Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Историческая проза » Favoritos De La Fortuna
Favoritos De La Fortuna - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Favoritos De La Fortuna

Электронная книга - «Favoritos De La Fortuna». Краткое содержание книги:

Argumento: Desde el año 83 al 69 antes de Cristo, los principales acontecimientos de la historia de la antigua Roma en un fascinante mosaico novelesco que respeta escrupulosamente la verdad de los hechos, aunque narrándolos con la amenidad de la mejor de las novelas. En el relato aparecen numerosos personajes, pero el que tiene mayor protagonismo es un Julio César adolescente que consigue desembarazarse de sus obligaciones sacerdotales para demostrar a todos su extraordinaria inteligencia y su valor, que harán de él en el futuro un héroe celebérrimo de la historia romana. Las costumbres de la época, las estrategias bélicas, las intrigas políticas, los usos amatorios, etc., adquieren también gran importancia en esta novela, que constituye la tercera parte del gran ciclo de Colleen McCullough.
1 ... 71 72 73 74 75 76 77 78 79 ... 273
Перейти на страницу:

– No lo creo -replicó Aurelia muy digna-. Él me visitaba de vez en cuando, pero te juro que no había nada entre nosotros. Por vulgar que te parezca, lo que le atraía era mi sentido común.

– Lo creo -dijo Dalmática sonriendo.

– Bueno -terció Cornelia Sila bruscamente, para poner las cosas en su punto-, de eso ya hace mucho tiempo y no puede influir sobre lo que nos preocupa. Tienes razón, Aurelia, cuando dices que no puedes tratar de volver a ver al tata por iniciativa propia. Pero debes intentar verle más tarde o más temprano. En este momento está agobiado con el asunto de las leyes, y tendrá que ser en el seno de una delegación oficial, de sacerdotes, familiares, vestales… Mamerco te ayudará; yo hablaré con él. ¿Quiénes son los parientes más próximos de los Césares que no estén en las listas de proscritos?

– Mis tres primos hermanos Cotta.

– ¡Estupendo, darán realce a la delegación! Cayo Cotta es pontífice y Lucio Cotta augur, y eso les confiere también importancia religiosa. Estoy segura de que Mamerco intercederá por ti. Y harán falta cuatro vestales. Fonteia, que es la vestal mayor; Fabia, Licinia y la hija de César Estrabón, Julia, que es de la familia de los Césares. ¿Conoces a alguna de ellas?

– Ni siquiera a Julia Estrabón -contestó Aurelia.

– No importa; yo las conozco a todas. Yo me encargo.

– ¿En qué puedo ayudar yo? -inquirió Dalmática, un tanto impresionada por la eficacia de la hija de Sila.

– Tú te encargarás de conseguir del tata una entrevista para la delegación para mañana por la tarde -respondió Cornelia Sila.

– ¡Eso se dice fácilmente! ¡ No sabes lo ocupado que está!

– ¡Tonterías! No seas modesta, Dalmática; el tata hará cualquier cosa que tú le pidas. Lo que pasa es que tú casi no le pides nada, y no te das cuenta de que a él le encanta complacerte. Pídeselo a la hora de la cena y sin temor -añadió la hija de Sila-. Los reuniré a todos aquí mañana temprano -continuó, dirigiéndose a Aurelia- para que hables con ellos antes de la audiencia.

– ¿Qué me pongo? -inquirió Aurelia, pensando ya en el día siguiente.

Cornelia Sila y Dalmática la miraron estupefactas.

– Lo digo -añadió Aurelia, como excusándose- porque la última vez que nos vimos comentó que no le gustaba mi ropa.

– ¿Por qué? -inquirió Cornelia Sila.

– Creo que le pareció un poco gris.

– Pues ponte algo más alegre.

Y del arca volvieron a salir los vestidos que Aurelia había desechado años atrás, por considerarlos indignos y frívolos para una matrona romana de la aristocracia. ¿Azules, verdes, rojos, rosas, lilas, amarillos? Al final optó por una superposición de finas túnicas rosas, la más oscura debajo y la más pálida y vaporosa encima.

Cardixa meneó la cabeza.

– Adornada así, tenéis el mismo aspecto de cuando el padre de César vino a cenar a casa de vuestro tío Rutilio Rufo. ¡Y de la misma edad!

– ¿Cómo adornada, Cardixa?

– Pues como esos caballos públicos en los desfiles.

– Me lo voy a cambiar.

– ¡No, no! No tenéis tiempo. Salís ahora mismo. Os acompaña Lucio Decumio -replicó con firmeza Cardixa, llevándola hacia la puerta principal, donde el fiel Lucio Decumio la aguardaba con sus dos hijos.

