Asesina Oscura
- Автор: Фихан Кристин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
Esta vez no había diversión. Ninguna. Los ojos plateados destellaron hacia cada uno de los cazadores como si los estuviera marcando.
– Ivory y Razvan rechazaron la oferta del libro. Mikhail les enfrentó a todo tipo de pruebas y pasaron cada una de ellas. No puedo decir lo mismo de vosotros.
Simplemente se disolvió y se alejó velozamente, subió y pasó por encima del bosque con su colonia de arañas, de vuelta hacia territorio Cárpato, dejando que los demás lo siguieran.
Capítulo 15
– Creo que tienes una mente tortuosa -dijo Ivory una vez reasumió su forma física, de pie en la habitación memorial de su refugio-. Guiar a los guerreros al valle de la Niebla y luego ir por debajo del suelo en vez de a través de la niebla fue un golpe de genialidad. No había forma de que pudieran rastrearnos, ni siquiera a través de la llamada de la sangre.
– La tierra nos da la bienvenida y cubre todo rastro. Sabía que nunca podrían seguir nuestro aroma, ni siquiera con la llamada de la sangre -le sonrió-. Me hubiera gustado estar ahí cuando se dieron cuenta de que estaban atrapados en una ilusión y luchando contra muñecos de nieve y no contra ghouls -irrumpió en carcajadas.
Ella estiró bien los brazos para permitir que los lobos tomaran su forma normal.
– No hicimos ningún amigo.
– No los necesitamos. En cualquier caso, si no tienen emociones, no les importaría de todos modos -dijo, frunciendo el ceño-. No envidio el trabajo de Mikhail.
– Especialmente intentado destruir ese libro. No tiene idea de las cosas malvadas que hay ahí adentro.
Razvan se quedó callado durante un largo momento.
– Debería haber hablado más con él acerca del libro y su destrucción. Me desagrada la idea de que mis tías tengan que lidiar con cualquier cosa que involucre a Xavier, pero ellas, mejor nadie, podrían saber cuál es la mejor manera de destruirlo.
La preocupación en su voz la emocionó. El hombre tenía más compasión y más impulso de proteger a los que amaba que cualquier persona que hubiera conocido. Ivory se giró hacia él, su mirada lo recorrió lentamente. Ocupaba mucho espacio allí, en los confines de su hogar. Sus hombros eran anchos y su físico muy masculino. Había poca suavidad en Razvan, aunque mostraba la naturaleza más serena y calmada con la que se había encontrado como regla. Él levantó la vista y la atrapó mirándolo.
El corazón de Ivory dio un salto. Había hambre cruda y desnuda en sus ojos, brillando hacia ella, devorándola, bebiéndola. Su boca se secó. Se humedeció los labios. Deseándolo. Casi necesitándolo. El miedo la atrapó.
– Razvan.
Su nombre le salió ronco, con voz temblorosa.
La sonrisa de él fue lenta, su voz tan espesa como la melaza.
– Ivory.
La forma en que pronunció su nombre hizo que su cuerpo se calentara y humedeciera y su corazón palpitara más. No había vuelta atrás. Con él era todo o nada, lo sabía. Una vez la tocara, la reclamara, la hiciera parte de él, estaría perdida. Completamente. ¿Cuánto de ella desaparecería? Anhelaba por esto. A él. Estaba en llamas. Casi desesperada, cuando la desesperación no era parte de su carácter.
Levantó una mano temblorosa antes de que él pudiera dar un paso hacia ella.
– Si alguna vez me traicionas, te mataré. Tienes que saberlo. No habrá perdón. No he confiado en otra persona en siglos. Los otros no importan, pero tú… tú sí.
– No esperaría menos de mi mujer.
Una sonrisa lenta y sexy curvaba su boca y brillaba en sus ojos. El hambre le devolvía la mirada. Deseo. Lujuria. Todas cosas con las que se podía arreglar. Pero había amor, puro y honesto y tan real que le robó el aliento, sacudiéndola hasta su mismo núcleo. Algo dentro de ella surgió. Se rompió. Se abrió para él. Por él. Por este único hombre. Si lo aceptaba, su amor por él podía consumirla. Tenía tanto para dar, pero había estado sola tanto tiempo…
Él extendió la mano hacia ella.
– Yo también he estado solo.
