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Электронная книга - «Entre el amor y el deber». Краткое содержание книги:

El doctor Raúl Cárdenas fue el primero en descubrir las consecuencias de la noche de pasión que había compartido con Heather Sanders. Al examinarla después de un accidente se dio cuenta de que se había quedado embarazada.
Raúl no tenía la menor duda de que él era el padre y estaba dispuesto a reclamar sus derechos… eso significaba que tenía dos noticias que dar a Heather: que estaba embarazada y ¡que estaba a punto de convertirse en su esposa!
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– No, papá nunca haría eso. El se lo traga todo.

– Cuando se entere de que te vas a casar conmigo, se va a poner como una furia.

– Le va a doler, pero no es por ti. He sido su niñita durante demasiado tiempo. Sería igual que me casara con quien me casara -dijo llorando al ver compasión en sus ojos-Le voy a decir también que vamos a tener un hijo. Así, al menos, la alegría de un nieto le hará más fácil asimilar la noticia.

– Mis tíos van a estar encantados con la noticia.

– Y los Dorney, también. Algo me dice que nuestro hijo va a ser muy bien recibido.

– Mañana mismo nos iremos a Formosa y, desde allí, llamaremos a Estados Unidos para decirles a todos que vengan para nuestra boda. La luna de miel va a tener que esperar un par de meses.

– No me importa. Yo solo quiero estar contigo. ¿Seguro que te puedes ir mañana? ¿ Y el trabajo? -Voy a hablar con mis compañeros. Lo más importante ahora para mí eres tú. El niño y tú tenéis que dormir, por lo menos, doce horas.

– Pero…

– Heather, esta noche no puedes dormir en mi cabaña porque no me hago responsable de mis actos. No te das cuenta, pero tu cuerpo está exhausto por el accidente y mañana vas a estar muy dolorida, así que necesitas dormir bien. Le vaya decir a Juan que te traiga la cena. Cómetelo todo. Pasaré a verte dentro de un rato y espero que estés profundamente dormida. Prométeme que vas a hacer lo que yo te diga.

– Te lo prometo -dijo viendo la preocupación que reflejaban sus ojos. Estaba realmente preocupado por ella y Heather lo amaba por ello.

Se besaron largamente.

– Venga, a la cama -le dijo arropándola y dándole un beso de buenas noches.

Heather cerró los ojos pensando en lo maravilloso que iba a ser compartir todos los días de su vida con aquel hombre tan fascinante y recrearse en la alegría de ser su esposa.

El jefe de la flota de avionetas de Formosa los trató estupendamente y les dejó utilizar su teléfono.

Raúl llamó a sus tíos, que recibieron la noticia con entusiasmo.

– Mi tía está encantada y me ha dicho que va corriendo al bufete de mi tío a contárselo. Te advierto que cuando esta tarde aterricemos en Buenos Aires nos van a cubrir de besos.

– Me apetece mucho conocerlos.

– Mi tía me ha dicho lo mismo de ti y me ha ofrecido el castillo familiar para tu familia -añadió refiriéndose al cháteau que su tatarabuelo le había construido a su mujer, de origen francés, y en el que él se había criado-. Te toca llamar a tu padre -añadió en tono solemne.

Heather marcó el número de la consulta y la recepcionista la pasó rápidamente con su padre.

– ¡Cariño, cómo me alegro de hablar contigo!

Llevo desde ayer intentando localizarte. Llamé a Viena y la doncella me dijo que te habías ido de vacaciones. ¿Dónde estás?

– ¿Estás solo? -le preguntó cerrando los ojos.

– Sí. ¿Qué ocurre? Te oigo rara.

– Estoy bien -contestó mirando a Raúl-. En realidad, no he sido más feliz en mi vida -añadió apretándole el brazo.

– ¡Te han ofrecido tocar en el Albert Hall de Londres!

– No, papá. Esto no tiene nada que ver con la música. Me vaya casar.

– ¿Cómo? -dijo su padre tras un largo silencio.

– Sé que la noticia te toma por sorpresa -se apresuró a decir-Raúl Cárdenas me lo pidió ayer. Hace tres meses nos conocimos en Nueva York y hablamos del tema. Cuando terminé los conciertos, me vine a Zocheetl para estar con él y ya está todo decidido. Estamos de camino a Buenos Aires. Nos vamos a casar en la finca de sus tíos y quiero que vengas cuanto antes para que me lleves al altar. No podría hacer esto sin ti.

