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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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– ¿Qué puede decirnos de Gordon Jossie? -comenzó Barbara-. ¿Le recuerda?

– Oh. Sí. No hay ninguna razón para olvidar a Gordon.

Heath continuó con su trabajo mientras les contaba su historia con Jossie. Había llegado a aprender el oficio ya poco mayor de lo habitual. Tenía veintiún años.

– Los aprendices, normalmente, tienen alrededor de dieciséis años, lo cual es mejor para formarlos, ya que no tienen idea de nada, y aún se encuentran en ese punto en el que incluso pueden creer que no tienen idea de nada, ¿no? Pero veintiuno es un poco mayor, porque no quieres a un tío que ya tiene unos hábitos fijos. Yo era un poco reacio a tomarle como aprendiz.

Sin embargo, finalmente, aceptó a Gordon y las cosas fueron muy bien. Jossie trabajaba duro. Un tío que hablaba muy poco y escuchaba mucho y «no iba por ahí llevando esos jodidos auriculares con la música a tope como hacen ahora los críos. La mitad del tiempo ni siquiera puedes conseguir captar su atención. Estás en lo alto del andamio gritándoles, y ellos están abajo escuchando a quién sea, y meneando la cabeza siguiendo el "ritmo"». Pronunció esta última palabra con desprecio, era un hombre que evidentemente no compartía la pasión de su tocayo por la música.

Jossie, por otra parte, no había sido el típico aprendiz. Y siempre se mostraba dispuesto a hacer cualquier cosa que le dijesen, sin alegar que algo «era indigno de él o estupideces por el estilo». Una vez que le puso a trabajar en el empajado de tejados -algo que, por cierto, no ocurrió durante los primeros nueve meses de su aprendizaje- jamás hizo una sola pregunta. Y hubiera sido pertinente formular una pregunta que jamás hizo: «¿Cuánto dinero puedo hacer con este trabajo, Ringo?», si hubiera pensando en comprarse un Maserati con lo que gana un especialista en empajar.

– Es una buena vida -le expliqué-, pero no es tan buena, de modo que si estás pensando en impresionar a las chicas con gemelos de oro o lo que sea, le estás pidiendo peras al olmo. Le dije que siempre se necesita un técnico en empajar, porque estamos hablando de casas catalogadas, ¿sabe? Y el sur está lleno de ellas, y hasta Gloucestershire y más allá también, y tienen que conservar sus tejados de paja. No se los puede reemplazar con tejas o cualquier otro material. De modo que si eres bueno en tu oficio (y Gordon estaba destinado a ser bueno), tienes trabajo todo el año y, en general, recibes más encargos de los que puedes manejar.

Gordon Jossie, al parecer, había sido un aprendiz modélico: sin ninguna queja por su parte había comenzado su aprendizaje sin hacer otra cosa más que buscar, acarrear, alzar, limpiar, quemar basura. Además, según Heath:

– Lo hacía todo bien. No buscaba la salida más fácil. Me di cuenta de que sería bueno cuando le hice subir al andamio. Éste es un trabajo donde cuentan mucho los detalles. Oh, parece que sólo se trata de cubrir las vigas con carrizos y ya está, pero es una labor que debe hacerse paso a paso, y un tejado decente (uno grande, digamos) requiere meses de trabajo, porque no es igual que colocar tejas o martillar tablillas, ¿verdad? Se trata de trabajar con un producto natural, o sea, que no hay dos carrizos del mismo diámetro y su longitud no es exacta. Esto a veces requiere paciencia y habilidad, y lleva años dominar el oficio para poder empajar un tejado como corresponde.

Gordon Jossie había trabajado como aprendiz para él durante casi cuatro años y, para entonces, ya había superado con creces la etapa de aprendiz, y era más como un socio. De hecho, Ringo Heath había querido convertirle en su socio, pero Gordon tenía intención de comenzar su propio negocio. De modo que se marchó con la bendición de Heath y había comenzado del mismo modo en que lo hacían todos: como subcontratado por alguien con una empresa más grande hasta que pudo independizarse.

