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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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– ¿Cómo estás? -dijo ella al oír su voz-. Quiero decir, ¿cómo lo llevas, Rob? ¿Cómo puedes resistirlo? Yo no puedo comer ni dormir. ¿Tú puedes? ¿Lo haces? Yo sólo quiero…

– Merry. -Se aclaró la voz. Una parte de él gritaba «es mejor no saber, es mejor no saber nunca», y una parte de él estaba tratando de ignorar esos gritos-. ¿Qué…? En la iglesia, cuando estábamos hablando de ella…, ¿qué querías decir?

– ¿Cuándo?

– Dijiste «siempre». Esa fue la palabra que empleaste.

– ¿Lo hice? Rob, no sé…

– Con un tío, dijiste. Siempre que ella estaba así con un tío.

«Por Dios -pensó Rob-, no me hagas seguir.»

– Oh. -La voz de Meredith era baja-. Jemima y el sexo, a eso te refieres.

Rob susurró apenas la respuesta.

– Sí.

– Oh, Rob. Supongo que no debería haber dicho eso.

– Pero lo dijiste. De modo que tienes que explicármelo. Si sabes algo que esté relacionado con su muerte…

– No es nada -dijo ella rápidamente-. Estoy segura. No es eso.

Él no dijo nada más. Pensó que si permanecía en silencio, Meredith se vería obligada a seguir hablando, y fue lo que hizo.

– En aquella época, ella era más joven. En cualquier caso, fue hace años. Y Jemima habría cambiado, Rob. La gente cambia.

Él quería creerlo con todas sus fuerzas. Era una cuestión tan simple como decir: «Oh. De acuerdo. Bueno, gracias» y ya está. Podía percibir murmullos de conversaciones de fondo. Había llamado a Meredith al trabajo y podría haber utilizado eso como pretexto para dar por terminada la conversación en ese punto. Ella también podría haberlo hecho, en realidad. Pero no aprovechó esa posibilidad. No podía hacerlo ahora y vivir sabiendo que había huido. Igual que si hacía la vista gorda a lo que, en el fondo, sabía que Meredith probablemente le diría si él insistía.

– Creo que ha llegado el momento de que conozca toda la historia, Meredith. No sería una traición por tu parte. Además, nada de lo que digas supondrá ya ninguna diferencia.

Cuando ella finalmente se decidió a hablar, Rob tuvo la sensación de que lo hacía desde el interior de un tubo, ya que el sonido era hueco, aunque también podría haber sido que su corazón estaba hueco.

– Once, entonces, Rob -dijo Meredith.

– ¿Once qué? -dijo él. «¿Amantes?», se preguntó. ¿Jemima había tenido tantos amantes? ¿Y a qué edad? ¿Y ella realmente había llevado la cuenta?

– Años -dijo Meredith-. A esa edad. -Y cuando él no dijo nada, ella continuó hablando deprisa-: Oh, Rob. No quieres saberlo. De verdad. Y ella no era mala. Ella sólo… Verás, ella igualaba las cosas. Por supuesto, en aquel momento yo no lo sabía, por qué lo hacía, quiero decir. Sólo sabía que podía acabar embarazada, pero ella decía que no porque tomaba precauciones. Incluso conocía esa palabra, precauciones. No sé qué es lo que usaba o dónde lo conseguía, pues no me lo dijo. Sólo que no era asunto mío decirle lo que estaba bien o mal, y si era realmente su amiga, que lo era, yo sabía que tenía que ser así. Y luego se convirtió en una cuestión de que yo no tenía novios: «Sólo estás celosa, Merry». Pero no era eso, Rob. Ella era mi amiga. Sólo quería protegerla. Y la gente hablaba de ella. Sobre todo en la escuela.

Robbie no estaba seguro de que pudiera hablar. Estaba en la cocina y tanteó a ciegas detrás de él, con infinita lentitud, buscando una silla donde poder sentarse.

– ¿Los chicos de la escuela? -preguntó-. ¿Los chicos de la escuela se acostaban con Jemima cuando tenía once años? ¿Quién? ¿Cuántos?

Porque les encontraría, pensó. Les encontraría y les haría pagar incluso ahora, tantos años después.

– No sé cuántos -dijo Meredith-. Quiero decir, ella siempre tuvo novios, pero no creo que… Seguro que no con todos ellos, Rob.

