Por arte de magia
- Автор: Грин Дженнифер
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Por arte de magia». Краткое содержание книги:
La propuesta de Mitch estaba motivada por el deber, pero en sus ojos brillaba una pasión auténtica… ¿Podía un matrimonio forjado por el bien de un futuro hijo convertirse en un amor de cuento de hadas entre la Bella Durmiente y su Príncipe Azul?
– Creo que es una idea maravillosa -respondió él con calma.
– No espero nada… romántico. O sea, sólo necesitamos un certificado y un juez de paz. Con la agenda tan apretada que tenemos ambos, no creo que encontremos un solo momento para irnos de luna de miel. Pero podemos dejarlo para más adelante, si quieres.
– Bien -Mitch se habría mostrado de acuerdo aunque Nicole le hubiera sugerido ir de viaje de novios a Siberia.
– Oh, Dios. Se me había olvidado -Nicole se pasó una mano por el cabello-. Tu familia. Tendrás qué decirme lo que deseas hacer, cómo vas a comunicárselo. Me atendré a tu decisión.
– Bueno, mis padres están en Europa, pasando dos meses de vacaciones… que se tenían merecidas desde hace tiempo -se apresuró a añadir Mitch-. Pero no tenemos por qué posponer la boda. Si quieres que nos casemos ya, nos casaremos. Mis padres sabrán comprenderlo… sobre todo, si viajamos más adelante a Seattle para que te conozcan.
– Pero también tienes hermanos…
– Nik, mi familia querrá conocerte, y te conocerá. Olvídate de eso y fija una fecha. La que quieras.
– No me importa si necesitas más tiempo para pensártelo…
– No necesito más tiempo. Te he dicho que sí. Y hablo en serio.
– ¿Estás seguro? -Nicole volvió a mesarse el cabello-. Qué pregunta tan tonta, ¿verdad? Naturalmente que no puedes estar seguro. Yo tampoco lo estoy. Pero no se me ocurre una solución más adecuada. Es decir, si los dos nos sentimos comprometidos a brindarle al niño una vida en familia, lo demás es secundario…
– Todo saldrá perfectamente -convino Mitch.
– De acuerdo, pues -Nicole se dirigió otra vez hacía la puerta. Pero, antes de salir, se giró rápidamente con el ceño fuertemente fruncido. De pronto, su voz parecía vacilante-. Hay algo más.
– No me importa. Confía en mí. Sea lo que sea, lo solucionaremos…
– Me temo que no es algo que pueda solucionarse. Dios santo, qué mal lo estoy haciendo. He empezado la casa por el tejado. Jamás debí hablarte de matrimonio sin habértelo dicho antes.
– Nik, te repito que no importa. Dilo, sin más.
Mitch pretendía tranquilizarla, pero Nicole siguió allí de pie, tragando saliva, mirándolo con ojos temerosos y apesadumbrados.
– Hay cosas de mi pasado que nunca te he contado. Y lo cierto, Mitch, es que hubiera preferido no decírtelas. Hubiera preferido que nunca te enteraras. Pero un matrimonio lo cambia todo. Sería injusto… que no fuese honesta contigo. Hay ciertas cosas que debes saber… Como, por ejemplo, que estoy enemistada con mis padres. Son cosas que sólo entenderás si me dejas explicarte los motivos por los que…
Mitch nunca la había visto en un estado de ansiedad semejante. Farfullaba atropelladamente las palabras. Lo miraba como si fuera un juez dispuesto a emitir una dura sentencia contra ella.
Naturalmente, él ya había sospechado que había algo problemático en su pasado. Tenía que existir una razón de peso para que una mujer brillante y atractiva se negase a sí misma una vida privada, para que siempre fuera tan dura consigo misma cuando cometía el más ligero error.
Mitch deseaba conocer los detalles. La historia. No podía ayudarla sin saber hasta qué punto aquel pasado pesaba en su corazón. Pero no quería que se lo dijera de ese modo. No si el hecho de sincerarse la hacía sufrir hasta tal punto.
– Nicole -dijo con mucha calma-. Si crees que me importan un comino tus pecados de juventud, es que has perdido el juicio. Yo también tengo los míos. No conozco a un solo adulto que no los tenga.
Ella meneó la cabeza.
