Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
Todo imprevisible… ¡Cuan cierto era! Los acontecimientos lo demostraban a diario y podían cambiar radicalmente en cualquier momento. Desde primeros de año habían ocurrido unas cuantas cosas que invitaban a Manolo y Esther a cierto optimismo: los éxitos ingleses en Grecia y en África del Norte, que habían traído consigo la dimisión del mariscal Graziani y habían llevado a Churchill a citar en una alocución el séptimo capítulo del Evangelio de San Mateo: Pedid y os será dado; buscad, y encontraréis; llamad y se os abrirá; la existencia en Londres de lo que el general De Gaulle llamaba "una Europa en miniatura", compuesta por un núcleo de gobiernos exiliados -el de la propia Francia, el de Polonia, el de Noruega, el de Bélgica, el de Holanda, el de Luxemburgo, el de Checoslovaquia…-, que se habían juramentado para proseguir la lucha hasta la liberación de sus patrias respectivas; el hecho de que el asalto a la capital británica no se producía ¡y la afirmación de Roosevelt según la cual los Estados Unidos ayudarían a su hermana Inglaterra en forma completa y sin condiciones, a cuyo fin iniciaba la construcción de veinte mil aviones!
Pero la otra cara de la medalla estaba ahí…, como en la procesión del Viernes Santo estaban la Andaluza y sus pupilas contemplando el paso de Jesús yacente… Alemania había firmado otro tratado con Rusia, vigente hasta agosto de 1942. Yugoslavia y Bulgaria se habían adherido al Pacto Tripartito. El ministro japonés Matsuoka había anunciado su visita a Europa. Y, sobre todo, Hitler, el sempiterno Hitler, había pronunciado otro discurso de rotundidades épicas, prometiendo a sus súbditos "próximos acontecimientos de importancia trascendental". "Cuando miro a mis adversarios de otros países -había dicho el Führer-, no temo dar mi opinión. ¿Qué son esos pobres egoístas? Grandes especuladores que no viven más que de los beneficios que sacan de esta guerra. En esas circunstancias no puede haber bendición para ellos. Alemania, en un plazo cortísimo de tiempo, les dará una lección que no olvidarán jamás". Claro que esas amenazas eran el pan nuestro de cada día. Pero esta vez la cosa parecía ir tan en serio como con ocasión de la campaña de 1939. Efectivamente, todo indicaba que, ante el fracaso italiano, Alemania se disponía a invadir los Balcanes y tomar el mando de las operaciones en el desierto africano. Un nombre empezaba a sonar: el del general Rommel… ¿Qué ocurriría si Hitler se salía con la suya y ocupaba Grecia, Egipto… y el Canal de Suez? ¿Por dónde Inglaterra -por dónde Mr. Edward Collins- podría evitar la catástrofe que se cerniría, sin que el adversario tuviera ya enemigos a la espalda, sobre su territorio?
– Mis queridos Manolo y Esther -concluyó el padre Forteza-, no queda más remedio que continuar a la espera. Y ahora, si queréis, por esta escalera interior saldréis a la capilla del Santísimo, que es el Ünico que todo lo puede…
En cuanto a Agustín Lago, quien desde su choque con el profesor Civil visitaba al padre con frecuencia, era tal vez la persona que más tranquila salía de sus consultas con el jesuíta. Y es que la preocupación del militante del Opus Dei no se refería a aspectos raciales, ni nacionalistas, ni militares, sino religiosos. Y ahí las respuestas podían ser contundentes.
