Cuerpo de Muerte
- Автор: Джордж Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:
Hillier planteó la cuestión a su manera habitual, desde un ángulo tangenciaclass="underline" «¿Cómo está encontrando el trabajo?», dijo, una pregunta que, por supuesto, Lynley podría haber interpretado de la manera que deseara y que, por supuesto, Hillier utilizaría para dirigir la conversación como le apeteciera.
– Diferente e igual al mismo tiempo -contestó Lynley-. Todo parece un tanto teñido de colores curiosos, señor.
– Creo que ella tiene una mente despierta. No habría ascendido tan deprisa como lo ha hecho si no fuese así, ¿verdad?
– De hecho… -Lynley había estado hablando acerca de regresar al trabajo con el mundo que había conocido completamente cambiado en un instante, en la calle, en las manos de un chico con un arma. Pensó en señalar esta cuestión, pero en cambio dijo-: Es inteligente y rápida. -Aquélla era una buena contestación: ofrecía una respuesta, pero sin decir demasiado.
– ¿Cómo responde el equipo ante ella?
– Son profesionales.
– ¿John Stewart?
– No importa quién ocupe finalmente ese cargo, habrá un periodo de adaptación, ¿no cree? John tiene sus rarezas, pero es un buen hombre.
– Me están presionando para que nombre a un sustituto permanente para Malcolm Webberly -dijo Hillier-. Y creo que Ardery es una muy buena opción.
Lynley asintió, pero ésa fue toda su respuesta. Tenía una sensación inquietante con respecto al rumbo de esta conversación.
– Su nombramiento tendría un gran eco en la prensa.
– Eso no es necesariamente malo -dijo Lynley-. De hecho, yo diría que todo lo contrario. Ascender a un oficial femenino, de hecho a una policía de fuera de la Metropolitana… No veo que eso pudiera interpretarse de otra manera que como un paso positivo. Aseguraría buena prensa para la Metropolitana.
Algo que ellos necesitaban con urgencia. En los últimos años habían tenido que hacer frente a acusaciones de todo tipo, desde racismo institucionalizado hasta grave incompetencia, pasando por todo lo que uno pudiera imaginar. Una historia en la que no hubiese esqueletos en el armario de nadie sería bienvenida, de eso no cabía duda.
– En el caso de que sea un movimiento positivo -observó Hillier-. Lo que me lleva a la cuestión principal.
– Ah.
Hillier le miró fijamente al oír esa respuesta. Aparentemente decidió dejarla pasar.
– Ardery es una buena opción sobre el papel, y es buena según todos los informes verbales acerca de ella. Pero usted y yo sabemos muy bien que hay algo más que palabrería en el hecho de ser capaz de hacer bien este trabajo.
– Sí. Pero los puntos débiles siempre acaban por revelarse -dijo Lynley-. Tarde o temprano.
– Así es. Pero aquí la cuestión es que me han pedido que sea temprano, ¿me entiende? Y si voy a hacerlo, entonces también voy a hacerlo bien.
– Es comprensible -reconoció Lynley.
– Al parecer le ha pedido que trabaje con ella.
Lynley no preguntó cómo Hillier lo sabía. Ese hombre, generalmente, sabía todo lo que pasaba. No había alcanzado el cargo que ocupaba actualmente sin haber desarrollado un impresionante sistema de soplones.
– No estoy seguro de si yo lo llamaría «trabajar con ella» -respondió con cautela-. Ella me pidió que me uniera al equipo y la pusiera al corriente de algunas cosas para poder moverse más deprisa en el trabajo. Tiene una labor complicada por delante: no sólo es nueva en Londres, sino que es nueva en la Metropolitana y además le ha caído un caso de asesinato encima. Si puedo ayudar a que su transición sea rápida, lo haré con mucho gusto.
– O sea, que está comenzando a conocerla. Mejor que el resto, imagino. Eso me lleva al tema que quería tratar con usted. No puedo decirlo con delicadeza, de modo que no lo intentaré: si encuentra cualquier cosa acerca de ella que le llame la atención, quiero saber qué es. Y me refiero a cualquier cosa.
