Cuerpo de Muerte
- Автор: Джордж Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:
No quería volver a ver la casa. No creía que pudiera enfrentarse a eso en este momento, no con otra mujer viviendo allí, compartiendo felizmente la vida con Gordon Jossie mientras Jemima yacía muerta, fría y asesinada en Londres.
– La Policía ha estado aquí -dijo Gina-. Dijeron que Jemima…
Meredith cerró los ojos con fuerza y sintió el auricular frío y resbaladizo en la mano.
– Necesito hablar con usted -dijo.
– ¿Porqué?
– Me reuniré con usted. Dígame dónde.
– ¿Por qué? Me está poniendo nerviosa, Meredith.
– No es ésa mi intención. Por favor. Me reuniré con usted en cualquier parte. Sólo que no en la casa de Gordon.
Hubo una pausa. Luego Gina respondió que en Hinchelsea Wood. Meredith no quería arriesgarse a ir a un bosque, con toda su soledad y todo lo que esa soledad sugería acerca del peligro, no importaba lo que Gina hubiese dicho acerca de que ella la ponía nerviosa y todo lo que se suponía que implicaba eso acerca de la aparente inocencia de Gina. Meredith, en lugar de eso, sugirió un brezal. ¿Qué le parecía Longsdale Heath? Había un aparcamiento y podían…
– Un brezal no -dijo Gina al instante.
– ¿Por qué no?
– Serpientes.
– ¿Qué serpientes?
– Culebras. En los brezales hay culebras. Usted debe de saberlo. Lo leí en alguna parte y no quiero…
– Hatchet Pond entonces -la interrumpió Meredith-. Está en las afueras de Beaulieu.
Ambas estuvieron de acuerdo.
Cuando Meredith llegó a Hatchet Pond, vio que allí había otras personas. También había ponis y potrillos. La gente caminaba a orillas del agua, paseaba a sus perros, leía dentro de los coches, pescaba, conversaban sentados en los bancos. Los ponis bebían agua del estanque y pastaban en el prado.
El estanque se extendía y ocupaba una superficie razonable, con una lengua de tierra en el extremo más lejano que se adentraba en el agua y estaba cubierta de hayas y castaños, y un único y elegante sauce. Era un buen escenario para las citas amorosas nocturnas de los jóvenes, apartado de la carretera de modo que no se veían los coches aparcados, pero, aun así, convenientemente ubicado en el cruce de varias rutas: con Beaulieu inmediatamente al este, East Boldre al sur, y Brockenhurst hacia el oeste. Toda clase de problemas podían producirse en ese lugar entre adolescentes de sangre caliente. Meredith lo sabía por Jemima.
Esperó unos veinte minutos a que llegase Gina. Había cubierto velozmente la distancia desde Ringwood guiada por una firme determinación. Una cosa era sospechar gravemente de Gordon Jossie, Gina Dickens y del hecho de que la mayor parte de las pertenencias de Jemima estuviesen guardadas en cajas en el desván de la casa. Y otra muy distinta enterarse de que Jemima había sido asesinada. Durante todo el trayecto desde Ringwood, Meredith se había enfrascado en una conversación mental con Gina acerca de estos y otros asuntos. Cuando, finalmente, la mujer llegó a Hatchet Pond en su pequeño descapotable, con las enormes gafas oscuras de estrella de cine cubriéndole la mitad del rostro y un pañuelo que mantenía el pelo en su lugar -como si fuese Audrey Hepburn o algo así-, Meredith se sentía preparada.
Gina salió del coche. Miró a uno de los ponis que estaba cerca mientras Meredith cruzaba el aparcamiento hacia ella.
– Caminemos -dijo Meredith.
– Les tengo un poco de miedo a los caballos -dudó Gina.
– Oh, por el amor de Dios. No le harán daño. Son sólo ponis. No sea tonta.
Cogió a Gina del brazo, y ésta se apartó.
– Puedo caminar sola -dijo secamente-. Pero no cerca de los caballos.
– De acuerdo.
Meredith echó a andar por un sendero que bordeaba el estanque. Eligió una dirección que las alejaba de los ponis hacia un pescador solitario que lanzaba el sedal a escasa distancia de una garza, que permanecía inmóvil esperando atrapar una anguila confiada.
– ¿De qué va todo esto? -preguntó Gina.
– ¿De qué cree usted que va? Gordon tiene el coche de Jemima. Tiene su ropa. Ahora ella está muerta, en Londres.
Gina se detuvo y Meredith se volvió hacia ella.
– Si está sugiriendo que Gordon…, o siquiera intentando convencerme de que él…
– ¿No cree que ella habría enviado a buscar su ropa? ¿Al final?
