Электронная книга - «Un asesinato musical». Краткое содержание книги:
– No lo busqué. Tenía otras cosas en que pensar. Mis propios problemas. Que hubiera muerto mi padre. De esa manera. Y mi trabajo con la orquesta. Tengo que trabajar, ¿sabe? -dijo Theo con amargura-. Además, no siempre se conseguía hablar con él -reconoció-. Tenía mayor confianza conmigo que con Gabi, y, desde luego, más que con Nita. Pero, por encima de todo, estaba muy unido a mi padre. Habría muerto por mi padre. Literalmente.
– En ese caso, ¿por qué discutieron? -preguntó Balilty a la vez que sacaba una cerilla quemada de la caja que había en la mesa y comenzaba a garrapatear con ella sobre un papel. La grabadora vibraba-. ¿Y por qué cerraron la tienda?
– No tengo ni idea -dijo Theo-. Mi padre se negaba a hablar del asunto. Si yo sacaba el tema, siempre me decía: «Déjalo estar». Y con Herzl no llegué a hablar porque he estado siempre fuera. En los últimos meses he tenido varios conciertos en el extranjero. Participé en un festival y no he tenido la oportunidad… -su voz se apagó. Paseó la mirada por la habitación con aire culpable-. No me he portado bien con Herzl. Tendría que haber demostrado mayor interés por él. Tendría que haberle insistido. Está totalmente solo en el mundo. No tiene a nadie.
– En estos momentos, estamos registrando su casa -dijo Michael.
Balilty se quedó mirándolo de hito en hito, y su sorpresa dio paso a la perplejidad y luego a la ira manifiesta ante aquella revelación de información confidencial sin previa consulta. Pero antes de que desviara la vista, la complicidad asomó a sus ojos y, en el gesto que hizo con la cabeza, a la vez que emitía una risita inaudible, había un reconocimiento y una admiración que hacía tiempo que no le demostraba a Michael. Balilty bajó la cabeza y Theo quedó paralizado.
El brazo de Theo permaneció suspendido en el aire, su boca se abría y se cerraba.
– Pero ¿por qué? -exigió saber con una mezcla de incomprensión y rabia-. ¿Para qué registrarla? Si es un cuartucho lleno de trastos. ¿Qué demonios andan buscando allí? En el registro de mi casa no encontraron nada de nada. En aquel momento todavía estaba demasiado afectado para preguntarles qué buscaban. Les di permiso a ciegas para que registraran mi despacho, y las taquillas de los músicos, pero ahora quiero enterarme. ¿Qué es lo que buscan?
– Buscamos un cuadro holandés -dijo Michael-. Y tal vez algo más que sirva para explicar las cosas.
– Ahí no lograrán encontrar nada -objetó Theo débilmente-. Están perdiendo el tiempo. Y, además, Herzl estaba en el psiquiátrico el día en cuestión.
– Eso no lo sabemos con seguridad -dijo Michael.
– ¿Cómo que no? El médico lo aseguró. Está claro.
– Sí, estaba ingresado -convino Michael-. Pero desapareció precisamente la misma tarde del asesinato de su padre. No es un pabellón cerrado. Puede entrar y salir. Y volvió a última hora.
– ¿Cómo puede saberlo? -preguntó Theo, y golpeó la mesa con el puño-. ¿Cómo lo sabe? ¿Está seguro?
– Segurísimo. Sin la menor duda.
– ¿Dónde estaba, entonces?
– Eso es lo que pretendemos descubrir. Pero él no nos está ayudando mucho -explicó Balilty-. Se nos había ocurrido que quizá usted conseguiría sonsacarle algo.
– ¿Yo? -exclamó Theo alarmado-. ¿Por qué yo?
– Bueno -dijo Balilty-, no podemos recurrir a nadie más. Y usted mismo ha dicho que con usted tiene mayor confianza. Su padre ya no está con nosotros. Y no queremos asustar a Herzl. Aún no le hemos contado lo de su hermano. No lee el periódico. El psiquiatra le contó lo de su padre. Nos dijo que recurrió a esa estrategia para hacerlo volver a la realidad. Pero Herzl no reaccionó. Fue como si ya lo supiera de antemano.
Theo se echó atrás como si Balilty lo hubiera abofeteado.
– Están perdiendo el tiempo -dijo al fin-. Tardarán años en registrar esa leonera. Y no encontrarán nada.
– No nos queda otra alternativa -dijo Michael-. Y usted debe ayudarnos a comunicarnos con él.
– Nunca ha hecho nada malo -afirmó Theo con vehemencia, como si pretendiera convencerlos.
