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Cuerpo de Muerte

Электронная книга - «Cuerpo de Muerte». Краткое содержание книги:

Thomas Lynley vuelve de su permiso tras la muerte de su mujer porque su equipo no se fía de la capacidad de la nueva jefe del departamento, la inspectora Isabelle Ardery, cuyo estilo a la hora de liderarlos parece molestar a todos y cada uno de los componentes del equipo. El conflicto empieza cuando se encuentra el cadáver de una mujer apuñalada en un aislado cementerio de Londres. Mientras que Lynley empieza sus pesquisas en la ciudad de Londres, sus anteriores colegas Barbara Havers y Winston Nkata siguen la pista hacia el sur de la ciudad. Allí descubrirán que las pistas se dirigen hacia el hermoso bosque llamado New Forest. Lo que no saben es que más de un oscuro secreto acecha en el bosque y que la investigación va a llevarlos a un final que es tan sorprendente como terrible.
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– Oh, cuando ella estaba «locamente enamorada», el pacto quedaba sellado. No habría tenido ningún sentido. De todos modos, supongo que no había nada de qué preocuparse, ya que Jemima probablemente se cansaría de él como había sucedido con otros hombres. Unos meses y las cosas acabarían, y ella saldría a la búsqueda de otro hombre. Sin embargo, eso no pasó. Al poco tiempo ya estaba pasando las noches en la casa de Gordon. Luego encontraron esa propiedad en Paul's Lane, se hicieron con ella y se instalaron a vivir allí. Bueno, yo entonces no pensaba decir nada. Sólo esperaba lo mejor. Y aparentemente eso fue lo que sucedió durante algún tiempo. Jemima parecía muy feliz. Comenzó un negocio con sus pastelitos glaseados y todo eso, en Ringwood. Y él se dedicaba a su negocio de empajar tejados. Parecían estar bien juntos.

– ¿Negocio de pastelitos glaseados? -preguntó Nkata-. ¿Qué es eso?

– El Cupcake Queen. Suena loco, ¿eh? Pero la cuestión es que Jemima era muy buena en la cocina, tenía muy buena mano para la repostería. Tenía un montón de clientes que compraban sus pasteles, decorados y todo eso, para ocasiones especiales, días festivos, cumpleaños, aniversarios, reuniones, fiestas. Trabajó mucho hasta que pudo abrir una tienda en Ringwood (el Cupcake Queen), y las cosas le iban muy bien, pero luego todo quedó en la nada porque abandonó a Jossie y se marchó de aquí.

Mientras Nkata apuntaba en su libreta, Barbara dijo:

– Gordon Jossie nos dijo que no tenía idea de por qué Jemima le había abandonado.

Hastings resopló.

– Él me dijo que suponía que Jemima tenía a otro y que le había dejado por ese tío.

– ¿Y qué le dijo ella a usted?

– Que se había marchado para pensar.

– ¿Eso es todo?

– Eso es todo. Fue lo que Jemima me dijo. Que necesitaba tiempo para pensar. -Hastings se frotó la cara con la mano-. La cuestión es que, yo no creí que fuese nada malo, ¿saben?, que quisiera marcharse. Supongo que finalmente no quiso apresurar las cosas con Jossie, que quería aclararse antes de sentar la cabeza de forma permanente. Pensé que era una buena idea.

– ¿No le dijo nada más?

– Sólo que se marchaba de aquí para poder pensar. Se mantuvo en contacto conmigo de forma regular. Compró un móvil nuevo y me dijo que lo había hecho porque Gordon no dejaba de llamarla, pero en ese momento no pensé demasiado en lo que eso podía significar. Sólo que Gordon quería que volviese. Bueno, yo también quería que lo hiciera.

– ¿Sí?

– Por supuesto que sí. Ella es… Ella es toda la familia que tengo. Quería que volviera a casa.

– ¿Aquí, quiere decir? -preguntó Barbara.

– Sólo a «casa». Lo que fuera que eso significara para ella. Siempre que fuese Hampshire.

Barbara asintió y le pidió que confeccionara una lista de los amigos y conocidos de Jemima en la zona, tan completa como pudiese. También le dijo que necesitarían -lamentablemente- conocer su paradero el día que su hermana murió. Por último, le preguntaron qué sabía acerca de las actividades de Jemima en Londres. Hastings les dijo que sabía muy poco, excepto que «tenía alguien allí, un tipo del que estaba "locamente enamorada". Como de costumbre».

– ¿Le dijo su nombre?

– No quiso ni darme la inicial. Era algo absolutamente nuevo, dijo ella, esa relación, y no quería echarlo a perder. Todo lo que dijo fue que sentía que estaba tocando la luna con los dedos. Eso y «éste es el hombre». Bueno, eso ya lo había dicho antes. Siempre lo decía. De modo que no le di demasiada importancia.

