Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » El secreto de Mona Lisa
El secreto de Mona Lisa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El secreto de Mona Lisa

Электронная книга - «El secreto de Mona Lisa». Краткое содержание книги:

La apasionante vida de la mujer que inspiró La Gioconda, en una intrigante trama llena de amor, traición y luchas de poder. La joven y hermosa Lisa di Gherardini es conducida por su padre al palacio Médici, donde la espera Lorenzo el Magnífico. Allí conoce a Leonardo da Vinci, con quien mantendrá una relación muy especial, y a Giuliano, el hijo menor de Lorenzo, de quien se enamorará perdidamente. Lisa y Giuliano se casan en secreto, pero al poco tiempo estalla una rebelión contra los Médici y Lisa da a su marido por muerto. Comienza una época turbulenta marcada por el terror religioso. La joven florentina tendrá que tomar partido en la contienda.
1 ... 80 81 82 83 84 85 86 87 88 ... 118
Перейти на страницу:

Más tarde, durante la noche, el sonido del llanto de Matteo en la habitación de los niños me despertó; cesó rápidamente cuando el ama de cría se levantó para amamantarlo, pero ya no pude volver a dormir. Hacía mucho calor; sudaba en mi cama y me movía inquieta mientras Zalumma dormía en su catre.

Las palabras del sacerdote volvieron a mi mente: «Lee esto esta noche, cuando estés sola».

Me levanté. En la oscuridad, me moví con decisión y cuidado, a pesar de que Zalumma no se despertaba fácilmente. Encendí una vela, abrí el cajón de mi mesa muy lentamente y saqué el papel que me había dado el sacerdote.

Me sentí como una tonta y también me asusté mientras lo acercaba a la luz.

Miré la superficie blanca y fruncí el entrecejo; de repente tuve una idea. Lo acerqué todavía más al calor, tanto que la llama se movió hacia él y comenzó a humear con un humo oscuro.

Ante mis ojos comenzaron a aparecer las letras, de un color sepia casi transparente; contuve el aliento sorprendida.

Saludos.

Lamento no haber respondido a tu carta anterior.

Mañana a la sexta, ve sin compañía a pedirle a Dios la respuesta.

Durante siglos, los fieles han dividido el día en las horas de plegaria. Las más conocidas eran los maitines, en la madrugada, y las vísperas, por la tarde. Después del amanecer, venía la tercera hora de la mañana, la tercia; y la hora sexta, al mediodía.

Miré la escritura, las letras perfectamente verticales, con las largas y floridas efes y eles, las rechonchas enes, la descuidada ortografía. Solo la había visto dos veces en mi vida, pero la reconocí de inmediato.

«Saludos, madonna Lisa, desde Milán…»

57

No pude dormir durante el resto de la noche. Me quedé en la cama pensando en la carta. «Ve a rezar -decía-. Sola.» Sin duda, significaba que debía salir de la casa; pero había más de un centenar de iglesias en Florencia. ¿A cuál quería que fuese?

Al final decidí que solo había un lugar lógico: la Santissima Annunziata, la capilla familiar, donde podía ir a rezar a los maitines o a la sexta sin despertar sospechas, donde me había encontrado por última vez con el Diablo.

Por la mañana, me levanté sin decirle nada a Zalumma, pero ella vio mi agitación y me preguntó qué me preocupaba; cuando le respondí que iría a rezar sola, frunció el entrecejo. No solía ir a ninguna parte sin ella.

– Esto tiene que ver con la carta -afirmó. Sus palabras me sobresaltaron hasta que comprendí que se refería a la carta que el joven intruso había dejado caer, aquella que le había mencionado-. Sé que no quieres asustarme, madonna, pero no puedo evitar preocuparme. No me gusta pensar que te estás involucrando en asuntos peligrosos.

– Nunca sería tan estúpida -contesté, pero fui consciente del titubeo en mi voz.

Zalumma sacudió la cabeza.

– Entonces, ve sola -dijo en tono sombrío-. Pero recuerda que tienes un hijo -añadió. No debía sobrepasar los límites de lo que una esclava podía decirle a su señora.

– Nunca lo olvidaría -repliqué un tanto enfadada.

El cochero me llevó a la Annunziata. Le ordené que esperase en la plaza delante de la iglesia, al otro lado de las esbeltas columnatas del orfanato. En el momento en que las campanas comenzaban a llamar a los fieles, crucé el umbral del atrio, pasé junto a los monjes y fieles que entraban en el santuario, y me dirigí a nuestra pequeña capilla.

