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Электронная книга - «Renuncia por amor». Краткое содержание книги:

Alik Jarman acababa de conocer a su hijo, de seis semanas, y no pensaba dejarlo escapar. Decidió pedirle a la madre del bebé, quien le había roto el corazón hacía apenas un año, que se instalara durante un mes en su casa con el niño.
Blaire jamás le había dicho la verdadera razón por la que había suspendido la boda y comprendió que debía negarse a ir a vivir con él. Sin embargo, al ver cómo disfrutaba Alik de la compañía de su hijo, se sintió incapaz de decirle que no… y tampoco pudo evitar alimentar la esperanza de que, algún día, formarían una verdadera familia.
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– ¿Cuándo?

– Cuando quieras.

– ¿Te das cuenta de lo que significaría eso, si alguna vez quisieras echarte atrás habiendo firmado un documento legal? -inquirió la señora Jarman mirándola especulativamente.

– Rompí mi compromiso, ¿no? -contestó Blaire con voz teñida de dolor.

– Sí, pero te has tomado la revancha al volver con algo que quiere mi hijo -respondió la señora Jarman sin vacilar.

– ¿Te refieres a la carne de su carne? -preguntó a su vez Blaire a voz en grito-. ¡Era lo correcto, lo único que podía hacer!

– Bien, cuando tengas que firmar el documento veremos si eres sincera.

– Ojalá pudiera firmarlo ahora mismo, así terminaríamos de una vez.

Le costaba reprimir su dolor y su enfado. La madre de Alik no tenía nada que envidiar a la Inquisición española. Blaire rogó al cielo para que se marchara de una vez. La mujer ladeó la cabeza y continuó:

– Me sorprende la profundidad de tus sentimientos -comentó la señora Jarman.

Blaire hubiera podido decir lo mismo de la señora Jarman, pero no quería que pensara que pretendía halagarla. ¿Cómo una madre como esa podía haber tenido un hijo tan maravilloso como Alik?

Sin previo aviso, como conjurado por el hecho de haber pensado en él, Alik apareció en el remolque sin llamar. Sus ojos se dirigieron directamente a Blaire. Parecía estar sin aliento. Por una décima de segundo ella creyó ver ansiedad en la expresión de sus profundos ojos verdes, pero luego él miró a su madre inquisitivo.

– ¿Mamá? Sandy me ha dicho que me estabas buscando. ¿Qué estás haciendo aquí?

La señora Jarman sonrió a su hijo y lo miró con expresión de enfado.

– ¿Qué clase de bienvenida es esa? Blaire va a decir que no tienes modales.

Blaire observó a Alik darle un pellizco a su madre para después colocar los brazos en jarras.

– Cuando hablamos ayer no dijiste nada de que ibas a venir a Warwick.

– ¡Ni tú dijiste nada de que tuvieras un hijo! -contestó ella en tono de reprimenda, pero en broma. Una vez más Blaire se maravilló de lo inteligente y manipuladora que era aquella mujer-. Después de colgar me di cuenta de que la voz de tu secretaria me sonaba. ¡Era Blaire! Entonces comprendí por qué dejabas que viviera en tu remolque con su hijo, y cuando caí en la cuenta de que era mi nieto decidí venir inmediatamente a conocerlo -explicó la señora Jarman fingiendo entusiasmo-. ¡Es igual que tú cuando eras un bebé, Alik! ¡Apenas puedo esperar a que se despierte para abrazarlo!

– Sí, es un milagro -contestó Alik con una mirada tierna que hizo llorar a Blaire.

– Lo es -confirmó la señora Jarman-. Le estaba diciendo a Blaire, antes de que llegaras, que admiro mucho su honestidad al venir a decírtelo. ¡Cielos, hay tantas chicas hoy en día que jamás habrían pensado en contárselo al padre! Lamento mucho que las cosas no funcionaran entre vosotros, está claro que no podía ser, pero debes estar contento, Alik, de que tu hijo sea educado por una mujer tan honesta como Blaire.

Una vez más la mirada escrutadora de Alik se dirigió hacia Blaire, pero esta vez buscando confirmación. El año anterior ella no había tenido más remedio que seguirle el juego a la señora Jarman.

– Sí, ya le he dicho a tu madre que yo opino que padre e hijo deben conocerse y estar juntos -afirmó Blaire.

– Esta es una ocasión muy especial, cariño -continuó la señora Jarman poniendo una mano sobre el brazo de su hijo, con el tono exacto de entusiasmo requerido-. ¡No podemos mantener oculta por más tiempo una noticia como la de Nicky! Blaire está de acuerdo en venir el fin de semana que viene a casa, al cumpleaños de tu padre. ¡Será una noche memorable!

