Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » La Casa del Alfabeto
La Casa del Alfabeto - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Casa del Alfabeto

Электронная книга - «La Casa del Alfabeto». Краткое содержание книги:

Alemania, segunda guerra mundial. El avión de los pilotos ingleses James Teasdale y Bryan Young es derribado en territorio enemigo durante una misión fotográfica. Consiguen sobrevivir, pero no llevan los uniformes, por lo que, si son capturados, serán acusados de espionaje y, probablemente, ejecutados.
Finalmente logran subir a un tren que parte del frente oriental con soldados enfermos. En uno de los vagones encuentran a varios oficiales de alto rango muertos sobre unas camas. Sin vacilar, James y Bryan tiran a dos de ellos del tren y ocupan su lugar, con la esperanza de poder escapar en cuanto tengan una oportunidad. Así, llegan hasta la Casa del Alfabeto, un hospital psiquiátrico situado en el corazón de Alemania, Mientras, la guerra sigue haciendo estragos, su única oportunidad de sobrevivir es simular que son enfermos mentales, pero ¿serán capaces de hacerlo durante meses sin convertirse en auténticos perturbados? ¿Son los únicos del pabellón que están fingiendo?
1 ... 97 98 99 100 101 102 103 104 105 ... 137
Перейти на страницу:

Petra había soñado muchas veces con aquel día, con la esperanza de que alguna vez volvería a repetir.

– ¡Y ya ve! Estamos en 1972. Wilfried Kröner tiene cincuenta y ocho años, Lankau sesenta, Stich sesenta y ocho. Bueno, y Gerhart tiene cincuenta años, los mismos que yo. No ha cambiado nada. Simplemente nos hemos hecho mayores. -Petra suspiró-. ¡Así ha pasado el tiempo, imperceptiblemente, hasta hoy!

Laureen se la quedó mirando un buen rato. Había sido un alivio para Petra poder contarle su historia a alguien. La mirada todavía joven de Petra estaba serena y, a la vez, triste.

– Petra-dijo-, le agradezco que me haya contado su historia. Creo cada una de las palabras que ha dicho, pero no entiendo qué tiene que ver mi marido con todo eso. ¿Esos tres hombres pueden hacerle daño?

– Sí, pueden, y lo harán si su marido no se aviene a sus condiciones.

– ¿Qué condiciones?

– Mantener la boca cerrada, volverse a casa. ¡No lo sé! -dijo, vacilante-. ¿Y dice que su marido es rico?

– ¡Así es, sí!

– ¿Puede probarlo?

– Por supuesto que sí. ¿A dónde quiere llegar?

– ¡Creo que va a ser indispensable si quiere salir de Friburgo con vida!

– ¡Salir vivo de Friburgo!

Laureen estaba asustada.

– Dígame, ¿es consciente de lo que me está diciendo? ¡Haga el favor de contarme inmediatamente lo que le ha pasado a mi marido!

– Puedo contarle una parte, porque no lo sé todo. Pongo una condición, sin embargo. Usted tendrá que garantizarme con su vida que ni usted ni su marido pretenden hacerle daño a Gerhart Peuckert.

En el transcurso de unas cuantas horas, Laureen se había trasladado de una realidad a otra a una velocidad que su cerebro era incapaz de asimilar. Hasta qué punto iba a tener un papel pasivo o no en todo aquel asunto dependía única y exclusivamente de la mujer que acababa de abrirle su corazón. Bryan estaba a punto de trasladarla a otra realidad y tal vez ahora mismo estuviera en apuros. Poco a poco, iba descubriendo nuevas y desconocidas facetas de la personalidad de su esposo. Ya no sabía si podría garantizarle a Petra que su marido no pretendía hacerle daño a Gerhart Peuckert; antes no lo habría dudado ni por un segundo.

Eso era antes.

– Sí, respondo por él con mi vida ■-declaró.

CAPÍTULO 48

En el preciso instante en que Lankau oyó el sonido prometedor del encendido del BMW, entrecerró su ojo sano y sonrió.

Por fin se había librado de su hostigador.

Algo le decía que habían sobrestimado a Von der Leyen, y que el mismo Von der Leyen los había infravalorado a ellos. Una combinación ideal; un punto de partida más que prometedor.

Horst Lankau seguía jugando en casa. Atado a una buena silla de brazos de madera de roble que su esposa había adquirido diez años atrás de un comerciante de muebles en Mulhouse; un embaucador y donjuán local que sabía cómo impresionar a las mujeres y cómo vaciar los bolsillos de sus maridos. Cuando la compraron, la silla tenía un aspecto increíblemente sólido, con su fustán rústico y sus patas macizas. Una verdad con modificaciones, pues a la hora de la verdad, resultó ser un trasto por el que habría deseado darle una paliza al comerciante personalmente. Al final, la silla, al igual que tantos otros trastos, había sido reparada con cuatro clavos y trasladada a la viña.

Precisamente entonces, mientras Lankau estaba tirando de los reposabrazos, no le sabía nada mal aquel arreglo. Lankau sacudió exasperadamente la silla hacia adelante y hacia atrás.

