaire, para quien todo comenzaba a cobrar sentido-. ¿Y qué hay del foso de ahí fuera?

– Comenzamos a cavar hace un mes, pero de pronto tuvimos que dejarlo porque la aplanadora descubrió huesos.

Blaire se puso en pie y continuó observando a Nicky.

– ¿Cuantos años estimas que tienen los huesos de ese foso?

– Quizá sean del año 400 A.C., están esparcidos por todo el estado de Nueva York.

Blaire gritó sorprendida, y aquello asustó a Nicky.

– Lo siento, cariño -se lamentó Blaire inclinándose para tomar al bebé en brazos y acunarlo-. Lane me dijo que el profesor Fawson no había desenterrado más que una pequeña parte.

De pronto Alik se puso en pie.

– ¿Quieres decir que Atwood te habló de algo interesante aparte de tratar de llevarte a la cama?

Hubiera podido creer que aquel encuentro con el estudiante había suscitado los celos de Alik, pero no podía ser. Era imposible, teniendo en cuenta cuánto la odiaba por lo que le había hecho. Ni siquiera sabía si algún día la perdonaría.

Alik enrolló el mapa, y eso señaló el fin de la discusión. Tendría que conformarse con aquella escueta información, hasta que se trasladara a San Diego con Nicky, en el plazo de tres semanas. Blaire esperaba con ansiedad ese momento, porque no había roto su parte del trato ni tenía intención de hacerlo.

– Lane está enamorado de sí mismo, no es tan distinto de otros chicos de su edad.

El nervio de la mandíbula de Alik, que Blaire había observado temblar en otras ocasiones, cuando estaba tenso, era perfectamente visible en ese momento. Sus ojos verdes la miraron penetrantes, brillantes y llenos de reproches.

– Tiene la misma edad que Rick.

Blaire sintió que se le secaba la boca. Tenía que pensar en algo, y deprisa.

– Rick y yo nos conocimos cuando estaba embarazada, eso cambia las cosas por completo -contestó dejando a Nicky en brazos de Alik, sin vacilar-. Si le cambias de pañal yo prepararé el biberón.

Sin embargo, Alik no abandonó la habitación como ella esperaba. En lugar de ello preguntó:

– ¿Y cuánto tiempo había transcurrido desde que huiste de la prisión en la que esperabas tu sentencia de muerte conmigo hasta que lo conociste?

«No, Alik, cariño».

– Él… él vino a casa de mis padres a pedirme que le pasara a máquina un curriculum por si decidía trabajar para otra empresa de construcción.

– ¿Pasar a máquina?

– Sí, así es como he estado ganándome la vida -contestó Blaire apartando la mirada-. Me anuncié en los periódicos y en el diario del campus.

– ¿Y cuánto tiempo había pasado cuando apareció él en casa de tus padres? -insistió Alik.

– Cinco meses -contestó Blaire, que hubiera deseado gritar que no lo sabía.

– Entonces no has estado mucho tiempo con él, debe estar ya poniéndose nervioso -comentó Alik clavando la daga un poco más hondo.

Los aspavientos de Nicky impidieron que Blaire contestara. Alik, evidentemente, se veía desgarrado ante la necesidad de atender a su hijo y sus ganas de atormentarla. Por fortuna, las necesidades del niño prevalecieron. Alik giró en redondo y se dirigió a grandes pasos hacia el dormitorio del remolque llevándose a Nicky.

Blaire no sabía cuánto tiempo más podría seguir viviendo con aquella mentira que crecía y crecía desproporcionadamente y que acabaría por separarlos de una manera definitiva. Se acercó al dormitorio y le tendió el biberón.

– Toma, aquí tienes.

– Quédate conmigo mientras le doy el biberón, tengo que hablar contigo.

Blaire obedeció. Se quedó de pie junto a la cuna, apoyándose en ella. Resultaba tremendamente peligroso sentarse en la cama junto a Alik, no podía entrar en aquella arena de lidia deseándolo como lo deseaba.

– Escucha, Alik… -comenzó a decir extendiendo las manos en el aire-, Lane desde luego, ha sobrepasado los límites, pero no le ha hecho daño a nadie.

