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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Así que Jastrusiak estaba muerto. De hecho, llevaba muchos años muerto.

Pero si hubiera vivido, pensó Skade, habría sido precisamente la clase de experto que ella habría reclutado para su equipo a bordo de la Sombra Nocturna. Con toda probabilidad habría sido del mismo calibre que Molenka y habría terminado trabajando al lado de ella.

¿Qué significaba eso? Supuso que no era más que una incómoda coincidencia.

Molenka la volvió a llamar.

[Estamos listos, Skade. Podemos intentar de nuevo el experimento].

Skade dudó, a punto estuvo de contarle que había descubierto la verdad sobre Jastrusiak. Pero luego se lo pensó mejor.

Hazlo ya, le dijo.

Vio moverse la maquinaria, los brazos negros y curvados se batían hacia delante y hacia atrás y al parecer se cruzaban entre sí, tejiendo y trillando el tiempo y el espacio como si fuese un telar infernal, convenciendo y acunando la mota del tamaño de una bacteria de métrica alterada para que pasara a la fase taquiónica. En pocos segundos, la maquinaria se había convertido en un contorno borroso que se tejía tras la Sombra Nocturna. La onda de gravedad y los sensores de partículas exóticas registraban ráfagas de tensión espacial profunda cuando el vacío cuántico del límite de la burbuja se cortó y partió a escalas microscópicas. El patrón de esas ráfagas, filtrado y procesado por ordenadores, le dijo a Molenka cómo se estaba comportando la geometría de la burbuja. Le transmitió estos datos a Skade al tiempo que le permitía visualizar la burbuja como un reluciente glóbulo de luz que latía y se estremecía cual gota de mercurio suspendida en una cuna magnética. Varios colores, no todos ellos dentro del espectro humano normal, se desplazaban en ondas prismáticas por la piel de la burbuja, lo que significaba arcanos matices de interacción del vacío cuántico. Nada de eso preocupaba a Skade; lo único que le importaba eran los índices que lo acompañaban y le decían que la burbuja se estaba comportando de forma normal, o tan normal como podía esperarse en algo que no tenía ningún derecho real a existir en este universo. Salió un suave fulgor azul de la burbuja cuando las partículas de la radiación Hawking se metieron de golpe en el estado taquiónico y se las arrebataron a la Sombra Nocturna a una velocidad superluminal.

Molenka indicó con una señal que estaban listos para expandir la burbuja, de tal forma que la misma Sombra Nocturna quedase atrapada dentro de su propia esfera de espacio-tiempo de fase taquiónica. El proceso ocurriría en un instante y el campo, según Molenka, volvería a derrumbarse y adoptar su escala microscópica en picosegundos subjetivos, pero ese instante de inestabilidad sería suficiente para trasladar la nave de Skade por un nanosegundo luz de espacio, más o menos la tercera parte de un metro. Ya se habían desplegado unas sondas desechables más allá del radio esperable de la burbuja, listas para capturar el instante en el que la nave haría el cambio taquiónico. Una tercera parte de un metro no era suficiente para que se notara la diferencia con respecto a Clavain, claro está, pero, en principio, la duración del procedimiento de salto se podía extender y se podía repetir casi de inmediato. Con mucho, lo más difícil sería hacerlo una vez, a partir de ahí solo era cuestión de perfeccionarlo.

Skade le dio a Molenka permiso para expandir la burbuja. Al mismo tiempo hizo que sus implantes se pusieran en el máximo estado de conciencia acelerada. La actividad normal de la nave se convirtió en un ruido de fondo cambiante. Hasta los brazos negros que no dejaban de batir se ralentizaron, de tal modo que fue capaz de apreciar su danza hipnótica con más claridad. Skade examinó su estado de ánimo y encontró anticipación y nervios, mezclados con el miedo visceral de estar a punto de cometer un grave error. Recordó que el lobo le había dicho que muy pocas entidades orgánicas se habían movido alguna vez más rápido que la luz. Bajo cualquier otra circunstancia, quizá hubiera decidido prestar atención a la advertencia tácita, pero, al mismo tiempo, el lobo había estado incitándola, animándola a llegar a ese punto. La ayuda técnica del ser había sido vital a la hora de descifrar las instrucciones del Exordio, y supuso que a él también le interesaba preservar su propia existencia. Pero quizá solo era que disfrutaba viéndola debatir consigo misma y no le importaba tanto su propia supervivencia.

