Fantasmas del pasado
- Автор: Леннокс Марион
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Fantasmas del pasado». Краткое содержание книги:
¿Estropearían su relación los fantasmas del pasado?
¡Maravillosa! ¡Ella era maravillosa! Jock se aclaró la garganta y se levantó de la silla en la que estaba sentado frente a la mesa al lado de Christie y Marie. Tina pensó que él no estaba nada mal, mientras él se ponía de pie. De hecho, ese traje negro le sentaba fenomenal. Y con Rose en sus brazos se le veía muy bien. Se le daban estupendamente los niños. Era una pena que no contemplara la posibilidad de tener uno propio.
Él había nacido para ser un buen padre. Y un buen marido y amante.
¡Pero ¿en qué estoy pensando?! se recriminó Tina por pensar en eso, recordando que esa era la primera cita con él y que después de la segunda, no volvería a salir con ella. Tina lo sabía. Se lo había oído a todo el mundo, incluido a él mismo. Podía pensar que era guapo, se dijo a sí misma, pero no que lo deseaba.
– Tina, ¿crees que ese vestido es suficientemente corto? -preguntó Christie-. ¿No deberías subírtelo un poco por los hombros?
– ¡Si lo hago parecerá una camisa! Tal como está, lo único que me tapa es la ropa interior.
A Jock, mientras tanto, le costaba cada vez más respirar. Para empeorar las cosas Marie y Christie lo miraron y entonces no supo qué hacer ni qué expresión poner.
– ¿Quieres que nos vayamos ya? -preguntó Tina, mirando su reloj de pulsera, el único adorno que llevaba sobre su piel delicada-. Son las siete y media. Deja a Rose con su madre y vámonos, doctor Blaxton, ahora que el móvil está en silencio. No sabemos el tiempo que tendremos antes de que tengas que atender otro parto, así que aprovechemos.
Jock recordó en ese momento que quizá lo llamaran para un par de casos complicados. Si lo llamaban, preferiría morirse, pensó. La idea de que Tina lo acompañara al baile del hospital, era algo que deseaba fervientemente.
El baile fue maravilloso.
Tina disfrutó muchísimo, pero más tarde Jock sólo pudo recordar algunos instantes. Por ejemplo, la sorpresa de su colega, Lloyd Neale, que veía a Tina por primera vez sin uniforme. Y la rapidez con que Sally se llevó a su marido del brazo.
– Tú eres un hombre felizmente casado, Lloyd Neale, así que deja el vestido de Tina, o mejor dicho, la ausencia de vestido, para Jock -fueron las palabras de Sally, muy guapa con un vestido crema que le sentaba estupendamente-. Aunque pensaría que a Lloyd le pasaba algo si no mirara. Estás guapísima, Tina. Llévatela, Jock, y sujétala bien o tendremos que atar a cada hombre de esta sala.
Así que Jock obedeció. Se llevó a Tina a la pista de baile y puso las manos en su cintura delgada para apretarla contra sí… La habitación le daba vueltas… Y le dieron más palmaditas en el hombro de lo que estaba dispuesto a recordar.
– Déjanos a nosotros también. La doctora Rafter está soltera. Danos una oportunidad.
– No te entregues únicamente al doctor Blaxton, doctora Rafter. ¿Te acuerdas de mí? Solías prestarme las pinturas cuando estábamos en tercer curso. Si hubiera sabido que ibas a ser tan guapa, te habría regalado una caja de pinturas entera, Tina Rafter. Déjanos que bailemos con ella, doctor. Ya hablaremos de cómo devolverte el favor.
Tina sonreía y reía, echándose el precioso cabello hacia atrás y apoyando firmemente sus manos en Jock.
– Esta noche no, muchachos. Estoy acompañando al doctor Blaxton hasta el próximo parto. ¡Dejadnos en paz!
¿Cómo iba a querer Jock un parto aquella noche? Pero, por supuesto, tuvo uno. Hacia las doce, cuando la música comenzaba a hacerse más lenta y las parejas empezaban a acercarse más y la mente de Jock se llenaba de horizontes tropicales, se oyó el busca.
– ¡Maldita sea! -exclamó Jock, volviendo a la realidad con un gran esfuerzo.
Se apartó de Tina y maldijo de nuevo.
– Necesito encontrar un teléfono -comento-. Sam Hopper está hoy de guardia, pero si me llaman quiere decir que me necesitan. Afortunadamente puede ser que sólo necesite algún consejo. ¿Me esperas?