– Pero tal vez sepa algo que nosotros no sabemos -dijo Balilty fríamente-. Como, por ejemplo, quién ha hecho algo malo.
– ¿Es una indirecta? -preguntó Theo con hostilidad. Volvió a pasarse la mano por el plateado cabello y lo levantó como si quisiera liberar su cabeza de un gran peso.
– ¿Una indirecta de qué? -preguntó Balilty ingenuamente-. ¿Qué cree que estoy insinuando?
Theo quedó en silencio.
– No está dispuesto a realizar una prueba poligráfica -le recordó Balilty-. ¿Tampoco quiere hablar con Herzl?
– ¡Nunca he dicho que no estuviera dispuesto a hacer una prueba poligráfica! -le contradijo Theo-. Sólo dije que no podría hacerla en estos días. Lo he pasado muy mal, ¿saben? Y mañana tengo que estar en buena forma.
– ¿Qué pasa mañana? -inquirió Michael.
– Tengo que participar en un taller de música en el Beit-Daniel. Me comprometí hace más de seis meses y no puedo echarme atrás ahora. Johann Schenk ha prometido asistir un día, y sólo puede venir…
– ¡Pero si no han pasado ni cuarenta y ocho horas desde que asesinaron a su hermano! -exclamó Balilty.
– ¿Cree que me he olvidado? -Theo apretó las comisuras de los labios igual que lo hacía Nita. Pero sus mejillas, que no estaban hundidas como las de Nita, le conferían una expresión malhumorada, cruel, en lugar del aire infantil y doliente de su hermana-. Este tipo de eventos son fundamentales en mi trabajo. Puede que usted no lo sepa, pero no soy un cualquiera en mi profesión. Aunque para usted eso será irrelevante, quizá -un inconfundible deje de vanidad acompañó a sus palabras desdeñosas.
Balilty las oyó como quien oye llover. Adoptó un gesto que era casi de lástima. Sus ojillos se hundieron en las profundidades de los pliegues de su ancho semblante, reluciente de sudor. Dirigió su atención a una mancha minúscula de la parte baja de su camisa y la examinó meticulosamente.
Después de darle a Balilty tiempo para reaccionar, y de comprender que no iba a reaccionar, Theo prosiguió:
– No vaya a pensar que Gabi habría actuado de otra forma. No somos libres para cancelar nuestros compromisos o posponerlos. No hay motivo que lo justifique -dijo desdeñosamente a la vez que se pasaba la mano por el pelo-. El duelo público y todos esos ritos son narcisistas… no son serios. Que haya muerto alguien, aunque sea alguien próximo a mí, incluso mi hermano, no significa que esté obligado a prescindir de todas mis obligaciones. ¿Es que tengo que tomarme unas vacaciones porque ha muerto Gabi?
Balilty suspiró y se recostó en la silla.
– Sería una locura cancelar una jornada con Johann Schenk -dijo Theo van Gelden con voz queda-. Es un acontecimiento internacional, la televisión francesa va a mandar un equipo, y yo daré una importante conferencia sobre el clasicismo a los jóvenes músicos de talento, la retransmitirá la televisión educativa. Y Johann Schenk, que tiene la agenda totalmente saturada, ¿saben quién es? -se volvió expresivamente hacia Michael, que mantuvo un gesto inescrutable-. ¿Por qué iban a haber oído hablar de él? -masculló Theo con aspereza-. No es un deportista ni una estrella del pop.
– Por lo visto, lo admira usted mucho -dijo Balilty.
– ¡No soy el único! -exclamó Theo indignado-. Hay jóvenes que llevan esperando esta ocasión un año, sino más. Van a venir los mejores músicos del mundo entero. Aquí contamos con algunos jóvenes muy dotados. Johann Schenk es uno de los más eminentes barítonos del mundo. Quizá el mejor. Se supone que Nita también tiene que impartir una clase magistral. Y dedicaremos parte del día al acompañamiento musical.
Balilty parpadeó varias veces.
– El acompañamiento de los lieder es un arte en sí mismo. Trabajaremos sobre Winterreise, un ciclo de canciones de Schubert con acompañamiento de piano -echó una ojeada a Michael, como si esperase de él un gesto de asentimiento de entendido musical, pero Michael siguió sin mover un músculo. Exhibir sus conocimientos de la obra de Schubert en aquel momento sería cerrar filas con Theo en contra de Balilty-. Consagraremos a eso la mitad del día. Después está en el programa mi conferencia, proyectada hace meses. Y además debo asistir para seleccionar cantantes nuevos para un montaje operístico. ¡Voy a hacer mi trabajo a mi medida!