– La verdad, señor, no creo que yo sea la persona…
– Usted es exactamente la persona indicada. Ha estado en este trabajo, no quiere el puesto, está trabajando con ella, y tiene un ojo excelente para las personas. A lo largo de estos años hemos tenido nuestras diferencias…
«Por decirlo suavemente», pensó Lynley.
– … pero nunca he negado que raramente se ha equivocado acerca de alguien. Usted tiene interés (todos tenemos interés) en que este trabajo sea para alguien bueno, para la mejor persona que haya allí fuera, y usted sabrá en muy poco tiempo si ella es esa oficial de Policía. Lo que le estoy pidiendo es que me informe. Y, francamente, necesitaré detalles, porque lo último que necesitamos es una acusación de sexismo si ella finalmente no consigue el puesto.
– ¿Qué es exactamente lo que quiere que haga, señor? -Si Hillier iba a pedirle que espiase a Isabelle Ardery, entonces el subinspector jefe, decidió Lynley, tendría que decirlo claramente-. ¿Informes escritos? ¿Información constante? ¿Reuniones como ésta?
– Creo que lo sabe.
– De hecho yo…
En ese momento comenzó a sonar su móvil. Lo miró.
– Déjelo -dijo Hillier.
– Es Ardery -contestó Lynley. Aun así, esperó al seco asentimiento del subinspector para responder a la llamada.
– Tenemos una identificación positiva para el segundo retrato robot -dijo Ardery-. Es un violinista, Thomas. Su hermano le ha identificado.
Capítulo 16
Barbara Havers se encargó de las llamadas telefónicas y Winston Nkata de la planificación de la ruta. Ella pudo encontrar sin dificultades a Jonas Bligh y Keating Crawford, los dos instructores en el Winchester Technical College II -nadie arrojaba ninguna luz sobre si realmente existía un Winchester Technical College I-, y ambos individuos accedieron a hablar con los detectives de Scotland Yard. Ambos preguntaron también la razón de su inminente visita. Cuando ella les dijo que se trataba de un tipo llamado Gordon Jossie para quien habían escrito cartas de recomendación, la respuesta fue idéntica en ambos casos: «¿Quién?».
Barbara repitió el nombre de Jossie. Debía de haber sido hacía unos once años, añadió ella.
Nuevamente ambos se mostraron sorprendidos. ¿Once años? Era muy difícil recordar a un estudiante de hace tanto tiempo. Pero cada uno de ellos le aseguró que esperaría su llegada.
Nkata, mientras tanto, estudiaba el mapa para encontrar la ruta que les llevase hasta Winchester, a través de la ciudad y a los alrededores del colegio universitario. Cada vez se sentía menos feliz de encontrarse en Hampshire, y Barbara no podía culparle. Era la única persona negra que había visto desde que entraron en New Forest y, por la reacción de todas las personas con las que entraron en contacto en el hotel en Sway, Winston parecía ser el primer hombre negro que habían visto en su vida, aparte de en la televisión.
La noche anterior, durante la cena, ella le había dicho en voz baja: «Primero, la gente piensa que somos pareja, Winnie», para excusar la obvia curiosidad del camarero.
– ¿Sí? -dijo él, y Barbara pudo sentir que a Nkata se le ponían los pelos de punta-. ¿Y qué si lo somos? ¿Hay algo malo con las parejas mixtas? ¿Qué hay de malo en eso?
– Por supuesto que no -dijo Barbara al instante-. Joder, Winnie. Ni que yo tuviera esa suerte. Y eso es lo que están mirando. «¿Él y "ella"?», están pensando. «¿Cómo consiguió a ese tío?» No por su aspecto, de eso no hay duda. Míranos, tú y yo, cenando en un hotel. La luz de las velas, las flores en la mesa, la música…
– Es un CD, Barb.
– Ten paciencia conmigo, ¿de acuerdo? La gente saca conclusiones a partir de lo que ve. Puedes creerme. Me pasa todo el tiempo cuando estoy con el inspector Lynley.