– Calumnias, amigo Lago… Meras calumnias. Pío XII hace honor a su pontificado, nada más. Es cierto que siente por Alemania una simpatía basada en su larga estancia en aquel país: trece años de nuncio apostólico… Nunca lo ha negado y es lo único que ha dejado traslucir en sus declaraciones. Pero nadie puede probar que ello haya condicionado en ningún momento su actividad diplomática con respecto a la guerra. Primero procuró evitarla; luego ha enviado mensajes de consolación a todos los países que se han visto envueltos en ella; y ahora dedica sus esfuerzos a impedir su extensión y a ayudar a las familias de los prisioneros y de los desaparecidos. ¿Por qué no ha condenado oficialmente las invasiones territoriales de los nazis? No soy quién para juzgarlo… Sin embargo, imagino la razón: en Alemania hay unos cuarenta millones de católicos… Si el Papa rompiera los lazos de convivencia entre la Iglesia y el III Reich, ¿cuál sería la réplica de Hitler? Podría ser catastrófica. ¿No lo crees, hijo? El Papa le daría al Führer el pretexto para obrar con la Iglesia alemana como ha obrado con esos sacerdotes polacos…
La argumentación era convincente para Agustín Lago. Lo cual no significaba que fuera consoladora. Agustín Lago hubiera deseado que el Vaticano estuviese en condiciones de condenar abiertamente las ocupaciones de los nazis, pues la Nueva Europa de que éstos hablaban no le producía a él la menor ilusión, habida cuenta de que no creía, como lo creía Himmler, que la "casta nórdica" fuera la Orden de la Sangre Preciosa. Con permiso de Amanecer, más bien creía lo contrario. En eso estaba de acuerdo con el profesor Civiclass="underline" tenía fe en los hombres nacidos en el Mediterráneo. Prefería el idioma latino a los idiomas alemán e inglés. Prefería el Derecho Romano a la filosofía de Schopenhauer y a las ironías de Bernard Shaw. Y le producía un temor inmenso -tanto como a Manolo y a Esther, y como al notario Noguer- la posibilidad de que los alemanes ocupasen Atenas y se hicieran retratar frente a la Acrópolis.
El padre Forteza, con frecuencia, al quedarse solo, especialmente después de celebrar misa, se preguntaba a sí mismo: "Bueno… ¿y a santo de qué me consultan todo esto? ¿No estaré pecando de autosuficiencia, de vanidad? ¿Qué valor tiene que haya dialogado en el Hospital con dos docenas de refugiados, que haya viajado un poco y que me haya leído el credo de Rosenberg? Puedo equivocarme. Corro muy bien el peligro de interpretar erróneamente los hechos…"
Entonces volvía a sentir la tentación de dedicarse a los pobres, de irse a un suburbio y de dar de comer a la gente y enseñarla a leer y a multiplicar… como hacía César. Ahora bien, ¿no eran, en cierto sentido, igualmente pobres cuantos acudían a consultarle? ¿No necesitaban resolver sus dudas tanto como los estómagos necesitaban comer?
– Bien, bien… Vamos a proceder por orden. Primero, lavarme estos calcetines. Luego, cumplir lo que le prometí a Pablito: apretarme un poco más el cilicio…
El mes de abril dio la razón al padre Forteza… y a Hitler: la situación dio un viraje de noventa grados.
En poco más de tres semanas las tropas del Führer obligaron a los ingleses a retirarse del sudeste europeo. Un nuevo Dunkerque… Soldados alemanes, entre los que figuraba el comandante Plabb, forzaron el paso de las Termópilas, se derramaron por la llanura de Tesalia, ocuparon Atenas y clavaron la cruz gamada en la cumbre del monte Olimpo. Mientras, en el mar, el acorazado Bismark hundía al crucero inglés Hood, el buque de guerra más grande del mundo…
Entonces dejó de opinar el padre Forteza y opinó el general Sánchez Bravo. El general Sánchez Bravo dijo simplemente: "El ejército alemán ha demostrado una cosa: que es invencible".
Se lo dijo al coronel Romero, a los capitanes Arias y Sandoval, a doña Cecilia, a Nebulosa y por último a su propio hijo, el capitán Sánchez Bravo, de quien el general no tenía de un tiempo a esta parte la menor queja.
El capitán Sánchez Bravo asintió con la cabeza:
– Es cierto, papá…
Y advirtiendo que éste ofrecía un aspecto eufórico, el capitán se preguntó si no sería el momento de soltar algo que le quemaba la lengua desde hacía unas semanas. Miró al general y le dijo:
– Hablando de otra cosa… ¿Por qué demoras tanto la construcción de los nuevos cuarteles? ¿No crees que esa nueva Sociedad, Emer, podría encargarse de ello? Su director-gerente es el hijo del profesor Civil…