Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » Favoritos De La Fortuna
Favoritos De La Fortuna - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Favoritos De La Fortuna

Электронная книга - «Favoritos De La Fortuna». Краткое содержание книги:

Argumento: Desde el año 83 al 69 antes de Cristo, los principales acontecimientos de la historia de la antigua Roma en un fascinante mosaico novelesco que respeta escrupulosamente la verdad de los hechos, aunque narrándolos con la amenidad de la mejor de las novelas. En el relato aparecen numerosos personajes, pero el que tiene mayor protagonismo es un Julio César adolescente que consigue desembarazarse de sus obligaciones sacerdotales para demostrar a todos su extraordinaria inteligencia y su valor, que harán de él en el futuro un héroe celebérrimo de la historia romana. Las costumbres de la época, las estrategias bélicas, las intrigas políticas, los usos amatorios, etc., adquieren también gran importancia en esta novela, que constituye la tercera parte del gran ciclo de Colleen McCullough.
1 ... 156 157 158 159 160 161 162 163 164 ... 273
Перейти на страницу:

Bien, mi querido Magnus, he entrado en contacto con este villano y me he asegurado sus servicios. No hemos hablado de cantidades concretas, pero no será barato. Sin embargo, hará lo que haya que hacer, de eso estoy seguro. Su plan consiste en fomentar un motín entre las tropas en cuanto Mamerco lleve en Capua el tiempo suficiente para que parezca que es el responsable. Le indiqué que esas tropas son veteranos de Sila y que no creía que se volviesen contra el yerno de su querido dictador, pero Estaeno se rió de mis reparos. Mis recelos se disiparon al oírle reír con tantas ganas y confianza. Además, hay que decir que pueden esperarse grandes cosas de una persona que ha arreglado su propia adopción por los Elios y hace que la gente le llame Paetus en vez de Estaeno. Causa buena impresión a todos, pero sobre todo a los de clase baja, a quienes les entusiasma y enfebrece con su estilo oratorio.

Esto era lo que había hasta que encontré a Estaeno para frustrar el mando de Mamerco; pero desde entonces he cambiado de táctica y presiono para que lo tome, y cada vez que le veo le pregunto por qué sigue en Roma en vez de irse a Capua para adiestrar a sus tropas. Creo que podemos estar seguros de que, a más tardar en septiembre, Mamerco tendrá que vérselas con un motín. En cuanto tenga noticia de ello, comenzaré a reclamar al Senado que recurra a la cláusula del mando especial.

Afortunadamente, las cosas van de mal en peor en Hispania y eso facilitará mi tarea. Así que ten paciencia y sé optimista, mi querido Magnus. Llegará el día, este mismo año, en que cruces los Alpes antes de que las nieves lo impidan.

El motín que estalló a poco de comenzar el mes de sextilis fue perfectamente planeado por Cayo Elio Estaeno, pues no fue cruento ni violento, y surgió con tal espontaneidad que su víctima, Mamerco, no quiso aplicar castigo a la tropa. Una delegación fue a decirle con total firmeza que las legiones no querían ir a Hispania al mando de ningún general que no fuese Cneo Pompeyo Magnus, porque creían que sólo él podía derrotar a Quinto Sertorio.

– Y quizá tengan razón -dijo Mamerco con toda sinceridad al Senado cuando acudió a Roma a informar-. Confieso que no se lo reprocho. Han sido muy respetuosos. Los veteranos con su experiencia tienen buen olfato, y no puede alegarse que no me conocen. Si ellos creen que soy incapaz de vencer a Quinto Sertorio, yo mismo debo dudarlo. Si creen que Cneo Pompeyo es el único capaz de hacerlo, habrá que pensar si no será cierto.

Aquellas palabras sinceras y tranquilas causaron tal impresión en los senadores, que no se produjeron arrebatos de indignación ni hubo lugar a debate. Así, Filipo pudo intervenir más fácilmente.

– Padres conscriptos -comenzó diciendo en tono afectuoso-, ha llegado la hora de que hagamos inventario de la situación en Hispania sin apasionamientos ni prejuicios. ¡Cuán sedante y enaltecedora experiencia ha sido para mí escuchar a nuestro muy querido e inteligente segundo cónsul, nuestro príncipe del Senado, Mamerco Emilio Lépido Liviano! Yo voy a continuar en el mismo tono mesurado y reflexivo.

Dio una vuelta sobre sí mismo, mirando a todos los rostros a que alcanzaba desde su posición en la primera fila de la izquierda.

