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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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La atención de Skade se concentró de repente en el cerdo.

—Tienes prisa, ¿eh?

—¿No la tenemos todos? —dijo Escorpio.

—Habéis venido por algo. Y no me cabe duda de que vuestras armas ya podrían haber destruido la Sombra Nocturna si esa fuera vuestra intención.

—Dame a Felka —dijo Clavain—. Dame a Felka y te dejaremos en paz.

—¿Significa tanto para ti, Clavain, que te has abstenido de destruirme cuando tuviste la oportunidad?

—Significa mucho para mí, sí.

En la cresta de Skade apareció una onda de color turquesa y naranja.

—Te daré a Felka si eso hace que te vayas. Pero antes quiero enseñarte algo.

Levantó los brazos envueltos en guanteletes de su traje y se colocó una mano a cada lado del cuello, como si estuviera a punto de estrangularse. Pero era evidente que sus manos de metal eran capaces de moverse con gran suavidad. Clavain escuchó un chasquido en alguna parte dentro del pecho de Skade, y luego la columna de metal de su cuello comenzó a elevarse sobre sus hombros. Se estaba quitando su propia cabeza. Clavain contempló, cautivado y asqueado, cómo surgía la parte inferior de la columna. Esta terminaba en unos apéndices segmentados que no dejaban de revolverse. Soltaban unas babas rosadas de fluido coloreado, sangre, quizá, o algo del todo artificial.

—Skade… —dijo—. Esto no es necesario.

—Oh, es muy necesario, Clavain. Quiero que comprendas bien lo que me has hecho. Quiero que sientas el horror que supone.

—Creo que ya se hace una idea —dijo Escorpio.

—Tú solo dame a Felka, y luego te dejo.

Skade levantó su propia cabeza y la acunó con una mano, pero siguió hablando.

—¿Me odias, Clavain?

—Nada de esto es personal, Skade. Solo creo que te estás equivocando.

—¿Me equivoco porque me importa la supervivencia de nuestro pueblo?

—Algo te ha afectado, Skade —dijo Clavain—. En otro tiempo eras una buena combinada, una de las mejores. Servías de verdad al Nido Madre, igual que yo. Pero entonces te enviaron a realizar la operación del Cháteau.

Había despertado su interés. Vio que abría sin querer más los ojos.

—¿El Cháteau des Corbeaux? ¿Qué tiene eso que ver con nada?

—Mucho más de lo que te gustaría pensar —dijo Clavain—. Fuiste la única superviviente, Skade, pero no volviste sola. Es probable que no recuerdes mucho de lo que pasó en realidad allí abajo, pero eso no importa. Algo te afectó, de eso estoy seguro. Y es el responsable de lo que ha pasado en los últimos tiempos. —Intentó sonreír—. Por eso no te odio. O bien no eres la Skade que conocí, o crees que estás sirviendo a algo superior.

—Ridículo.

—Pero quizá cierto. Yo tendría que saberlo, yo también estuve allí. ¿Cómo crees que nos hemos mantenido pegados a vosotros todo este tiempo? El Cháteau fue la fuente de la tecnología que hemos usado los dos. Tecnología alienígena para manipular la inercia. Salvo que tú la utilizaste para mucho más que eso, ¿no es cierto?

—La utilicé con un fin concreto, eso es todo.

—Intentaste moverte más rápido que la luz, igual que hizo Galiana. —Vio otro chispazo de interés ante la mención del nombre de Galiana—. ¿Por qué, Skade? ¿Qué era tan importante para que tuvieras que hacer esto? No son más que armas.

—Tú también las quieres, con todas tus fuerzas.

Clavain asintió.

—Pero solo porque he visto cuánto las deseas tú. También me mostraste esa flota, y eso me hizo pensar que estabas planeando largarte de esta parte del espacio. ¿Qué pasa, Skade? ¿Qué has visto en tu bola de cristal?

—¿Quieres que te lo enseñe, Clavain?

—¿Enseñármelo? —preguntó él.

—Dame acceso a tu mente y te implantaré lo que me enseñaron a mí, con toda exactitud. Entonces lo sabrás. Y quizá veas las cosas a mi manera.

—No… —dijo Escorpio.

