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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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Gina se apartó. A pocos pasos había un banco erosionado por la intemperie y se dejó caer sobre él. Luego se quitó el pañuelo que llevaba en la cabeza y se echó el pelo hacia atrás. Se quitó también las gafas oscuras, las dobló y las mantuvo apretadas en la mano.

Meredith permaneció de pie delante de ella con los brazos cruzados delante del pecho. De pronto fue agudamente consciente de cuan diferentes eran: Gina, bronceada y voluptuosa, y obviamente atractiva para cualquier hombre; ella, una chica flaca, infeliz y pecosa, sola y con todos los números para seguir así. Sólo que ésa no era la cuestión.

Sin embargo, como si Gina le hubiese leído el pensamiento, dijo en un tono que ya no era amargo en absoluto, sino que parecía resignado:

– Me pregunto si esto es lo que usted le hace a cualquier mujer que mantiene una agradable relación con un hombre. Sé que no aprobaba la relación de Gordon y Jemima. Me dijo que no quería que estuviese con ella. Pero yo no podía imaginar por qué, qué podía importarle a usted que Gordon y Jemima estuviesen juntos. ¿Acaso era porque usted no tenía a nadie? ¿Porque, tal vez, lo seguía intentando y fracasando mientras a su alrededor hombres y mujeres se emparejaban sin ningún problema? Quiero decir, sé lo que le pasó. Gordon me lo explicó. Jemima se lo contó. Naturalmente, él estaba tratando de entender por qué le odiaba de ese modo, y ella le dijo que era una historia que tenía que ver con Londres, con la época en que usted vivió allí y se lió con un hombre casado, un hombre del que ignoraba que estuviese casado, y se quedó embarazada…

Meredith sintió que se le cerraba la garganta. Quería detener de alguna manera ese torrente de palabras, pero no podía: el catálogo completo de sus fracasos personales. Se sintió débil y mareada mientras Gina continuaba hablando… acerca de la traición y luego el abandono y luego «pequeña y jodida estúpida, no digas que no sabías que estaba casado, porque no eres tan imbécil. Nunca te mentí, ni una sola vez. ¿Por qué coño no tomaste precauciones? A menos que quisieras atraparme. Eso era, querías atraparme. Pues bien no me dejaré atrapar, no por una tía como tú, o por ninguna otra si se trata de eso, y sí, sí, querida puedes deducir exactamente lo que eso significa».

– Oh, lo siento. Lo siento. Venga. Siéntese.

Gina se levantó e insistió en que Meredith se sentase en el banco junto a ella. No dijo nada más durante varios minutos, mientras a través de la superficie de las serenas aguas del estanque revoloteaban las libélulas: sus alas frágiles lanzaban destellos verdes y morados bajo la luz del sol.

– Escuche -dijo Gina con voz tranquila-, ¿es posible que usted y yo lleguemos a ser amigas? Si no amigas, quizá conocidas al principio y después amigas…

– No lo sé -dijo Meredith lentamente, y se preguntó hasta dónde habría llegado la noticia de su humillación. Supuso que a todas partes. Era lo que se merecía. Porque estúpido es aquel que hace estupideces, y ella había sido imperdonablemente estúpida.

Cuando el cuerpo de John Dresser fue encontrado dos días más tarde, el caso era ya una noticia de ámbito nacional. En ese momento, lo que el público sabía era lo que se veía en las cintas de videovigilancia de las cámaras instaladas en Barriers, en las que un niño pequeño parecía alejarse alegremente cogido de la mano con tres chicos. Las fotografías distribuidas por la Policía ofrecían imágenes que podían interpretarse de dos maneras: como un grupo de críos que habían encontrado al pequeño vagando por la galería comercial y salían con él en busca de un adulto que, en último término, fue quien le hizo daño, o bien como unos chicos que intentan secuestrar y posiblemente aterrorizar a otro niño. Estas imágenes aparecieron en las primeras páginas de todos los periódicos nacionales, en todos los tabloides sensacionalistas, en los periódicos locales y en televisión.

