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Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:

El doctor Jock Blaxton era un estupendo obstetra y adoraba a cada niño que ayudaba a traer al mundo. Sin embargo, su pasado le impedía tener uno propio. Su relación con las mujeres era muy problemática. No solía salir más de dos veces con ninguna, pero la doctora Tina Rafter, que llegó para cuidar a los hijos de su hermana y comenzó a trabajar en el hospital de Gundowring, lo deslumbró.
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
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De momento estaba en Gundowring con Christie y los niños, y era lo único que le importaba.

Aunque Christie pensaba que Jock era fantástico y era difícil convivir con ello, cuando Tina intentaba convencerse a sí misma de que no era tan maravilloso.

Christie fue a visitar a Jock aquel lunes y por primera vez desde el nacimiento de Rose, la mujer volvió con una sonrisa en los labios.

– Oh, Tina, el doctor Blaxton es encantador -dijo a su hermana-. Me ha hecho ver las cosas desde un punto de vista diferente. ¡Incluso me ha hecho reír cuando le he contado que Ray estaba con una mujer mucho más joven que él!

– ¿Reír?

– Sí, yo no podía creérmelo, pero cuando le dije que Skye tiene diecisiete años me hizo una imagen detallada de lo que Ray debe de estar pasando. ¡Para Blaxton el purgatorio es tener que llevar a una adolescente a la discoteca cuando tienes cuarenta y siete años! Dice que Ray ha elegido su propio castigo y que yo tengo que estar agradecida.

– Yo intenté decirte lo mismo -contestó Tina prudentemente.

La sonrisa de Christie se ensanchó y ambas hermanas se abrazaron.

– Sé que lo hiciste, Tina, pero quizá yo no estaba preparada para oírlo. O quizá necesitaba que alguien de fuera me lo dijera. Y el doctor Blaxton tiene una manera de hablar…

La sonrisa de Christie se convirtió en una mueca.

– Y te tengo que contar otra cosa. El doctor Blaxton llamó a un abogado y descubrió que puedo conseguir que me envíen el sueldo de Ray, antes, incluso, de que él sepa lo que gana cada mes. Eso significaría una gran ayuda para los niños.

– ¿Es cierto?

– Me aseguró que sí. Oh, Tina. Ray se marchó porque odiaba tener que hacerse cargo de los gastos de los niños y ahora, además de ayudar a criar a Ally, Tim y Rose, tendrá que pagar los gastos de una amante de diecisiete años -el rostro de Christie se ensombreció-. No creo que eso sea muy divertido, ¿verdad?

– No te dará pena, ¿verdad?

– Pues sí. Por primera vez me da pena. Por primera vez no siento sólo rabia y dolor, también me enfada que Ray haya podido hacer una cosa así. Y pena por lo que ha perdido -la sonrisa volvió a aparecer en el rostro de Christie-. Pero eso no me va a impedir que pida ese dinero.

– Oh, Christie…

– Creo que es el mejor doctor -dijo Christie alegremente-. ¿Cuándo volverás a salir con él?

– No me lo ha pedido -confesó Tina.

– ¿Y eso cuándo ha sido un obstáculo para ti? Pídeselo tú entonces. Si no fuera porque en estos momentos no quiero saber nada de hombres, o por lo menos no hasta que me olvide un poco de todo, se lo pediría yo misma, Tina. Jock es maravilloso. Lucha por él.

– No es serio.

– Es maravilloso. Tú eres seria por los dos. ¡Pídeselo!

Eso era más fácil de decir que de hacer.

Tina pasó unos días intentando concentrarse en el trabajo. Pero cada vez que lo conseguía, se cruzaba con Jock, con su bata blanca y sus ojos oscuros brillantes por las bromas de cualquier enfermera. Desde luego era verdaderamente encantador…

Christie tenía razón, decidió Tina. Jock era el hombre más atractivo que se había encontrado en su vida y no iba a conseguir nada de él a menos que lo intentara.

“¡Así que pídeselo! Ánimo, Tina”, se dijo a sí misma. Y fue lo que hizo. Una tarde lo esperó en la sala de los recién nacidos. Tina lo vio a través del cristal, yendo de una cuna a otra, repasando los historiales.

