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Электронная книга - «Por arte de magia». Краткое содержание книги:

No era la gripe. Nicole estaba embarazada. Y no recordaba haberse acostado con ningún hombre en los últimos cuatro años. ¿Era posible que hubiese tenido relaciones con Mitch, su empleado… en unas circunstancias poco claras? En efecto, ella no se acordaba, pero así había sido. Y su caballero andante acabó rindiéndose a sus pies.
La propuesta de Mitch estaba motivada por el deber, pero en sus ojos brillaba una pasión auténtica… ¿Podía un matrimonio forjado por el bien de un futuro hijo convertirse en un amor de cuento de hadas entre la Bella Durmiente y su Príncipe Azul?
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– Y supongo que no es posible -dijo Nicole.

– En ese punto hay una viga que sostiene la estructura. Martha no parece entenderlo.

– Mmm -Nicole estudió el plano-. Bueno, quizá la solución esté en cambiarlo todo. Poned la puerta principal orientada hacia el este, y rehaced el sendero de entrada y la plaza de aparcamiento.

Rafe enarcó las cejas.

– Por mí no hay problema, pero se trata de una renovación radical. Le costará una fortuna.

– Cierto. Lo ideal es no cargarles gastos innecesarios a los clientes, pero no veo nada malo en presentarle la alternativa, Rafe. A ella le toca decidir. Además, creo que queda una opción más… -Nicole se llevó la mano al abdomen repentinamente. Por un segundo, experimentó una sensación extraña. ¿Sería el bebé? ¿O simplemente lo había imaginado?

Rafe reparó en el movimiento.

– ¿Te encuentras bien?

– Sí. Como te decía… -Nicole volvió a inclinarse sobre el plano, pero Rafe no se dejó distraer.

– ¿Quieres que avise a Mitch?

Ella se enderezó sorprendida.

– ¿Cómo has dicho?

Rafe hizo una pausa, y luego fue directo al grano.

– Vamos, Nicole. Todos sospechábamos lo que te pasaba. Llevas semanas sin probar una taza de café. Tus almuerzos parecen sacados de los anuncios de una herboristería. Pero supusimos que nos contarías lo del embarazo cuando te sintieras preparada.

– Así que sospechasteis que estoy embarazada.

– Sí, todos. Y nos alegramos por ti. Pero si quieres seguir manteniéndolo en secreto por ahora, no hay problema. Lo único que me gustaría decirte es que… bueno, nunca has comentado nada sobre tu familia, así que parece obvio que no tienes parientes cercanos. Si necesitas ayuda, todos te la brindaremos en cuanto la pidas.

Cuando Rafe se hubo marchado, Nicole se derrumbó en la silla del despacho, atónita. Que la plantilla hubiera deducido ya que estaba embarazada era una sorpresa. Pero Rafe se había referido concretamente a Mitch al preguntarle si debía avisar a alguien. Sumando dos y dos, llegó a la conclusión de que sus colaboradores también sabían que Mitch era el padre.

Así pues, debía tomar una decisión rápidamente.

Nicole se frotó el vientre con la mano, sabiendo que sólo había una solución posible. Antiguamente, un hombre se sentía obligado por el honor a casarse con una mujer en apuros. Pero corrían otros tiempos. Y, en realidad, aquel embarazo podría acarrearle a Mitch unos problemas que sólo se solucionarían de una forma. Ella no iba a permitir que la gente pensara que era un hombre frío o irresponsable por abandonar a una mujer embarazada.

Por añadidura, el niño necesitaba el cariño de un padre, y negarle a Mitch esa posibilidad se le antojaba injusto y erróneo.

Nicole se levantó presurosa de la silla, notando que la ansiedad y la determinación aceleraban su pulso. No estaba segura de que Mitch pudiera amarla. No estaba segura de qué hacer con las emociones poderosas y turbulentas que él despertaba en ella. Pero debía hacer lo que consideraba más honorable y darle a Mitch una oportunidad.

Mitch tenía los pies colocados encima de la mesa, unos prismáticos en el regazo y el teléfono en una mano. Los prismáticos eran para contemplar a las ballenas, lo cual era una suerte de religión en la costa de Oregón, y generalmente sentaba bien a los nervios. Sin embargo, había atisbado a un par de ballenas grises hacía media hora, y luego había tenido que dejarlo por la conversación telefónica. El cliente potencial que se hallaba al otro lado de la línea era una peluquera.