– ¿Eso es todo lo que sabe? ¿Nada acerca de quién era ese tío?

Hastings pareció considerar esta última pregunta. Junto a él, Frank suspiró sonoramente. Se había recostado en el suelo, pero cada vez que Hastings se movía en la silla, el perro se levantaba de inmediato, con la atención puesta en su amo. Hastings le sonrió y le estiró suavemente una de las orejas.

– Jemima había comenzado a tomar clases de patinaje sobre hielo -dijo-. Sólo Dios sabe por qué, pero así era ella. Hay una pista de hielo que se llama Queen, o algún otro nombre «real», quizá Príncipe de Gales y… -Agitó la cabeza-. Supongo que se trataba de su instructor de patinaje. Eso sería propio de Jemima. Alguien patinando alrededor de la pista de hielo con el brazo alrededor de su cintura; ella se habría derretido por eso. Habría pensado que significaba algo importante, cuando todo lo que implicaba era que el tío la estaba sosteniendo para que no se cayera.

– ¿Así era ella? -preguntó Nkata-. ¿Interpretaba mal las cosas?

– Siempre pensaba que las cosas significaban «amor», cuando, de hecho, no tenían nada de eso -dijo Hastings.

Una vez que los policías le dejaron solo, Robbie Hastings subió a la planta superior. Quería meterse bajo la ducha para quitarse el olor a poni muerto. También quería un lugar para llorar.

De pronto comprendió lo poco que la Policía le había dicho: muerta en un cementerio en algún lugar de Londres. Eso era todo. También tomó conciencia de lo poco que él les había preguntado. No cómo había muerto ella, no dónde había muerto dentro del cementerio y ni siquiera cuándo exactamente. Tampoco quién la había encontrado. Ni qué habían averiguado hasta ahora. Y, al reconocer todo esto, se sintió profundamente avergonzado. Lloró por eso tanto como había llorado por la incalculable pérdida de su hermana pequeña. Se le ocurrió pensar que hasta ese momento, no importa dónde hubiera estado su hermana, nunca había estado completamente solo. Pero ahora su vida parecía acabada. Era incapaz de imaginar cómo haría para seguir adelante.

Sin embargo, ése era el absoluto punto final de aquello que se permitiría a sí mismo. Había muchas cosas que hacer. Salió de la ducha, se puso ropa limpia y se alejó de la casa en dirección al Land Rover. Frank saltó dentro del vehículo detrás de él y juntos viajaron hacia el oeste, hacia Ringwood. Fue un lento viaje a través de la campiña. Le dio tiempo a pensar. Pensó en Jemima y en lo que ella le había dicho en las numerosas conversaciones que habían mantenido después de que se marchara a Londres. Lo que intentaba recordar era cualquier cosa que pudiera haber indicado que se encontraba en camino hacia su muerte.

Podía haberse tratado de un asesinato fortuito, pero no lo creía. No sólo no podía siquiera comenzar a imaginar la posibilidad de que su hermana hubiera sido simplemente la víctima de alguien que la había visto y decidido que era perfecta para uno de esos escalofriantes asesinatos tan comunes en esta época, sino que también estaba la cuestión de dónde se encontraba. La Jemima que él conocía no iba a los cementerios. Lo último que deseaba era que le recordasen la muerte. Jamás leía las notas necrológicas en los periódicos, no veía películas si sabía que el personaje principal iba a morir, evitaba los libros con finales tristes y colocaba los periódicos boca abajo si la muerte estaba en la primera página, como ocurría a menudo. De modo que si había acudido sola a un cementerio, debía haber tenido una razón para hacerlo. Y una reflexión acerca de la vida de Jemima le llevó a la única razón que él realmente no quería considerar.

Una cita. El último tío del que había estado locamente enamorada probablemente estaba casado. Eso no le habría importado a Jemima. Casado o soltero, en pareja o no…, éstas no eran más que minúsculas distinciones que ella no habría hecho. En lo que respecta al amor -tal como ella lo concebía-, lo mejor que hubiera podido pasarle habría sido tener una relación con un hombre. Jemima habría definido como amor cualquier cosa que hubiese entre ellos. Lo habría llamado «amor» y hubiese esperado que siguiera el curso del amor tal como ella lo concebía: dos personas colmándose mutuamente, como almas gemelas -otro concepto extravagante muy propio de su hermana- después de haberse encontrado milagrosamente, caminando felices y cogidos de la mano para siempre. Cuando eso no ocurría, ella se aferraba al tío y se volvía muy exigente. «¿Y luego qué? -se preguntó-. ¿Luego qué, Jemima?»

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