La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Ella volvi� a telefonear en seguida y consigui� a la se�ora Ellis, que era lo que quer�a.
-��Qu� sucede, Pheeb? �Por qu� de pronto tengo mal aliento?
-��Oh, Charlie! �Qu� has estado haciendo? -dijo la se�ora Ellis, hablando muy bajo porque tem�a que el tel�fono estuviera intervenido-. La polic�a estuvo aqu� una ma�ana entera preguntando por ti, tres tipos, y no se nos permite decir nada.
-�Bueno, j�delos -dijo valerosamente.
Es uno de sus controles peri�dicos, se dijo. La brigada de Investigaci�n Discreta, entrometi�ndose con sus botas claveteadas para completar su dossier antes de Navidad. Hab�an estado haci�ndolo regularmente desde que hab�a empezado a ir a las tribunas. Excepto que, por alguna raz�n, no parec�a cosa de rutina. No toda una ma�ana y tres de ellos. Eso estaba reservado a los V.I.P.
Despu�s vino lo de la peluquera.
Hab�a hecho una cita para las once y la mantuvo, con o sin almuerzo. La propietaria era una generosa dama italiana llamada Bibi. Cuando vio entrar a Charlie, frunci� el entrecejo y dijo que ese d�a iba a atenderla ella misma.
-��Has vuelto a salir con un tipo casado? -aull�, mientras echaba champ� en el pelo de Charlie-. No tienes buen aspecto, �sabes? �Has sido una mala chica, le has robado el marido a alguien? �Qu� haces, Charlie?
�Tres hombres -dijo Bibi, obligada por Charlie-. Ayer.� Dijeron que eran inspectores de impuestos; quer�an ver la agenda de Bibi y las cuentas del valor a�adido.
Pero en realidad, lo que de verdad quer�an era saber sobre Charlie.
-���Qui�n es esta Charlie de aqu�?�, me dicen. ��La conoce bien, Bibi?� Claro, les digo. �Charlie es una buena chica, una cliente.� ��Ah, una cliente!, �eh? Le habla de sus amiguitos, �eh? �A qui�n se ha conseguido? �D�nde duerme estos d�as?� Todo acerca de que has estado de vacaciones�, con qui�n vas, d�nde vas despu�s de Grecia. Yo no les digo nada. Conf�a en Bibi.
Pero ya en la puerta, despu�s de que Charlie hubo pagado, Bibi se puso un poco desagradable, por primera vez.
-�No vuelvas por un tiempo, �de acuerdo? No me gustan los problemas. No me gusta la polic�a.
-�A m� tampoco, Beeb. Cr�eme, a m� tampoco. Y menos que nadie esas tres bellezas.
�Cuanto m�s pronto sepan de ti las autoridades, m�s pronto forzaremos la mano de la oposici�n�, le hab�a prometido Joseph. Pero no le hab�a dicho que iba a ser as�.
Despu�s, menos de dos horas m�s tarde, lleg� el chico bonito.
Hab�a comido una hamburguesa en alguna parte y luego empez� a caminar, pese a que estaba lloviendo, porque ten�a la est�pida idea de que mientras se mantuviera en movimiento estaba segura, y bajo la lluvia m�s segura todav�a. Se encamin� hacia el oeste, pensando vagamente en Primrose Hill; despu�s cambi� de idea y salt� a un autob�s. Probablemente fuera una coincidencia, pero cuando mir� atr�s desde la plataforma vio a un hombre que se met�a en un taxi, a unas cincuenta yardas de all�. Y repasando el incidente, crey� recordar que hab�a bajado bandera antes de que el tipo lo detuviera.
-��Mant�nte dentro de la l�gica de la ficci�n -le hab�a dicho Joseph una y otra vez-. Cede y habr�s estropeado la operaci�n. P�gate a la ficci�n y, cuando todo haya terminado, repararemos los da�os.�
A medio camino del p�nico, pens� en arrastrarle hasta lo de la modista y pedir ver a Joseph inmediatamente. Pero su lealtad hacia �l la retuvo. Le amaba sin verg�enza y sin esperanza. En el mundo que �l hab�a vuelto de cabeza para ella, era lo �nico permanente, tanto en la ficci�n como en los hechos.
De modo que en lugar de eso fue al cine y all� fue donde trat� de lig�rsela el hombre bonito. Y donde estuvo a punto de dejar que lo hiciera.
Era alto y malicioso, con un largo abrigo de cuero, nuevo, y gafas de abuelita, y cuando, durante el intermedio, se dirigi� hacia ella por la fila, supuso est�pidamente que lo conoc�a y en su desconcierto no supo darle un nombre o un lugar. De modo que le devolvi� la sonrisa.