¡Le encantaban los niños! Tina observó la expresión de su rostro cuando tomó a Marguerite Wardrop en sus brazos, creyendo que nadie lo veía, y comprendió en ese momento que era una estupidez que se negara a tener una familia. El deseo lo llevaba escrito en los ojos. Seguramente tenía miedo. Para Jock no había demasiados niños en el mundo, había demasiados pocos.

Sería un buen padre, el mejor, pensó Tina. Sería el mejor amante.

“¡Pídeselo!”.

Tomó aire y abrió la puerta de la sala corriendo, antes de que sus piernas le empezaran a arder allí mismo.

– Hola.

– Hola -dijo, colocando a la niña en su cuna. Le ajustó las sábanas y luego miró el reloj-. ¿Qué haces todavía en el hospital?

Desde luego no era un buen recibimiento.

– Trabajo aquí. Me contrataste de nuevo, ¿te acuerdas?

– Quiero decir que tu hora de salida es a las siete -dijo, mirando el reloj como si le hubiera traicionado-. Ahora son las ocho.

– Ya lo sé. Me he quedado para verte.

Parecía difícil que la expresión de su rostro pudiera ponerse más hermética, pero así fue.

– ¿Porqué?

– Parece que no estás de muy buen humor.

– Estoy muy ocupado.

– Claro. Ya entiendo. Tan ocupado que tienes tiempo para acunar a cada uno de esos bebés. Es un horario muy apretado, desde luego.

– ¿De qué quieres hablar?

– De nuestra segunda cita.

Eso no gustó a Jock. Tina vio en sus ojos una expresión que no estaba segura de entender.

– Es sólo una boda. Necesito un acompañante y no puedo llevar a Peter.

– ¿Por qué no puedes llevarlo?

– Porque nos hemos separado. ¿No es triste? Llevábamos saliendo casi un año y ahora nos damos cuenta de que no hemos nacido el uno para el otro.

– ¿Por qué no?

– Peter quiere una esposa e hijos y yo no quiero ser esposa y madre -dijo. Lo cual era cierto, o por lo menos no con Peter-. Quiero divertirme un poco, Jock, mientras soy joven para disfrutarlo.

– ¿Sí?

– Sí.

La muchacha se inclinó sobre el pequeño Cameron Croxton.

– La ictericia de Cameron está mucho mejor -dijo-. Ahora parece moreno, en vez de tener el aspecto de quien ha comido demasiado azafrán.

– Sus niveles de bilirrubina están bajando.

– ¿Se irá pronto a casa entonces?

– Sí…, pero su padre quiere que le hagamos la circuncisión.

– ¿Tan pronto?

– Dice que su hijo no estará completo hasta que se la hayan hecho. Me imagino que se la tenemos que hacer nosotros, o si no lo harán por otros medios, pero no me gusta. Especialmente ahora que ha estado tan enfermo. Todavía no ha pasado la ictericia.

Tina asintió con una sonrisa.

Antiguamente se hacía la circuncisión a los recién nacidos sin atender a su estado. Se creía que la operación no afectaba a los bebés, pero sí afectaba. Podía provocarlos incluso un estado de shock y, en algunos casos, una infección que acababa en muerte.

Así que si tenía que ser hecho, era mejor por un doctor competente y usando anestesia local, en vez de que los padres buscaran a otro médico cualquiera y lo hicieran en peores condiciones.

Tina tornó al pequeño Cameron y le dio un beso.

– Ya sé que es doloroso, pero el doctor Blaxton es un gran profesional. El mejor. Te cuidará.

La muchacha alzó los ojos y miró a Jock.

– En cuanto a esa boda…

– Tina…

– Jock, ¿te da miedo?

Jock abrió mucho los ojos sorprendido.

– ¿Qué me dices? -continuó Tina.

A pesar de la situación, Jock esbozó una sonrisa.

– Tina, en los ambientes donde yo me crié, no se consideraba de buena educación que las mujeres jóvenes pidieran a los hombres una cita… y si el hombre se negaba se consideraba de mucha menos educación que ella lo llamara cobarde.

– Entonces tengo suerte de no ser una mujer joven -replicó Tina desafiante-. La boda es el sábado a las cuatro. No estarás de guardia, ya lo he mirado. De todos modos la ceremonia y la fiesta serán muy cerca de aquí. Yo seré la madrina así que tú tendrás que estar con los otros invitados cuando yo tenga que cumplir con mi deber. Sólo estaremos juntos en la cena. ¿Y quien sabe? Puede que te diviertas.

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