Pero no anduvo dos pasos cuando Tina fue atrapada por los brazos de Kevin Blewit, el farmacéutico de la localidad.
“Quiero ser un farmacéutico”, pensó Jock con amargura, mientras buscaba el teléfono. Tenían un horario regular. Una tienda que se cierra a las ocho y te puedes ir a casa…
Maldijo de nuevo. ¿Cómo recuperar a Tina después de la llamada? El farmacéutico agarraba a Tina mucho más íntimamente de lo que a Jock le hubiera gustado, y no hubo ninguna llamada que le apartara de ella. Sam Hopper, uno de los médicos de la ciudad, estaba nervioso y nada más escuchar su voz tensa, Jock supo lo que necesitaba.
– Jock, lo siento, pero tengo un problema y te necesito.
¡Maldita sea!
Sam era un médico de medicina general que insistía en atender a sus propios partos, pero no era competente. Primeramente tenía poca práctica y sólo atendía unos cinco o seis partos al año. Eso significaba que no tenía la experiencia suficiente en un caso complicado.
En segundo lugar, era un hombre arrogante que detestaba pedir ayuda. Eso significaba que siempre esperaba hasta el último momento.
De manera que Jock no podía hacer otra cosa que decirle a Tina que tenía que marcharse. Quizá Lloyd y Sally podían llevar a Tina a casa cuando el baile terminara. También podría llevarla el farmacéutico. Tina no eligió ninguna de las dos opciones.
Se quedó parada, en los brazos del farmacéutico y miró a Jock con cara de preocupación.
– ¡Oh, Jock, vaya fastidio! -exclamó Tina, entendiendo, como doctora, la situación-. Kevin, si me disculpas, iré con Jock -añadió y Jock tuvo que pellizcarse para creer que había oído correctamente-. Puede que necesite una anestesista.
– Pero…
– No.
Kevin y Jock hablaron a la vez. Las manos de Kevin sujetaron con más fuerza a Tina.
– Esta noche tú no tienes por qué trabajar, Tina-. A menos que estés de guardia… Mark es el anestesista esta noche. Jock puede llamarlo.
Pero Tina miró a Mark, que estaba besando a su mujer e hizo un movimiento negativo. Su cabello rojo se liberó, provocando una extraña reacción en las piernas de Jock.
– No -insistió, apartándose de Kevin y agarrándose al brazo de Jock-. Si tengo una cita con un doctor, yo también actuaré como doctora. Sólo tendré dos oportunidades con Jock, ya lo sabes, y tengo que aprovecharlas. Buenas noche, Kevin. Vámonos, Jock.
– No tenías por qué haber venido.
Estaban ya casi en el hospital cuando Jock consiguió articular palabra. Aunque incluso en ese momento su voz sonó extraña. Tina lo miró de reojo.
– Tenía que hacerlo -contestó ella-. Kevin olía a sudor y tenía las manos mojadas. Además sólo pensaba en una cosa y yo no estaba interesada.
Eso provocó una mueca.
– ¿Entonces quieres que te lleve a casa? -preguntó Jock, esperando que se negara-. ¿O quieres que pidamos un taxi?
– No. Iré contigo -dijo sonriendo-. Me pediste que saliera contigo y te acompañaré el resto de la noche, te guste o no.
En la sala de partos la situación era complicada. Heather Wardrop era una mujer de edad media con seis hijos. Había imaginado un parto sin complicaciones, como los anteriores, pero estaba más débil y el útero se había invertido. De manera que estaba asustada por la situación, casi en estado de shock, su marido muy nervioso y Sam Hopper intentaba disculparse y solucionarlo sin saber cómo.
– ¡Jock! -gritó, al ver al doctor Blaxton-. ¿Cómo podía yo imaginar que iba a suceder esto? Todo ha sido demasiado rápido. Nunca me ha pasado. ¡Dios mío, es terrible!
– Es grave, pero no terrible -dijo Jock con firmeza. Lo primero que tenía que hacer era controlar la situación-. ¿Puedes prepararme una venda, Tina? Esto no es tan extraño en un parto y es fácil de solucionar -añadió, acercándose a la mujer para tomarla de la mano.
A continuación decidió olvidarse del doctor que estaba sudando detrás de él y concentrarse en aliviar el miedo de Heather.