-��Hola! �C�mo est�? -exclam� �l, sent�ndose a su lado-. Charmian, �no es verdad? �Dios, s� que estuvo bien en Alpha Beta el a�o pasado! �No estuvo realmente maravillosa? Tome unas palomitas de ma�z.
De pronto, nada encajaba. La sonrisa despreocupada no encajaba con la mand�bula parecida a la de un esqueleto; las gafas de abuelita no se llevaban bien con los ojos de rata; las palomitas no ten�an nada que ver con los zapatos lustrados y el abrigo de cuero, seco, no guardaba relaci�n con el tiempo. Hab�a llegado all� desde la luna, sin otra intenci�n que la de detenerla.
-��Quiere que llame al gerente o se va solo? -dijo.
El se mantuvo en sus trece, protestando, sonriendo con afectaci�n, pregunt�ndole si era un fraude, pero cuando ella se precipit� en el vest�bulo, el personal hab�a desaparecido como nieve de verano. No hab�a nadie, excepto una chica negra, menuda, en la ventanilla, que fingi� que estaba demasiado ocupada contando el cambio.
Ir a casa requiri� m�s coraje del que pose�a, m�s del que Joseph ten�a derecho a esperar de ella, y durante todo el camino estuvo rogando que se le rompiera un tobillo o la atropellara un bus o sufriera otro de sus desmayos. Eran las siete de la tarde y el caf� atravesaba un momento de calma. El chef le sonri� brillantemente y su descarado amiguito la salud�, como de costumbre, agitando la mano como si ella fuera una tonta. Dentro del piso, en lugar de encender la luz, se sent� sobre la cama y dej� las cortinas abiertas, observando en el espejo c�mo holgazaneaban los dos hombres por la acera de enfrente, sin hablarse y sin mirar nunca en su direcci�n. Las cartas de Michel todav�a estaban bajo las tablas del suelo. Tambi�n su pasaporte y lo que quedaba del fondo de combatiente. �Ahora tu pasaporte es un documento peligroso -le hab�a advertido Joseph durante su serm�n sobre su nuevo status despu�s de la muerte de Michel-. No deber�a haber dejado que lo usaras para el viaje. Tu pasaporte debe quedar guardado, junto con los otros secretos.�
�Cindy�, pens� Charlie.
Cindy era una hu�rfana georgiana que hac�a el turno de tarde abajo. Su amante de la India occidental estaba en prisi�n por graves da�os corporales y de vez en cuando Charlie le daba lecciones de guitarra gratis para ayudarla a pasar el tiempo,
�Cindy -escribi�-. Aqu� va un regalo de cumplea�os, para cuando sea tu cumplea�os. Ll�valo a casa y practica hasta que est�s medio muerta. Tienes el talento, as� que no te des por vencida. Ll�vate tambi�n el estuche, aunque como una idiota he dejado la llave en casa de mam�. La traer� la pr�xima vez que venga. De todos modos, la m�sica todav�a no es para ti. Amor, Chas.�
El estuche era de su padre, un s�lido chisme eduardiano con cerraduras y remiendos. Adentro puso las cartas de Michel, junto con su dinero, el pasaporte y mucha m�sica. Lo llev� abajo con la guitarra.
-�Esto es para Cindy -le dijo al chef, y �l tuvo un ataque de risa y lo puso todo en el lavabo de se�oras, con la aspiradora y los envases vac�os.
Volvi� a subir, encendi� la luz, corri� las cortinas y se puso todas sus galas porque era noche de Peckham y ni todos los polis de la tierra ni todos sus amantes muertos le impedir�an hacer ensayar a sus chicos para la pantomima. Regres� a casa apenas pasadas las once. La calle estaba vac�a; Cindy se hab�a llevado el estuche y la guitarra. Telefone� a Al porque, de pronto, necesitaba desesperadamente un hombre, No hubo respuesta. El bastardo est� follando por ah� otra vez. Intent�, sin �xito, encontrar a un par de antiguos amigos. El sonido del tel�fono le parec�a peculiar, pero, teniendo en cuenta c�mo se sent�a, era posible que fueran sus o�dos. A punto de acostarse, ech� una �ltima ojeada por la ventana y all� estaban sus dos guardianes, otra vez plantados en la acera.
Al d�a siguiente no sucedi� nada, excepto que cuando llam� a Lucy, esperando de alg�n modo encontrar a Al all�, Lucy dijo que Al hab�a desaparecido de la superficie terrestre, que hab�a llamado a la polic�a, a los hospitales y a todo el mundo.