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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Skade estiró el brazo y cogió el objeto del tamaño de una canica que había sido Molenka, sabía que debía deshacerse de ella, echarla al vacío antes de que el campo se contrajera todavía más. La materia del interior de la membrana (la materia que en otro tiempo había sido Molenka) ya estaba sometida a una compresión salvaje, y no quería ni pensar lo que ocurriría si se expandiera de forma espontánea.

Tiró de la canica pero el objeto apenas se movió, como si estuviera inmovilizado y rígido en ese preciso punto del espacio y el tiempo. Skade incrementó la fuerza de su traje y por fin comenzó a moverla. Tenía toda la masa inercial de Molenka en su interior, quizá más, y sería igual de difícil detenerla o dirigirla.

Emprendió el laborioso camino a la cámara estanca dorsal más cercana.

La hélice de proyección cogió velocidad. Clavain se encontraba con las manos en la barandilla que la rodeaba, escudriñaba la forma indistinta que aparecía dentro del cilindro. Se parecía a un insecto aplastado, un abanico de entrañas suaves, como cuerdas que se derramaban por un extremo de un caparazón duro y oscuro.

—Eso va a tardar mucho en ir a alguna parte —dijo Escorpio.

—Tocada y hundida —asintió Antoinette Bax. Luego silbó—. Está flotando, se cae por el espacio. La hostia. ¿Qué crees que le ha pasado?

—Algo malo, pero no algo catastrófico —dijo Clavain en voz baja—, o ni siquiera la veríamos. Escorp, ¿puedes acercarte más y aumentarla parte de atrás? Da la sensación de que ahí ha pasado algo.

Escorpio estaba controlando las cámaras del casco, que debían dar una panorámica de la nave estelar que había quedado flotando cuando pasaron de golpe a su lado a una velocidad diferencial de más de mil kilómetros por segundo. Estarían dentro del alcance efectivo de sus armas durante solo una hora. La Luz del Zodíaco ni siquiera estaba acelerando en ese momento; los sistemas de supresión de la inercia estaban apagados y los motores guardaban silencio. Unos grandes volantes habían hecho girar el núcleo habitacional de la abrazadora lumínica a una G de gravedad centrífuga. Clavain disfrutaba de la sensación de no tener que luchar bajo una gravedad mayor, ni tener que utilizar un aparejo exoóseo. Y era incluso más agradable no tener que sufrir los inquietantes efectos fisiológicos del campo de supresión de la inercia.

—Ahí —dijo Escorpio cuando terminó de ajustar el marco—. Son las imágenes más claras que vas a conseguir, Clavain.

—Gracias.

Remontoire, el único de todos ellos que todavía llevaba un aparejo exoóseo, se acercó más al cilindro, y al hacerlo rozó a Pauline Sukhoi con un zumbido de servos.

—No reconozco esas estructuras, Clavain, pero parecen intencionadas.

Clavain asintió. Esa también era su opinión. La forma básica de la abrazadora lumínica seguía siendo como debía, pero de la parte trasera brotaba una complicada extensión de filamentos y arcos retorcidos, como los resortes y trinquetes del mecanismo de un reloj sorprendido en el momento de explotar.

—¿Querrías especular? —le preguntó Clavain a Remontoire.

—Estaba desesperada por huir de nosotros, desesperada por adelantarse. Es posible que se haya planteado alguna medida extrema.

—¿Medida extrema? —preguntó Xavier. Tenía una mano alrededor de la cintura de Antoinette. Los dos estaban sucios de aceite de máquina.

—Ya podía suprimir la inercia —dijo Remontoire—. Pero creo que esto era otra cosa, una modificación del mismo equipo para empujarlo a un estado diferente.

—¿Por ejemplo? —preguntó Xavier.

Clavain también miró a Remontoire.