No se oyó ni el más mínimo crujido cuando los dos brazos de la silla se soltaron de sus tacos y volaron hacia atrás. Con los pedazos de madera colgándole de los brazos intentó inútilmente agarrar las cuerdas que le ceñían el torso al respaldo de la silla. Las cuerdas y su enorme barriga le impedían alcanzarse los pies y desatarlos. La única alternativa que le quedaba era seguir meciéndose hacia adelante y hacia atrás hasta que la silla se rompiera en pedazos. Cuando el reloj que colgaba sobre la puerta del zaguán dio las seis y cuarto, la silla se desplomó y Lankau volvió a quedar libre.

Peter Stich sonaba distraído. El tono de su voz parecía indicar que llevaba un buen rato pensando, con su snaps sobre la mesa, cuando el teléfono sonó.

– ¿Dónde diablos has estado? -lo increpó en cuanto reconoció la voz de Lankau.

– He estado practicando el inglés. ¡No sabes lo bien que me defiendo!

Lankau se colocó el teléfono debajo de la barbilla y empezó a frotarse los brazos; las heridas sólo eran superficiales.

– ¡Anda, calla ya de una vez! ¡Contéstame! ¿Qué está pasando, Horst?

– Estoy en la viña. El cerdo de Amo von der Leyen me venció, pero ya me he liberado. ¡El muy idiota me ató a la silla de roble de Gerda!

Lankau se permitió una carcajada.

– ¿Dónde está ahora?

– Por eso te llamo; ha visto a Kröner. ¡Sabe dónde vive! Acabo de llamar a Wilfried, pero no coge el teléfono.

– ¿Y yo qué? ¿Qué sabe de mí?

– No sabe nada, ¡de eso estoy totalmente seguro!

– Bien.

Se oyó un chapoteo al otro extremo de la línea. Eso quería decir que probablemente Andrea se disponía a servirle otra copa de. snaps.

– ¿Y crees que Von der Leyen se dirige a la casa de Kröner en estos momentos? -prosiguió el viejo después de superar un breve acceso de tos.

– Es probable, desde luego.

– De momento, Kröner no aparecerá por su casa. ¡Está buscando a Petra!

– ¿A Petra? ¿Por qué?

El día estaba lleno de sorpresas, pensó Lankau.

– Supusimos que no nos había contado toda la verdad. Sospechamos que se había ido de la lengua y le había contado a Von der Leyen lo que le esperaba en Schlossberg. ¡No teníamos noticias tuyas!

– ¡No sabía nada! ¿Dónde está Petra?

– Se supone que haciendo su ronda de los sábados. Kröner la está buscando. ¡Cuando la encuentre, es muy probable que la liquide!

– ¡Pobre Petra! -gruñó Lankau. Petra no le importaba lo más mínimo.

– Cuando Amo von der Leyen haya hecho lo que tenía que hacer, volverá, no lo dudes. ¡Y entonces ya me ocuparé de él! Pero ahora mismo debes ocuparte de encontrar a Kröner, para que sepa lo que está pasando. Von der Leyen conduce mi BMW y lleva mi Shiki Kenju en la cintura.

– Buen coche, mala pistola. ¡Eres muy generoso, Horst! ¿Sabe que se le puede disparar si se le ocurre jugar con el seguro?

La risa de Lankau sonó estridente. Estaba convencido de que Stich había apartado el auricular de su oreja.

– ¡Vete a saber! ¡No lo creo! Pero hasta que no se haya demostrado lo contrario, no hay duda de que queda una bala en la recámara que Amo von der Leyen no vacilará en incrustar en el cráneo de Kröner. ¡Lo mejor que puedes hacer es ponerte en marcha, Peter!

– ¡No te preocupes! ¡Ahora mismo estoy saliendo por la puerta! -se oyó quedamente antes del clic.

CAPÍTULO 49

Desde que Bryan había abandonado a Lankau atado a la silla del refugio, se había hecho unas cuantas preguntas. En primer lugar, en algún momento tendría que volver a interrogar a Lankau. Las circunstancias que envolvían la desaparición de James seguramente eran correctas, pero si quería encontrar la paz interior, tendría que obligar a Lankau a contarle algo más. Aunque aquel gigantón aún mordía, Bryan había detectado que también las defensas de Lankau tenían sus puntos débiles. Si era capaz de encontrarlos, los elementos de su relato formarían una imagen completa de lo acontecido hasta la fecha. Y entonces dejaría que se marchara.

Mientras tanto, tendría que buscar a Kröner. Se acercaría a él sin rodeos y le haría las mismas preguntas. Tal vez estaría más dispuesto a colaborar. Bryan se pasó la mano por la cintura de los pantalones, donde todavía escondía la pistola. Y a lo mejor conseguía más información acerca de la persona misteriosa a la que llamaban el Cartero. Posiblemente, Kröner le desvelaría dónde estaba Petra.

1 ... 97 98 99 100 101 102 103 104 105 ... 137
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)