No importaba. Ya estaba hecho. Los brazos se batían y ya estaban alterando las condiciones del campo alrededor de la burbuja, acariciaban los límites con delicados roces cuánticos que la animaban a expandirse. La insegura burbuja se dilató, comenzó a hincharse con una serie de expansiones ladeadas. La escala cambió en una serie de saltos logarítmicos, pero no lo bastante rápido, en absoluto. Skade supo de inmediato que algo iba mal. La expansión debería haber ocurrido demasiado rápido para que pudiera percibirse, ni siquiera con una conciencia acelerada. A estas alturas la burbuja ya debería haber envuelto la nave, pero en realidad solo se había inflamado hasta alcanzar el tamaño de un pomelo hinchado. Rondaba al alcance de los brazos que no dejaban de batirse, horrible, burlona y maligna. Skade rezó para que la burbuja volviera a reducirse al tamaño de una bacteria, pero sabía por lo que Molenka había dicho que era mucho más probable que se expandiese de un modo incontrolado. Horrorizada y extasiada, contempló cómo se flexionaba y ondulaba la burbuja del tamaño de un pomelo hasta adquirir en un instante la forma de un cacahuete, y luego retorcerse y convertirse en un toro, una transformación topológica que Molenka habría jurado que era imposible. Luego volvía a ser una burbuja y luego, cuando unos bultos y muescas aleatorias comenzaron a latir en la superficie de la membrana, Skade juró ver una gárgola que le sonreía lasciva. Sabía que era culpa de su subconsciente, que había grabado un patrón donde no existía ninguno, pero la sensación de percibir un mal sin forma definitiva resultaba ineludible.

Luego la burbuja volvió a expandirse hasta alcanzar el tamaño de una pequeña nave espacial. Algunos de los brazos que se batían no se apartaron a tiempo y sus afiladas extremidades atravesaron la membrana ondulada. Los sensores se sobrecargaron, incapaces de procesar el clamoroso torrente de flujo gravitacional y de partículas. Era inexorable, estaban perdiendo el control de las cosas. Los sistemas vitales de control de la parte posterior de la Sombra Nocturna se estaban cerrando. Los brazos comenzaron a moverse de forma espasmódica, se golpeaban entre sí como los miembros de un coro de bailarines mal orquestados. Los nódulos y los rebordes se rompieron. Cintas de plasma reluciente se desgarraron entre el límite y la maquinaria que lo envolvía. El límite volvió a hincharse; su membrana tragó hectáreas cúbicas de maquinaria de soporte vital. La maquinaria fallaba y ya no podía seguir manteniendo la estabilidad. Dentro de la burbuja latieron unas tenues explosiones. Se partió uno de los brazos de control fundamentales y chocó contra el costado del casco de la Sombra Nocturna. Skade sintió que una cadena de explosiones avanzaba por el lateral de su nave, brotes rosas que se lanzaban en cascada hacia el puente. Su hermosa maquinaria se estaba despedazando. La burbuja se retorció y se hizo más grande, rezumaba por las malogradas sujeciones de los brazos desviados y combados. Sonaron alarmas de emergencia, por toda la nave las barricadas internas bajaron con estrépito. Una blancura deslumbradora surgió del corazón de la burbuja cuando la materia de su interior sufrió una transición parcial al estado fotónico puro. Una catastrófica reversión al vacío cuántico de estado tres, en el que toda la materia carecía de masa.

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