Personalmente, Mitch no tenía nada contra el gremio de la peluquería. Además, la señora Burkett era una persona de trato fácil. Aunque hablaba como una cotorra. Necesitó más de media hora de agotadora charla para expresar exactamente lo que deseaba. Poseía un próspero salón de peluquería y tenía la intención de reformarlo por completo para hacerlo más moderno y confortable.

– Sí, ya le comprendo… y, sí, a eso exactamente nos dedicamos, señora Burkett. Debo reconocer que no estoy muy familiarizado con la decoración de los salones de peluquería, pero seguro que Nicole sí. Podríamos ir a echarle un vistazo al suyo y luego elaborar un diseño…

Al ver que Nicole irrumpía bruscamente por la puerta, el corazón le dio un vuelco. De repente, su despacho de tonos grises se iluminó con un destello de color. El vestido verde que llevaba era nuevo, se dijo Mitch, y contrastaba con el castaño rojizo de su cabello. Pero fue su rostro congestionado lo que le llamó la atención.

Había tratado de llamarla una docena de veces, pero nunca estaba en casa. Lo sucedido la noche del sábado preocupaba a Mitch sobremanera. No en vano, los filetes de ternera habían fracasado tan miserablemente como las patas de cangrejo y los camarones. Pero el asunto de la comida era, simplemente, un detalle secundario. En realidad, Mitch tenía la impresión de estar fracasando en lo que era la prueba más importante de su vida. Cada vez que había intentado demostrarle a Nicole que era un hombre capaz y responsable, había metido la pata hasta el fondo.

– Sí, señora Burkett… De acuerdo, de acuerdo, podemos fijar una fecha desde ahora mismo. Tendré que consultarlo con los demás, pero… -Mitch hojeó el calendario, en busca de un hueco, pero su mirada no dejaba de desviarse hacia Nik. El vestido suelto realzaba sus senos, cada vez más generosos. Y a Mitch su cuerpo ya le provocaba ataques de lujuria cuando estaba prácticamente liso como una tabla. Sobrevivir a aquel embarazo no sería tarea fácil. Además, sus ojos parecían más oscuros y enormes que nunca-. De acuerdo, muy bien -dijo bruscamente-. El próximo jueves a las tres de la tarde -colgó sin despedirse, algo que jamás había hecho con ningún cliente. Y el rostro de Nicole pareció sonrojarse todavía más.

– ¿Un nuevo cliente? -inquirió.

– Sí. Cuando le diga a Rafe que es una peluquera, le dará un ataque. Pero, bueno, eso puede esperar. Es obvio que deseas hablarme de algo.

– En efecto. Mitch… -Nicole respiró muy hondo-. Sé que no es el lugar ni el momento adecuado, pero, al fin y al cabo, siempre sufrimos alguna interrupción cuando intentamos hablarlo. Te lo diré sin ambages. Si de veras quieres casarte… estoy de acuerdo.

Mitch bajó los pies al suelo. Ella siguió hablando atropelladamente.

– No pasará nada si dices que no. No quiero que te sientas obligado. Y estaría más que dispuesta a establecer un horario de visitas para que vieras al niño, si lo prefirieras así. Pero creo que lo del matrimonio tiene muchas ventajas. Por un lado, el niño tendría un apellido. Y tú podrías ser su padre a todas horas. La verdad es que parecemos llevarnos bien, Mitch. Compartimos muchos valores e ideas…

Por suerte, Nicole no se detenía ni a cobrar aliento, pues Mitch no se veía capaz de decir nada aunque la vida le fuera en ello.

– … Me doy cuenta de que no me amas. Pero tú mismo dijiste que el amor puede cultivarse poco a poco. Naturalmente, si crees que nunca podrías llegar a quererme…

– Sí -balbució él.

– ¿Sí?

Mitch trató de despegar la lengua del paladar y explicó:

– Sí, creo que casarnos es una buena idea. Por los motivos que has expuesto.

Nicole volvió a tomar aliento, expiró, y luego dijo:

– Muy bien -después de lo cual, salió de nuevo por la puerta como una exhalación.

A Mitch se le descolgó la mandíbula. Diablos, ¿era posible que hubiese soñado despierto que Nicole entraba por la puerta y le proponía matrimonio? Era lunes por la mañana, y llevaba varias noches sin dormir bien.

Pero Nicole volvió a asomarse por la puerta, real y radiante como un rayo de sol.

– Ya que debemos hacerlo, Mitch, hagámoslo cuanto antes. No suelo actuar impulsivamente. Pero si nos casamos, nuestros familiares, amigos y conocidos creerán que hemos tenido este hijo porque lo deseábamos.

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