– Quizá eso sea cierto… pero, aun así, tienes derecho a saberlo. A cambiar de opinión acerca de casarte conmigo…
– Eso no va a suceder -empezó a decir Mitch, pero en ese momento un teléfono sonó al otro lado del pasillo. El teléfono de Nicole. Sólo sonó un par de veces antes de que Wilma contestara y se pusiera a llamar a Nicole a voces. Luego, para colmo, empezó a sonar el teléfono de Mitch.
Ella suspiró y alzó las manos.
– Lo hemos intentado en una playa privada. En tu yate. Y sabíamos que intentar hablar en el despacho era una locura, pero la vida parece conspirar para que nunca acabemos esta conversación.
– Eso es facilísimo de resolver. A las cinco en punto. En mi coche. Hablaremos con tranquilidad -prometió Mitch.
En ese momento, Wilma apareció por la puerta para pasarle a Nicole un mensaje de suma urgencia. Nicole dirigió a Mitch una mirada de frustración, y luego salió de la oficina.
Una vez a solas, Mitch tuvo problemas para hacer bajar su ánimo de las eufóricas alturas de la estratosfera. Dios bendito, Nicole había accedido a casarse con él. Sí, quizá no había sido como él lo había imaginado. No había habido anillo. Ni champán. Ni flores. Ni besos que hubieran desembocado en una frenética sesión de amor para sellar una promesa de futuro.
Pero había que dar tiempo al tiempo.
Nik había aceptado.
Por un instante, Mitch rememoró el terror y la vulnerabilidad que se habían reflejado en el semblante de Nicole cuando empezó a hablar de su pasado. Era una de las personas más íntegras que había tenido ocasión de conocer. No podía imaginar qué habría hecho en su juventud que pudiera preocuparle. Su pasado importaba porque la preocupaba a ella, no a él. Pero Nicole se había mostrado dispuesta a sincerarse, lo cual era una prueba de que confiaba en él. Fuera cual fuese el hombre del saco que se ocultaba en su armario emocional, Mitch estaba seguro de que podrían hacerle frente.
Pero eso podía esperar. Indefinidamente. Todo podía esperar hasta que Nicole luciera en su mano el anillo de casada.
Mitch no estaba dispuesto a permitir que ningún obstáculo se interpusiera entre ellos.
Capítulo Ocho
Mucho antes de la hora de cerrar, Nicole se sorprendió a sí misma hojeando papeles, sin rumbo ni concierto, y escuchando las voces de los despachos exteriores. Rafe se marchó a las cinco en punto, pero John se demoró unos minutos más atendiendo una llamada telefónica. Cuando por fin terminó, Nicole oyó cómo charlaba con Wilma durante otros cinco. Ninguno de los dos parecía tener prisa por marcharse a casa. Finalmente, cuando la puerta principal se cerró y el edificio quedó sumido en el silencio, Nicole se asomó por la puerta de su despacho al mismo tiempo que Mitch salía del suyo.
– ¿Por fin está la costa despejada? ¿Es seguro que nos vean juntos? -inquirió él con voz queda.
Nik notó que los nervios que había acumulado durante todo el día por fin se relajaban. No pudo sino soltar una risita.
– Tú también te sientes como un quinceañero en medio de una aventura, ¿eh? Qué tontería, Mitch. He salido contigo del despacho miles de veces. Nadie tiene por qué pensar nada si nos ven irnos en tu coche.
– Sí, pero eso era ayer. Hoy sabemos que estamos planeando hacer una escapada para casarnos -Mitch la ayudó a cerrar las oficinas, y a renglón seguido la acompañó al exterior y, la instaló en el asiento del pasajero de su coche-. Francamente, me resulta muy divertido. No deberíamos comportarnos como adultos todo el tiempo… Aunque, eso sí, me temo que la aventura será efímera. ¿Qué te parece el sábado?
– ¿El sábado? -Nicole sintió el estómago atenazado por el pánico-. ¿Te refieres al próximo sábado? ¿Para casarnos?
– Aja.
– ¿Dentro de… cinco días?
– Da un poco de impresión, ¿verdad? -dijo Mitch con desenfado, poniéndose las gafas de sol mientras arrancaba el coche y enfilaba la carretera-. Pero le pedí el calendario a Wilma para echar un vistazo a nuestras respectivas agendas. La tuya está atestada. La mía casi igual. Es el único día que ambos tenemos libre.
– Pero el sábado… -en realidad, Rafe la había espoleado aquella mañana al decirle que toda la plantilla sabía de su embarazo. Así, se había dirigido como un rayo al despacho de Mitch para plantearle una opción, no exactamente la del matrimonio.