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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—Lo he pensado, Escorp —dijo Clavain.

El cerdo asintió.

—¿Y?

—No voy a atacarlos.

Los ojos oscuros y salvajes le lanzaron una mirada furiosa.

—Clavain…

—Felka sigue viva.

Se produjo un silencio incómodo. Clavain sintió que lo presionaba por todos lados. Lo miraban todos, incluso Sukhoi, y cada uno de ellos le daba gracias a su estrella por no tener que tomar esta decisión.

—Eso no lo sabes —dijo Escorpio. Clavain vio las líneas de tensión grabadas en su mandíbula—. Skade ya te ha mentido y ha matado a Lasher. No nos ha dado ninguna prueba de que en realidad tenga a Felka. Y eso es porque no la tiene o porque Felka ya está muerta.

Con mucha calma, Clavain dijo:

—¿Qué prueba podría dar? No hay nada que pueda falsificar.

—Podría haberse enterado de algo por Felka, algo que solo ella supiera.

—Tú no conoces a Felka, Escorpio. Es fuerte, mucho más fuerte de lo que Skade supone. No le daría a Skade nada que esta pudiera utilizar para controlarme.

—Entonces quizá es que la tiene, Clavain. Pero eso no significa que esté despierta. Lo más probable es que esté sumida en un sueño frigorífico para que no cause ningún problema.

—¿Y qué importaría eso? —preguntó Clavain.

—No sentiría nada —dijo Escorpio—. Ahora tenemos armas suficientes, Clavain. La Sombra Nocturna es un blanco fácil. Podemos acabar con él al instante, sin causar dolor. Felka no se enterará de nada.

Clavain se esforzó por controlar su ira y obligarla a calmarse.

—¿Dirías eso si no hubiera asesinado a Lasher?

El cerdo dio un golpe en la barandilla.

—Es que lo hizo, Clavain. Eso es todo lo que importa.

—No… —dijo Antoinette—. Eso no es todo lo que importa. Clavain tiene razón. No podemos empezar a actuar como si una sola vida humana no importase. Si hacemos eso, nos convertimos en seres tan malignos como los lobos.

Xavier, a su lado, esbozó una sonrisa radiante y orgullosa.

—Estoy de acuerdo —dijo—. Lo siento, Escorpio. Sé que mató a Lasher y sé lo mucho que te cabreó eso.

—No tienes ni idea —dijo Escorpio. No parecía tan enfadado como pesaroso—. Y no me digáis que de repente importa una vida humana. Eso es solo porque la conoces. Skade también es humana. ¿Qué pasa con ella y los aliados que tiene a bordo de esa nave?

Cruz, que había estado callado hasta entonces, habló en voz baja:

—Escuchad a Clavain. Tiene razón. Tendremos otra oportunidad de matar a Skade. Esto no está bien, así de simple.

—¿Se me permite hacer una sugerencia? —dijo Remontoire.

Clavain lo miró con inquietud.

—¿Qué, Rem?

—Está justo, justo al alcance de una lanzadera. Nos costaría más antimateria, una quinta parte de las reservas que nos quedan, pero quizá nunca volvamos a tener otra oportunidad como esta.

—¿Otra oportunidad para hacer qué? —preguntó Clavain.

Remontoire parpadeó, sorprendido, como si fuese demasiado obvio para decirlo.

—Para rescatar a Felka, por supuesto.

29

Los cálculos de Remontoire habían sido exactos, sin margen de error, tanto que Clavain sospechó que ya había calculado el gasto de energía del vuelo del trasbordador antes de que la operación de rescate hubiera sido algo más que un destello en sus ojos.

Salieron los tres: Escorpio, Remontoire y Clavain.

Por fortuna hubo muy poco tiempo para preparar el trasbordador. Por fortuna, porque si a Clavain le hubieran concedido horas o días, se habría pasado todo ese tiempo inmerso en las dudas, sin parar de comparar un arma más u otra pieza de la armadura con el combustible que se ahorraría si la dejaba atrás. Pero tal y como estaban las cosas, tuvieron que arreglarse con uno de los trasbordadores desmontados que se habían utilizado para reabastecer el trasbordador de defensa antes de que comenzaran a utilizar la vela lumínica impulsada por láser. El trasbordador no era más que un esqueleto, un ralo esbozo geodésico de vergas negras, puntales y subsistemas plateados desnudos. Parecía, a los ojos de Clavain, un poco obsceno. Estaba acostumbrado a máquinas que mantenían sus entrañas decentemente cubiertas. Pero serviría para el trabajo, supuso. De todos modos, si Skade montaba algún tipo de defensa seria, la armadura no les ayudaría en nada.

