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Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:

El doctor Jock Blaxton era un estupendo obstetra y adoraba a cada niño que ayudaba a traer al mundo. Sin embargo, su pasado le impedía tener uno propio. Su relación con las mujeres era muy problemática. No solía salir más de dos veces con ninguna, pero la doctora Tina Rafter, que llegó para cuidar a los hijos de su hermana y comenzó a trabajar en el hospital de Gundowring, lo deslumbró.
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
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– Hay una nueva persona en el mundo debido a lo que ha pasado hoy -añadió suavemente-. Una pequeña llamada Marguerite Wardrop cuya madre se pondrá bien gracias a ti, Jock.

La mano femenina continuó acariciando al hombre, tratando desesperadamente de suavizar su dolor.

– Puede que no seas capaz de salvar al mundo, Jock, pero has contribuido esta noche con una familia. También has contribuido con mi hermana y creo que eres maravilloso. ¿Qué más esperas de ti mismo?

No hubo respuesta. Jock estaba rígido y silencioso a su lado, con el rostro todavía embargado por el dolor. De repente Tina no pudo soportarlo. Aquel hombre tenía un pasado lleno de fantasmas que no le dejaban vivir consigo mismo, que no le dejaban avanzar.

¿Qué clase de padres podían fomentar un sentimiento de culpa tan cruel? se dijo Tina. Culpar a un niño por la muerte de su madre era horrible, significaba, además, infundirle un sentimiento que le iba a aislar de los demás para toda la vida. No había nada que pudiera borrar su dolor, pero sí podía consolarlo. Entonces lo acarició con ambas manos. El cabello era espeso y rizado y su roce produjo en ella un sentimiento placentero que la recorrió por todo el cuerpo. Era maravilloso acariciarlo.

Luego lo atrajo hacia sí hasta que la cabeza de él casi rozó su pecho, bajó el rostro, le tomó de la barbilla y lo besó.

Capítulo 6

SE SUPONÍA que iba a ser un beso de consuelo. Nada más.

Pero lo que había entre Jock Y Tina no era un sentimiento de consuelo sino un volcán en erupción. En el momento en que los labios de Tina se encontraron con los de Jock, el mundo entero cambió. O se detuvo. ¿Qué estaba sucediendo? Era una locura, pensó Tina desesperadamente, mientras notaba la pasión que se encendía entre ellos, alegre al ver que todo se había arreglado, emocionada y apenada por aquel hombre alto de rostro hermoso, cabello suave, ojos llenos de amor y un pasado lleno de fantasmas…

¡Pero ahí se terminaba todo! Se dijo a sí misma. Había sentido pena por él. ¡Únicamente eso! A pesar de que pena no era el sentimiento que golpeaba su cuerpo en ese momento sino puro deseo. Los labios de Tina descendieron sobre los de Jock y él no había querido ser besado… estaba segura de ello. Fue solo que él estaba agotado y confuso, sin fuerzas para protestar o negarse… y de repente una luz le golpeó y golpeó a Tina al mismo tiempo, y los unió con la fuerza de lo inevitable.

Tina se derretía por dentro. Sentía un fuego que comenzaba en los labios y bajaba quemándola hasta los pies, para subir de nuevo. La llenaba hacia delante y hacia atrás, con oleadas que se movían por todas partes. Mientras sus muslos gritaban con una necesidad que no había conocido hasta entonces.

Las manos de Jock se movían despacio. Subían hacia arriba, como si tuvieran voluntad propia, y tomaron su cintura, acercando su cuerpo, colocando los muslos de ella contra los suyos. Tina se iba deslizando del banco donde estaba sentada para apretarse contra él. Sus labios suaves se separaron, pidiendo a Jock que hiciera el beso más profundo. De repente sacó la lengua, buscando la lengua de él, pidiendo que entrara en su humedad secreta.

¡Jock! ¡Le temblaban los pies sólo de pensar en él, de sentirlo! El cuerpo entero de Tina temblaba como una antorcha encendida que se consume. Una llama que toma el calor de él y le ofrece su propio calor. Jock… ¡Dios mío, Jock!

¿Qué le estaba sucediendo? ¡Lo sabía! Lo sabía perfectamente. Ese sentimiento no le había sucedido a Tina jamás, pero era inconfundible. Ese era su hombre, y allí estaba su lugar.

Jock…

Pero él no la deseaba, no deseaba a nadie. Y aún así… Entonces Jock la apartó un centímetro, dos centímetros… Tina gimió, pero no insistió. Se aferró a su orgullo y se apartó más… a la vez que aquellos ojos oscuros la observaban.

