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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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—Las armas de clase infernal —dijo él.

—En nuestra historia original no teníamos ninguna de esas ventajas. No logramos el vuelo estelar hasta un siglo después del primer vuelo del Sandra Voi. Nuestras naves eran lentas, pesadas, frágiles, incapaces de alcanzar más de una quinta parte de la velocidad de la luz. La expansión humana se retrasó por fuerza. En cuatrocientos años solo se consiguió colonizar un puñado de sistemas. Y con todo atrajimos a los lobos, incluso en esa línea del tiempo. La limpieza fue eficiente y brutal. Esta versión de la historia, la que tú has conocido, fue un intento de mejorar las cosas. Se aceleró el ritmo de la expansión humana y se nos proporcionaron mejores armas para enfrentarnos a la amenaza una vez que surgiera.

—Ahora entiendo —dijo Clavain— por qué no se podían hacer de nuevo las armas de clase infernal. Una vez que a Galiana se le mostró cómo hacerlas, ella destruyó ese conocimiento.

—Eran un regalo del futuro —dijo la mujer con orgullo—. Un regalo de nuestros yoes futuros.

—¿Y ahora?

—Incluso en esta línea del tiempo se produjo la aniquilación. Una vez más se alertó a los lobos de nuestra aparición. Y resultó que era muy fácil para ellos rastrear los motores a una distancia de años luz.

—Así que nuestros yoes futuros probaron otro retoque.

—Sí. Esta vez alcanzaron solo el pasado reciente, intervinieron mucho después en la historia de los combinados. El primer mensaje era un edicto que nos advertía que dejáramos de utilizar los motores combinados. Por eso detuvimos la construcción de naves hace un siglo. Más tarde nos dieron pistas que nos permitieron construir motores sigilosos, como los que lleva la Sombra Nocturna. Los demarquistas creyeron que lo habíamos construido para conseguir una ventaja táctica sobre ellos en la guerra. De hecho, se diseñó para que fuese nuestra primera arma contra los lobos. Más tarde se nos proporcionó información acerca de la construcción de maquinaria capaz de suprimir la inercia. Aunque en aquel momento yo no lo sabía, me enviaron al Cháteau para obtener los fragmentos de tecnología alienígena que nos permitirían montar el prototipo de la máquina de supresión de la inercia.

—¿Y ahora?

La mujer le respondió con una sonrisa.

—Nos han dado otra oportunidad. Esta vez, los vuelos son la única solución viable. Los combinados deben dejar este volumen de espacio antes de que los lobos lleguen en masa.

—¿Te refieres a huir?

—La verdad es que no es tu estilo, ¿eh, Clavain? Pero a veces es la única respuesta que tiene sentido. Más tarde podemos plantearnos un regreso, incluso una confrontación con los lobos. Otras especies han fracasado, pero nosotros somos diferentes, creo. Ya hemos tenido el valor de alterar nuestro pasado.

—¿Qué te hace pensar que otros pobres ilusos no lo hayan intentado también?

—Clavain… —Era Escorpio—. De verdad que tenemos que salir de aquí, ahora.

—Skade…, ya me has mostrado suficiente —dijo Clavain—. Acepto que creas que estás actuando con justicia.

—¿Y sin embargo sigues creyendo que soy la marioneta de alguna agencia misteriosa?

—No lo sé, Skade. Desde luego no lo he descartado.

—Solo sirvo al Nido Madre.

—Bien. —Asintió. Presentía que, fuera cual fuera la verdad, Skade creía que estaba actuando de la forma correcta—. Ahora dame a Felka y me iré.

—¿Me vas a destruir una vez que te vayas?

Clavain dudaba que ella supiera de las cargas de alfiler que Escorpio y él habían desplegado.

—Skade, ¿qué te pasará si te dejo aquí, a la deriva? ¿Puedes reparar tu nave?

—No me hace falta. Las otras naves no están muy lejos, detrás de mí. Ese es tu auténtico enemigo, Clavain. Inmensamente mejor armadas que la Sombra Nocturna, y sin embargo igual de hábiles y difíciles de detectar.