La estancia estaba vacía, lo que me decepcionó y me tranquilizó al mismo tiempo. No me esperaba ningún sacerdote; las velas estaban apagadas; el aire, limpio del humo del incienso. No había anunciado mi visita, no se lo había dicho a nadie salvo a Zalumma y al cochero. Insegura, me acerqué al altar y me arrodillé. Durante unos minutos, me calmé recitando el rosario. Cuando por fin escuché unas pisadas rápidas y ligeras a mi espalda, me volví.

El Diablo me miraba sonriente, en su disfraz de monje. La capucha le cubría la cabeza, sus manos sostenían unos pliegues de tela negra.

– Mona Lisa -dijo-. ¿Puedes venir conmigo? -Intentaba interpretar su papel, ser cortés y circunspecto, pero no conseguía enmascarar totalmente la burla en su voz, en sus ojos.

A modo de respuesta, me levanté. Al acercarme, él me ofreció la tela negra; era una capa.

– Esto es ridículo -protesté, más para mí misma que para él.

– No del todo -replicó él, y mantuvo la capa abierta para mí; no dejaba de vigilar la puerta de la capilla-. Dentro de poco tendrá sentido.

Dejé que me pusiera la capa, permití que subiese la capucha de forma que mi gorro y mi velo quedasen cubiertos, y mi rostro en la sombra. El algodón negro llegaba hasta el suelo, así que ocultaba mis faldas.

– Ven -dijo.

Me llevó de nuevo a la calle, a una distancia prudente de donde esperaba mi carruaje; reinaba un gran bullicio en la plaza, llena de hombres, niños y vendedores, así que nadie se fijó en dos frailes. Me condujo hasta un destartalado carro atado a un poste y colocó los arneses a un viejo caballo.

– Déjame que te ayude. -Hizo un gesto para invitarme a subir al asiento.

– No. -Comprendí de pronto que aquel joven había sido capaz de entrar en mi casa como un ladrón. ¿Cómo podía estar segura de que no intentaría secuestrarme e interrogarme sobre las actividades secretas de mi marido?

Él levantó las manos en una muestra de disgustada inocencia.

– Entonces no vengas. Vuelve a tu bonito palacio. Sigue cerrando los ojos.

Lo decía sinceramente; se había apartado un paso. Si quería, podía dejarlo y regresar a la capilla. Podía cruzar la plaza para ir hasta mi carruaje.

– Ayúdame a subir.

Lo hizo, luego desató las riendas y subió a mi lado.

– Debo tomar unas pocas precauciones. -Sacó un trozo de tela de entre los asientos. Con rapidez y habilidad, lo sacudió y metió la mano debajo de mi capucha. Sus dedos, rápidos y ágiles, pasaron la tela alrededor de mis ojos, hasta la nuca, y la ataron antes de que yo comprendiese qué estaba haciendo.

Me había vendado los ojos. Asustada, levanté las manos.

Hice unos chasquidos con la lengua como si estuviese calmando a un animal.

– Tranquila. No sufrirás ningún daño. Es por tu seguridad, no por la mía. -Me estremecí al sentir algo suave que rozaba mi mejilla, y me aparté de nuevo cuando me metió algo en los oídos. Todos los sonidos quedaron amortiguados, el ruido de la muchedumbre en la plaza se convirtió en un murmullo ininteligible; pero oía hablar al Diablo, sin duda muy alto-. No pasa nada. No tardaremos en llegar.

El carro se sacudió y comenzó a moverse; me balanceé y me sujeté al borde del asiento para mantener el equilibrio. Nos movimos durante varios minutos. Hice lo posible por intentar adivinar adónde íbamos, pero comprendí por qué me habían citado precisamente al mediodía. Todas las campanas de la iglesia ya habían sonado; no se oía ninguna que, con su sonido peculiar, pudiera indicar en qué parte de la ciudad estábamos.

Por fin el carro se detuvo. La voz del Diablo me dijo que me volviese hacia la derecha. Oí movimientos, sentí unas manos que me sujetaban; con su ayuda bajé a ciegas del vehículo. Me cogió del codo y me urgió a moverme rápidamente; me recogí las faldas para no tropezar. Incluso con la lana en mis oídos, incluso sin ver, noté el cambio cuando pasamos del cálido aire exterior a otro más fresco.

Unos dedos sujetaron mis brazos. Me obligaron a detenerme. Mi guía soltó un suave silbido; hubo una pausa, y después el sonido de un susurro diferente, bajo y ahogado, ininteligible a través de la lana. Noté un cuerpo cálido delante de mí; después se volvió. El Diablo y yo lo seguimos. Caminamos un corto trecho, luego subimos un tramo de escaleras. Me hicieron detenerme de nuevo, y oí el chirrido de una pesada madera que se deslizaba contra la piedra, como si hubiesen apartado una pared. Noté una suave brisa cuando se abrió la puerta.

1 ... 80 81 82 83 84 85 86 87 88 ... 118
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)