La cubierta de vuelo era la única parte de la nave protegida del espacio, y aun así no estaba presurizada. Tendrían que utilizar trajes durante toda la operación, y llevar otro traje con ellos para que se lo pusiera Felka durante el viaje de vuelta. También había espacio para estibar una arqueta de sueño frigorífico, por si resultaba que estaba congelada. Pero, en ese caso, la masa de regreso de Felka tendría que compensarse dejando a medio camino armas y tanques de combustible.

Cogió el asiento del medio, con los controles de vuelo conectados a su traje. Escorpio se sentó a su izquierda y Remontoire a su derecha; los dos podrían asumir el control de la aviónica si Clavain necesitase descansar.

—¿Estás seguro de que confías en mí lo suficiente para traerme en la operación? —le había preguntado Remontoire con una sonrisa juguetona cuando decidieron quién iba a ir en la misión.

—Supongo que lo voy a averiguar, ¿no? —había dicho Clavain.

—No te seré de mucha ayuda con un exoesqueleto. No puedes ponerme un traje normal encima y no tenemos lista una armadura mecánica.

Clavain le hizo un gesto a Sangre, el segundo de Escorpio.

—Sácalo del exoesqueleto. Si intenta cualquier cosa, ya sabes lo que tienes que hacer.

—No lo haré —le había asegurado Remontoire.

—Casi te creo. Pero no estoy seguro de que me arriesgara si hubiera alguien más que conociera la Sombra Nocturna tan bien como tú. O a Skade, si a eso vamos.

—Yo también voy —había insistido Escorpio.

—Vamos a recoger a Felka —había dicho Clavain—. No a vengar a Lasher.

—Quizá. —En la medida que Clavain podía leer su expresión, Escorpio no parecía demasiado convencido—. Pero seamos honestos: una vez que tengas a Felka, no vas a salir de ahí sin hacer algún daño, ¿verdad?

—Pienso aceptar agradecido la rendición de Skade.

—Nos llevaremos municiones de alfiler —había dicho Escorpio—. Tú no echarás de menos un poco de ese polvo caliente, Clavain, y verás el agujero que le abre a la Sombra Nocturna.

—Te agradezco tu ayuda, Escorpio. Y entiendo tus sentimientos hacia Skade después de lo que hizo. Pero te necesitamos aquí para supervisar el programa de armas.

—¿Y a ti no te necesitamos?

—Aquí se trata de Felka y de mí —había dicho Clavain.

Escorpio le había puesto una mano en el brazo.

—Entonces acepta ayuda cuando te la ofrecen. No tengo por costumbre cooperar con la gente, Clavain, así que aprovecha este escaso despliegue de magnanimidad y cierra el puto pico.

Clavain se había encogido de hombros. No es que fuera muy optimista respecto a la misión, pero el entusiasmo que despertaba en Escorpio la perspectiva de una pelea era extrañamente contagioso.

Se había vuelto hacia Remontoire.

—Al parecer este se viene de excursión, Rem. ¿Seguro que quieres estar ahora en el equipo?

Remontoire había mirado al cerdo y luego se había vuelto de nuevo hacia Clavain.

—Nos las arreglaremos —había dicho.

Ahora que la misión había empezado, los dos se quedaron callados y dejaron que Clavain se concentrara en el asunto de volar. Hizo que el trasbordador saliera disparado de la Luz del Zodíaco y se dirigiera hacia la Sombra Nocturna, que permanecía a la deriva, mientras intentaba no pensar en lo rápido que se estaban moviendo en realidad. Las dos naves principales estaban cayendo por el espacio a solo un dos por ciento por debajo de la velocidad de la luz, pero todavía no había ninguna indicación visual fuerte de que estuvieran moviéndose tan rápido. Las estrellas habían cambiado tanto de posición como de color debido a los efectos relativos, pero todavía parecían perfectamente fijas e inmóviles, incluso con ese elevado factor tau. Si su trayectoria los hubiera llevado cerca de un cuerpo tan luminoso como una estrella, quizá la hubieran visto pasar por la noche, aplastada y alejada del estado esférico por la contracción de Lorentz-Fitzgerald. Pero incluso entonces no habría pasado a toda velocidad a menos que casi estuvieran rozando su atmósfera. Habría sido visible la llamarada de los gases de escape de otra nave que fuera de vuelta a Yellowstone, pero tenían el pasillo para ellos solos. Y aunque los cascos de ambas naves relucían bajo una luz casi infrarroja, calentados por la abrasión lenta y constante de hidrógeno interestelar y granos de polvo microscópicos, no era algo que la mente de Clavain pudiera procesar y convertir en una sensación visceral de velocidad. Era consciente de que las mismas colisiones también eran un problema para el trasbordador, aunque su corte transversal, mucho más pequeño, hacía que fueran menos probables. Pero con cada segundo que pasaba, los rayos cósmicos, incrementados de forma relativa por su movimiento, lo estaban consumiendo. Por eso había una coraza alrededor de la cubierta de vuelo.

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