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Un asesinato musical

Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:

De la celebrada autora israeli, Batya Gur, nos llega una nueva novela de Michael Ohayon, la cuarta de esta popular serie de thrillers fascinantes e inteligentes. En esta ocasion, Michael Ohayon, un detective culto, solitario y encantador, entabla amistad con una chelista perteneciente a una familia de musicos de fama internacional. Pero su aficion a la musica le llevara a investigar un inesperado caso de doble asesinato que afecta el entorno de su nueva amiga y que tiene que ver con el descubrimiento de un antiguo requiem barroco. Puede una obra de arte convertirse en el movil de un crimen brutal?
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– ¿Y el tal Schenk, no es un ser humano? -preguntó Balilty-. ¿No es capaz de comprender que una persona esté destrozada porque han degollado a su hermano anteayer?

– ¿Y qué haría yo si no asistiera? ¿Permitirles que husmeasen y metieran las narices en mi vida? ¿Pasar las horas hablando con ustedes? ¿Matar el tiempo mirando el techo? ¿Cuidar a mi hermana? No puedo ayudarla. El trabajo por lo menos me distrae de estos hechos espantosos. Todavía no se ha celebrado el entierro. No pienso pudrirme aquí, escondiéndome de los reporteros que acechan en todas las entradas de mi casa y de la casa de Nita, e incluso aquí. ¿Saben que están ahí fuera? Los vi al entrar. Y en casa de Nita el teléfono no para de sonar, pero cuando lo coges, la mitad de las veces nadie contesta. ¡No pueden impedirme que haga mi trabajo! ¿Soy acaso su prisionero? ¿Quiénes se han creído que son para acosar así a la gente? -en este ataque resonó una nota de auténtica indignación, por lo visto se iba acalorando-. Me ha llamado Dora Zackheim, nuestra antigua profesora de violín. ¿Cómo es posible que acosen así a una anciana? ¿Creen que van a sacar algo en claro hablando con ella? Me ha dicho que se han citado -dijo acusadoramente a Michael-. ¿Qué quiere de ella? ¿Sabe cuántos años han pasado desde la última vez que habló conmigo o con Gabi? Si apenas puede andar…

– Su hermano habló con ella hace pocas semanas -dijo Michael-. No podemos ser selectivos ni hacer excepciones con nadie. Son dos asesinatos los que están en juego. Estoy hablando con todas las personas con las que Gabriel mantuvo contactos.

– ¿Qué es el Beit-Daniel, por cierto? Está en Zichron Yaakov, ¿verdad? -preguntó Balilty sombrío.

– Es un centro musical -repuso Theo a regañadientes-. Se dedican mucho a la música de cámara. Festivales y conciertos, y clases magistrales para artistas jóvenes… ¿Cómo ha podido enterarse de que Gabi fue a ver a Dora Zackheim?

– ¿Quién ha dicho que la fue a ver? No he especificado quién fue a ver a quién. Sólo he dicho que habló con ella -señaló Michael apaciblemente-. ¿Sabe usted si fue a su casa?

Theo se ruborizó.

– Es que ella apenas sale -farfulló-. Pensé que…

– ¿Le habló Gabi de su conversación con ella?

Theo negó con la cabeza.

– ¿Así que está en Zichron Yaakov? -insistió Balilty.

Theo hizo un gesto afirmativo.

– Si Van Gelden va a ir al Beit-Daniel -le dijo Balilty a Michael como si estuvieran solos («¿Sí? ¿Es así? ¿Y su hermana también?», le preguntó a Theo, que lo confirmó con un gesto)-, tendrás que acompañarlos.

Michael no dijo nada. No era el menoscabo de su imagen ante Theo debido a la orden de Balilty, y a su brusquedad, lo que le preocupaba. Más bien era la extrañeza que le causaba la historia del empleado demente de la tienda de música, personaje sobre el que Nita nunca le había hecho el menor comentario. Trató de recordar cómo había reaccionado Nita cuando él trató de informarse sobre la pelea entre Herzl y su padre, pero ahora le daba la impresión de que, aquellos últimos días, las preocupaciones le habían impedido prestar la debida atención a las evasivas, ambigüedades, reticencias y ansiedades que suscitaba en Nita el asunto en cuestión. Tan ocupado había estado intentando preservar el frágil equilibrio de su amiga, se reprochaba ahora, y tan atento a no agravar la crisis en que ella se había sumido tras la muerte de su padre, que ni siquiera le había preguntado al hablar con ella tras la sesión de hipnotismo qué le había sucedido exactamente a Herzl ni quién era en realidad.