Este dijo:

—La tecnología suprime la masa inercial, eso es lo que Skade llamaba un campo de estado dos, pero no la elimina por completo. En un campo de estado tres, sin embargo, toda la masa inercial baja a cero. La materia se hace fotónica, incapaz de viajar a otra cosa que no sea la velocidad de la luz. La dilación de tiempo se hace infinita, así que la nave continuaría congelada en el estado fotónico hasta el fin de los tiempos.

Clavain miró a su amigo y asintió. Remontoire parecía estar completamente dispuesto a utilizar el exoesqueleto, aunque estaba funcionando como una forma de restricción, capaz de inmovilizarlo si en algún momento Clavain decidía que no se podía confiar en él.

—¿Y el estado cuatro? —preguntó Clavain.

—Eso podría ser más útil —dijo Remontoire—. Si pudiera hacer un túnel a través del estado tres y saltárselo por completo, quizá sería capaz de lograr una transición sin complicaciones a un campo de estado cuatro. Dentro de ese campo, la nave cambiaría de golpe a un estado de masa taquiónica, incapaz de hacer otra cosa que no sea viajar más rápido que la luz.

—¿Skade intentó eso? —preguntó Xavier con tono reverente.

—Es la mejor explicación que se me ocurre —dijo Remontoire.

—¿Qué crees que pasó? —preguntó Antoinette.

—Una especie de inestabilidad en el campo —dijo Pauline Sukhoi; el pálido reflejo de su rostro angustiado adornaba la pantalla del tanque. Habló con tono lento y solemne—: Dominar una burbuja de espacio tiempo alterada hace que la contención de la fusión parezca ese juego que los niños juegan en los cumpleaños. Sospecho que Skade creó primero una burbuja microscópica, es probable que subatómica, desde luego no más grande que una bacteria. A esa escala, es engañosamente fácil de manipular. ¿Veis esas hoces y esos brazos? —Señaló la imagen, que había rotado un poco desde que había aparecido por primera vez—. Esos habrían sido sus generadores de campo y sistemas de contención. Se supone que habrían permitido que el campo se expandiera de una forma estable hasta que revistiera la nave. A una burbuja que se expandiera a la velocidad de la luz le llevaría menos de un milisegundo tragarse una nave del tamaño de la Sombra Nocturna, pero el vacío alterado se expande superluminalmente, como el espacio tiempo inflacionario. Una burbuja de estado cuatro tiene un tiempo de duplicación característico del orden de diez a menos cuarenta y tres segundos. Eso no da mucho tiempo para reaccionar si las cosas empiezan a ir mal.

—¿Y si la burbuja siguiera creciendo…? —preguntó Antoinette.

—No lo hará —dijo Sukhoi—. Al menos, ni siquiera lo sabrías en tal caso. Nadie lo sabría.

—Skade tiene suerte de que le quede nave —dijo Xavier.

Sukhoi asintió.

—Debe de haber sido un accidente pequeño, es probable que durante la transición entre estados. Quizás haya alcanzado el estado tres, que convirtió un pequeño trozo de su nave en una luz pura y blanca. Una pequeña explosión fotoleptónica.

—Parece que se puede sobrevivir —dijo Escorpio.

—¿Hay alguna señal de vida? —preguntó Antoinette.

Clavain sacudió la cabeza.

—Ninguna. Pero tampoco las habría, no con la Sombra Nocturna. El prototipo está diseñado para lograr un sigilo máximo. Nuestros métodos habituales de detección no van a funcionar.

Escorpio ajustó algunos marcos e hizo que los colores de la imagen cambiaran a espectrales tonos de color verde y azul.

—Termal —dijo—. Todavía tiene energía, Clavain. Si hubiera habido una explosión importante de los sistemas, a estas alturas su casco estaría cinco grados más frío.

—No me cabe duda de que hay supervivientes —dijo Clavain.

Escorpio asintió.

—Algunos quizá. Se esconderán hasta que los hayamos adelantado y estemos fuera del alcance de los sensores. Entonces entrarán de inmediato en modo de reparación. Antes de que te des cuenta, lo tendremos detrás y tendremos el mismo problema de siempre.

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