Blaire apartó la vista. No solo había notado la expresión remota de Alik, sino que estaba horrorizada ante la idea de poner el pie en la mansión de los Jarman. Sin embargo, había prometido firmar aquel documento. Tendría que someterse.

– Me temo que no nos va a ser posible, madre, estaremos en Laramie.

– Pero podéis volar a Nueva York el sábado y volver a Wyoming al día siguiente.

– Por favor, Alik -rogó Blaire-. Por favor. Mi familia ha tenido la oportunidad de estar con Nicky desde el día en que nació. Piensa en la alegría que supondrá para tu familia conocerlo antes de que deje de ser un recién nacido. Después, cuando me marche de Laramie para casarme, ya no tendré tiempo. Ahora, en cambio, mientras estoy contigo ayudándote con Nicky, puedo ir. El fin de semana que viene es perfecto.

– Ya veremos.

Algo muy profundo estaba ocurriéndole a Alik. Blaire observó su pecho subir y bajar. Había cedido solo en parte. Su madre sonrió.

– Sé que vendréis, pero no voy a decirle nada a la familia. Cuando lleguéis con mi nieto será la mejor sorpresa de cumpleaños que jamás haya recibido tu padre. Y ahora tengo que irme, Alik, cariño. ¿Quieres acompañarme a la limusina? El chófer me está esperando para llevarme de vuelta al aeropuerto.

Alik asintió sin decir nada.

– Blaire -la llamó la señora Jarman-, no esperaba volver a verte, pero tengo que decirte que me alegro de haber hablado contigo. La maternidad te sienta bien.

Atónita ante aquella maravillosa representación, Blaire no tuvo más remedio que seguir fingiendo.

– Gracias. ¿Estás segura de que no quieres que despierte a Nicky para que puedas abrazarlo?

– ¡Oh, no, querida! He tenido tres hijos. Cuando tienes que levantarte por las noches para atenderlos es un milagro conseguir que duerman de un tirón. Ya tendré tiempo de conocerlo este fin de semana.

La señora Jarman dio un paso adelante para besar a Blaire en la mejilla y luego salió del remolque. Alik la siguió, pero primero le lanzó a Blaire una mirada oblicua que ella no supo interpretar.

Una vez que la señora Jarman se hubo ido, Blaire se sintió tremendamente aliviada. Se había enfrentado a su peor pesadilla y seguía viva. Jamás, ni en sueños, habría creído que sería ella quien, un día, le rogaría a Alik que fueran a casa de sus padres. Aquella visita tendría un precio, y Alik tendría que pagarlo. Blaire lo sabía. Sin embargo, no había más remedio si quería mantener su secreto. Al menos Alik tendría a su hijo consigo durante ese fin de semana. El inconmensurable amor y consuelo que se derivaba de tener a su pequeño bastaría para sostenerlo.

Antes de que Nicky se despertara y Alik volviera al remolque, Blaire recogió ropa limpia y se metió en la ducha. Necesitaba relajarse después de la visita de la señora Jarman y de Sandy, ambas en pie de guerra.

– ¿Cuánto tiempo llevaba mi madre aquí antes de que llegara yo? -exigió saber Alik minutos más tarde, cuando Blaire salió de la ducha con una toalla en el pelo.

Alik estaba de pie, delante de la puerta del baño, dándole de comer a Nicky, que debía haberse despertado y comenzado a llorar al oír el ruido del agua. Blaire pasó por delante de él y se dirigió a la cocina con el secador en la mano. Alik estaba alerta, como un cazador. Cuando exigía respuestas se mostraba incansable.

– Diez minutos, quizá -contestó Blaire de espaldas a él, enchufando el secador.

– Después de aquella odiosa llamada telefónica corrí de vuelta a Nueva York para descubrir qué te había hecho romper nuestro compromiso y huir Dios sabe adonde. Mi madre siempre mantuvo que nadie se enteró de que te habías ido hasta el día siguiente por la tarde, y ni una sola vez, desde el año pasado, ha dicho una sola palabra negativa acerca de ti.

Alik respiró hondo y contuvo el aliento. Luego continuó.

– Conozco a mi madre, Blaire. Nada de eso es propio de ella. Ni lo era entonces, ni lo es ahora. ¿Qué ocurrió realmente entre vosotras aquella noche?

Blaire se dio la vuelta despacio con el secador en la mano.

– Nada, absolutamente.

Alik la miró a los ojos buscando su punto débil. Aquello le costó un esfuerzo sobrehumano, pero sostuvo su mirada penetrante sin ceder.

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