– Los primeros éxitos de Quinto Sertorio después de regresar a Hispania para unirse a los lusitanos hace tres años y medio son comprensibles. Hombres como Lucio Fufidio no supieron contenerle y le presentaron batalla precipitadamente. Cuando nuestro pontífice máximo, Quinto Cecilio Metelo Pío, llegó para gobernar la Hispania Ulterior, y su colega Marco Domicio Calvino llegó para gobernar la Hispania Citerior, sabíamos que Quinto Sertorio iba a ser difícil de derrotar. Fue entonces, en aquella primera campaña de verano, cuando el legado de Sertorio, Lucio Hirtuleyo, atacó a las seis legiones de Calvino con tan solo cuatro mil hombres y le infligió una derrota. Calvino murió en el campo de batalla, igual que la mayoría de sus hombres. A continuación, Sertorio fue a combatir a Pío, pero prefirió atacar a su estimable legado Thorio, muriendo Thorio en el campo de batalla y quedando sus tres legiones malparadas. Nuestro querido Pío se vio obligado a retirarse a sus cuarteles de invierno en Olisipo del Tajo, perseguido por Sertorio.

»Al año siguiente -es decir, el año pasado- no hubo grandes batallas. ¡Pero tampoco grandes éxitos! Pío pasó el tiempo tratando de librarse de las garras de Sertorio, mientras que Hirtuleyo recorría la Hispania central y afianzaba la influencia de Sertorio entre las tribus celtibéricas. Ya se había ganado Sertorio a los lusitanos, y en ese momento casi toda Hispania estaba a punto de ponerse de su parte, salvo las tierras entre el río Betis y las montañas de Orospeda, en donde Pío había concentrado sus fuerzas para atraerle.

»Pero el gobernador del pasado año de la Galia Transalpina, Lucio Manlio, pensó que podía asestar un golpe a Sertorio y cruzó los Pirineos con cuatro legiones. Hirtuleyo le presentó batalla en el río Iberus, causándole tan aplastante derrota que Lucio Manlio hubo de retirarse sin dilación a su provincia, en la que no tardó en ver ¡que corría peligro!, pues Hirtuleyo le persiguió y le derrotó por segunda vez.

»Este año tampoco nos ha sido favorable, padres conscriptos. La Hispania Citerior aún no tiene gobernador, y en la Ulterior gobierna con una prórroga Pío, que no ha cruzado el Betis ni ha avanzado al norte de Orospeda. Sin encontrar resistencia, Quinto Sertorio cruzó el paso de Consabura de la Hispania Citerior y ha fijado su capital en Osca, pues ha tenido la audacia de organizar la ocupación de las provincias de Roma según el modelo romano. Tiene una capital y un Senado… incluso una escuela en la que pretende que los hijos de los caudillos bárbaros aprendan latín y griego para que ocupen debidamente los cargos de magistrados en esa Hispania que quiere suya. Sus magistrados ostentan títulos romanos, su senado consta de trescientos miembros. Y ahora se le ha unido Marco Perpena Vento con las tropas de Lépido que lograron escapar de Cerdeña.

Nada de lo que exponía era nuevo ni desconocido, pero nadie lo había dicho en unas frases sucintas y desapasionadas. Se oyó un suspiro general y los senadores permanecieron en sus sillas abatidos.

– ¡Padres conscriptos, tenemos que enviar un gobernador a la Hispania Citerior! Lo intentamos, pero Lépido impidió la marcha de Quinto Lutacio, y un motín ha impedido la marcha de nuestro príncipe del Senado. Me resulta evidente que el gobernador ha de ser un hombre de singular calidad. Sus obligaciones serán, en primer lugar, hacer la guerra y después gobernar. De hecho, su obligación casi exclusiva será hacer la guerra. De las catorce legiones que fueron con Pío y Calvino hace dos años y medio, puede que queden siete, todas ellas con Pío en la Hispania Ulterior. La Hispania Citerior está guarnecida… por Quinto Sertorio. No hay nadie en esa provincia que le haga frente.

»El que enviemos a la Hispania Citerior deberá ir con un ejército… no podemos quitarle tropas a Pío. Y el núcleo de ese ejército lo tenemos en Capua: cuatro buenas legiones integradas por veteranos de Sila, que se han negado a marchar a Hispania si no es al mando de Cneo Pompeyo Magnus, que no es senador pero sí caballero.

Filipo hizo una larga pausa, inmóvil, para que sus últimas palabras causaran efecto, y cuando reanudó el discurso lo hizo con voz más apremiante, más práctica.

– Entonces, queridos colegas, tenemos una sugerencia, gentilmente expresada por el ejército de Capua: Cneo Pompeyo Magnus. No obstante, la ley de Lucio Cornelio Sila estipula que tenga prioridad de mando alguien del Senado dispuesto a recibirlo, y que esté militarmente calificado para ejercerlo. Quiero ver si existe tal hombre en esta Cámara.

Se volvió hacia el estrado curul y miró al primer cónsul.

1 ... 156 157 158 159 160 161 162 163 164 ... 273
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)