Por arte de magia
- Автор: Грин Дженнифер
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Por arte de magia». Краткое содержание книги:
La propuesta de Mitch estaba motivada por el deber, pero en sus ojos brillaba una pasión auténtica… ¿Podía un matrimonio forjado por el bien de un futuro hijo convertirse en un amor de cuento de hadas entre la Bella Durmiente y su Príncipe Azul?
– Mamá, hoy quiero comunicaros una noticia. Voy a casarme. Se llama Mitch Landers. Llevamos algo de tiempo trabajando juntos, y no puede ser un hombre más maravilloso.
Hubo silencio durante unos segundos.
– Pues sí que es una noticia. Ni tu padre ni yo creíamos que pudieras sentar la cabeza alguna vez -otra pausa-. Lo primero que preguntará tu padre es si estás embarazada.
Nicole cerró los ojos con fuerza, sintiendo una punzada de culpa.
– Sí, lo estoy -dijo con calma-. Ambos deseamos de veras este hijo. Y espero que queráis conocer a vuestro nieto.
Otra larga pausa.
– No sé, Nicole. Hablaré con tu padre.
Después de unas cuantas frases más, Nicole colgó el auricular con los nervios hechos trizas. No había habido felicitaciones, ni entusiasmo, ni alegría por la noticia del futuro nieto. Se dijo que había estado loca por esperar lo contrario.
Sus padres eran duros, exigentes, inflexibles. Aunque, como padres, lo habían hecho lo mejor que habían podido, y lo único que les importaba realmente era su reputación de parroquianos respetables. Nicole no había podido elegir una forma más dolorosa de humillarlos que escapándose de casa.
Durante un tiempo, se habían desentendido por completo de ella. El hecho de que acabaran aceptando sus llamadas constituyó un primer paso adelante. Sammy siempre le dijo que los olvidara.
Pero, a pesar de todo, seguían siendo sus padres.
Nicole tragó saliva y luego respiró hondo varias veces. A continuación fue apagando las luces de la casa. Mientras subía las escaleras para dirigirse hacia su cuarto, volvió a pensar en Mitch. Aún no le había dicho nada de su pasado. Tenía miedo de que el concepto que tenía de ella se rebajase. Miedo de que descubriera que la mujer a la que quizá creía amar era otra persona… una persona que antaño había actuado de forma egoísta e insensible.
Pero Mitch debía saberlo. Por su bien y por el de ella.
«Mañana mismo», se dijo. Sin esperar ni un día más. Lo primero que haría en cuanto lo viera al día siguiente sería contárselo todo.
Capítulo Nueve
Mitch acababa de soltar su taza de café en la mesa cuando Nicole apareció por la puerta. Con un solo vistazo, comprobó que su rostro estaba aún más pálido que la blusa marfil que llevaba puesta.
– Mitch, sé que tienes cientos de cosas que hacer. Igual que yo. Pero hay algo que debo decirte sin falta antes de que demos un solo paso más…
Él cruzó como un rayo el despacho en cuanto vio su semblante compungido. La compra del anillo había sido memorable… como el prometedor beso que selló su compromiso. Mitch no se explicaba qué podía disgustarla tanto. Antes de que Nicole terminase de hablar, se inclinó para besarla. Ella ladeó instintivamente la cabeza para recibir el beso, en el que Mitch puso todo su corazón. No estaba seguro de si Nik lo deseaba ni siquiera la mitad de lo que él la deseaba a ella, aunque sospechó que sí. Su reacción era demasiado honesta, demasiado sincera.
Para cuando Mitch se detuvo a tomar aire, las mejillas de Nicole habían adquirido un saludable y gratificante color sonrosado, y sus manos se agitaban de un lado para otro, en pequeños gestos de aturdimiento.
– Yo… esto… ¿había algún motivo especial para eso?
– Aja. Quería darte los buenos días. ¿Sabes dónde está tu partida de nacimiento?
– ¿Mi partida de nacimiento? -Nicole aún estaba recuperando el resuello.
– Sí. La necesito para obtener la licencia. Y hoy a las dos nos haremos los análisis de sangre. Lo he consultado con Wilma. Dice que a esa hora tendrás un rato libre.
– Muy bien. A las dos. Pero… -Nicole frunció el ceño repentinamente, como si tratara de concentrarse. Pero antes de que pudiera decir algo, se produjo una interrupción.