Quería que él entendiera la enormidad de la decisión. ¿Sabía lo que le costaría a ella? ¿Sabía cuán aterrorizada estaba? ¿Tenía alguna idea de cuán mala era en cuanto a las relaciones?
La sonrisa de él se amplió, proporcionándole un vistazo de sus dientes blancos. Se inclinó y le rozó un beso gentil sobre la boca. No había manera de salvarse de su propio corazón traicionero. Ya se había comprometido con él. Había caído a causa de su sonrisa. De su naturaleza gentil. De su voluntad de acero. Todo en él la arrastraba. Hasta su veta testaruda y su juvenil sentido del humor. Todo.
Había más peligro para ella aquí, en este hombre, en este momento, del que podría haber en el más poderoso maestro vampiro imaginable, o en las batallas más feroces. Amarlo demasiado, como lo haría… tal vez como ya lo hacía… podría destruirla. Podría volver a unir su cuerpo físico, pero no su corazón, no su alma… ni la misma esencia de quién era.
– Querida, confía en mí. Sé que te estoy pidiendo más de lo que cualquiera se atrevería a pedirte, pero mira en el alma que compartimos y confía en mí.
Ivory mantuvo su mirada fija en la de él. En sus ojos. En sus espléndidos ojos, salvajes y de color medianoche, que contenían demasiado. Todo por ella. Sólo por ella. Tanta hambre. Tanto deseo. Tanto amor. La boca le tembló cuando colocó su mano en la de él y dejó que la guiara al interior de su dormitorio.
Razvan cerró la puerta a los lobos, dejando que se acomodaran en la gran habitación memorial. Ondeó el brazo para encender luces parpadeantes en cientos de velas en miniatura, colocadas en pequeñas hendiduras en la pared. Las llamas danzaron, lanzando sombras a través del rostro de Ivory. Su piel parecía de porcelana, suave como el pétalo de una rosa e invitantora. Sus ojos eran enormes, de oro bruñido, líquidos y asustados como los de una criatura salvaje atrapada por un depredador, mirándolo con una mezcla de anhelo e inocencia que era a la vez intoxicante e irresistible.
Se estiró hasta detrás de ella y atrajo su gruesa trenza sobre su hombro, para liberar la atadura, enterró los dedos haciendo un túnel a través de las hebras sedosas para aflojar el recogido y que el cabello le colgara alrededor del rostro y cayera como una cascada por su espalda. La textura tan suave de su cabello, y las hebras deslizándose entre la yema de su pulgar y sus dedos, llevaron a las brasas que ardían lentamente a incendiarse. Ella no se sobresaltó o se alejó de él, ni bajó la mirada.
Había coraje en Ivory, abundancia de él. Coraje que sabía que era una enorme parte de lo que ella era. Ivory no se rendía. Si se comprometía con él se le daría todo, sin guardarse nada. La amaba aún más por ese rasgo, esa característica inquebrantable que la convertía en una cazadora peligrosa, pero también podía convertirla en una socia fieramente leal y una amante de fantasía.
Quería tomarse su tiempo, explorar cada centímetro de ella, cada sombra y hueco secreto, cada curva femenina, intrigante y misteriosa. Apenas podía respirar por el deseo. Sus manos fueron hasta los broches del chaleco. Conocía cada uno íntimamente, habiéndoles dedicado recuerdos más temprano… las correas de cuero con dos orificios… las diminutas cruces incrustadas en el acero de cada cierre de metal y los tres remaches a cada lado del broche y la correa, también incrustada con una cruz… la cual representaba su fe y su alma brillante.
Por supuesto que cualquiera de ellos podría haber quitado las ropas de ella con un simple pensamiento, pero deseaba el placer de desenvolverla. Deseaba tomarse su tiempo y ofrecerle cada uno de los momentos de placer que pudiera… construir su necesidad de una brasa ardiendo lentamente a una rugiente tormenta de fuego.
Ella no se movió, pero él sintió su brusca inspiración y los pechos se elevaron y cayeron contra sus nudillos mientras abría las correas y le empujaba el material por los hombros para una lenta revelación de su magnífico cuerpo. Sus senos se soltaron. Suaves. Tentadores. Tanto que ahuecó el suave peso en sus palmas, todo el tiempo observando el rostro de ella.