Los ojos de Jock eran casi acusadores, pero Tina no apartó la mirada ni un segundo. Lo miró a su vez con firmeza, sin vacilaciones. No estaba avergonzada de haber besado a aquel hombre. ¿Cómo iba a estarlo? Le estaba sucediendo algo que no entendía, que no tenía esperanzas de entender porque era nuevo para ella, y comenzaba a preguntarse hacia dónde la llevaría.

Era un sendero que nunca antes había pisado, pero estaba segura de que quería que continuara.

– No -dijo Jock, con voz entrecortada.

– ¿No? -repitió Tina-. ¿No quieres violarme en el quirófano, cariño? ¡Caramba! Eso es lo que creí hace un momento -añadió, con una risita.

Los ojos de Jock brillaron. Su cuerpo se puso rígido y por un momento Tina creyó, esperó, que la tomara de nuevo.

Pero Jock había recuperado el control y no deseaba mujeres. No de manera seria. No para siempre.

– Tina… Yo… lo siento.

– ¿Sientes haberme besado? -Tina se echó hacia delante para darle un beso breve en los labios. Él no respondió, ni siquiera se movió. Simplemente se quedó mirándola con ojos pensativos-. No eres muy amable.

– No quise ser amable. Yo sólo…

– Lo sé. No tienes en mente una relación seria -dijo Tina, esforzándose por parecer alegre-. Lo sé. Yo tampoco, claro. ¿Recuerdas a Peter?

Eso hirió a Jock e hizo que la rabia apareciera y lo salvara.

– ¿Peter?

– Sí, Peter -dijo Tina, esbozando una sonrisa.

La rabia de Jock aumentó.

– ¿Quieres decir que besas así a un hombre cuando tienes una relación estable con otro?

– Sólo si eres tú.

– ¿Qué demonios quieres decir con eso? -preguntó Jock, con los ojos brillantes por una mezcla de rabia y pasión.

– Lo que he dicho. Que nunca he besado así a un hombre y no sé por qué lo he hecho contigo. Si me lo puedes explicar, te lo agradezco. Soy toda oídos.

Silencio.

Tina finalmente recuperó el ánimo para besarlo de nuevo. Esta vez sin pasión.

– Jock, déjalo -dijo, tras el tímido intento, pensando que se estaba enamorando perdidamente de él. Pensando también que si se lo decía, Jock era capaz de salir corriendo y no parar en horas-. Está claro que somos capaces de crear una buena corriente eléctrica. Quizá… -suspiró al ver la mirada de él-. Será mejor que primero vayamos a ver si está bien Marguerite Wardrop y luego nos vayamos a la cama.

– A la cama…

– Quiero decir a nuestras respectivas habitaciones -dijo Tina, sin poder evitar cierto tono de enfado. ¿Cómo se atrevía? Ese hombre se comportaba como un monje y luego la hacía sentirse a ella como una prostituta-. ¿Qué otra cosa querría decir? ¿Recuerdas que tengo una relación con Peter que me hace feliz?

Sólo que no era cierto.

No hablaron de otra cita. Tina tampoco se hacía ilusiones de que Jock quisiera verla de nuevo, aunque le costaba dejar las cosas así. Le era imposible. Pasó la semana siguiente intentando saber cuáles eran sus verdaderos sentimientos, e intentando, a la vez, evitar a Jock Blaxton, sin poderlo conseguir. Una noche en que él tuvo que atender un parto de gemelos y a una mujer que sufría una hemorragia, tuvieron que trabajar juntos. Jock estuvo serio y distante, rígido. Hacia el final de la semana, Tina creía que se iba a volver loca.

¡Estaba completamente enamorada! De alguien que no quería tener ningún tipo de relación con ella. Pero no era propio de Tina volverse loca en silencio. Si se volvía loca, lo haría con clase y lo haría con honor. No podía seguir con Peter, ya no. No cuando sabía lo que era ser besada por un hombre como Jock.

Lo más probable era que Jock no quisiera volver a besarla en su vida. Pero ella ya sabía lo que era un beso apasionado y sabía que los besos de Peter iban a ser una mala copia. Peter la llamó la noche después del baile y ella intentó interesarse en lo que pasaba en Sydney. Luego Peter trató de interesarse por lo que pasaba en Gundowring, pero tampoco funcionó.

Así que Tina dio un suspiro y dijo que ya que estaban tan lejos y se veían tan poco, sería mejor separarse y darse el uno al otro la posibilidad de conocer a otras personas. Apenas le molestó cuando notó el alivio en la voz de Peter al aceptar. Peter y ella no habían tenido un compromiso largo, pero había sido una relación buena para ambos. ¿Y ahora qué iba a ser de ella?

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