Entre el amor y el deber
- Автор: Уинтерз Ребекка
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Entre el amor y el deber». Краткое содержание книги:
Raúl no tenía la menor duda de que él era el padre y estaba dispuesto a reclamar sus derechos… eso significaba que tenía dos noticias que dar a Heather: que estaba embarazada y ¡que estaba a punto de convertirse en su esposa!
Ramón le acarició el brazo y se fue.
A la mañana siguiente, Teresa le propuso ir de compras mientras Raúl iba al aeropuerto a recoger a los Dorney y a su padre.
– Tengo que hablar con él. Es lo mínimo. No he tenido oportunidad de pedirle tu mano y quiero que sepa lo que siento por ti.
Heather sabía que aquel encuentro iba a ser vital y que, aunque su padre estuviera dolido, respetaría más a Raúl si iba con la verdad por delante.
Al volver de compras con Teresa, los vio a los dos hablando en el jardín.
Nerviosa, corrió a abrazar a su padre.
– Papá… Gracias por venir. Siento mucho hacerte sufrir. No te puedes ni imaginar lo que me alegro de que estés aquí!
– ¡Y yo lo que me alegro de que estés viva!-contestó él emocionado-. Tu prometido me ha contado lo del accidente.
– Por favor, dale una oportunidad.
– Lo estoy haciendo. Me he dado cuenta de que es un hombre extraordinario.
Heather asintió.
– Lo quiero como no te puedes imaginar -le susurró al oído.
– Sí me lo imagino, viendo lo que has hecho por él el amor tiene que ser muy fuerte para que un matrimonio vaya bien, Sobre todo, si hay un runo en camino.
– Con hacer a Raúl la mitad de feliz de lo que mama te hizo a ti, me conformaría.
– Tu prometido tiene mucha suerte -le dijo besándola en la frente-Vamos adentro. Evan y Phyllis ya están planeando venir para el nacimiento del niño.
Aquellas palabras significaban mucho para ella, pero sabía que su padre se estaba callando muchas cosas. Se preguntó de qué había hablado con Raúl.
Después de cenar, Raúl la acompañó a su habitación, pero no entró.
– Me muero por saber de qué has hablado con mi padre.
– Él me ha expuesto sus preocupaciones y yo le he asegurado que todo irá bien. Los dos te querernos mucho.
Raúl no le estaba contando todo.
– Raúl…
– Eso es todo, cariño -dijo besándola-Te veré mañana en la iglesia, cuando te vayas a convertir en mi esposa. Esta noche se me va a hacer interminable.
El beso que se dieron hizo que Heather se excitara tanto que temió desmayarse de deseo. Raúl se apartó y se fue por el pasillo. Heather tuvo que hacer un gran esfuerzo para no correr tras él y preguntarle por qué se estaba mostrando tan esquivo.
Se metió en la cama algo preocupada. No durmió muy bien y se pasó la mitad de la noche memorizando lo que tenía que decir en la ceremonia.
Phyllis la despertó a las ocho y una doncella les sirvió el desayuno a ambas. Cuando terminaron, llegó otra doncella con el vestido de encaje blanco y los zapatos a juego que Teresa había elegido para ella. Un tercer miembro del servicio la ayudó a ponerse la mantilla sobre su pelo dorado.
Teresa llegó con un ramo de gardenias y la besó anunciándole que su padre la esperaba en el vestíbulo. Estaba muy guapo con su traje gris nuevo.
Agarrada a su brazo, salieron del cháteau, cruzaron los jardines y se dirigieron a la capilla. Hacía un día maravilloso.
Cuando entraron en la capilla, los familiares y amigos de Raúl los estaban esperando. Se maravilló ante lo bien que su tía había preparado todo con tan poco tiempo.
Raúl la estaba esperando, alto y radiante, con su traje azul y dos gardenias en la solapa. La intensidad de sus ojos negros la hizo enrojecer.
No la miraría así si algo fuera mal. Todo iba bien. Seguro.
Mientras avanzaba por el pasillo junto a su padre, Heather sentía que el corazón se le salía del pecho de felicidad. Al soltarse del brazo de su padre y quedar frente a frente con el hombre al que amaba más que a su propia vida, se preguntó si volvería a latir con normalidad algún día.
El sacerdote le sonrió y comenzó la ceremonia en español. Al cabo de un rato, le hizo una señal con la cabeza para indicarle que había llegado el momento de que pronunciara sus votos en inglés.
