Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
1 ... 170 171 172 173 174 175 176 177 178 ... 219
Перейти на страницу:

El general Sánchez Bravo contestó:

– Lo estoy pensando, desde luego. Emer se ha presentado a la subasta. Construye un poco más caro que esos diputados izquierdistas con los que andabas liado, pero parece que trabajan con honestidad.

– ¡Bueno! -comentó el capitán, alzando con estudiada displicencia los hombros-. No sé hasta qué punto hay alguien que trabaje hoy con honestidad…

– ¿Por qué no ha de haberlo? -protestó el general-. ¿O es que crees que toda España se ha contagiado de la corrupción de los banqueros de Wall Street?

– Toda España, no; pero ya sabes… De todos modos, el hijo del profesor Civil tiene un dato a su favor: en Barcelona, en su Academia de Idiomas, se negó rotundamente a enseñar inglés.

– ¿Hablas en serio?

– Me lo dijo su padre, el profesor.

El general bamboleó la cabeza.

– ¡Pues mira por dónde es un detalle que no está mal!

CAPÍTULO LIII

Los días se alargaban. La luz diurna se resistía a desaparecer, como los griegos habían resistido a la invasión alemana, hasta el punto que algunos soldados, antes que rendirse, se habían suicidado tirándose al mar desde lo alto de una roca, envueltos en la bandera nacional.

Era la primavera. Una primavera que se anunciaba espléndida. Los gerundenses, después del duro invierno, comprobaban con alegría que el sol empezaba a resbalarles con fuerza sobre la piel. Mosén Alberto, en una de sus "Alabanzas al Creador", recordó a sus conciudadanos que en la visión romana el animal que simbolizaba el invierno era el lobo y que por ello, al llegar la primavera, en muchos pueblos de la montaña los pastores simulaban entrar en una cueva y matar a dicho animal, símbolo de que sus ovejas estarían a salvo.

Mosén Alberto no había escrito este comentario porque sí. Había advertido que lo que más gustaba a los lectores era que les hablara de temas históricos-costumbristas. Sobre todo a los lectores de edad madura. Y es que la gente un poco mayor echaba de menos muchas cosas de antaño, que con la guerra civil se habían perdido. La frase "recuerdo que antes de la guerra…", adquiría muchas veces, al margen de lo político, un significado de nostalgia.

En aquella primavera, cuyos acontecimientos a escala mundial no pudieron impedir que la vida minuciosa y cotidiana prosiguiese, mosén Alberto se situó, gracias a Amanecer, en un primer plano, porque, basándose en las excursiones domingueras que las familias empezaron a organizar a las ermitas y a las montañas -por cierto, que por fin Cacerola consiguió que Ignacio se decidiera a oxigenarse y a salir de la ciudad-, el sacerdote optó por publicar en su Sección sistemáticos comentarios sobre las comarcas visitadas y sobre Cataluña en general. Su éxito lo resarció en parte del sacrificio que suponía para él tener que celebrar la misa de los cazadores a las cuatro de la madrugada, hora que el sacerdote, con vigoroso acento humorístico, seguía calificando de "inmoral".

Gracias, pues, a la erudición de mosén Alberto, súpose en Gerona que, en otros tiempos, en las poblaciones amuralladas era costumbre, llegado el primer día de Cuaresma, cerrar con una sábana las puertas de entrada a la ciudad, considerándose pecadores a los que en aquel momento se encontraban en el exterior. Al efecto, mujeres vestidas de brujas y con la cara arrugada se situaban en dichas puertas y, en cuanto veían regresar a uno de dichos pecadores, al tiempo que levantaban la sábana para dejarlo pasar, lo imprecaban con palabras durísimas y con maldiciones.