—Eso no significa que no esté mejor si no te mato.

Skade se giró y alzó la voz.

—Traed a Felka aquí.

Medio minuto después, otros dos combinados aparecieron detrás de Skade, cargados con una figura metida en un traje espacial. Skade les permitió que la pasaran. La visera estaba abierta, así que Clavain vio que la figura era Felka. Parecía inconsciente, pero estaba seguro de que todavía estaba viva.

—Aquí está. Cogedla.

—¿Qué le pasa?

—Nada grave —dijo Skade—. Te dije que se estaba encerrando en sí misma, ¿no? Echa mucho de menos su Muralla. Quizá mejore bajo tus cuidados. Pero hay algo que tienes que saber, Clavain.

La miró.

—¿Qué?

—No es tu hija. Nunca lo fue. Todo lo que te dijo era mentira, para que hubiera más probabilidades de que volvieras. Una mentira verosímil y quizás algo que ella quería creer, pero con todo, una mentira. ¿Todavía la quieres?

Sabía que le estaba diciendo la verdad. Skade mentiría para hacerle daño, pero solo si con ello cumplía ambiciones más amplias. Cosa que no estaba haciendo ahora, aunque él hubiera deseado con todas sus fuerzas que así fuera.

Se le entrecortó la voz.

—¿Por qué iba a quererla menos?

—Sé honesto, Clavain. Podría cambiar un poco las cosas.

—He venido aquí a salvar a alguien que me importa, eso es todo. —Luchó por evitar que se le entrecortara la voz—. Sea de mi sangre o no… no importa.

—¿No?

—En absoluto.

—Bien. Entonces creo que aquí termina nuestro asunto. Felka nos ha servido bien, Clavain. Me protegió a mí de ti y fue capaz de sacar el lado cooperador del lobo, algo que jamás podría haber hecho yo sola.

—¿El lobo?

—Oh, perdona, ¿no te he mencionado al lobo?

—Vayámonos de aquí —dijo Escorpio.

—No. Todavía no. Quiero saber a qué se refería.

—Quería decir lo que he dicho, Clavain, nada más. —Skade se volvió a colocar la cabeza con toda ternura y parpadeó en el momento en que se la encajó con un chasquido—. Me traje al lobo conmigo porque imaginé que podría resultar valioso. Bueno, pues tenía razón.

—¿Quieres decir que te trajiste el cuerpo de Galiana?

—Me traje a Galiana —lo corrigió Skade—. No está muerta, Clavain. No del modo en que siempre pensaste que estaba. Llegué a ella poco después de que volviera del espacio profundo. Su personalidad y recuerdos seguían allí, intactos y perfectos. Tuvimos nuestras conversaciones, ella y yo. Ella preguntó por ti, y por Felka, y yo le dije una mentira piadosa; era mejor para todos nosotros que pensara que estabais muertos. Ya estaba perdiendo la batalla, ya sabes. El lobo intentaba apoderarse de ella, y al final no fue lo bastante fuerte para luchar contra él. Pero no la mató, ni siquiera entonces. Mantuvo su mente intacta porque encontró útiles sus recuerdos. También sabía que Galiana nos era muy preciada, y que por tanto no haríamos nada contra él que pudiera hacerle daño a ella.

Clavain la miró; deseaba contra toda esperanza que le estuviese mintiendo como le había mentido antes, pero sabía que ahora le contaba la verdad. Y aunque sabía la respuesta que le daría Skade, de todos modos tuvo que preguntarle.

—¿Querrás dármela?

—No. —Skade levantó un dedo negro de metal—. Te vas solo con Felka o no te vas con nada. Pero Galiana se queda aquí. —Casi como si se le ocurriera en ese momento, añadió—: Ah, y por si te lo preguntabas, sí que sé lo de la munición de alfiler que tú y el cerdo habéis dejado a vuestro paso.

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