Heather tomó aire, agarró la mano izquierda de Raúl con su brazo escayolado mientras con la otra mano le ponía la alianza que Ramón le había dado.
Raúl reconoció la alianza y se le nubló la vista.
– Con este anillo, yo, Heather Sanders, te tomo a ti, Raúl Cárdenas, como esposo -dijo con voz firme.
Raúl la miró y se metió la mano en el bolsillo.
Heather no pudo ahogar una exclamación al ver el maravilloso solitario de zafiro.
Raúl le agarró el brazo escayolado y se lo puso en el dedo corazón.
– Con este anillo, yo, Raúl Cárdenas, te tomo a ti, Heather Sanders, como esposa.
Capítulo Seis
– Cariño, ¿por qué vamos por aquí?
Tras abrazar a su sorprendido padre una vez más, Raúl y ella se habían cambiado y se habían montado en la limusina con conductor que los estaba llevando a la selva. Se sorprendió al ver que se dirigían al centro de Buenos Aires cuando ella creía que irían directos al aeropuerto.
– Ya lo verás a su debido tiempo -contestó Raúl poniéndole una mano en el muslo.
Al parar frente a un rascacielos y salir del automóvil, Heather sintió que se le disparaba el corazón. Le había dicho que la luna de miel tendría que esperar, pero, obviamente, había cambiado de opinión.
– ¿Y el equipaje?
– Ya se han ocupado. ¿Vamos?
Ella asintió y Raúl la tomó de la cintura y la hizo entrar en el edificio. Una vez dentro, se dio cuenta de su error.
– ¡Creía que era un hotel!
– No. Es el lugar donde me refugio cuando vengo a Buenos Aires -dijo él mirándola de forma penetrante en el ascensor.
Cuando se abrieron las puertas, la volvió a sorprender tomándola en brazos.
– Me moría de ganas por cumplir con esta tradición -le susurró besándola y abriendo una puerta-Bienvenida a su casa, señora Cárdenas.
Heather supuso que llamaba «casa» tanto a aquel piso como a la cabaña de Zocheetl y no le dio más importancia mientras la paseaba por el elegante ático.
– ¡Qué vistas tan bonitas hay desde aquí! -exclamó mientras él le enseñaba la casa. Desde todas las habitaciones, se veía la ciudad de Buenos Aires.
– Me alegro de que te guste. Espero que también te guste mi regalo de bodas. Lo tienes en el salón.
Heather percibió su emoción mientras la llevaba al salón, donde vio un piano de cola negro Steinway.
Cuando la depositó ante la banqueta, toda la emoción del día de su boda se esfumó.
Ella había soñado con pasar la noche de bodas en el Chaco y se había quedado perpleja.
– Si no tuvieras el brazo escayolado, te pediría que tocaras a Rachmaninoff para mí. Tendré que esperar.
Heather cerró los ojos y dio gracias por la fractura.
¿Quería que diera un concierto en su luna de miel?
– Me han dicho que, como lo han movido, man… Raúl-. ¿Por qué no lo pruebas con la otra mano mientras yo hago un par de llamadas?
¿Cómo?
¿El día de su boda?
Sorprendida y asustada por el cambio que se había obrado en Raúl, se levantó y lo siguió.
– Si tienes que hacer una llamada es porque hay algo urgente que no me has dicho. ¿Qué pasa, Raúl? ¡Dímelo!
– Tengo que estar en Zocheetl esta noche.
– Lo sé. Creí que íbamos allí cuando salimos de casa de tus tíos. No entiendo por qué me has traído aquí. Me podrías haber enseñado tu ático en otra ocasión.
Raúl se giró hacia ella con expresión triste.
– Hemos estado tan liados con el tema de la boda que no he tenido tiempo de hablar contigo sobre mis planes.
Raúl había estado tan esquivo como su padre.
– ¿Qué planes?
– Ahora que estamos casados, vaya hacer cambios en Zocheetl. Voy a contratar a otro médico para poder venir a casa los fines de semana contigo.
Otra vez aquella palabra.
– Zocheetl es nuestra casa.
– No -murmuró él-No es lugar para ti y para el niño. He tomado la decisión de que te quedes aquí, cerca de mis tíos. Buenos Aires es una ciudad muy europea, famosa por sus tiendas. Te lo pasarás tan bien aquí como en Nueva York o en Viena.