Mosén Alberto habló también de la ceremonia según la cual en las ermitas en que había una imagen de la Virgen, si ocurría que en un determinado día festivo ésta no recibía ninguna visita, los pájaros del lugar reemplazaban a los hombres y se las ingeniaban para entrar en la capilla y cantarle dulces cánticos a María. Tal leyenda entusiasmó al señor obispo. El doctor Gregorio Lascasas, en un alarde de humildad, comentó: "Nunca, en Aragón, había oído nada tan bonito…"

También llamó la atención el comentario referente al Domingo de Pascua. En Gerona acababa de celebrarse sin ningún rasgo especia!, aparte de la alegría callejera y las "monas" y los "huevos" en las pastelerías. Pero, al parecer en otros tiempos era costumbre, además de eso, balancearse y mecerse a lo largo de la jornada… Según mosén Alberto, durante mucho tiempo, el día de la Resurrección del Señor los excursionistas ataban cuerdas en los árboles y se balanceaban en ellas; había cola en los columpios; los abuelos mecían a sus nietos en las rodillas; las jóvenes mamas mecían a sus bebés en la cuna, con mucha más pasión que en el resto del año. Al parecer se concedía a esta ceremonia un valor mágico de fecundación. El balanceo favorecía y aceleraba la germinación y el crecimiento de las plantas y de los frutos.

También, gracias a mosén Alberto, la primavera en el mar tuvo su comentario en Amanecer. Según el sacerdote, antiguamente, llegado el mes de mayo, los pescadores en el litoral remendaban sus redes preparándose para la nueva campaña y las teñían con colores vistosos, al tiempo que silbaban melodías distintas según el color, pues cada uno tenía su significado y su virtud. Asimismo, en las romerías marineras de la época era costumbre habitual romper alguna vasija o plato utilizado en la comida al aire libre y enterrarlo luego, con la esperanza de reencontrar los pedazos al año siguiente. Este detalle llamó la especial atención de Cacerola, el cocinero, quien, en presencia de Ignacio, el día en que ambos subieron a Rocacorba, después del almuerzo quebró por la mitad y enterró a los pies de un arbusto la tosca vajilla que habían llevado consigo, lo que dio lugar a que el bonachón inspector de la Fiscalía de Tasas, romántico y enamoradizo, preguntara después de hacerlo: "De todos modos ¿tú crees que el año próximo estaré yo aquí todavía?".

Ignacio no dejaba de enviar ninguno de esos recortes de Amanecer a Ana María, pues sabía que con ello haría las delicias de la muchacha. Y acertaba. Ana María devoraba los artículos de mosén Alberto y en sus cartas se las ingeniaba para relacionarlos con su amor, amor según ella más potente que el sol, puesto que no se limitaba a resbalarle sobre la piel.

Sí, Ignacio. Me gusta que te vayas de excursión con tu amigo Cacerola. La primavera… es eso: la primavera. Barcelona se ha transformado también. Los jardines han florecido y la gente sonríe por las calles. En cuanto a mí, lo que son las cosas: me ha dado por columpiarme, como hacían los antiguos gerundenses. Y también he sentido deseos, vivos deseos, de mecer lo antes posible, en alguna hermosa cuna, a un hermoso bebé. ¡Y de teñir de color de rosa, como hacían los marineros, la red con que te tengo aprisionado!

Resultó chocante que esas cartas de Ana María y los artículos de mosén Alberto impresionaran tanto a Ignacio. Cacerola le decía: "Es la montaña. ¿Te das cuenta? Tenía yo razón". Tal vez sí… Ignacio, en la ciudad, veía al pueblo catalán sometido a concupiscencias como cualquier otro pueblo; pero, en esas salidas, al contemplar las colinas y los prados salpicados de aldeas y de riachuelos, tuvo la sensación de que había allí una verdad superior a Sarró y Compañía y a los trapicheos con el volframio y el algodón. Y de que, en efecto, Carlota tenía razón cuando le decía a Esther que la raza catalana era muy antigua, de mucha tradición y el fino producto de una cultura ascendente. Jaime, el librero, al tiempo que sacaba cinco gruesos volúmenes de historia que tenía escondidos debajo del mostrador, le dijo: "No te equivocas, Ignacio. Y si quieres convencerte de ello, llévate estos libros…Te los envolveré, por si te tropiezas con el comisario Diéguez y el gachó, como diría tu padre, está de mal humor. Y como siempre, me los vas pagando a plazos, cuando quieras…"

Primavera y amor… De acuerdo con lo previsto, se casaron Jorge de Batlle y Chelo Rosselló. El doctor Andújar le dio el último empujón al muchacho, convenciéndolo de que necesitaba además de una esposa que lo cuidara, tener hijos, que le darían la sensación de que no todo había terminado.

1 ... 170 171 172 173 174 175 176 177 178 ... 219
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)