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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Pero cuando llegó a la base de los andamios que envolvían el Ave de Tormenta, ya no pudo seguir. Levantó la vista y la contempló, pero la nave le pareció amenazadora y desconocida. Ya no se parecía a su nave, ni a nada de lo que ella quisiera tomar parte.

Llorando porque le habían robado algo que nunca podría recuperar, Antoinette se dio la vuelta y se alejó caminando.

Las cosas se movieron a una velocidad asombrosa una vez que se tomó la decisión. Skade redujo su nave a una gravedad y luego ordenó a los técnicos que hicieran que la burbuja se contrajera a un tamaño subbacteriano, mantenida solo por un hilillo de energía. Luego dio la orden que provocaría una reforma drástica de la nave, según la información que había recogido en el Exordio.

Enterrados en la parte posterior de la Sombra Nocturna había muchos depósitos de nanomaquinaria templada por la plaga, tubérculos oscuros atestados de replicadores de bajo nivel. A una orden de Skade se liberaron las máquinas, programadas para multiplicarse y diversificarse hasta que formaron un cieno hirviente de motores microscópicos capaces de transformar la materia. El cieno trepó y se infiltró por cada hueco de la parte posterior de la nave, disolviendo y regurgitando la propia estructura de la abrazadora lumínica. Buena parte de la maquinaria del mecanismo sucumbió bajo los mismos estragos transformadores. A su paso, los replicadores dejaban relucientes estructuras de obsidiana, arcos de filamentos y hélices que volvían al espacio entrelazándose tras la nave como tentáculos y aguijones colgantes. Estaban tachonados de nodos de mecanismos subsidiarios que sobresalían como ventosas negras y sacos de veneno. Cuando estuviese operando, la maquinaria se movería con respecto a sí misma, ejecutando un movimiento hipnótico parecido al de una trilladora, batiendo y cortando el vacío. En medio de ese movimiento de guadaña se conjuraría una bolsa de vacío cuántico de estado cuatro del tamaño de un quark. Sería una bolsa de vacío en el que la masa inercial sería, en el sentido matemático más estricto, imaginaria.

La burbuja del tamaño de un quark temblaría, fluctuaría y luego, en mucho menos de un instante en tiempo de Planck, envolvería la nave especial entera, tras sufrir una fase de transición de tipo inflacionario que le daría dimensiones macroscópicas. La maquinaria, que seguiría teniéndolo todo controlado, estaba programada con una tolerancia asombrosa, hasta el mismísimo umbral de incertidumbre de Heisenberg. Cuánto de todo esto era necesario, nadie lo sabía. Skade no quería tener que adivinar lo que los susurros del Exordio le habían dicho. Todo lo que podía hacer era esperar que cualquier desviación no afectase al funcionamiento de la máquina, o que al menos lo afectase de una forma tan profunda que no funcionara en absoluto. La idea de que funcionara, pero funcionara mal, era demasiado aterradora para contemplarla siquiera.

Pero la primera vez no ocurrió nada. La maquinaria se había encendido y los sensores de vacío cuántico habían recogido fluctuaciones extrañas, sutiles, pero unas mediciones igual de precisas establecieron que la Sombra Nocturna no se había movido un ángstrom más de lo que se habría movido en unas condiciones normales de propulsión por supresión de inercia. Tan enfadada consigo misma como con todos los demás, Skade se abrió paso por los intersticios de la curva maquinaria negra. Pronto encontró a la persona que estaba buscando, Molenka, la técnica de sistemas del Exordio. Tenía un aspecto exangüe.

¿Qué ha ido mal?

Molenka balbució una explicación y soltó resmas de datos técnicos en la parte pública de la mente de Skade. Esta absorbió los datos con actitud crítica, buscaba solo los detalles esenciales. La configuración de los sistemas de contención de campo no había sido perfecta; la burbuja de vacío de estado dos se había vuelto a evaporar al estado cero antes de que la pudieran empujar por encima de la barrera potencial para que entrara en el mágico estado cuatro taquiónico. Skade evaluó el estado de la maquinaria. No parecía haber sufrido daños.