Clavain bajó sus defensas mentales. La presencia de Skade fue repentina y molesta, tanto que se estremeció. Pero la mujer no intentó nada más que pintar imágenes en su mente, como le había prometido.

Clavain vio el final de todo. Vio cadenas de hábitats humanos sembrados de brillantes puntitos de fuego aniquilador. Guirnaldas nucleares moteaban las superficies de mundos demasiado intrascendentes para desmantelarlos. Vio cometas y asteroides dirigidos hacia las colonias, oleada tras oleada, demasiados para que pudieran neutralizarlos las defensas existentes. Las llamaradas se elevaban de las superficies de las estrellas, se concentraban y pintaban las superficies de los mundos para esterilizarlo todo a su paso. Vio mundos rocosos que se pulverizaban y se aplastaban convertidos en nubes calientes de escombros interplanetarios. Vio gigantes gaseosos que se partían al girar, destrozados como los juguetes de unos niños malhumorados. Vio estrellas que morían solas, envenenadas para que brillaran y emitieran demasiado calor o demasiado frío, o desgarradas de una docena de formas diferentes. Vio naves que detonaban en el espacio interestelar cuando se imaginaban que estaban a salvo de todo daño. Oyó un coro aterrado de transmisiones humanas por radio y láser, que al principio era una multitud, pero que luego se fue reduciendo hasta convertirse en un puñado desesperado de voces solitarias, que iban siendo a su vez silenciadas de una en una. Luego oyó solo el gorjeo sin sentido de las trasmisiones automáticas, e incluso eso comenzó a callarse a medida que se derrumbaban las últimas defensas de la humanidad.

La limpieza se extendía por un volumen de varias decenas de años luz de anchura. Hacían falta muchas décadas para completarla, pero se había acabado en un destello comparado con el paso pulverizador y lento de la historia galáctica.

Y alrededor de todo, orquestando esta limpieza, presintió una sensibilidad tenue y cruel. Era un conjunto de mentes mecánicas, la mayor parte de las cuales rondaban justo por debajo del umbral de la conciencia. Eran viejas, más viejas que las estrellas más jóvenes, y expertas solo en el arte de la extinción. Nada más les importaba.

—¿En qué momento del futuro está esto? —le preguntó a Skade.

—Ya ha empezado. Es solo que no lo sabemos todavía. Pero en menos de medio siglo los lobos alcanzan las colonias centrales, las más cercanas al Primer Sistema. En menos de un siglo la raza humana consiste en unos cuantos grupos apiñados, demasiado asustados para viajar o para intentar comunicarse unos con otros.

—¿Y los combinados?

—Estamos entre ellos, pero igual de vulnerables, igual de perseguidos. No queda ningún Nido Madre. Los nidos de combinados de algunos sistemas se han eliminado por completo. Es entonces cuando envían un mensaje al pasado.

Clavain asimiló lo que le había dicho y asintió con cautela, preparado para aceptarlo por el momento.

—¿Cómo lo hicieron?

—Los experimentos del Exordio de Galiana —respondió la cabeza sin cuerpo de Skade—. Ella exploró la vinculación de las mentes humanas con los estados cuánticos coherentes. Pero la materia en un estado de superposición cuántica está enmarañada, en un sentido fantasmal, con todas las partículas que han existido alguna vez, o que llegarán a existir. La intención de sus experimentos era solo explorar nuevos modos de conciencia paralela, pero también abrió una ventana al futuro. El conducto era imperfecto, de modo que solo vagos ecos consiguieron llegar a Marte. Y cada mensaje enviado a través del canal aumentaba el ruido de fondo. El conducto tenía una capacidad de información finita, ya ves. El Exordio era un recurso muy valioso que solo se podía utilizar en momentos de crisis extrema.

Clavain tuvo una sensación de vértigo que lo mareó.

—Ya se ha cambiado nuestra historia, ¿verdad?

—Galiana se enteró de lo suficiente para hacer el primer motor de nave estelar. Era una cuestión de energía, Clavain, y de la manipulación de los agujeros de gusano cuánticos. En el corazón de un motor combinado hay un extremo de un agujero de gusano microscópico. El otro extremo está anclado quince mil millones de años en el pasado y absorbe la energía del plasma quark-gluón de la bola de fuego primaria. Por supuesto, esa misma tecnología se puede aplicar a la fabricación de armas del juicio final.

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