Michael Spargo llevaba ese inconfundible anorak color mostaza al que sobraban un par de tallas, y su identidad fue rápidamente establecida por su propia madre. Sue Spargo llevó a su hijo directamente a la comisaria. Que había recibido previamente una paliza era evidente por las marcas en el rostro, aunque no hay ningún registro donde conste que nadie hubiese interrogado a Sue Spargo acerca de esto.

Siguiendo las normas que prescribe la ley, Michael Spargo fue interrogado en presencia de un asistente social y de su madre. El detective encargado de este interrogatorio fue un veterano que llevaba veintinueve años en el cuerpo de Policía, el detective inspector Ryan Farrier, un hombre que tenía tres hijos y dos nietos. Farrier había dedicado a la investigación criminal nueve de los veintinueve años de su carrera, pero nunca se había encontrado con un asesinato que le afectase del modo en que lo hizo la muerte de John Dresser. De hecho, Farrier quedó tan profundamente perturbado, como consecuencia de lo que oyó y vio en el curso de la investigación, que desde entonces ha permanecido retirado de la Policía y sometido a tratamiento psiquiátrico. Cabe señalar, en este sentido, que el Departamento de Policía facilitó servicios psicológicos y psiquiátricos a todas las personas que trabajaron en el caso desde que se encontró el cuerpo sin vida de John Dresser.

Como era de esperar, al principio Michael Spargo lo negó todo. Afirmó que aquel día estaba en la escuela, y mantuvo esa afirmación hasta que le presentaron no sólo las imágenes de las cintas de vigilancia, sino también la prueba aportada por su maestra en cuanto a su absentismo escolar. «De acuerdo, estaba con Ian y Reg», es todo lo que dice sobre la cinta. Cuando se le piden los apellidos de sus compañeros, contesta: «Fue idea de ellos. Yo nunca quise llevarme a ese crío».

Estas palabras enfurecen a Sue Spargo, cuyo estallido verbal e intentos de agresión física son inmediatamente reprimidos por los adultos presentes en la sala de interrogatorios. Sus gritos de «Diles la puta verdad o te mataré, juro que lo haré» son las últimas palabras que le dirá a Michael durante el curso de la investigación y hasta el momento después de que se dicte la sentencia. Este abandono del chico en un momento crucial de su vida es característico de su forma de criar a sus hijos, y quizá refleje más crudamente que cualquier otra cosa el origen de la perturbación psicológica de Michael.

Los arrestos de Reggie Arnold e Ian Barker se produjeron inmediatamente después de que Michael Spargo mencionase sus nombres, y lo único que se sabía en el momento de sus detenciones era que John Dresser había sido visto con ellos y que había desaparecido. Cuando ambos fueron trasladados a las dependencias policiales (cada uno de ellos a una comisaría diferente, y no volvieron a verse hasta que comenzó el juicio), Reggie iba acompañado de su madre, Laura, a quien luego se unió su padre, Rudy, mientras que Ian estaba solo, si bien su abuela llegó a la comisaría antes de que se iniciara el interrogatorio. El paradero de Tricia, la madre de Ian, en el momento del arresto de su hijo nunca queda claro en la documentación aportada, y tampoco asistió al juicio.

Al principio nadie sospechó que John Dresser estuviera muerto. Las transcripciones y las cintas de los primeros interrogatorios por parte de la Policía indican que su creencia inicial era que los chicos se llevaron a John en un acto de pura maldad, se cansaron de su compañía y le dejaron en alguna parte para que se las arreglase solo. Aunque los tres chicos ya eran conocidos por la Policía, ninguno de ellos lo era más que por hacer novillos, por pequeños actos de vandalismo y por hurtos menores. (Uno se pregunta, no obstante, cómo es posible que Ian Barker, con un historial de torturas a animales, hubiera pasado desapercibido durante tanto tiempo). Únicamente cuando diversos testigos comenzaron a presentarse en las primeras treinta y seis horas posteriores a la desaparición de John Dresser -notificando el grado de angustia que mostraba el pequeño- la policía parece haber tenido la sospecha de que podría haber ocurrido algo más grave que una travesura.

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