– Me dejas de piedra, Heather -lo oyó decir con tristeza. Aquello la hizo llorar-Esto es increíble por muchas cosas y, sobre todo, porque no lo conoces de nada.

– Papá… -lo interrumpió- vamos a tener un hijo para marzo.

– Dios mío.

Heather tragó saliva.

– ¿Vas a venir? Por favor. Raúl va a llamar a Evan y a Phyllis en cuanto yo cuelgue. Quiere que vengan también, así que podríais venir juntos. La familia de Raúl ha insistido en que os alojéis en su casa. Te dejo el número del Cháteau Alarcón. Estaremos allí esta tarde -añadió dándoselo.-Papá, te quiero -murmuró al ver que su padre no decía nada-Tengo muchas cosas que contarte, pero tendrán que esperar.

– Yo también te quiero -murmuró su padre tras un largo silencio, y colgó.

– Raúl… le ha dolido muchísimo -dijo sintiendo que el auricular se le resbalaba de las manos.

Él la abrazó con fuerza hasta que dejó de llorar.

Después llamó a los Dorney.

– Evan me ha dicho que van a ir a la consulta de tu padre y que no te preocupes, que este día tenía que llegar tarde o temprano. Ellos se harán cargo de tu padre.

– Dios los bendiga.

– Me han dado la enhorabuena y me han asegurado que harán todo lo posible para estar aquí mañana.

– Menos mal. Raúl la besó.

– Sé que también tienes que llamar a Franz, pero ahora no nos da tiempo. Tenemos que irnos al aeropuerto.

Ambos se levantaron.

– No le va a gustar lo que le tengo que decir.

Así tengo tiempo de pensar cómo se lo digo -dijo con voz temblorosa.

– Tienes tanto talento que tu padre y tu maestro quieren que lo compartas con el mundo -dijo él retirándole un mechón de pelo de la cara.

– Ante todo, soy una mujer, Raúl, y lo más importante en mi vida es casarme contigo. Me di cuenta de ello durante los horribles tres meses que hemos estado separados.

– Fueron espantosos, pero también es verdad que tu música lleva alegría a miles de personas. -Quizá, pero yo tengo mi motivo de máxima alegría entre mis brazos.

– Heather… -gimió él comiéndosela a besos. Ella se aferró a él. Necesitaba sentirlo cerca.

No le duró mucho porque, en cuanto pusieron un pie en Buenos Aires, sus tíos no se separaron de ellos. Aunque su tío Ramón era más austero de lo que ella esperaba, estaba claro que adoraba a su sobrino.

El matrimonio resultó ser una pareja de lo más sofisticada que hablaba un inglés correctísimo. En cuanto llegaron al cháteau, la señora Cárdenas la instaló en una habitación de invitados porque le dijo que aquellas dos noches eran para prepararse espiritualmente para la boda.

A Heather le pareció bien que la mujer conservara aquellos valores tradicionales. Sus padres también la habían educado para que consumara el acto dentro del matrimonio, pero con Raúl nada había sido normal, se había dejado arrastrar por sus sentimientos.

La tía de Raúl le expresó su deseo de que la dejaran ser una buena abuela cuando llegara el momento.

Heather sintió un inmenso cariño por aquella mujer que había sido la segunda madre de Raúl.

– Me encantará, señora.

– Llámame Teresa -le indicó besándola en ambas mejillas y sellando, así, su amistad.

Aquella misma noche, tras haber hablado con el sacerdote amigo de la familia que los iba a casar, el tío de Raúl fue a hablar con ella.

– Quería hablar contigo a solas porque quiero darte algo que creo que te va a gustar -dijo sacándose una alianza del bolsillo-. Era del padre de Raúl. La tengo guardada desde que murió con la esperanza de que la mujer que Raúl eligiera se la diera el día de su boda -dijo haciendo una pausa-Mi hermano y su mujer fueron muy felices juntos y estoy convencido de que tú también harás muy feliz a mi sobrino.

Heather tuvo que aclararse la garganta.

– Raúl me dijo que usted y su padre estaban muy unidos.

Al hombre se le aguaron los ojos.

– Sí. Aunque le llevaba solo dos años, era mi hermanito pequeño. Cuando su mujer y él murieron en el terremoto, tuve mucho miedo porque no sabía si sería un buen padre.

Heather le apretó la mano.

– Ha criado usted a un hijo estupendo -susurró-. Raúl lo adora y lo admira y entiendo por qué -añadió dándole un beso en la mejilla-Gracias por este regalo tan importante.

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