John entró en el despacho mordiendo una manzana que sostenía con una mano, mientras que en la otra llevaba una carpeta archivadora.
– Bien, os he encontrado a los dos en el mismo sitio. Tengo una pregunta acerca del diseño de Shaw -de repente, pareció darse cuenta de que estaban a escasos centímetros el uno del otro-. Mmm, quizá deba dejarlo para otro momento…
– No te vayas -dijo Mitch de buen humor-. Podemos hablar del asunto dentro de unos minutos. Pero, antes, Nicole y yo tenemos una noticia que daros.
– ¿Ah, sí?
– Sí. Nik y yo nos casamos. El sábado que viene.
Nicole giró la cabeza hacia él con tanta velocidad, que se arriesgó a sufrir un calambre. John echó hacia atrás su coronilla calva y prorrumpió en carcajadas.
– Ya me pareció que pasaba algo cuando dejasteis de discutir continuamente hace unas semanas. ¡Caray, es maravilloso! Enhorabuena. ¡Eh, Wilma! ¡Rafe! ¡Venid enseguida!
Como era de esperar, toda la plantilla acudió al instante. Durante media hora, Mitch hubo de observar cómo Nik era felicitada, besada, abrazada y luego interrogada sobre los planes de boda. Brindaron con tazas de café recién hecho… salvo Nicole, que tomó leche. Nadie se mostró sorprendido ante la noticia, pero la plantilla protestó vociferantemente al oír los planes de boda. ¿Sólo faltaban cuatro días? No habría tiempo para organizar un banquete. Ni podrían irse de luna de miel.
Nicole no dejaba de lanzarles frenéticas miradas, aunque fue Mitch quien contestó a las preguntas que, evidentemente, a ella le resultaban incómodas.
– ¿Qué queréis que os diga? Nik tenía prisa por convertirme en un hombre honesto. Y tenemos una agenda tan apretada, que hemos pensado en irnos de luna de miel durante las vacaciones de verano. Pero no queríamos esperar tanto tiempo para legalizar nuestra situación.
Finalmente, las insistentes llamadas de teléfono recordaron a todo el mundo que era un día laborable. Cuando todos se hubieron marchado, Nicole se apoyó en la mesa como si se recuperara de una maratón.
– Debiste avisarme de que ibas a anunciarlo tan pronto -dijo en tono derrotado.
– No creí que te importase. Falta muy poco para la boda. ¿Acaso querías esperar más tiempo para anunciarlo?
– No, claro que no. Simplemente, me ha pillado por sorpresa.
Ésa era precisamente la estrategia de Mitch para los siguientes cuatro días. Sorprenderla continuamente para que no pudiera pensar en cosas que la preocupasen…
El modo en que Nicole lo había mirado cuando le puso el anillo, el modo en que lo había besado, convenció irrevocablemente a Mitch de la validez de aquel matrimonio. Si Nik no lo amaba, le faltaba muy poco. Era imposible que reaccionase con semejante pasión si no sintiera realmente algo por él.
Y sí, aún les quedaban unos cuantos problemas menores pendientes de solución. Durante los días siguientes, Mitch se dio cuenta de que Nicole intentaba continuamente confesarle algo que consideraba grave, pero él no le dio oportunidad. No pretendía ser un patán insensible e ignorar algo que la trastornaba. Sencillamente, pensaba que el asunto podía esperar.
Por fin, el sábado a mediodía, cuando detuvo el coche junto a la casa de Nicole, Mitch se sentía eufórico, a pesar de que los ojos le escocían a causa de las noches que llevaba sin dormir. Conforme se apeaba del recién encerado Miata, las nubes se acumulaban en el oeste, y un viento cortante llegaba del océano.
A Mitch no le importaba sentirse agotado, ni tampoco la tormenta. Sin embargo, de pronto reparó en que las rodillas le temblaban ligeramente.
No comprendía la causa de aquellos nervios repentinos. No sólo deseaba aquella boda, sino que se sentía completamente feliz.
El furioso viento hizo que la corbata se le pegara al rostro. Mitch la puso en su lugar, enderezó los hombros, esbozó una sonrisa… y las rodillas siguieron temblándole. Durante aquella semana frenética, había olvidado que después de una boda llegaba la noche de bodas. Nunca había tenido problemas de impotencia, pero se sentía exhausto después de tantos días de ajetreo. ¿Y si fallaba en el terreno sexual, después de haber hecho creer a Nik que era un amante ardiente y capaz…?