– No necesitaba su ropa de campo en Londres -respondió Gina-. ¿Qué iba a hacer allí con esa ropa? Y lo mismo se aplica a su coche. Ella no necesitaba un coche. ¿Dónde lo iba a dejar? ¿Por qué habría de conducirlo?
Meredith se mordisqueó la piel alrededor de las uñas. La verdad estaba aquí en alguna parte. Ella la descubriría.
– Lo sé todo acerca de usted, Gina. No existe ningún programa para chicas en riesgo de exclusión. Ni en el colegio universitario de Brockenburst ni tampoco en el instituto. Los servicios sociales no han oído hablar de ese programa y ni siquiera han oído hablar de usted. Lo sé porque lo he comprobado, ¿de acuerdo? Así que por qué no me dice lo que realmente está haciendo aquí. ¿Por qué no me dice la verdad acerca de Gordon y de usted? ¿Acerca de cuándo se conocieron en realidad, de cómo se conocieron y de qué significó eso para él y Jemima?
Gina separó los labios y luego los frunció.
– ¿Me ha estado investigando? ¿Qué pasa con usted, Meredith? ¿Por qué es tan…?
– ¡No se atreva a volver esto contra mí! Es muy astuto por su parte, pero no permitiré que me arrastre en esa dirección.
– Oh, vamos, no sea ridícula. Nadie la está arrastrando a ninguna parte. -Pasó junto a Meredith por el estrecho sendero que bordeaba el agua-. Si vamos a caminar, caminemos.
Gina comenzó a alejarse. Un momento después, dijo por encima del hombro y con un tono duro:
– Piense un poco, si es capaz de hacerlo. Yo le dije que estaba elaborando un programa. No le dije que existiese. Y el primer paso para elaborar un programa, consiste en evaluar las necesidades, por el amor de Dios. Y eso es precisamente lo que estoy haciendo en este momento. Eso es lo que estaba haciendo cuando conocí a Gordon. Y sí, de acuerdo, lo admito. No he sido tan diligente como lo era cuando llegué a New Forest. Y sí, la razón de que haya sido así es que me lié con Gordon. Y sí, me gustaba ser la pareja de Gordon, y que Gordon me mantuviera. Pero, que yo sepa, nada de eso es un crimen, Meredith. De modo que lo que yo quiero saber (si no le importa decírmelo) es: ¿por qué siente tanta aversión por Gordon? ¿Por qué no puede soportar la idea de que yo (o cualquier otra mujer, supongo) esté con él? Porque no se trata de mí, ¿verdad? Se trata de Gordon.
– ¿Cómo le conoció? ¿Cómo le conoció realmente?
– ¡Ya se lo he dicho! Le he dicho toda la verdad desde el principio. Le conocí el mes pasado, en Boldre Gardens. Ese mismo día, más tarde, volví a encontrarme con él y fuimos a beber algo. Gordon me preguntó si quería ir a beber algo y me pareció bastante inofensivo, y era un lugar público y… Oh, ¿por qué me molesto con todo esto? ¿Por qué no es sincera conmigo? ¿Por qué no me dice qué es lo que sospecha de mí? ¿Que he asesinado a Jemima? ¿Que he alentado al hombre al que amo para que la asesinara? ¿O lo único que le molesta es que le ame?
– Esto no tiene nada que ver con amar a nadie.
– Oh, ¿de verdad? Entonces tal vez me está acusando de enviar a Gordon a que asesinara a Jemima por alguna razón. Quizás me ve en la escalera de entrada agitando un pañuelo a modo de despedida mientras Gordon se aleja para hacer lo que fuera que se suponía que debía hacer. Pero ¿por qué iba a hacer yo algo así? Ella había desaparecido de su vida.
– Quizás Jemima se puso en contacto con él. Quizás ella quería regresar. Quizás ellos se encontraron en alguna parte, y Jemima le dijo que le quería…, y usted no podía soportarlo…, y entonces tuvo que…
– ¿O sea que yo la asesiné? ¿Ahora no fue Gordon, sino yo? ¿Tiene idea de lo ridículo que suena cuando dice esas cosas? ¿Y quiere encontrarse aquí, en un lugar como Hatchet Pond, con una asesina? -Gina apoyó las manos en las caderas como si estuviese pensando una respuesta a su propia pregunta. Luego sonrió y dijo amargamente-: Ah, sí. Ahora comprendo por qué no quería que nos viésemos en Hinchelsea Wood. Qué tonta he sido. Yo podría haberla matado allí. No tengo idea de cómo lo habría hecho, pero eso es lo que piensa. Que soy una asesina. O que Gordon lo es. O que ambos lo somos, que nos confabulamos de alguna manera para eliminar a Jemima por razones que son tan jodidamente oscuras…