– Así que no va a realizar la prueba poligráfica -dijo Balilty con énfasis.

– Ahora no -lo corrigió Theo-. Ni hoy ni mañana.

– Pero ¿hablará con Herzl si se lo pedimos?

– ¿Para descubrir dónde estaba la tarde de la muerte de mi padre? Puedo considerarlo -replicó Theo dubitativo-. Pero a solas. Nosotros dos solos. Luego les repetiré lo que me diga.

– ¿Por qué? -quiso saber Michael-. ¿Por qué considera tan importante estar a solas con él?

– No hablaría igual en presencia de otra persona. Sobre todo de un desconocido. ¡No digamos ya de un policía! -repuso Theo, y dirigió a Michael una mirada con la que parecía decirle que al fin lo había pillado en un desliz.

– Ah -dijo Michael-, le preocupa el éxito de nuestra investigación. Estupendo. Sólo quería comprenderlo -dijo con exagerada seriedad, como si no viera el gesto de confusión de Theo.

– Pues bien -se dispuso a resumir Balilty-, hablará con él a solas y luego nos informará a nosotros -eludió mirar a Michael-. ¿Dónde quiere que tenga lugar la entrevista?

– No lo he pensado todavía. Aquí no, en todo caso -dijo Theo, estremeciéndose-. Herzl sufriría un ataque de pánico.

– ¿Cómo lo sabe?

– Lo conozco.

– En el psiquiátrico, entonces -concluyó Michael-. Le facilitaremos un lugar en el psiquiátrico.

Theo miró con desconfianza a Michael y luego a Balilty.

– ¿A qué se refiere con eso de facilitarme un lugar?

– Me refiero a que les pediremos que pongan a su disposición un espacio privado, un despacho cerrado -dijo Michael-, para que puedan hablar con comodidad. ¿No le parece lógico? -preguntó inocentemente.

– Y ustedes estarán a la escucha al otro lado de la pared -dijo Theo en una repentina iluminación-. ¿Por quién me han tomado? ¿Por un imbécil absoluto?

– Tal vez sí o tal vez no -dijo Balilty-. Sólo me gustaría comprender por qué le preocupa nuestra propuesta.

– No estoy dispuesto a hablar con él en su presencia -replicó Theo enfurecido.

Michael se inclinó hacia delante.

– ¿Está pensando en él o en usted?

– ¿Qué más da? -refunfuñó Theo-. ¿Quiere añadirlo a mi lista de fallos? Adelante, añádalo. Hablaré con él a solas y de ninguna otra manera.

– De acuerdo -dijo Balilty con indiferencia, y echó un vistazo a su reloj-. Veo que le da miedo que Herzl Cohen pueda decir algo de lo que no debemos enterarnos. Discúlpenme un momento -añadió, y salió del despacho.

Theo lo siguió con una mirada suspicaz. Ahora estaban solos, pareció decirse a sí mismo al darse cuenta de que Michael seguía con él, y su cuerpo se relajó.

– ¿Se encuentra Nita un poco mejor? -preguntó serenamente.

Michael asintió con un gesto.

– ¿No es un poco raro que esté usted tan implicado en este asunto? Por ejemplo, que cenara conmigo anteayer. ¿No le preocupa? -preguntó Theo, no sin malicia-. ¿O es usted de los que nunca tienen preocupaciones?

Michael fumaba en silencio.

– Ni siquiera se digna contestarme -dijo Theo con amargura-. Está viviendo con mi hermana y no se digna contestarme.

Michael continuó callado.

– ¿Y a qué venía todo eso de mi discusión con Gabi entre bastidores?

Michael se encogió de hombros.

Theo meneó la cabeza.

– Nita no ha podido decirle nada por el estilo -dijo con aplomo.

Michael ni pestañeó. No retiraba la vista de los ojos verdes y hundidos que tenía ante él. Para distraerse de aquel esfuerzo consciente, comparó los ojos de Theo con los de Nita. Llegó a la conclusión de que sólo se parecían en la forma, pero no en el color, y aún menos en las proporciones. La expresión radicaba en las proporciones, se consoló.

– ¿Por qué iba a mentir? -preguntó, y temió haber ido demasiado lejos.

Entonces fue Theo quien se encogió de hombros.

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