¿Entonces he de asumir que ya has comprendido lo que fue mal? ¿Puedes hacer los cambios correctivos adecuados e intentar de nuevo la transición?

[Skade…].

¿Qué?

[Es que sí que ocurrió algo. No encuentro a Jastrusiak por ninguna parte. Estaba mucho más cerca del equipo que yo cuando intentamos el experimento. Pero ya no está aquí. No lo encuentro por ninguna parte, ni siquiera hay señales de su existencia].

Skade escuchó todo esto sin registrar ninguna expresión más allá de un cierto interés. Solo respondió cuando la mujer dejó de hablar y pasaron varios segundos de silencio.

¿Jastrusiak?

[Sí… Jastrusiak].

La mujer parecía aliviada.

[Mi compañero en esto. El otro experto en el Exordio].

Jamás ha habido nadie llamado Jastrusiak en esta nave, Molenka.

Molenka se puso, o eso se lo pareció a Skade, un poco más pálida. Su respuesta fue apenas algo más que una exhalación.

[No…].

Te aseguro que no había nadie llamado Jastrusiak. Es una tripulación pequeña y yo los conozco a todos.

[Eso no es posible. Estuve con él no hace ni veinte minutos. Estábamos en la maquinaria, preparándola para la transición. Jastrusiak se quedó allí para hacer unos ajustes de último momento. ¡Lo juro!].

Quizá sea así. Skade se sintió tentada, muy tentada de meterse en la cabeza de Molenka e instalar un bloqueo mnemónico, para borrar así del recuerdo de Molenka lo que acababa de pasar. Pero eso no enterraría el conflicto evidente entre lo que ella pensaba que era cierto y la realidad objetiva.

Molenka, sé que esto será difícil para ti, pero tienes que continuar trabajando con el equipo. Siento lo de Jastrusiak, por un momento se me olvidó su nombre. Lo encontraremos, te lo prometo. Hay muchos lugares en los que podría haber terminado.

[Yo no…].

Skade la interrumpió, uno de sus dedos apareció de repente bajo la barbilla de Molenka.

No. Nada de palabras, Molenka. Nada de palabras, nada de pensamientos. Solo vuelve a entrar en la maquinaria y haz los ajustes necesarios. Hazlo por mí, ¿quieres? ¿Lo harás por mí y por el Nido Madre?

Molenka se echó a temblar. Skade comprendió que era presa de un terror exquisito. Era el terror resignado, desesperado, de un pequeño mamífero atrapado en las garras de algo.

[Sí, Skade].

El nombre de Jastrusiak se le quedó grabado a Skade, era un nombre conocido, tentador. No podía sacárselo de la cabeza. Cuando se presentó la oportunidad, se metió en la memoria colectiva combinada y extrajo todas las referencias relacionadas con ese nombre, o con algo parecido. Estaba decidida a entender qué había hecho que el subconsciente de Molenka tuviera un fallo de funcionamiento tan creativo: se había sacado un individuo inexistente de la nada en un momento de terror.

Para su moderada sorpresa, Skade se enteró de que Jastrusiak era un nombre conocido en el Nido Madre. Había habido un Jastrusiak entre los combinados. Lo habían reclutado durante la ocupación de Ciudad Abismo. Había obtenido muy pronto la acreditación necesaria para acceder al Sanctasanctórum, donde trabajó con conceptos audaces, como la teoría de la propulsión avanzada. Había formado parte de un equipo de teóricos combinados que habían establecido su propia base de investigación en un asteroide. Habían estado trabajando en métodos para adaptar los motores combinados existentes al diseño más sigiloso.

Resultó ser una tarea complicada. El equipo de Jastrusiak había sido de los primeros en enterarse de hasta qué punto era complicada. Toda su base, junto con un trozo considerable de ese hemisferio del asteroide, había quedado borrada del mapa en un accidente.

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