Sin embargo, él sabía que estaba mintiendo para proteger sus sentimientos, o tal vez porque creía que ya había traicionado a Jemima lo suficiente, a pesar de que era él quien la había traicionado al no haber sido capaz de ver lo que tenía todo el tiempo delante de las narices.

– Cuéntame el resto -dijo-. Porque hay más, ¿verdad?

La voz de Meredith se alteró al contestar, y él se dio cuenta de que estaba llorando.

– No, no. No hay nada más, de verdad.

– Maldita sea, Merry…

– De verdad.

– Cuéntamelo.

– Rob, por favor, no preguntes.

– ¿Qué más? -Y ahora fue su propia voz la que se quebró cuando añadió-: Por favor…, -Y quizá fue eso lo que hizo que ella continuase hablando.

– Si había un chico con quien ella lo estaba haciendo y otro chico la quería… Ella no lo entendía. No sabía cómo ser fiel. Eso para ella no tenía ningún significado especial. No es que fuera una buscona. Ella simplemente no entendía cómo lo veía el resto de la gente. Quiero decir, lo que pensaban o podían hacer o podían pedirle. Intenté decírselo, pero estaba este chico, y aquel chico, y este hombre, y aquel hombre. Jemima era incapaz de entender que eso no tenía nada que ver con el amor (lo que ellos querían de ella), y cuando intenté decírselo, ella pensó que estaba siendo…

– Sí -dijo él-. De acuerdo. Sí.

Meredith volvió a quedarse en silencio aunque él alcanzaba a oír que algo crujía contra el teléfono. Un pañuelo de papel, probablemente. Había estado llorando durante toda la conversación.

– Solíamos pelearnos -dijo ella-. ¿Te acuerdas? Solíamos hablar durante horas en su habitación. ¿Recuerdas?

– Sí. Sí. Lo recuerdo.

– Tienes que entenderlo… Yo traté de… Tendría que habérselo dicho a alguien, pero no sabía a quién.

– ¿No pensaste en contármelo a mí?

– Lo pensé. Sí. Pero entonces…, a veces pensaba… Todos los hombres y quizás incluso tú…

– Oh, Dios, Merry.

– Lo siento. Lo siento mucho.

– ¿Por qué pensaste…? ¿Acaso ella dijo…?

– Nunca. Nada. Eso no.

– Pero aun así tú pensaste…

Sintió que una carcajada burbujeaba en su interior, una carcajada de simple desesperación ante una idea tan abominable, tan alejada de la verdad de quién era él y cómo vivía su vida.

Al menos, pensó, con Gordon Jossie se había producido un cambio en su hermana. Jemima, de alguna manera, había encontrado lo que estaba buscando, porque sin duda le había sido fiel. Tuvo que haberlo sido.

– Ella, sin embargo, le fue fiel a Jossie. Fue sincera con él. Quiero decir, como te expliqué antes, Gordon quería casarse con ella y no lo habría hecho si hubiese tenido el más leve indicio o sospecha de que…

– ¿De verdad?

Algo en la forma en que ella formuló la pregunta hizo que se interrumpiese.

– ¿De verdad qué?

– ¿Quería casarse con ella? ¿Seguro?

– Por supuesto que sí. Ella se marchó porque necesitaba tiempo para pensarlo, y supongo que a Gordon le preocupaba la posibilidad de que todo hubiese acabado, pues la llamaba una y otra vez, y ella se compró otro teléfono móvil. O sea, que ella finalmente se había aclarado… Te expliqué todo esto, Merry.

Al llegar a este punto casi balbuceaba. Pensó que la amiga de su hermana tenía que decirle algo más.

– Pero, Rob, antes de nuestra…, ¿cómo lo llamaría?, ¿nuestra ruptura?, ¿nuestra pelea?, ¿el fin de nuestra amistad? Antes de eso, ella me dijo que Gordon no quería casarse en absoluto. No era por ella, dijo. Él no quería casarse, punto. Jemima me dijo que Gordon temía el matrimonio. Tenía miedo de acercarse demasiado a cualquiera.

– Los tíos siempre dicen eso, Merry. Al principio.

– No. Escucha. Ella me dijo que hizo lo imposible para convencerle de que viviesen juntos, y antes de eso hizo lo imposible para convencerle de que le dejase pasar la noche con él, y antes de eso hizo lo imposible para persuadirle de que se acostaran. De modo que pensar que Gordon estaba loco por casarse con ella… ¿Qué podría haber hecho que cambiase de idea?

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