Como Lucio Decumio tenía suficiente sentido común para contener su lengua y no comentar nada del aspecto de Aurelia, y sus dos hijos era como si no tuviesen lengua, el largo camino hasta el otro lado del Palatino se hizo en silencio. Aurelia había estado esperando que llegasen en cualquier momento noticias de Priscus y Gratidia de que era demasiado tarde y que César había muerto, pero cada día que transcurría sin saber nada renacían sus esperanzas.

De algún modo se había difundido por la insula la noticia de que César estaba a las puertas de la muerte, y no paraban de recibirse obsequios, desde ramos de flores del mercado Cuppedenis hasta curiosos amuletos de los licios del quinto piso y los tristes murmullos de las preces de la planta judía. La mayor parte de los inquilinos vivían hacía años en la insula de Aurelia y conocían a César desde que era niño. Un niño listo, siempre curioso, hablador, que se había criado recorriendo aquellos pisos observándolo todo con aquella equívoca cualidad (así la calificaba su madre) que poseía en abundancia: su encanto. Muchas mujeres le habían amamantado, le habían dado a probar sus exóticas gastronomías, le habían canturreado en sus propias lenguas antes de que supiese tararear, y luego él había cantado aquellas canciones -tenía mucho sentido musical- y había aprendido a tañer toda clase de extraños instrumentos de cuerda, y a soplar toda clase de gaitas y flautas. Ya más mayor, con su amigo Cayo Matius, vecino de la misma planta baja, había ampliado sus amistades por todo el Subura. Y ahora la noticia de su enfermedad se difundía por el barrio, por eso llegaban regalos de todas partes.

¿Cómo le explico a Sila que César representa una cosa muy distinta para otras personas? ¿Que le anima el más profundo sentido de la romanidad, y que al mismo tiempo siente doce nacionalidades más? No es el asunto del sacerdocio lo que más me preocupa, sino lo que representa para todos los que le conocen. César pertenece a Roma, pero no a la Roma del Palatino, sino a la Roma del Subura y del Esquilino; y cuando sea un gran hombre, dará a su cargo una dimensión que ningún otro podría darle, debido a la amplitud de sus experiencias, de su vida. Sólo Júpiter sabe con cuántas muchachas -¡y mujeres mayores como yo!- se habrá acostado, en cuántas correrías no habrá participado con Lucio Decumio y esos rufianes de la cofradía de los cruces, cuántas vidas conoce, porque nunca para, siempre encuentra tiempo para escuchar, se interesa por las cosas. Mi hijo no tiene más que dieciocho años; ¡pero yo también creo en la profecía, Cayo Mario! Y sé que a los cuarenta será célebre. Y juro por todos los dioses que, aunque tenga que ir al Hades a traer al cancerbero, haré que mi hijo salve la vida.

Pero, naturalmente, cuando llegó a casa de Sila y la hicieron pasar a una habitación llena de gente importante, no tuvo aquella elocuencia, y su rostro se mostró tenso de preocupación. Era una mujer de aspecto austero, severo. Amedrentada.

Tal como había prometido Cornelia Sila, había cuatro vestales, todas más jóvenes que ella, que habían hecho votos a los siete u ocho años. Las vestales abandonaban el sacerdocio a los treinta años, y ninguna de aquéllas, incluida la vestal mayor, tenía edad de retirarse. Vestían túnicas blancas con mangas largas recogidas en pliegues, y encima un manto blanco con la cadena y la medalla de la bulla vestal y una corona de siete círculos de lana retorcida, sobre la que flotaba un sutil velo blanco. Su vida, limitada estrictamente a la comunidad femenina regida por la castidad, aunque no enclaustrada, confería gran prestigio aun a las más jóvenes, y ellas sabían mejor que nadie que de su castidad dependía la buena suerte de Roma; muy pocas rompían los votos, ya que aceptaban su condición desde muy niñas, y era motivo de orgullo para ellas.

Los hombres eran todos togados: Mamerco, sin la orla púrpura debido a su cargo de praetor peregrinus, y los Cotta, demasiado Jóvenes para el bordado púrpura, vistiendo la simple toga blanca. Así, Aurelia, en su atavío de tonos rosas, era el personaje que más destacaba. Mortificada, se sentía como una estatua de piedra, y notaba que no iba a saber cómo reaccionar.

– ¡Tienes un aspecto sensacional! -musitó Cornelia Sila a su oído-. Había olvidado lo preciosa que eras en las ocasiones en que decidías arreglarte. Estás impresionante. Te habías cerrado en banda, recatada, sin resaltar tu belleza, y es una verdadera sorpresa verte tan estupenda.

1 ... 71 72 73 74 75 76 77 78 79 ... 273
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)