Alik ladeó la cabeza y dirigió su fría mirada hacia ella.

– Ya he hablado con él, pero tranquila, no tendrás que preocuparte más por eso, porque la semana que viene ya no viviremos aquí.

– ¿Qué quieres decir? -preguntó ella.

– Que mi trabajo aquí ya ha terminado, que ya se pueden construir las vías de aquí a Wyoming. Ahora tengo que estudiar el terreno en la mitad oeste de los Estados Unidos, y eso significa que tendré que mudarme. Hannah nos deja instalar el remolque en su propiedad a las afueras de Laramie. Tendremos agua. Remolcaremos el coche, y así podrás disponer de transporte cuando estemos allí. Me gustaría que nos marcháramos el lunes por la mañana a primera hora, así podríamos deshacernos de las cosas que nos sobran durante el fin de semana.

Blaire se giró dándole la espalda. Aquello le hacía sentirse realmente mal. Alik continuó:

– Siento que la idea te resulte tan repugnante, pero siempre has sabido que mi trabajo me obligaría a mudarme de un lado a otro.

– No entiendes nada, Alik -murmuró ella-. Una cosa es montar esta farsa en la excavación, entre extraños, y otra muy distinta tener que vivir con tus mejores amigos cuando deben tener una opinión horrorosa de mí… No… no creo que pueda soportarlo.

– ¿Quieres decir que no vas a poder continuar otras dos semanas más? Bien -comentó él con voz de seda, terminando con la paciencia de Blaire-. Nadie te está apuntando con una pistola, Blaire. Cuando quieras vas al aeropuerto y vuelves a casa con tu novio, si eso es lo que quieres. Nicky y yo nos sentiremos muy felices de llevarte al aeropuerto.

Blaire parpadeó tratando de evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas.

– Jamás podría ceder, y tú lo sabes.

– Entonces fin del problema -contestó él satisfecho-. Ahora voy a quedarme aquí con Nicky y a acostarlo esta noche. Si quieres, puedes utilizar el ordenador para mandarle un mensaje a Rick. El otro día se me olvidó decírtelo.

– No le funciona el módem.

– Vaya, pero al menos puedes llamar por teléfono y escuchar su voz.

Blaire necesitaba desesperadamente cambiar de tema, sentía náuseas.

– Voy al salón a completar el álbum de fotos de Nicky.

– ¿Te he dicho ya que en algunas de esas fotos Nicky se parece a mi madre cuando era bebé? Si no fuera por la calidad de la película ni tú sabrías distinguirlos.

El hecho de que Alik mencionara a su madre asustó tanto a Blaire que enseguida supo que vomitaría. Era una suerte que el baño estuviera tan cerca. Cerró la puerta y vomitó.

– ¿Blaire? -la llamó Alik alarmado.

– Estoy… estoy bien.

Blaire se enjuagó la boca y se lavó los dientes. Minutos más tarde, al salir del baño, vio a Alik de pie, junto a la cuna, donde Nicky estaba acostado. Sus rasgos esbozaban una mueca.

– ¿Por qué no me has dicho que te encontrabas mal?

– No lo sé, ha sido de repente.

– Vete a la cama, yo me ocuparé de todo. ¿Necesitas que te ayude a desvestirte?

Podía soportar la ira de Alik, pero no su ternura.

– No, gracias. Creo que voy a tumbarme aquí un minuto hasta que se me pasen las náuseas.

– ¿Quieres que me lleve a Nicky?

– Sí, por favor.

Se hizo un largo silencio. Luego él añadió:

– Buenas noches. Si necesitas algo, llámame.

Lo necesitaba a él.

Alik tomó en brazos al niño y abandonó la habitación. Luego, apagó la luz y dejó la puerta entornada.

Se sentía débil debido al repentino vómito, así que cerró los ojos durante un segundo esperando levantarse enseguida para ponerse el camisón. Sin embargo, de improviso, eran las tres de la madrugada. Nicky hacía aspavientos y ruidos exigiendo el biberón, pero le llevó un rato ponerse a llorar a pleno pulmón.

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