– Desde entonces siempre he acabado con aprendices que son unos jodidos holgazanes -concluyó Heath-, y pueden creerme, cogería a un tío mayor como Gordon Jossie sin pensármelo dos veces si apareciera por aquí.

Mientras hablaban, Heath había llenado la caja de madera con las varillas ya terminadas, y luego la levantó para llevarla hasta una camioneta y dejarla junto a varios cajones de embalaje que descansaban en medio de una colección de curiosas herramientas, que Heath identificó para ellos sin que se lo preguntaran. El hombre mostraba un creciente entusiasmo por su oficio. Tenían cuchillas para esculpir la paja… -Quitan aproximadamente un milímetro, están muy afiladas, y tienes que usarlas con mucho cuidado para no hacerte un corte en la mano-, las palas especiales que se utilizaban para alisar la paja y que a Barbara le parecían parrillas de aluminio con un mango, algo que uno podría usar para freír el beicon; el holandés, que se usaba en lugar de la pala especial para alisar la paja cuando el tejado era curvo…

Barbara asentía discretamente, y Nkata lo apuntaba todo en su libreta, como si más tarde tuviera que superar un examen sobre la materia. Ella tenía problemas para seguirle y se preguntaba cómo haría para apartar al señor Heath de su larga exposición sobre el proceso de colocar la paja en un tejado, para lograr que se volviera a centrar en el tema de Gordon Jossie. Oyó que decía «y cada una de ellas es diferente», lo que hizo que prestase más atención a lo que le estaba contado aquel hombre.

– … pequeños objetos que aporta el herrero, como los cayados y las clavijas.

Los cayados estaban curvados en un extremo -de ahí su nombre, ya que se asemejaban a un cayado de pastor en miniatura- y se enganchaban alrededor de los carrizos, y luego se clavaban a las vigas para fijarlos en su sitio. Las clavijas, que parecían largos clavos con un ojo en un extremo y una punta afilada en el otro, mantenían los carrizos en su sitio mientras el empajador trabajaba. Éstas venían del herrero, y lo interesante era que todos los herreros las fabricaban según quisieran, especialmente en lo que se refería a la punta.

– Forjadas a cuatro lados, a dos lados, cortadas para conseguir una punta serrada, pulidas con una piedra de afilar… Cualquier cosa que al herrero le apetezca. A mí me gusta el holandés. Me gusta un forjado adecuado.

Aquello último lo dijo como si en Inglaterra ya no pudiese encontrarse algo como un forjado adecuado.

Barbara quedó seducida por la idea de la herrería y cómo podía relacionarse ese oficio con la fabricación de un arma. Las herramientas propias del oficio de empajar tejados parecían armas, independientemente de que Heath se refiriese a ellas como los utensilios de su trabajo. Barbara cogió una -eligió una de las clavijas- y comprobó que la punta era afilada y apta para cometer un asesinato. Se la pasó a Nkata y vio por su expresión que ambos pensaban lo mismo.

– ¿Por qué tenía ya veintiún años cuando vino a trabajar con usted, señor Heath? ¿Lo sabe?

Heath se tomó un momento, aparentemente para adaptarse al brusco cambio de tema, ya que él estaba en plena digresión sobre por qué los holandeses se enorgullecían de su trabajo más que los ingleses, y que eso parecía estar relacionado con la Unión Europea y la entrada masiva de albaneses y otros europeos del este en Gran Bretaña. Parpadeó y dijo:

– ¿Eh? ¿Quién?

– Veintiún años es una edad tardía para un aprendiz, eso fue lo que dijo. ¿Qué había estado haciendo Gordon Jossie antes de venir aquí?

Colegio universitario, les dijo Ringo Heath. Había sido alumno en un colegio universitario en Winchester. Había estudiado alguna clase de oficio, aunque Heath no recordaba cuál. Jossie había traído con él dos cartas. Cartas de recomendación, de personas que habían sido sus profesores. No era la manera típica en que un aprendiz se presenta para un posible empleo, de modo que él se había sentido muy impresionado por ese detalle. ¿Querían ver las cartas? Le parecía que aún las conservaba en alguna parte.

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